Disclaimer:
Va a llegar un día en el que realmente se me olviden estas palabras,
o pase de escribirlas que es peor... y me metan en la cárcel. No soy
Tolkien, ni su heredera, ni nada parecido... asi que no me pertenecen
sus derechos. Que se haga millonario otro.
Este
fic, en principio sin sentido, se hizo para participar en el reto
especial: 'Guía turística de la Tierra Media' del foro ' Cuando los
hobbits descubrieron internet', pero se me echó el tiempo encima y
no pude acabarlo. Como me daba pena no ponerlo, lo subo porque sí,
vamos que no participa en nada XD
—La
Tierra Media está de moda.—Había dicho mi editor jefe jugueteando
con el maldito bolígrafo hasta que se le cayó del nerviosismo al
suelo. Ni siquiera él estaba seguro de lo que iba a proponerme—
Nada más que asomes un poco la nariz al mundo Carol... con tanta
película, tanta reedición especial... cada vez vende más, incluso
los cirujanos empiezan a hacer el agosto con eso de las orejas
puntiagudas...
Temía
ésa mirada que me observaba tras las gafas a lo Elton John. Y temía
que me hubiera llamado a su oficina sólo para hablarme de frikis con
pelucas decoloradas, espadas de pega y barbas postizas. La última
vez en la que estuve en una situción parecida, acabé haciéndole
una maldita entrevista al calamar gigante de Hogwarts. Eso sí con
traductor: el del google de mi teléfono. Todo porque, según mi
maldito jefe, no había dinero para gastos extra.
—Por
eso he decidido hacer una serie de entrevistas a los personajes... en
plan, un día en la vida de Menganito. Sus inquietudes, sus deseos,
sus anhelos... esa mierda vende. Ten—Me tendió el ya conocido
dispositivo, que por muy futurista que fuese, siempre que me lo ponía
tenía la sensación de ir a tomarme la tensión. Bueno al menos esta
vez iba a comer algo decente... esa gente da grandes festines y no
parece que haya necesidad de invitaciones. Además si se hacía muy
fastidioso siempre podía darme al vino.—Firma esto quieres...
Me
tendió la hoja con el montón de cláusulas que acompañaban al uso
del cachivache, describiendo toda clase de cosas que no se podían
hacer al viajar. Hice un garabato a toda prisa y se lo devolví.
—Pero...
¿a quién tengo que entrevistar? ¿A Frodo? ¿Legolas?
¿Aragorn?¿Gimli?¿Gollum?—dije con esperanza de que no fuera
Sméagol, por favor cualquiera menos él... me dan una grima esos
ojos saltones, que parece que los va a perder en cualquier momento...
—A
Bárbol.
—¿Qué?
—A
Bárbol, ¿no me oíste? ¿O es que no te has leído la historia?—Se
me cayó el alma a los pies—Tienes 24 horas así que no se te
ocurra escaparte a... no sé... Édoras, e inventarte la entrevista
como hiciste con aquella del calamar gigante. No se la creyó nadie
Carol.
Quise
replicarle. ¡Qué narices!¡quise mandarle a Cuenca! Más lejos
quizá, pero no recordaba muy bien por dónde quedaba 'a tomar por
culo' y sin indicaciones lo mismo vuelve. Además el idiota había
pulsado ya el botón rojo, y la oficina con sus luces flourescentes
empezaba a desvanecerse ante mis ojos. Cuando los volví a abrir,
descubrí ante mi un precioso bosque resplandeciente de tonos
cobrizos, reflejando las últimas luces del atardecer.
—¡Al
menos podías haberme mandado de día, maldito gilipollas
integral!—Grité al aire, como si allá donde fuera que estuviese
pudiera escucharla. Miré a mi alrededor y lo supe. Me odiaba, tenía
que ser eso. No había otra razón. Con la cantidad de gente para
entrevistar que había en Arda y me había mandado al culo de la
Tierra Media para escuchar a un maldito árbol que tarda media
eternidad en saludar. Era injusto.
Caminé
largo rato por las lindes del bosque sin atreverme a entrar. Confieso
que tenía algo de miedo. Con la puesta del sol se había ido
oscureciendo y cada vez que perdía la mirada en el interior del
bosque imaginaba en mi cabeza una escena de película de terror.
Desde un payaso loco con un hacha persiguiéndome entre los árboles
al pajarillo del twitter
intentando arrancarme los
ojos en medio de la espesa negrura.
—Oh,
vamos, joder... ¿qué tienes, tres años?—Me decidí a entrar al
fin, con la única valentía que me otorgaba el soltar por la boca
más tacos por segundo que un puñetero camionero. Caminé entre
ramas que parecían retorcerse, los ruidos de los bichos salvajes y
una luna que se me antojó la maldita sonrisa del gato de Cheshire.
Como Alicia habia visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, pero
no una sonrisa sin gato. Un punto brillante me distrajo: a lo lejos
me pareció ver una hoguera. Me acerqué con sigilo y pude ver un par
de figuras calentarse al calor del fuego.
—¿Quién
eres y porqué nos acechas?—Me averguenza el chillido que pegué.
