lunes, 2 de marzo de 2015

The unbroken line of Isildur: Love&Friendship



Disclaimer: Todo todito le pertenece a Tolkien y a sus herederos. Yo sólo juego un rato con sus historias…

Este fic participa en el reto 5#Especial San Valentín, primer reto del mes de Febrero del sensual foro ‘El Poney Pisador’.

The unbroken line of Isildur:
-Dos historias de amor y un propósito desesperado-



Love&Friendship

An Elboron&Eldarion (&friendzone) fanfic


“No te merece.”
Son las tres únicas palabras que acuden a tus labios cada vez que Elboron te interroga intentando indagar sobre Elenna, como si por el hecho de haberos parido la misma madre tuvieras que saberlo todo sobre ella. Ésas que ansías contestarle cada vez que busca tu consejo para encandilarla, las que gritarías al mundo sin pensarlo dos veces seguidas. Elenna de Minas Tirith, hija de Undómiel y heredera de la belleza etérea de tu madre, jamás podrá hacerlo feliz porque no lo ama lo suficiente… No tanto como lo haces tú al menos.

Pero nunca llegas a pronunciarlas, ni una sola. No puedes. Se te trababan en la garganta antes de llegar a la boca. Te asfixian. El subconsciente te juega ésas malas pasadas: Cuando al fin te decides a enfrentar la situación, cuando logras convencerte de que la explicación más sencilla que puedes darle, que la mejor manera de hacérselo saber es asaltar sus labios suaves de improviso y robarle un beso—el primero y con seguridad el último, antes de que decida que no quiere volver a verte en lo que le reste de ésa vida sensiblemente más corta de lo que será la tuya, y de que termines lanzándolo definitivamente en los brazos de tu querida hermana— es entonces, y sólo entonces, cuando tu cuerpo y tu mente te traicionan. Cuando vienen a tu imaginación las vívidas imágenes de la noche en que reuniste el valor suficiente para sumergirte en ésos fríos ojos grises, tan iguales a los de la Señora del Brazo Escudado, y confesarle toda la verdad.

La noche en que le dijiste que lo querías más que a nada, que te enfrentarías a cualquier cosa por él, incluso a la muerte. La misma noche que te abrazó como a un hermano, declarando al mundo cuánto te apreciaba y te quería también. Ésa en la que al fin supiste con certeza que estabas condenado pues a quién habías entregado tu corazón no te veía más que como un amigo, un hermano de sentimiento y en un futuro más o menos próximo, también político.

Maldita sea. Maldita Elenna y maldito Elboron. Malditos todos los que amas y se atreven a hacerte sufrir de ésta manera. A ti. A Eldarion Telcontar. Al príncipe del Reino Unificado. Al heredero del rey. Y malditos pensamientos que te hacen darte cuenta de lo imposible de la gesta… Lucharías por él, te enfrentarías a Elenna, a tus padres, a los suyos… si lograras ocupar en su corazón otro lugar, el que ahora ocupa ella. Pero sabes que jamás verá en ti algo más de lo que ya ve. En un arrebato de furia barres con el brazo la superficie de la mesa de roble y todo termina en el suelo de mármol, creando un gran estruendo. Miras al espejo, esperando encontrar algo que te ayude a recomponer las trizas y los pedacitos rotos en los que otros han convertido tu alma… pero sólo ves a ése joven príncipe de mirada desafiante, unos ojos claros y decididos a dejar de ser títere de todos los que te rodean. Ya es suficiente.
Por primera vez eres consciente de lo que has de hacer: Vas a olvidarlo. No volverás a pensar en sus rizos dorados cayendo graciosamente sobre su frente, o en su perfecta espalda nívea salpicada por las gotas de las rabiosas aguas del Anduin en una mañana estival. Nada de preguntarte a qué saben sus besos. Se acabó el contentarte con las pocas horas que lograbas arañarle a los días que decidía que merecía más la pena pasar el tiempo en compañía de ella que en la tuya, o el rogarle para ir de caza o de simular duelos… Vas a cubrirte de mithril, inquebrantable.

—¿Eldarion?

Gracias a Eru, es la reina la que acude a tu encuentro alarmada por el ruido. Si hubiera sido tu ada, o peor… Elenna. Apretas los puños de rabia, pero logras controlarte. Miras a tu nana, la única persona que te conoce completamente, y debe de ver algo en ti que la hace correr a abrazarte. En otro momento te habrías desembarazado de ella, seguramente alegando que no eres ningún niño ya. Pero sus brazos son lo único que te reconforta ahora, importándote un bledo todo lo demás.

Sevin dhaw? Ni nûr anlen. Sevig i veleth nîn, ioneg— Te tranquiliza con un beso delicado en la frente— Pronto sanará, ya verás.

—No tengo esperanza alguna de que eso suceda, nana.

—Siempre hay esperanza, Eldarion Estelion.





Sevin *dhaw?: May I?
Ni nûr anlen: I’m sad for you
Sevig i veleth nîn: You have my love (sind)
Ioneg: my boy.
Estelion: Juego de palabras. Literalmente significa ‘Son of Hope’, pero Aragorn también era conocido como ‘Estel’, por lo que además hace referencia a su padre.


Elenna: Un nombre (Quenya) de Númenor, «Hacia las Estrellas», por la guía que procuró Eärendil a los Edain en su viaje a Númenor a principios de la Segunda Edad. A pesar de ser Quenya y no sindarín, me pareció apropiado siendo como tataranieta del propio Eärendil (tanto por parte de madre como de padre) que lo honraran llamándola de ésa manera.

The unbroken line of Isildur: Love&Chances.


Disclaimer: Todo todito le pertenece a Tolkien y a sus herederos. Yo sólo juego un rato con sus historias…

Este fic participa en el reto 5#Especial San Valentín, primer reto del mes de Febrero del sensual foro ‘El Poney Pisador’.

The unbroken line of Isildur:

-Dos historias de amor y un propósito desesperado-


Love&Chances

An Aragorn&Arwen fanfic


Los nervios te pueden… pero no sabes ni porqué, porque no deberías estar nervioso. Y aun así los sientes, traidores, haciéndose un nudo en la boca de tu estómago. A duras penas logras que el aire llegue a donde te tiene que llegar, te falta… cálmate. No estaría bien que el rey se desmayara cual damisela en apuros. Quedaría horriblemente mal, sobre todo al hacerlo frente a tanta gente de alcurnia. Intentas tranquilizarte por todos los medios. No es más que un mero formalismo. No significa nada. Bueno sí, sí que significa algo,  pero no es más que la confirmación de algo que ya sabíais todos: Que sin ella te mueres.

Nada puede ir mal. Nada debería ir mal. Pero sabes que sólo te calmarás cuando la tengas enfrente, porque sólo ella tiene ése efecto y porque por todos los balrog… ya habéis pasado suficiente tiempo alejados. No te importa reconocerlo, porque bendita debilidad la tuya: La amas tanto que cada metro que os separa físicamente te duele.

La espera se hace eterna, tanto que empiezas a preguntarte si realmente acudirá. Claro que acudirá, estúpido—Te recrimina ésa voz en tu cabeza, la que no sabes si es tu conciencia, tu razón o la prueba de que estás perdiendo la cordura— Renunció a Valinor por ti ¿de verdad piensas que va a abandonarte ahora?  Te ríes de tu propia estupidez. ¿Cómo puede tardar tanto? Tu mirada se pierde en la primera fila buscando el apoyo moral de tus camaradas… y aparece al fin, haciéndote sentir que jamás lograrás encontrar las palabras adecuadas para describir ése momento en concreto de tu existencia.

Y mientras se acerca del brazo de su padre, te debates internamente, escogiendo cuidadosamente las primeras palabras que oirá de tus labios. Podrías alabar su belleza infinita. Intentar perderte de nuevo y para siempre en ésos ojos rasgados, cristalinos e inmensos. Acariciar la cortina sedosa de pelo negro azabache con los dedos y sentir el tacto de su piel suave… podrías decirla lo evidente: lo preciosa que se ha levantado ésa mañana, lo bonita que se ve envuelta en ése vestido claro, lo nervioso que te pone a cada paso. Pero nada de eso sería suficiente.
Podrías agradecerla su sacrificio ofreciéndote a ella para siempre, entregándola lo único que verdaderamente creíste poseer alguna vez. Podrías hacerte el digno, tomar su mano y presentarla al resto de Arda como tu reina. Pero no eres digno, ni agradecido, de manera que lo único que se te ocurre al parase frente a ti es hacerla reír, llamándola por el nombre de otra.

Tinúviel, Tinúviel.
Lord Elrond te mira raro, pero no te importa. Porque él no entiende, no tiene ni idea. No puede imaginarlo si quiera. Pero su hija sí,  ella no puede evitar esbozar una gran sonrisa, recordando cómo os conocisteis. Cómo la confundiste con Lúthien, vestida de azul y plata en aquel bosquecillo de abedules.


Porque en el fondo siempre has sabido que tu felicidad y la de ella nunca ha dependido del destino, de los Valar, o del afecto de Elrond. Siempre ha sido el otro quien ha guiado vuestros pasos, quien ha estado presente en todas y cada una de las elecciones que habéis tenido que tomar. Por eso sabes que la felicidad es una oportunidad, una entre un millón, que no ha de dejarse pasar. Es una elección.

The unbroken line of Isildur: Love&Lost






Disclaimer: Todo todito le pertenece a Tolkien y a sus herederos. Yo sólo juego un rato con sus historias…



Este fic participa en el reto 5#Especial San Valentín, 
primer reto del mes de Febrero del sensual foro ‘El Poney Pisador’


The unbroken line of Isildur:
-Dos historias de amor y un propósito desesperado-

Love&Lost
An Arathorn&Gilraern fanfic


Amanecía de nuevo en la ciudad de los elfos. Las primeras luces cobrizas luchaban contra las nubes cenicientas, abriéndose paso tímidamente hasta el ventanal del que había sido designado como su dormitorio. Anor no llegaría a gobernar los cielos aquella mañana, pues incluso Súlimo se había apiadado de ella y lo ocultaba con pericia entre nimbos y cirros y demás estirpe nubosa, como muestra de respeto por su dolor.

Tenía a su pequeño aún durmiendo plácidamente en los brazos, despreocupado de lo que sucedía a su alrededor. Si intuía algo de lo sucedido con su padre no se lo mostró. Era un niño muy despierto, extremadamente dulce y con una gran sensibilidad y empatía con aquellos que lo rodeaban. Aún con los pocos años con los que contaba, siempre parecía saber cuándo algo la atormentaba. En eso era clavadito a él… de modo que con el tiempo terminó asumiendo que, como a Arathorn, no sería capaz de ocultarle nada.

Se la formó un nudo en la garganta: tenía que pensar en cómo iba a decírselo. Aún no había preguntado por él, pero lo haría… ¿Cómo podría decirle que su papá ya no estaba, que no lo vería más… si ella misma se resistía a creerlo? Por un momento tuvo la sensación de que si lograba darse la vuelta en la cama, lo encontraría descansando a su lado. De que tendría la posibilidad de perderse en ésos ojos claros de nuevo, igual de alegres y vivos que antes. De volver a ver ésa media sonrisa suya que era de su propiedad, porque sólo la sonreía así a ella… apenas había podido llorarle con propiedad, y eso la asustaba enormemente. La muerte de su esposo había precipitado todo, y como consecuencia lógica la seguridad de su hijo se había tornado en el asunto principal. Pospuso su propio dolor durante todo el viaje, justificándose, diciéndose a ella misma que había de ser fuerte, que no podía derrumbarse hasta estar a salvo bajo el amparo del medio-elfo. Pero ni siquiera una vez estuvieron en Rivendel se permitió el lujo de derribar los muros. Debía ser fuerte. Por Arag… por Estel.

Y no sólo por su hijito. Gilraen temía sobremanera el momento en el que al fin cedieran sus defensas y se viera inundada por los recuerdos, pues sabía bien que era algo que no iba a ser capaz de superar. ¿Cómo podría? ¿Cómo podría seguir respirando cuando todo el aire escapó con la última exhalación de él? Amaba a su marido sobre todas las cosas. Arathorn es… era. Era la razón de toda su existencia. Y ya no estaba. Se lo habían matado. Ésos malditos orcos, ésas horribles criaturas se lo habían arrebatado.

Se lo llevaron. Pero no pudieron arrebatarla también sus recuerdos. Peleaba con uñas y dientes con ellos, por mantenerlos a raya. Aún tenía grabado a fuego en la memoria la primera vez que habían cruzado sus miradas. Cómo había sentido hundirse en la inmensidad, oculta detrás de aquellas greñas indómitas. La expresión incrédula del hijo de Arador, al saberse salvado por la hoja de ella y su gratitud después para con sus padres. La amabilidad que mostró en el funeral de su hermano. Cómo trató de consolarla, tras hacerla soltar la antorcha con la que había prendido fuego a su cuerpo inerte, sin importarle cómo ella se había lanzado a sus brazos en un momento de necesidad como aquel. Cómo la cuidaba y la hacía reír, aun cuando ni ganas tenía. Por los Valar, que iba a echar de menos las conversaciones con él. Miles de imágenes se agolpaban en su mente, pugnando por ser recordadas: La primera sonrisa, la primera vez que tomó la mano de ella entre las suyas, el primer beso, y tantas otras primeras veces. Había habido tantos momentos, tantos besos, tantas sonrisas, tantas caricias… y tan poco tiempo. ¿Por qué? ¿Por qué Mandos había de llamarlo tan pronto? ¿Por qué lo había arrancado de su lado de ésa manera? ¿Por qué los Valar no habían vacilado en dar la razón al cabezota de su padre? Como si hubiera sido capaz de ver más lejos que nadie, resultó que Dírhael no había errado un ápice en su juicio. Nunca quiso desposarla con él, no porque lo considerara insuficiente para ella o creyera que fuera hacerla infeliz… de algún modo supo de su final trágico e intentó ahorrarla todo el sufrimiento que ahora padecía. Pero ni un millón de eras, ni otras tantas muertes iban a convencerla de abandonarlo y terminó honrando a su corazón y casándose con aquel hombre que la traía tanta felicidad. Las lágrimas nublaron su mirada al recordar el día de su enlace. El muro había caído. Hundió la cabeza en la almohada, intentando ahogar los sollozos para no despertar a su pequeño. Pero de poco la sirvió, porque nada más sentir la humedad de las lágrimas de su madre en el rostro, Estel abrió los ojillos —lo único que parecía haber heredado de ella—y se las secó a besos.




La Ent-Revista



Disclaimer: Va a llegar un día en el que realmente se me olviden estas palabras, o pase de escribirlas que es peor... y me metan en la cárcel. No soy Tolkien, ni su heredera, ni nada parecido... asi que no me pertenecen sus derechos. Que se haga millonario otro.

Este fic, en principio sin sentido, se hizo para participar en el reto especial: 'Guía turística de la Tierra Media' del foro ' Cuando los hobbits descubrieron internet', pero se me echó el tiempo encima y no pude acabarlo. Como me daba pena no ponerlo, lo subo porque sí, vamos que no participa en nada XD



La Tierra Media está de moda.—Había dicho mi editor jefe jugueteando con el maldito bolígrafo hasta que se le cayó del nerviosismo al suelo. Ni siquiera él estaba seguro de lo que iba a proponerme— Nada más que asomes un poco la nariz al mundo Carol... con tanta película, tanta reedición especial... cada vez vende más, incluso los cirujanos empiezan a hacer el agosto con eso de las orejas puntiagudas...

Temía ésa mirada que me observaba tras las gafas a lo Elton John. Y temía que me hubiera llamado a su oficina sólo para hablarme de frikis con pelucas decoloradas, espadas de pega y barbas postizas. La última vez en la que estuve en una situción parecida, acabé haciéndole una maldita entrevista al calamar gigante de Hogwarts. Eso sí con traductor: el del google de mi teléfono. Todo porque, según mi maldito jefe, no había dinero para gastos extra.

Por eso he decidido hacer una serie de entrevistas a los personajes... en plan, un día en la vida de Menganito. Sus inquietudes, sus deseos, sus anhelos... esa mierda vende. Ten—Me tendió el ya conocido dispositivo, que por muy futurista que fuese, siempre que me lo ponía tenía la sensación de ir a tomarme la tensión. Bueno al menos esta vez iba a comer algo decente... esa gente da grandes festines y no parece que haya necesidad de invitaciones. Además si se hacía muy fastidioso siempre podía darme al vino.—Firma esto quieres...

Me tendió la hoja con el montón de cláusulas que acompañaban al uso del cachivache, describiendo toda clase de cosas que no se podían hacer al viajar. Hice un garabato a toda prisa y se lo devolví.

Pero... ¿a quién tengo que entrevistar? ¿A Frodo? ¿Legolas? ¿Aragorn?¿Gimli?¿Gollum?—dije con esperanza de que no fuera Sméagol, por favor cualquiera menos él... me dan una grima esos ojos saltones, que parece que los va a perder en cualquier momento...

A Bárbol.

¿Qué?

A Bárbol, ¿no me oíste? ¿O es que no te has leído la historia?—Se me cayó el alma a los pies—Tienes 24 horas así que no se te ocurra escaparte a... no sé... Édoras, e inventarte la entrevista como hiciste con aquella del calamar gigante. No se la creyó nadie Carol.

Quise replicarle. ¡Qué narices!¡quise mandarle a Cuenca! Más lejos quizá, pero no recordaba muy bien por dónde quedaba 'a tomar por culo' y sin indicaciones lo mismo vuelve. Además el idiota había pulsado ya el botón rojo, y la oficina con sus luces flourescentes empezaba a desvanecerse ante mis ojos. Cuando los volví a abrir, descubrí ante mi un precioso bosque resplandeciente de tonos cobrizos, reflejando las últimas luces del atardecer.

¡Al menos podías haberme mandado de día, maldito gilipollas integral!—Grité al aire, como si allá donde fuera que estuviese pudiera escucharla. Miré a mi alrededor y lo supe. Me odiaba, tenía que ser eso. No había otra razón. Con la cantidad de gente para entrevistar que había en Arda y me había mandado al culo de la Tierra Media para escuchar a un maldito árbol que tarda media eternidad en saludar. Era injusto.

Caminé largo rato por las lindes del bosque sin atreverme a entrar. Confieso que tenía algo de miedo. Con la puesta del sol se había ido oscureciendo y cada vez que perdía la mirada en el interior del bosque imaginaba en mi cabeza una escena de película de terror. Desde un payaso loco con un hacha persiguiéndome entre los árboles al pajarillo del twitter intentando arrancarme los ojos en medio de la espesa negrura.
Oh, vamos, joder... ¿qué tienes, tres años?—Me decidí a entrar al fin, con la única valentía que me otorgaba el soltar por la boca más tacos por segundo que un puñetero camionero. Caminé entre ramas que parecían retorcerse, los ruidos de los bichos salvajes y una luna que se me antojó la maldita sonrisa del gato de Cheshire. Como Alicia habia visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, pero no una sonrisa sin gato. Un punto brillante me distrajo: a lo lejos me pareció ver una hoguera. Me acerqué con sigilo y pude ver un par de figuras calentarse al calor del fuego.

¿Quién eres y porqué nos acechas?—Me averguenza el chillido que pegué. Hay personas que tienen estilo y clase hasta en eso, tipo peli de miedo americana. No os engañéis, las protas de ésas pelis no pasan el casting si no chillan a gusto del director. El mío es tipo gato, vamos lo que viene siendo como el que pega el animalillo cuando le pisas el rabo. Y vino con salto incorporado, como en el caso del felino, que casi me clavo yo sola la punta de la flecha con la que me apuntaban—¿Porqué gritas?