Hay personas que tienen estilo y clase hasta en eso, tipo peli de
miedo americana. No os engañéis, las protas de ésas pelis no pasan
el casting si no chillan a gusto del director. El mío es tipo gato,
vamos lo que viene siendo como el que pega el animalillo cuando le
pisas el rabo. Y vino con salto incorporado, como en el caso del
felino, que casi me clavo yo sola la punta de la flecha con la que me
apuntaban—¿Porqué gritas?
—¡Ah,
no sé! ¡Tú que crees!¿Quién eres?¿Qué quieres?¿Porqué me
apuntas?¿Quieres matarme?¿Porqué quieres mata...
—¡Qué
ha sido eso! ¡Legolas! ¿Te encuentras bien, compañero?—Se
interesó el de la hoguera, eso sí, sin alejarse demasiado del fuego
que hacía fresco.
—No
temas Gimli, que estoy perfectamente. No tendrás la suerte de dejar
este viejo bosque por mi causa ¡has de cumplir tu promesa,
amigo!—Estaba oscuro pero sí que se daba un aire al silvano.
Bueno, más que un aire. Era clavado. Bajó el arco, dejándome de
considerar peligrosa—¿Acaso se ha perdido Lady...?
—Carolina.
Carol. No, bueno sí. Estoy un poco perdida, lo reconozco... Y no soy
Lady.
—No se
preocupe Lady Carolina. Todos hoy andamos un poco perdidos. Sin ir
más lejos, mi compañero y yo no encontramos el camino hasta que nos
topamos con ayuda. Acompáñeme al fuego, coma algo de sopa con
nosotros y cuando nuestros estómagos estén satisfechos buscaremos a
los que la extraviaron.
—A los
qué me ext... ¿Qué? ¡Oiga! ¡Qué se cree! No tengo cinco años,
¿sabe?—No me hizo caso alguno, siguió caminando hasta que se
reunió con sus dos amiguitos junto al fuego. Maldita Tierra Media.
—Lady
Carolina...
—Carolina,
sin el lady...
—Lady
Carolina, le presento a mi gran amigo Gimli, el enano.
—Un
placer, mi señora.
—Señorita,
si no le importa.
—¿porqué
iba a importarme?
—Y a
nuestro salvador de esta noche, que nos encontró perdidos y nos
mostró el camino, el mago Radagast el Pardo—Mi cara de
incredulidad fue tomada como una de sorpresa. El extravagante mago se
acercó y me miró con sus ojos saltones, con la nariz pegada a la
mía. Les pregunté si conocían a algún ent.
Debía encontrar a Bárbol antes de que se me acabara el tiempo.
—Poco
podremos ayudarla Lady Carolina. Sí que es cierto que hace bien poco
que conocimos a uno de ellos, Bárbol se llamaba, pero antes del
episodio ocurrido en Isengard no los considerábamos ni en fábulas
siquiera.
—Ha de
disculpar al mozo señorita Carol. Elfo, las primaveras que has
presenciado te engañan y también las veces que tus ojos agudos han
visto las nieves derretirse, si te hacen considerar que lo que pasó
años ha sucedido hace poco.
—Hace
poco que fue sin duda, Gimli, pues no llegará ni a un par de años
desde nuestra promesa. Y demasiado hemos retrasado el cumplimiento me
parece.
—Mucho
cuesta dejar el hogar cuando se establece amigo.
—Es
algo en lo que he de darte la razón- El elfo y el enano siguieron de
cháchara sin darme pista alguna más. Cuando el mago loco consideró
que la sopa estaba lista, la sirvió en unos tazones de barro y nos
la ofreció para cenar mientras yo me preguntaba dónde estaría mi
festín prometido. No había acabado mi ración cuando empecé a
sentir mucho sueño.
—Ragadast...
¿qué llevaba la sopa?
—Setas-
se limitó a decir, como si mi pregunta fuera de lo más estúpida.
—¿Setas?—Maldito
mago... no podía mantener los ojos abiertos—¿Qué clase de se...?
Me
desmayé, o me dormí, no sé... igual el Pardo me había matado sin
darme yo ni cuenta. Maldita sea. Al rato sentí un cosquilleo en la
nariz. Me rasqué e intenté seguir durmiendo pero no me dejaron.
—Creo
que podría dormir a pierna suelta hasta en un agujero infestado de
arañas- escuchó susurrar al elfo mientras el enano intentaba
aguantar la risa.
—Pobre
niña, el susto que se va a dar no es pequeño.
—Tampoco
sois tan feos que tenga que asustarme al veros Gimli...—Abrí los
ojos de nuevo, desperezándome ya a la luz del día, buscando a mi
alrededor la sorpresa que esperaban darme.
—Habréis
de disculparme por empezar el almuerzo sin vosotros, amigos...—la
voz que escuché a mis espaldas me hizo levantarme de un salto.
Tropecé con una de las raíces sobre las que había dormido. Miré
por todos lados pero no había nadie. Hasta que caí en que no
recordaba raíz alguna de la noche anterior, estabamos en un claro
más o menos despejado. Y miré hacia arriba. Y grité. Otra vez. Y
reí. Y seguramente pensaron que estaba loca.