¡Ah, no sé! ¡Tú que crees!¿Quién eres?¿Qué quieres?¿Porqué me apuntas?¿Quieres matarme?¿Porqué quieres mata...

¡Qué ha sido eso! ¡Legolas! ¿Te encuentras bien, compañero?—Se interesó el de la hoguera, eso sí, sin alejarse demasiado del fuego que hacía fresco.

No temas Gimli, que estoy perfectamente. No tendrás la suerte de dejar este viejo bosque por mi causa ¡has de cumplir tu promesa, amigo!—Estaba oscuro pero sí que se daba un aire al silvano. Bueno, más que un aire. Era clavado. Bajó el arco, dejándome de considerar peligrosa—¿Acaso se ha perdido Lady...?

Carolina. Carol. No, bueno sí. Estoy un poco perdida, lo reconozco... Y no soy Lady.

No se preocupe Lady Carolina. Todos hoy andamos un poco perdidos. Sin ir más lejos, mi compañero y yo no encontramos el camino hasta que nos topamos con ayuda. Acompáñeme al fuego, coma algo de sopa con nosotros y cuando nuestros estómagos estén satisfechos buscaremos a los que la extraviaron.

A los qué me ext... ¿Qué? ¡Oiga! ¡Qué se cree! No tengo cinco años, ¿sabe?—No me hizo caso alguno, siguió caminando hasta que se reunió con sus dos amiguitos junto al fuego. Maldita Tierra Media.
Lady Carolina...
Carolina, sin el lady...
Lady Carolina, le presento a mi gran amigo Gimli, el enano.
Un placer, mi señora.
Señorita, si no le importa.
¿porqué iba a importarme?
Y a nuestro salvador de esta noche, que nos encontró perdidos y nos mostró el camino, el mago Radagast el Pardo—Mi cara de incredulidad fue tomada como una de sorpresa. El extravagante mago se acercó y me miró con sus ojos saltones, con la nariz pegada a la mía. Les pregunté si conocían a algún ent. Debía encontrar a Bárbol antes de que se me acabara el tiempo.
Poco podremos ayudarla Lady Carolina. Sí que es cierto que hace bien poco que conocimos a uno de ellos, Bárbol se llamaba, pero antes del episodio ocurrido en Isengard no los considerábamos ni en fábulas siquiera.
Ha de disculpar al mozo señorita Carol. Elfo, las primaveras que has presenciado te engañan y también las veces que tus ojos agudos han visto las nieves derretirse, si te hacen considerar que lo que pasó años ha sucedido hace poco.
Hace poco que fue sin duda, Gimli, pues no llegará ni a un par de años desde nuestra promesa. Y demasiado hemos retrasado el cumplimiento me parece.
Mucho cuesta dejar el hogar cuando se establece amigo.
Es algo en lo que he de darte la razón- El elfo y el enano siguieron de cháchara sin darme pista alguna más. Cuando el mago loco consideró que la sopa estaba lista, la sirvió en unos tazones de barro y nos la ofreció para cenar mientras yo me preguntaba dónde estaría mi festín prometido. No había acabado mi ración cuando empecé a sentir mucho sueño.
Ragadast... ¿qué llevaba la sopa?
Setas- se limitó a decir, como si mi pregunta fuera de lo más estúpida.
¿Setas?—Maldito mago... no podía mantener los ojos abiertos—¿Qué clase de se...?

Me desmayé, o me dormí, no sé... igual el Pardo me había matado sin darme yo ni cuenta. Maldita sea. Al rato sentí un cosquilleo en la nariz. Me rasqué e intenté seguir durmiendo pero no me dejaron.
Creo que podría dormir a pierna suelta hasta en un agujero infestado de arañas- escuchó susurrar al elfo mientras el enano intentaba aguantar la risa.
Pobre niña, el susto que se va a dar no es pequeño.
Tampoco sois tan feos que tenga que asustarme al veros Gimli...—Abrí los ojos de nuevo, desperezándome ya a la luz del día, buscando a mi alrededor la sorpresa que esperaban darme.
Habréis de disculparme por empezar el almuerzo sin vosotros, amigos...—la voz que escuché a mis espaldas me hizo levantarme de un salto. Tropecé con una de las raíces sobre las que había dormido. Miré por todos lados pero no había nadie. Hasta que caí en que no recordaba raíz alguna de la noche anterior, estabamos en un claro más o menos despejado. Y miré hacia arriba. Y grité. Otra vez. Y reí. Y seguramente pensaron que estaba loca.
¡Me ha encontrado, Bárbol! ¡No sabía donde buscarle!—apoyé una de las manos en la corteza del roble, haciendo que emitiera una serie de ruidos huecos.
No hay nada mejor que acabar el almuerzo con unas risas, Bárbol.
Tus palabras me recuerdan a las de cierto hobbit, maese Gimli. El señor Peregrin una vez me dijo algo parecido.
Razón tendría sin duda. Ésos medianos saben más de comidas que nadie en Arda.
Señor... Señor Bárbol, ¿le importaría concederme una entrevista, si es tan amable?
¿Una qué?
¿Puedo hacerle algunas preguntas? Sólo para conocerle mejor, señor. Nada demasiado íntimo, y si alguna no le gusta puede negarse a contestar por supuesto.
Si eres amiga del Señor Gimli y Legolas Hojaverde, amiga eres de los ent. Pregunta lo que quieras, que si está en mi conocimiento te responderé tan bien como sepa.
¿Sí? Gracias. Creo que mi primera pregunta ha de ser, a ver... ¿qué es lo que os hace realmente diferentes a los ent del resto de los habitantes de Arda?
Somos muy antiguos, tal vez sea eso...
Los elfos también somos antiguos, somos los primeros nacidos—intervino el elfo orgulloso, sin parecer importarle un ápice no haber sido preguntado.
Pero Aulë nos creó primero a nosotros, los enanos—contestó Gimli, igual de orgulloso e igual de inoportuno.
Y os puso a dormir hasta que nacimos nosotros.
Ya basta...—Ya estaba bien, ¿es que no iba a dejarme entrevistar al ent a gusto?—¿qué más da quién llegara primero? Prosiga señor Bárbol, por favor...
Sí, sí claro. Somos el pensamiento de Yavanna, éso es lo que nos hace diferentes niña. Ella rogó a Ilúvatar por protección para los olvar, para salvar su querida creación. Ni en los tiempos de la Primavera de Arda estuvieron tan amenazados por la perversión de Melkor como cuando los hijos de Aulë se dedicaron a hacer del asesinato de árboles su nueva diversión...
¿Y fue entonces cuando aparecísteis vosotros en Arda?—volví a preguntar, asegurándome de que lo había anotado todo.
Me temo que no soy tan antiguo, chica. He visto mucho, pero no todo. Pero mis ancestros, sí, ellos si lo vieron, vieron la deforestación, la desolación de bosques enteros convertidos astillas y más astillas... y la rabia les fluyó por cada fibra calentando su salvia; y todo el mundo sabe lo que sucede cuando nos calientan la salvia... nosotros somos fuertes y juramos proteger a los indefensos, de ésos enanos y de muchos otros peligros... Pastores de árboles nos llaman, y a éso nos dedicamos.
Déjame decirte, querido amigo, que éso precisamente es lo que os hace diferentes... Al menos a Bárbol, la dedicación y la compasión con la que ejerce tan noble tarea, de otro onod no sé decirte. Pocos onodrim conocí y a ninguno tan profundamente como a él— Legolas se dirigió a mi, interrumpiendo de nuevo, pero esta vez no me importó en absoluto. De algún modo aquella reunión improvisada era un regalo, así tendría amigos de Bárbol a los que preguntar... si lograban centrarse en el ent, claro.
En cualquier caso, siento que sólo por ser hijo de Durin debiera disculparme por tanto dolor causado...— Gimli se amohinó.
Maese enano, todos tenemos nuestras notas en la canción de Arda. Tampoco fuisteis los únicos que nos causaron dolor, aunque sí los primeros. Los númenóreanos de la Segunda Edad también causaron gran destrozo en el gran Bosque que antes era lo que ahora llamáis Eriador, y los elfos y su guerra contra Sauron... claro que en ése caso todo Arda estaba amenazada, no podemos culparles demasiado de ser poco cuidadosos.
Parece que tenéis gran aprecio a los elfos-comenté, intentando que me hablara algo más de ellos.
Oh, lo tenemos sin duda. Nunca podremos estarles lo suficientemente agradecidos. Ellos nos curaron de nuestra mudez.
Estos elfos que hablan a todo...- Gimli intentó molestar a Legolas, pero no lo consiguió. Parecía encantado, la verdad.
Aunque ahora no hablamos como ellos nos enseñaron, claro está. El éntico antiguo es demasiado engorroso hay que reconocerlo... Gentes de otras razas, e incluso algunos ent como el joven Ramaviva, lo consideran lento y largo. Pero aún así es hermoso... aún lo hablamos en las reuniones de la Cámara, y es muy útil también para conversar con los ucorns y los árboles. Pero en algún momento, algún iluminado debió de encontrar encantador el quenya de los eldar y fue adaptado y modificado para encajar con el éntico de un modo que soy incapaz de explicar.
Ahora que mencionas la Cámara, Bárbol, ¿tenéis los ent un rey o algo parecido, o vivís en democracia?
No sé que quiere decir ésa palabra tuya, chica. No tenemos rey, ni nos hace falta. Yavanna es nuestra última responsable, a ella debemos todas nuestras decisiones y pensamientos. Cuando hay alguna cuestión importante nos reunimos en la Cámara Éntica y debatimos el problema tranquilamente—y tan tranquilamente, que llegaron a desesperar a dos pacientes hobbits mientras discutían el ataque a Isengard— decimos nuestra opinión libremente por turnos y se decide por consenso. Ahora es fácil ponerse de acuerdo, quedamos pocos... pero antes, nuestras reuniones duraban más. Una vez, discutimos arduamente durante un siglo y medio si Noque CaraCortada estaba en el lugar idóneo o no. El pobre alcornoque, al que un enano le arreó con el hacha en todo el rostro y de ahí el sobrenombre, tuvo que cambiarse de sitio y al fin pudimos comenzar la reunión... pero no suele ser lo habitual, suelen durar un año, dos a lo sumo.

Los ojos de Bárbol se entristecieron al recordar a su amigo, seguramente porque en algún momento del pasado Noque CaraCortada fue enteramente cortado por algún alma despiadada. Dudó si preguntarle por éso, tal vez era demasiado personal. Finalmente se decidió y lo hizo.

Oh, no. No, no, no, no. El pequeño CaraCortada está entero, o eso espero. Al menos lo estaba la última vez que lo vi durante el asalto a Isengard. Tenías que haberlo visto niña... con lo canijo que es, sacó fuerzas para arrancar las vigas de la presa él sólo. Recuerdo que para cuando llegó Ramaviva ya estaba todo anegado, y le puso furioso. Era la primera vez que otro ent le adelantaba en algo. Y la última, por lo que tengo entendido, cuando acabó el ataque y todo volvió a la normalidad Ramaviva volvió con el pueblo de Corteza y Noque... no sé la verdad. Recuerdo verlo internarse en el Bosque, nada más. Pero está bien, seguro.
Bárbol, ¿habéis sabido algo de las ent-mujeres?
Nada que no sepamos ya. Desaparecieron hace tiempo. No teníamos mucho en común supongo. ¿Porqué esa tristeza niña? Me recuerdas a nuestros amigos hobbits, ellos también se entristecieron y sigo sin saber porqué. Todos tenemos un tiempo en ésta tierra, unos más largo y otros más corto, en un sitio o en otro, pero al final todos volvemos a donde partimos. Volveremos a encontrarlas en el pensamiento de Yavanna, niña, nuestro tiempo, como el de los elfos y enanos se agota.
Es la era de los hombres, lady Carolina.
Es mucho más que éso, Legolas—contestó el roble con resignación—Los ent despertamos con fecha de retorno. Se dice que el mismísimo Ilúvatar dio validez al pensamiento de Yavanna, ‘por un tiempo: mientras los primeros nacidos tengan dominio y los segundos sean jóvenes‘.
Aún soy joven, Bárbol—rió Gimli intentando aliviar el ambiente. El gran roble rió a carcajadas, con un sonido sordo y hueco que helaba el alma—no puedes retornar aún.
Una última pregunta, por favor, no quiero dejaros con esta tristeza... ¿Qué opina de...— no me dio tiempo a acabar. Cuando volví a abrir los ojos volvía a estar en la oficina, pero el idiota de mi jefe se había marchado ya. Me dejé caer en una de las sillas, agarrando la libreta fuertemente en el regazo, triste. Me dolía la tripa. Al menos creerían que todo habría sido una alucinación por las setas del mago.




miércoles, 9 de julio de 2014

'De la estrella' CAP 8

De la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y su regreso tras la guerra del Anillo

Disclaimer: No, mi apellido no es Tolkien, así que no me pertenece nada de nada salvo los personajillos que ya sabéis... Oh, y la letra de la canción es de Heller y se llama Diffendimi.

8
tinuviel, tinuviel
o cuando tolkien se dio de bruces con goodkind


No hablé cuando Aragorn se despidió de Gandalf con la mirada fija en Khazad-dûm, ni cuando Gimli culpó a Caradhras de nuestra mala fortuna. No me alteré al ver la escalera del Valle Sombrío, ni me maravillé con la visión del Lago Espejo o con la de la Piedra de Durin. El enano me había hecho mirar las profundidades del Kheled-zarâm justo dónde el rey de Moria había mirado por primera vez el lago, pero lo único que atraía mi atención en esos momentos era una hojilla solitaria en el agua que parecía no querer irse al fondo con sus compañeras. Como el de todos los demás, mi pensamiento se había quedado muy atrás, en las profundidades de las minas de los enanos, junto a las grandes vetas de mithril y las antorchas hace ya tanto tiempo apagadas. Pero a diferencia de ellos yo no me lamentaba de la suerte de Mithrandir. Estaba triste sí, pero porque no podría acompañarnos durante un largo trecho y se me hacía que le íbamos a echar de menos pronto. En cuanto a los demás, no pude desmentir la muerte del mago aún: en el peor de los supuestos no me creerían, y en el caso de que se decidieran a hacerlo se negarían en redondo a abandonar a Gandalf a su suerte. A pesar de la desolación de la compañía, la del portador y la mía propia decidí callar una vez más, al menos hasta haber cruzado la frontera de los galadhrim y estar a salvo en tierras de Lórien.

Por otra parte, no podía evitar seguir cuestionándome mi decisión de no intervenir. Después de lo del mini kraken y del fiasco con el tema del pozo, está la mar de claro que sucederá lo que tiene que suceder, tal y como transcurre en la peli o como se narra en el libro, independientemente de las birguerías que me monte yo para intentar cambiar las cosas. Pero aún no me he resignado del todo y hay un punto en el que pienso ser inflexible. En este caso en concreto estaba claro: Mithrandir volvería como Gandalf el Blanco, y gracias a eso sería capaz de enfrentarse a Saruman, de romper su vara. Pero Boromir no lo haría. Él no era más que un hombre común y corriente a los efectos de la parca y como tal no podía regresar de Mandos cuando le viniera en gana, por muy hijo de Gondor que se considerase. Tal vez su vida no sea tan relevante después de todo, no al menos lo suficiente como para cambiar demasiado la historia, y pueda ser salvado. El caso es que nos acercábamos cada vez más a su fin, estábamos tan sólo a una jornada del Bosque de Lórien y sólo tenía firme propósito de salvarle, pero sin un plan viable, y por si fuera poco mi simpatía por él empezaba a cegarme.

-¡Dama Angie!-¿Otra vez con el Dama? Boromir se echó encima mía al verme beber de un manantial y me alejó de él como de la peste- ¿Acaso no escuchásteis lo que dijo maese Gimli?

-No, yo...- A ver como le contaba que estaba pasando de ellos- eh... no hay una respuesta correcta a esa pregunta ¿verdad?

-Es el manantial donde nace el Cauce de Plata-me explicó separándose un poco de mí. Habíamos llamado demasiado la atención y la mirada de los demás se centraba en nosotros, sobre todo la del montaraz y la de cierto elfo silvano, que si tuvieran la capacidad de Cíclope de matar con la mirada Boromir habría caído fulminado hace ya un buen rato.

-¡Oh no! ¡Ahora dormiré durante tres días!

-¡No!-Me gritó Trancos muy serio suponiendo que era mi manera de escaquearme y sacarme un descanso de la manga... bastante le había costado que arrancarnos de las puertas de Moria como para hacer otro parón- Al menos hasta que lleguemos a Lórien... allí podrás dormir lo que quieras.

-Creo que te confundes con el Río Encantado-rió el elfo por primera vez en mucho tiempo. Desde que abandonamos Moria apenas me había dirigido la palabra directamente-Aunque no debes temerle aquí, pues es el que tiene sus fuentes en las Emyn-nu-Fuin y estamos demasiado lejos.

-¿Entonces?-pregunté sin explicarme porqué el hermano de Faramir no había dejado que saciara mi sed.

-Es fría como el hielo- se limitó a decir Boromir. En cuanto se dio media vuelta volví a beber: sí, estaba bastante fría, pero estaba sedienta. No hace falta decir que debí de hacer caso a Boromir y al consejo del enano, porque al rato empezó a dolerme la garganta.

Aragorn señaló hacia donde corría el Cauce de Plata, dónde al fin vimos las hojas doradas del bosque de los galadhrim. No sólo a mi se me alegró el corazón al verlo, a Aragorn le pesaban los años que hacía que no veía el Bosque de Oro y el principito parecía no caber en su metro ochenta y pico de altura.

Continuamos caminando porque aún estaba lejos, mas a mitad de camino Frodo y Sam se fueron quedando rezagados y recordando las heridas que habían sufrido, Aragorn consintió en parar un poco más adelante. Mientras tanto él y Boromir cargaron con ellos, y cuando Trancos se quedó convencido de que habíamos avanzado lo suficiente dejaron a los medianos en el suelo. Merry, Pippin y Gimli hicieron un fuego y buscaron agua. Yo me quedé con Sam mientras Aragorn revisaba su herida y cuando el elfo trajo el agua caliente machaqué en ella la hoja de athelas que me había dado Trancos. Agarré una de las capas que Arwen había metido en mi bolsa y mojé una de las esquinas en el agua y lavé con ella la herida de la cabeza del hobbit.

-No es necesario... vais a manchar la capa mi señora.

-Es mi capa Sam. Y como vuelvas a llamarme señora la que te voy a abrir la cabeza soy yo- el hobbit sonrió. Aragorn por su parte intentaba reconocer al portador del anillo, pero Frodo no parecía estar por la labor. Y aunque sabía porqué, decidí tener un poco de cortesía con él- Creo que me iré a dar un paseo.

-Iré contigo- dijo el elfo- no vaya a ser que andando, andando, llegues al Nimrodel y te nos caigas de cabeza.

-Mira, nos ha salido gracioso el principito... Te dejo en buenas manos Sam- Merry me sustituyó como enfermero-No aprietes demasiado no se le vaya a salir la sesera...

-Voy con vosotros. Aquí no hay demasiado que pueda hacer...

-De hecho- interrumpió Trancos- sí que puedes, Boromir. ¿Porqué no le hechas una mano a Gimli? Incluso manteniendo al joven Tuk alejado de la comida serías de gran ayuda.

-Por supuesto.

Boromir intentó ayudar al enano a encender un fuego, pero era un poco desastre en ese aspecto. Lamenté no quedarme a ver como acababa aquello, pero en lugar de eso caminé en dirección a Lórien con un principito tremendamente aliviado detrás. Si no fuera por lo repentino de la situación hubiera pensado que Aragorn sabía lo que iba a pasar de antemano y que probablemente lo hubiera hasta planeado.

-Siento lo del hombro-dijo cuando estábamos lo suficientemente lejos como para que no nos oyeran. De veras parecía arrepentido- De verdad, lo siento mucho.

-No te preocupes-contesté sonriendo. El pobre ya se sentía bastante mal como para echar más leña al fuego. En Moria había sido divertido, pero ahora me partía el alma verle así- en parte es culpa mía que seas un desastre con el arco... ¿Te sigue molestando el brazo?

-¡No soy un desastre con el arco!

-Claro...

-Y ya está bien del todo. Seguro que fueron tus cuidados...- sonrió, seguramente acordándose de las pocas veces que le había curado yo la herida en estas semanas.

-Sí, mi cuidado al caerme del balcón... creo que tienen más que ver los potingues de Aragorn, pues de dónde vengo nadie se habría curado así de rápido. Una vez me rompí una pierna y tuve que andar a la pata coja durante seis meses.

-Lo echas de menos ¿verdad?

-La verdad es que no era muy cómodo... tenía que dormir boca arriba porque me habían escayolado hasta el pie y me molestaba. Nunca me ha gustado dormir boca arriba pero... no te referías a eso ¿verdad?

-No, hablaba de tu hogar. Pero ahora entiendo porqué me das la espalda cuando dormimos.

-Probablemente Pip te dirá que te doy la mejor parte. Claro que con sus ronquidos no oye los míos-reí- y yo que siempre imaginé que si alguno de vosotros roncaba ése sería Gimli, pero he de reconocer que el joven Tuk me ha dejado impresionada. No sé como alguien tan pequeño puede producir ruidos tan agudos...

-¿Piensas volver?-volvió de nuevo hacia mí su mirada meditabunda. Sabía que se refería a si pensaba atravesar el armario de nuevo... pero no era algo que pudiera contestar en esos momentos pues no lo sabía ni yo. De manera que lo que terminé contestando no tuvo mucho que ver, vamos que me hice la sueca sin ser yo nada de eso.

-¿entera? Lo intentaré, pero no prometo nada... lo mismo dejo que me corten una oreja a lo Van Gogh, pero sólo para fastidiar la simetría, ya sabes...-bromeé, pero ya sabía a lo que se refería el elfo-Igual que tú, supongo... ¿O acaso no vas a volver a Mirkwood?

-Tú sabes eso mejor que yo...

-Supongo que sí. Pero siempre puedes decidir no hacerlo. Aunque si no lo haces prométeme que la razón no será Thranduil, sino una elfa bonita...

-No puedo prometértelo-contestó riendo. ¿El elfo se había ruborizado? ¿acaso se les pueden subir los colores?¡Yay! Había encontrado otra manera de molestarle...

-¿Al menos dejarás de sentirte culpable? No puedes sentirte mal por siempre... cualquiera que sea la razón por la que tanto te martirizas carece de sentido si no hay solución posible. Como decía mi abuela que era muy lista: si tu mal tiene remedio pónselo, si no lo tiene ni te molestes en pensarlo. Y el tuyo no lo tiene: por muy elfo que seas no eres perfecto, si lo fueras no serías un elfo, sino el propio Eru ¿no crees?

-Hace un día demasiado hermoso como para andar con tan profundos pensamientos...- dijo después de pensar un rato en mis palabras.

-Entiendo que no quieras, apenas nos conocemos y mi hombro no es comparable al de Aragorn... sólo quería que supieras que si necesitas hablar... de cualquier cosa, estoy aquí.- Tal vez no debí de haber insistido. No supe descifrar muy bien la expresión del elfo, si era de extrañeza o de sorpresa- Se me da bien escuchar, dicen. Aunque hablar se me da mejor... de hecho puedes pararme cuando quieras, podría pasarme horas y horas así...

-Eres muy amable por preocuparte.

-¿Pero?

-¿Pero qué?

-¿no hay un pero?

-Estoy bien, de verdad- sonrió- Además, yo podría decirte lo mismo de tu 'mal' con Paula. Estoy seguro de que al volver podrás aclarar el malentendido.

-No hubo malentendido-contesté con voz severa-Metí la pata. A veces creo que lo sé todo y que puedo opinar sobre cualquier tema, y obviamente no es así. Paula sabe más que yo en muchos aspectos y por lo que parece el amor es uno de ellos... porque sí, Álex es un cabrón, pero uno no elige de quién se enamora...

-Hablas con una sensatez impropia de tu edad...- el elfo se paró en seco y me miró de arriba a abajo mientras yo aún caminaba, como si hubiera algo nuevo en mí y no supiera el qué.

-No creo que mi hermano esté de muy acuerdo con eso... hablando de edades... ¿cuántos años tienes principito? Porque por tu aspecto no te echaría muchos más de los que yo tengo, pero algo me dice que los 27 los dejaste atrás hace tiempo...

-Tanto que se me hace difícil recordarlos- ya está, algo se apagó en él. Sonreía, pero no transmitía nada.-¿Y porqué habría tu hermano de estar en desacuerdo?

-Porque soy una cabra loca ¡y estás intentando cambiar de tema! ¿No vas a decírmelo?- el elfo negó con la cabeza- Venga... ¡prometo no decirle nada a Giladar! Además, ¡con esa carita dudo que le importe que tuvieras un millón de años!

-Pareces empeñada en emparejarme con esa elfa...

-¿Acaso no te gusta?

-Lo que me disgusta es tu insistencia en buscarme compañera.

-¡Entonces te gusta! Bien, bien... me niego a irme de la Tierra Media sin librarte de tu destino. En el fondo me caes bien elfo... ¿Alguna vez has estado en el Bosque de Oro?

-No pero he oído hablar de él.

-No te preocupes, seguro que hay elfas para aburrir. Me haré amiga suya y te las presentaré. Volvamos, seguro que a estas alturas ya han descubierto que la razón de la timidez de Frodo no era yo en absoluto.

Después de comer una sopa insípida y muy falta de Avecrem (es extraño lo que puedes llegar a echar de menos en los momentos de necesidad) borraron nuestro rastro y seguimos nuestro camino. Pronto se hizo de noche y una niebla empezó a emerger en la parte baja de la loma. A Boromir no le hacía gracia entrar en Lórien, y estoy segura de que a Gimli le hacía menos ilusión todavía pero Aragorn les tranquilizó y continuamos sin mediar palabra hasta que tropezamos con un arroyo.

-¡He aquí el Nimrodel!-dijo Legolas- Los elfos silvanos lo cantaron muchas veces.

-¿También le cantaron al puente roto?-dije en un hilo de voz. Definitivamente no debí de haber bebido de aquellas aguas.

-No, lo cantaron sin estarlo. Nos mojaremos los pies en sus aguas, pues dicen que cura la fatiga ¡Seguidme!- Y ciertamente le seguimos. Yo en particular le seguí tan de cerca que después de cruzar como la mitad del río, fui a pisar una de las piedras mojadas sin que él la hubiera abandonado totalmente y acabamos cayendo los dos al agua.

-Oh my...- casi se me corta la respiración de la impresión y de lo fría que estaba- ¿Se puede saber a qué te paras?

-Yo no me he parado, tú ibas muy deprisa. Al menos no has caído de cabeza...

-¿Cómo iba a ir más deprisa que tú, pies ligeros?- reí. A diferencia del elfo que salió en seguida del agua, yo me quedé un rato revolviéndome el pelo y restregándome la ropa intentando sacar toda la arena acumulada, suficiente para sellar las minas con Balrog dentro.

-¿Sabéis lo único que le faltó a Berto meterme en la mochila?-dije cuando salí del agua- Jabón.

-Podrás darte un buen baño en cuanto lleguemos a Caras Galadhon- contestó Aragorn mientras yo cogía algo de ropa seca. Boromir se acercó a mí y me echó por encima una de sus capas.

-Gracias. ¿Alguien sabe porqué tengo que ser siempre yo la que acabe calada hasta los huesos?

-Vas a coger frío- Boromir me frotó fuertemente los brazos en un intento vano de secarme. Un elfo muy cabreado y descamisado me miraba con odio un par de metros por detrás de Aragorn. ¿Qué coño le sucedía ahora?¿Acaso quería para él la capa de Boromir? A ver si va a resultar que al elfo le van los tíos... ¡Claro! Por eso le molestaba que le buscase 'compañera'. Uyuyuyuyuy... quien iba a pensar que tantos slash tenían razón. Oh, y eso que suena por ahí son los pedazos rotos de la fantasía 'exótica' favorita de mi Maitechu.

-¡Voy a alejarme un poco!-grité bien fuerte- ¡Para cambiarme de ropa!

-No tienes que gritar-dijo Merry- podemos oírte perfectamente

-Ya lo sé, Merry, tienes orejas... ¿ves? Dos. Dos grandes orejas de hobbit para oírme mejor.

-De hecho-Contestó Pip- nuestras orejas son más pequeñas que las tuyas Ange.

-Abuelita, abuelita ¡qué ojos más grandes tienes! Son para verte mejor... ¡qué orejas más grandes tienes! Son para oirte mejor... que boca más grande... va déjalo-contesté algo decaída al ver que no lo pillaban- No sé que clase de cuentos os cuentan a vosotros... y dejad de distraerme que empiezo a tener frío.

Caminé hacia el norte con la esperanza de encontrar alguna cabaña abandonada, a ser posible antes de llegar La Carroca. Por dos razones, la primera porque no me apetecía nada ir hasta donde Yavanna perdió las sandalias, y la segunda porque no creo que a Beorn le hiciera mucha gracia verme por allí y menos sin Gandalf. Tampoco quería alejarme mucho. Probablemente los galadhrim me habían oído y sabían que estaba sola. Hay que reconocerlo, era un buen momento para secuestrarme sin que los demás se dieran cuenta. ¿Claro que para qué? ¿para sacarme información?¿a mí? En fin, les hablé por si las moscas.

-Señores galadhrim, les agradecería que si aún siguen por ahí me dieran cierta 'intimidad'- grité al viento- prometo contarles todo lo que quieran después sin necesidad de desenvainar las espadas.

Nada se movió, ni siquiera por efecto de la brisa. Todo estaba absolutamente tranquilo, a pesar de lo cual decidí no fiarme. Me puse la capa que me había prestado el hermano de Faramir y me quité la ropa mojada por debajo. Si esos elfos degenerados seguían fisgando no iban a ver mucho más que un bulto grisáceo revolverse en medio de la explanada bajo el tenue resplandor de la luna.

Una vez vestida y relativamente seca recogí las prendas todavía húmedas del suelo y me dispuse a encontrar el camino de vuelta. Emprendí rumbo al sur. Creo que era el sur, porque a diferencia de cierto ent para mi no fue como andar cuesta abajo. De hecho el camino se me hizo largo y tedioso, en parte porque no tenía con quién meterme y cuando estoy sola me da por pensar. Sé lo que dicen de la gente que se suele dedicar a estos temas y creo que tienen razón. Pensar sólo trae problemas, aunque probablemente me contestaréis lo contrario: que es el no pensar lo que los trae. Puede, pero desde luego lo que no trae es dolores de cabeza. ¿Veis? Ya estoy divagando de nuevo. Por suerte encontré algo con lo que distraerme antes de tener una epifanía de las buenas. El murmullo de la poca brisa que hacía bailar las hojas traía una voz dulce consigo. Casi no podían distinguirse apenas una de la otra, pero concentrándome mucho logré entender algo de que tenía una estrella en la mente... no, no, en la frente. Una estrella en la frente. Ignoré mis anteriores preocupaciones, abandoné la idea de encontrar a mis compañeros y perseguí aquella voz que venía de la nada. ¿Acaso sería Galadriel la dueña? No, ni siquiera la estrella de la mañana puede tener una voz así de hermosa. Cual fue mi sorpresa cuando al que encontré entonando fue al elfo, que de tan concentrado que estaba no se percató de mi llegada.

-Tinúviel, Tinúviel...-Le susurré al oído, arrodillándome a su espalda. Giró la cabeza y me perdí de nuevo en esos ojos tan azules que parecía que en una triquiñuela traviesa le habían robado al mar todo su color, y aunque no parecían sorprendidos sentí que se alegraban de tenerme a la vista. Me incomodó sin saber muy bien porqué, tal vez porque había ya demasiada intimidad en aquella mirada cristalina-¿No era lo que venía a continuación?

-La historia a la que te refieres es la de Luthién y Beren, yo cantaba las desventuras de la doncella Nimrodel y Amroth- Me dijo casi en un susurro con una sonrisa de oreja a oreja, como si entendiera mi equivocación y fuera lo más normal del mundo.

-Lo siento, es que a mi me parecen todas iguales...-Me dejé caer de espaldas en la hierba, que estaba caliente y seca, de cómo le había estado dando el sol todo el día. Era reconfortante. El elfo se giró un poco dándole la espalda a su gran amigo Trancos sólo para poder recriminarme mi comentario a la cara.

-¿Cómo pueden parecerte iguales?

-Se parecen mucho.

-La historia de Nimrodel es de pérdida, de como busca a su amado. El caso de Luthién Tinúviel y Beren es distinto-arguyó Trancos.

-Es siempre la misma historia Aragorn, ¿acaso no te suena de nada? Ay! Que poca disposición a atar cabos... ¿un hombre y una elfa?¿Thingol no os recuerda a cierto gobernante de Imladris? Además, he de decir que me molesta que en esos cuentos siempre sea una elfa la que se enamore del hombre mortal, me gustaría escuchar de una en la que fuera al revés... que hubiera una tan solo en la que el enamorado de la mortal fuera un elfo... pero al parecer sois demasiado cautos o nosotras demasiado poco tentadoras...-dije riendo mirando directamente al elfo- No tenéis remedio, sois unos románticos empedernidos... en cambio yo soy más práctica...

-¿A qué os referís?

-Gimli... mírame... ¿en serio crees que yo buscaría a Amroth?¿crees que renunciaría a la eternidad por Beren? No me trago toda esa chorrada del príncipe azul a lomos de un caballo blanco... no sé porqué pero siempre me han dado mala espina los blancos...

-En tal caso eres digna de lástima...- Suspiró Sam metiendo baza en la conversación

-Puede, pero al menos mi felicidad no depende otra persona.

-Algún día lo hará- rió el elfo, pero su expresión acababa de encajar, no acompañaba a sus palabras. Creo que atisbé algo diferente en la mirada que hasta hace un momento me había incomodado. A pesar de su sonrisa adiviné que algo roto que se escondía debajo. Aunque si soy del todo sincera no entendí muy bien el porqué mi vida amorosa le preocupaba tanto al elfo, la verdad.- amarás tanto a alguien que no te importará comerte esas palabras. Tu lo dijiste antes, uno no elige de quién se enamora, perderás todo ese autocontrol, ese orgullo y ese pensamiento tan lógico.

-No.

-¿No?-No se terminaba de creer que le hubiera replicado tal asunto. Estaría bueno, ¡como si tuviese más idea de los deseos de mi corazón y de mi vida que yo! Era indignante...

-Lo primero que la vida se dignó a enseñarme fue que los príncipes azules no existen, que son un mito: como el chocolate que no engorda, la piedra filosofal, las meigas y la Atlántida. Por eso cuando tuve edad decidí pasarme a los príncipes verdes, no tienen las mismas maneras pero los encuentro encantadores... ¿y qué se ha convertido esto?¿en radio-patio? Sois peor que mi madre, y ya es decir... ¿no iréis a darme también el tostón con que se me va a pasar el arroz, no? Porque es lo que faltaba...

-¿Pasarse el arroz?- intervino Frodo divertido.

-Además, es cruel, cínico y retorcidamente irónico... ¿porqué tenéis tantas ganas de que lo sienta?¿porqué habría de querer sentirlo yo acaso? No os atreváis a mirarme de ésa manera...-le solté a Aragorn- El que seas un ingenuo no te da derecho a sentir lástima por mi. Me voy a dormir un rato a la orilla, por aquí hacéis demasiado ruido.

Agarré mis ropas mojadas y me alejé de allí lo más rápido que pude.¿Qué narices se habían creído? Si estaba allí era para echarles una mano, no para que me juzgaran por ser como soy. Puede que piensen que soy una amargada, pero sinceramente me da igual. Es mucho mejor eso que inspirar lástima por un corazón deshecho. Sin acercarme demasiado a la orilla extendí la ropa en la hierba para que se secara un poco. Me tumbé en la hierba mirando el cielo estrellado e hice todo lo posible en concentrarme en encontrar cierto parecido con el cielo de Madrid en una noche de verano. Pero aquí habían más estrellas, y las que pude reconocer brillaban aún más de lo que recordaba.

-¿Quieres hablar?

-Claro, ¿porqué no?-El elfo se sentó a mi vera dispuesto a escuchar lo que tuviera que decir. Sólo que no iba a darle la satisfacción de seguir discutiendo sobre el mismo tema-Es una delicia poder disfrutar de una noche así, desde casa apenas se ven estrellas. No sabéis la suerte que tenéis.

-¿No hay estrellas en tu mundo?

-Sí, pero no tantas. Y las que hay apenas se ven por la contaminación lumínica. Supongo que es normal después de todo... si Tolkien ideó la Tierra Media como un periodo anterior de mi propia tierra y las estrellas no son más que gigantescas bolas de gas en constante combustión, es lógico que se vayan apagando.

Me preguntó curioso sobre las bolas de gas, y como da la casualidad que la astrofísica es uno de mis hobbys (rara que es una) le expliqué algunas cosas que a pesar de la buena disposición del elfo, no estoy muy segura que entendiera. Le hablé de la vida de las estrellas, de agujeros negros, del efecto doppler y el corrimiento al rojo, de cómo el hombre pisó por primera vez la polvorienta superficie de su Ithil. Y lo único que pareció quedarse grabado en su mente fue el nacimiento de las estrellas aunque, como sostuvo orgulloso más de una vez mientras se lo explicaba, seguía pensando que había sido Elentári quien realmente las había encendido.

-Mira... ¿ves aquella de allí?-intenté desviarle del tema, que ya empezaba a cansarme el que intentara convencerme de su opinión sobre la valier esposa de Manwë.

-Eärendil- contestó él. Le brillaban los ojos al mirar la luz tililar en el cielo oscuro. Sabía lo que significaba aquella mirada, precedía a una buena historia.

-Nosotros lo llamamos Venus, el único planeta del sistema solar con nombre de mujer. Se lo pusieron por la diosa del amor romana, lo cual no deja de ser irónico porque es un maldito infierno... la presión es bestial y las nubes no son de agua, sino de ácido sulfúrico y aunque está más cerca del sol apenas está iluminado por la atmósfera tan densa que tiene...- tras un montón de datos sobre nuestro planeta gemelo que el elfo no me había pedido y con los que pareció conformarse aunque no entendiera ni la mitad, decidí ser buena persona y preguntarle por el hijo de Tuor. Legolas me contó la historia de los silmarils, del papel de Eärendil y de su creencia de que era el silmaril del medio elfo el que brillaba en tan oscura noche en los dedos de su dueño. Y sinceramente, no tuve alma para replicarle. Eso sí, no me convenció de su teoría. Para mí Venus seguirá siendo el segundo planeta más cercano a la Tierra, el único además que tiene rotación retrógrada y cuyo magnetismo es prácticamente inexistente comparado con los demás.

-Tendrás que explicarle a Frodo lo de que se te pase el arroz, no entiende como alguien tan joven puede tener esas preocupaciones... y sinceramente, yo tampoco...- me dijo cambiando completamente de tema (creo que intuyó que no iba a lograr convencerme de la historia del brillante silmaril)

-Yo no voy a vivir tan largamente como vosotros... mi vida será como un día de la tuya, y sensiblemente más corta que la de Frodo... eso, y que además mi madre es una neurótica demasiado tradicionalista para la vida que la tocó vivir y tiene puestas sus esperanzas en nosotros. Según ella, a estas alturas Paula ya debería tener un marido contable, decente y aburrido, tres hijos más Leire, una casa de valla blanca, un coche, un perro labrador y tres árboles frutales (probablemente un ciruelo, un manzano y un naranjo; pero creo que la dijo que el último lo dejaba a su elección). Yo como soy tres años más joven y no he llegado aún a la treintena, debería estar camino de Los Jerónimos del brazo de un importante cirujano. Pero en mi caso se ha resignado conmigo y con mi carácter, y creo que se conforma con que para abril vaya camino de una capilla de Las Vegas, preñada y del brazo de un enfermero... recuerdo que cuando vivía con ella, cada noche que ponían Anatomía de Grey en la tele me decía 'ves hija, no están tan mal'. Y cuando se ponía así, yo le contestaba que si no le importaba que fuera actor en vez de cirujano ya me las arreglaría para encontrar a Patrick Dempsey, sólo para decirle que deberíamos casarnos porque si no ella iba a morirse del disgusto.

-Parece como si el matrimonio se considerara algo así como un pacto, independientemente del amor a la otra persona.

-En muchos casos lo es.

-Cada vez me gusta menos tu mundo... no sé porqué estás tan desesperada por volver.

Salvada por la campana. O por los gritos del montaraz en este caso. No pudimos seguir la conversación porque Trancos y los demás habían levantado ya el campamento y empezaban a internarse en el bosque. Una vez reanudada la marcha volvieron al tema de Nimrodel y la costumbre de los galadhrim de construir casas en los árboles, Aragorn propuso imitarlos y descansar en sus copas. Después de meterse con Pip (estoy empezando a sentir un sentimiento algo maternal respecto al hobbit, pues cada vez son más los que se meten con él) el elfo pegó un salto y se balanceó entre las ramas.

-Daro!

-El primer elfo al que veo caerse de un árbol...- dije en tono sarcástico cuando se dejó caer. Legolas me miró con el ceño fruncido y se apresuró a parlamentar con el galadhrim.

-¡Haldir de Lórien!- Le llamé. Estaba impaciente por conocerle- Bajad aquí y saludad, pues nunca oí de vos que fueseis maleducado.

El principito se quedó de piedra y Aragorn me lanzó una mirada asesina pero yo estaba muy tranquila. Se hizo un silencio sepulcral durante unos minutos en los que ni la brisa se atrevió a correr ligera y juguetear entre las hojas. Tres elfos bajaron del mellyrn, los tres altos y delgados, envueltos en capas grises y con los arcos aún en las manos. Aragorn y los demás aún no salían de su asombro.

-Suilaid Rúmil, Orophin, Haldir- dije hartándome a hacer reverencias a los tres elfos. Algún día tendría que superar aquello, pero al parecer ése día aún no había llegado.

-Mae govannen- saludó Haldir. ¿qué como lo sé? Pues porque es el que tiene la jeta de Craig Parker... no hay que ser Sherlock Holmes...- Kahlan Amnell, la dama blanca nos ha hablado de vos.

-¿Kahlan Amnell?-repitió Frodo sin entender muy bien, cosa que ni yo hacía en estos momentos-Creo que os equivocáis de mujer, capitán.

-No, no hay confusión. La Dama Galadriel os aconseja tomar ése nombre de aquí al final del viaje, mi señora, pues sus enemigos son muchos y proceden de todas partes- esta vez fue uno de los hermanos de Haldir el que me habló. Sonreí. ¿Kahlan?¿Kahlan Amnell?¿La confesora de Terry Goodkind?¿En serio? No supe si sorprenderme o no de que Galadriel hubiera sido capaz de inmiscuirse en mi cabeza aún sin haber llegado a Caras Galadhon. Decidí no enfadarme con la Dama de los Galadhrim por haber hecho una incursión en mi mente sin aviso ni consentimiento, al fin y al cabo parecía que lo había hecho por mi bien y había que reconocer que Angie Montes era un nombre que cantaba mucho en un mundo casi medieval.

-Si la Dama Blanca quiere que cambie de nombre, lo haré y seré Kahlan a partir de este momento-contesté convencida. ¿Podría haber sido peor no? ¡Podría haber decidido llamarme Paris Hilton!¡y a ver como le digo yo que no!-Sé que nos acabamos de conocer, pero... ¿puedo pediros algo?

Los hermanos miraron a Haldir, porque era evidente que hablaba con él. Él contestó afirmativamente y yo me acerqué al elfo. Al principio se asustó (bueno, quien dice que se asustó... más bien se sobresaltó) cuando alcé mi mano.

-Sólo quería comprobar que mis ojos no me engañaban-Cerré los ojos y disfruté del tacto de su mejilla- Puede que no lo entendáis pero para mí es una alegría tan grande veros bien y a salvo...

-Sois muy amable al preocuparos así por mi bienestar, mi señora.

-No es amabilidad, hir nín, mis palabras son de alivio. Os he visto caer tantas veces... he visto como la vida se escapaba de vuestros ojos, como exhalábais vuestro último aliento...

-Mi señora nos habló de vuestro don, y me alegré de saber de él entonces... pero no ahora que sé que os causa tanto sufrimiento.

-Alegraos pues, mi querido galadhrim, pues gracias a él os evitaré tan fatal destino. Os aprecio aún sin conoceros, pero si he de ataros a la pata de la cama para evitar que se cumpla lo que debe de cumplirse debéis saber que lo haré hir nín.

-No lo dudo, pero creo que ya sabéis que nos persiguen ordas de orcos. No es buena idea esperar aquí a su llegada.- comentó Aragorn nervioso, sin dejar de mirar a todos lados buscando una sola sombra fuera de su lugar.

Haldir contestó a Trancos en élfico, con lo que no pude saber de que demonios hablaban pero intuí que hablaban de Gimli. El elfo (Legolas, joder con tanto elfo por los alrededores voy a tener que cambiarle el mote) respondió al galadhrim y a partir de ahí se desencadenaron una serie de diálogos que no pude seguir bien por lo rápido que hablaban los interlocutores.

-Los hobbits subirán aquí y se quedarán con nosotros... hay otro talán en el árbol más próximo, allí os refugiaréis los demás... Mi señora...-Haldir tomó mi mano y la besó. Sus hermanos se contentaron con inclinar un poco la cabeza en signo de respeto- espero que tengamos más oportunidades de terminar la conversación que dejamos a medias. Tú, Legolas responderás por ellos. Avísanos si algo anda mal. Y no pierdas de vista al enano.

Los tres elfos subieron al flet casi con la misma rapidez con la que habían bajado. A los pocos segundos una escalera de cuerda gris cayó hasta tocar el suelo y los medianos comenzaron a subir por ella. Aragorn escondió el equipaje debajo de un montón de hojas y nos dispusimos a partir hacia el otro talán a pesar de mis reticencias. No me podía creer que Haldir me mandara con los demás... será desconsiderado...

-¿Al elfo si le permitis besaros?- me susurró el de Gondor antes de emprender camino al talán con sorna. Legolas rió de repente. Sin duda lo había escuchado y se había acordado de Rivendel.
-¿Quieres dormir en el suelo Boromir?
-Al menos no se lo has devuelto- intervino divertido el principito.

Antes de marcharnos les deseé dulces sueños a los hobbits y, en especial a Sam, a quién le grité a pleno pulmón que pensara en Rosita antes de dormirse. No sé porqué pero creo que le avergonzó sobremanera mi comentario, supongo que mañana tendré que disculparme.

El principito logró subir al árbol en cuestión sin caerse esta vez y nos lanzó las escaleras para que pudiésemos subir los demás.

Vienes a Lothlórien con una esperanza vana.

-¿Has dicho algo?

-Las damas primero-repitió Trancos tendiéndome la escala.

Angela Montes.

¡Al fin alguien que me llama por mi nombre! Y tenía que ser alguien de arriba, alguno de los que ya estaban en el arbolito. Y me cabreaba soberanamente, no me hacía gracia subir al mallorn como para que encima se andaran con tonterías.

-¿Quién ha sido? Dejáos ya de gilipolleces y subamos antes de que me entre el vértigo.

Angela Montes. Sólo tu persona es más peligrosa que el anillo único.
Y ni siquiera el portador lo sabe.

-Ya está bien- saqué a Gilraen y Undómëarel de sus vainas y espadas en alto escruté los alrededores buscando el origen de la misteriosa voz y asustando a mis compañeros- Sal de dónde quiera que estés.

¿Asustada?
Aragorn, Gimli y el elfo me llamaban, pero no les hice caso. Hasta que escuché al enano increpar a los elfos porque me habían hechizado, y entonces caí en quién podía ser. Pero era mejor asegurarse.

-Trattengo ancora il fiato ho visto il nostro mondo infrangersi- dije en voz alta. Posiblemente la Dama Blanca hablara muchas de las lenguas de la Tierra media, pero estaba segura que el italiano escapaba a sus posibilidades. Y aún no siendo así, no era posible que Tolkien conociera una canción que se editó muchos años después ¿no?- Potrei parlarti ancora delle lacrime che ho pianto, di quel sorriso spento che nasconde centomila incognite, di occhi estranei si di te...

Di come avrai potuto fingere... Ti prego resta qui...
continuo a chiedermi, continuo a illudermi, ti prego resta qui: Difendimi...
Escuché en el mismo instante en el que terminé de pronunciar mis palabras. Creo que la Dama Blanca sabía que la estaba poniendo a prueba, porque sino no se entiende tanta rapidez y tanto esmero en la pronunciación de cada palabra.

-Un placer, mi señora...-Dije riendo y guardé las espadas. Definitivamente era la Dama Galadriel, y ya no cabía duda alguna de que podía colarse en cabezas ajenas -No, no tengo miedo de vos y sin embargo intuyo que debería temer su ira.

Bien, porque no es miedo lo que pretendo causarte. Ellos ya lo sienten en sus corazones. Puedes decirles que la Dama Blanca te habla o guardarlo en secreto, pero háblales o pensarán que de veras que te he hechizado. Pero déjame decirte algo antes: Tu futuro es incierto, aranel, y aunque vienes en busca de consejo es probable que el que podamos darte aquí no sea el que tu esperabas. Si subes a los mallorn de Caras Galadhon debes aceptar que lo que te diremos no va a ser lo que deseas oír.

-¿Acaso los galadhrim llamáis 'aranel' a cualquier forastera que se adentra en vuestros dominios?-No obtuve respuesta alguna más que una risa cantarina que llenó hasta el último rincón de mi cerebro de una sensación placentera. Me volví hacia Aragorn y compañía. Sus caras eran un poema. Boromir probablemente apoyara la teoría de Gimli, y por respeto a su futura familia política Aragorn creyó simplemente que me había vuelto loca. No solo hablaba sola, sino que además lo hacía en idiomas raros. Tras asegurarse que estaba todo lo bien que con mi deficiente salud mental podía estar (no les dije con quién hablaba, en parte porque no me parecía de su incumbencia), subimos al talán. Gimli y Boromir fueron primero y después yo empecé a subir con decisión pero como a la mitad empecé a titubear.

-No mires abajo- Me dijo Aragorn. ¿Que no mire abajo? Si me habla tendré que mirarle y si va detrás de mi está por debajo, ergo tengo que mirar abajo. Me agarré con fuerza a las cuerdas de la escalera y cerré los ojos. Si, es una estupidez, si subo con los ojos cerrados es más probable que me caiga... pero al menos no lo veo.

-¿Angie?¿Que haces con...?¿Porqué... porqué cierras los ojos?

-¿Qué ocurre Aragorn?- Legolas se asomó al borde a ver porqué yo no llegaba.

-Creo que necesita un descanso, esperad un momento- Aragorn subió hasta colocarse justo detrás mía, lo que no era muy difícil porque me había pegado a la escalera como si la vida me fuese en ello.

-Está muy alto-Susurré. Me costó pronunciar cada palabra, se quedaban atoradas en mi garganta y al escupirlas me dolía un poco.

-Sí, es un mallorn, son árboles altos.

-Y ahora soy Kahlan- contesté molesta. El estar enfadada hacía que el miedo se sintiera más pequeño- Y Kahlan no tiene miedo a las alturas ¿entendido? Sólo que no le gustan.

-Bien, subiremos los dos ¿de acuerdo? Primero un pie, luego el otro.

-¿Y si me caigo?

-No te caerás.

-¿Y si lo hago?

-Te tengo bien agarrada, no dejaré que llegues muy lejos...

-¿Y si me resbalo de entre tus manos? Cuando me pongo nerviosa, sudo mucho y...

-¿Quieres dormir en el suelo?

-No. Es peligroso. Ya subo- No estaba tan loca como para no subir al flet. Abrí los ojos y fijé la vista en la madera de la que estaba hecha la tarima, subí un pie y luego otro. Sentía la respiración de Aragorn en mi nuca, empezaba a ponerme nerviosa y me temblaban las manos. Iba a resbalar, resbalaría y caería, y Trancos no alcanzaría a cogerme.

-Mi señora- Gimli me agarró de los brazos y me ayudó a subir. Al fin estaba arriba. Caminé a gatas hasta la parte central del flet y allí me quedé un buen rato. Comimos algo y nos arropamos con mantas, pues aunque no era pleno invierno aún corría algo de biruji que te dejaba tiesa en un momento.

-Algún día los enanos volverán a Moria, mi querido Gimli, morarán de nuevo en las mansiones ahora oscuras, y se cantarán canciones en torno a grandes fuegos de como los enanos vengaron a Balin y a su estirpe, estoy segura.

-Ya lo intentaron antes y no fue posible. Aunque pudieran acabar con todos los apestosos orcos que ahora se resguardan bajo sus techos de piedra labrada e inundan cada corredor y cada pasadizo con sus fétidos alientos; y aunque así lo lograran, mi señora, ningún enano podrá conseguir lo que no ha logrado el peregrino gris. Si Gandalf ha perecido, que nos espera a nosotros que no tenemos ni su poder ni sus mañas, por muy hijos de padres ilustres que seamos...

-Nos queda la fe y la esperanza-contesté

-¿fe y esperanza?-gruñó Trancos. Parecía que ahora que no estaban los hobbits había permitido que asomaran al fin sus temores-¿fe en qué?¿qué esperanza nos queda sin Gandalf?

-¿que es la esperanza sino lo que queda cuando todo lo demás se ha ido?- contesté intentando infundirle ánimo con lo poco que me quedaba de voz- Por eso es valiosa. Y en cuanto a la fe, no deberías subestimarla, precisamente tú mi buen amigo Estel. Si te has quedado sin reservas y la angustia te carcome el alma y hace sucumbir tu ánimo, toma un poco de la del enano, o de la del elfo si quieres. Y si con ambas tampoco es suficiente, toma la mía, que no es ya fe en ti sino certeza. Tan segura estoy de que lograrás llevar el asunto a buen término como de las estrellas que tililan esta noche sobre nuestras cabezas.

Aragorn suspiró con pesadez y se sentó al borde del talán sin decir nada, y perdió la vista casi en el horizonte. Yo no me di por vencida y me arrastré junto a él muy despacio, intentando no mirar a abajo ni a la lejanía, manteniendo el miedo a raya el tiempo suficiente como para sentarme.

-Te confiaría mi vida si tuviera acaso algún valor, pero me temo que otros ya lo han hecho por mi. Y si todo eso no basta- dije casi en un susurro- no tienes más que echar una mirada a lo que llevas colgando del cuello. Si eso no es fe ciega, entonces no sé qué puede serlo.

-No me digas que esto-cogió el colgante- también aparece en tu libro.

-Por supuesto-contesté sonriendo. Trancos sonrió y volvió a mirar la luna llena, aún sin soltar el regalo de la estrella de la tarde de su mano- Tinúviel, Tinúviel...

Trancos rió y sentí como todas sus preocupaciones y lo que había estado turbando su mente desaparecían cuando su pensamiento volaba lejos hasta Rivendel. Por esa razón intenté que me hablara de Arwen Úndomiel, pero él cambió de tema al mencionarle a la elfa.

-¿No tienes miedo ahora?-me dijo mirando hacia el suelo.

-¿Quieres que te cuente un secreto?-contesté. Aragorn se acercó y yo le susurré (ya que mi voz no daba para mucho más)- Estoy aterrada. Pero no por estar a no-quiero-saber-cuantos-pies del suelo.

-Caradhras está más alto que el talán.

-Ya lo sé. El caso es que no tengo problemas con alejarme mucho del suelo... podría hacer malabarismos en la torre de Ecthelion sin afectarme... sólo... son estos árboles...

-¿y temes a todo árbol y arbusto o son sólo los mallorn?

-No tengo miedo de un árbol. Es que no he tenido más que malas experiencias con ellos... La noche que mi padre se fue, mi madre y Paula tuvieron que llevarme a urgencias porque me caí del roble que teníamos en el jardín y me rompí una pierna. Otra vez tuvieron que vendarme el tobillo porque me caí cuando intentaba desobedecer a mi madre. En mi defensa diré que el castigo era totalmente injusto y que no me merecía pasar en casa todo el fin de semana. Luego está la vez que intenté colarme en una piscina con Adrien y acabamos los dos en el hospital por culpa de un pino.

-Aragorn- le llamó el elfo en un susurro apenas audible-Yrch.

Aragorn y yo nos deslizamos hacia el centro del talan intentando hacer el menor ruido posible. Y funcionó porque no pareció que nos oyeran.




Emyn-nu-Fuin: Montañas situadas en el corazón del Bosque Negro, al norte del Camino del Bosque Viejo. En ellas estaban las fuentes del río Encantado. Tras la Guerra del Anillo constituyeron la frontera meridional del reino de Thranduil.
Aranel: Princesa (sínd.)
Mae govannen: bienvenido
Daro: desciende (sínd)
Suilaid: Hola
Yavanna Kementári: esposa de Aulë y la hermana mayor de Vána. Llamada también Kementári («Reina de la Tierra»), es la señora de las olvar (los vegetales) y los kelvar (los animales), a los que tiene gran aprecio.
Élentari: Conocida como la Dama de las Estrellas, la más hermosa de los Valar, porque en ella resplandece todavía la luz de Ilúvatar. Varda hizo las estrellas, y por eso los elfos la llaman Elentári y Elbereth, la Reina de las Estrellas. Esposa de Manwë.
Eärendil:se traduce como «enamorado del mar», «amante del mar» o «amigo del mar» del quenya. Padre de Elrond y marido de la nieta de Luthién Tinúviel. Si alguien no conoce la historia de Eärendil, buscadlo en wikipedia... o también podéis leer el Silmarillion XD


Trattengo ancora il fiato ho visto il nostro mondo infrangersi; Potrei parlarti ancora delle lacrime che ho pianto, di quel sorriso spento che nasconde centomila incognite, di occhi estranei si di te... Di come avrai potuto fingere... Ti prego resta qui... continuo a chiedermi, continuo a illudermi, ti prego resta qui: Difendimi... Aún retengo el aliento. He visto nuestro mundo romperse. Podría incluso hablarte de las lágrimas que derramé, de esas sonrisas extintas (de las) que escondí cien mil de ellas. De esos ojos extraños tuyos. ¿Cómo es que puedes fingir? Te ruego quédate (aquí), continúo preguntándome, continúo engañándome, te ruego quédate: Defiéndeme.