—¡Me
ha encontrado, Bárbol! ¡No sabía donde buscarle!—apoyé una de
las manos en la corteza del roble, haciendo que emitiera una serie de
ruidos huecos.
—No
hay nada mejor que acabar el almuerzo con unas risas, Bárbol.
—Tus
palabras me recuerdan a las de cierto hobbit,
maese Gimli. El señor Peregrin una vez me dijo algo parecido.
—Razón
tendría sin duda. Ésos medianos saben más de comidas que nadie en
Arda.
—Señor...
Señor Bárbol, ¿le importaría concederme una entrevista, si es tan
amable?
—¿Una
qué?
—¿Puedo
hacerle algunas preguntas? Sólo para conocerle mejor, señor. Nada
demasiado íntimo, y si alguna no le gusta puede negarse a contestar
por supuesto.
—Si
eres amiga del Señor Gimli y Legolas Hojaverde, amiga eres de los
ent.
Pregunta lo que quieras, que si está en mi conocimiento te
responderé tan bien como sepa.
—¿Sí?
Gracias. Creo que mi primera pregunta ha de ser, a ver... ¿qué es
lo que os hace realmente diferentes a los ent
del resto de los habitantes de Arda?
—Somos
muy antiguos, tal vez sea eso...
—Los
elfos también somos antiguos, somos los primeros nacidos—intervino
el elfo orgulloso, sin parecer importarle un ápice no haber sido
preguntado.
—Pero
Aulë nos creó primero a nosotros, los enanos—contestó Gimli,
igual de orgulloso e igual de inoportuno.
—Y os
puso a dormir hasta que nacimos nosotros.
—Ya
basta...—Ya estaba bien, ¿es que no iba a dejarme entrevistar al
ent a
gusto?—¿qué más da quién llegara primero? Prosiga señor
Bárbol, por favor...
—Sí,
sí claro. Somos el pensamiento de Yavanna, éso es lo que nos hace
diferentes niña. Ella rogó a Ilúvatar por protección para los
olvar,
para salvar su querida creación. Ni en los tiempos de la Primavera
de Arda estuvieron tan amenazados por la perversión de Melkor como
cuando los hijos de Aulë se dedicaron a hacer del asesinato de
árboles su nueva diversión...
—¿Y
fue entonces cuando aparecísteis vosotros en Arda?—volví a
preguntar, asegurándome de que lo había anotado todo.
—Me
temo que no soy tan antiguo, chica. He visto mucho, pero no todo.
Pero mis ancestros, sí, ellos si lo vieron, vieron la deforestación,
la desolación de bosques enteros convertidos astillas y más
astillas... y la rabia les fluyó por cada fibra calentando su
salvia; y todo el mundo sabe lo que sucede cuando nos calientan la
salvia... nosotros somos fuertes y juramos proteger a los indefensos,
de ésos enanos y de muchos otros peligros... Pastores de árboles
nos llaman, y a éso nos dedicamos.
—Déjame
decirte, querido amigo, que éso precisamente es lo que os hace
diferentes... Al menos a Bárbol, la dedicación y la compasión con
la que ejerce tan noble tarea, de otro onod
no sé decirte. Pocos
onodrim
conocí y a ninguno tan profundamente como a él— Legolas se
dirigió a mi, interrumpiendo de nuevo, pero esta vez no me importó
en absoluto. De algún modo aquella reunión improvisada era un
regalo, así tendría amigos de Bárbol a los que preguntar... si
lograban centrarse en el ent,
claro.
—En
cualquier caso, siento que sólo por ser hijo de Durin debiera
disculparme por tanto dolor causado...— Gimli se amohinó.
—Maese
enano, todos tenemos nuestras notas en la canción de Arda. Tampoco
fuisteis los únicos que nos causaron dolor, aunque sí los primeros.
Los númenóreanos de la Segunda Edad también causaron gran destrozo
en el gran Bosque que antes era lo que ahora llamáis Eriador, y los
elfos y su guerra contra Sauron... claro que en ése caso todo Arda
estaba amenazada, no podemos culparles demasiado de ser poco
cuidadosos.
—Parece
que tenéis gran aprecio a los elfos-comenté, intentando que me
hablara algo más de ellos.
—Oh,
lo tenemos sin duda. Nunca podremos estarles lo suficientemente
agradecidos. Ellos nos curaron de nuestra mudez.
—Estos
elfos que hablan a todo...- Gimli intentó molestar a Legolas, pero
no lo consiguió. Parecía encantado, la verdad.
—Aunque
ahora no hablamos como ellos nos enseñaron, claro está. El éntico
antiguo es demasiado engorroso hay que reconocerlo... Gentes de otras
razas, e incluso algunos ent
como el joven Ramaviva, lo
consideran lento y largo. Pero aún así es hermoso... aún lo
hablamos en las reuniones de la Cámara, y es muy útil también para
conversar con los ucorns y
los árboles. Pero en algún momento, algún iluminado debió de
encontrar encantador el
quenya de los eldar y fue
adaptado y modificado para encajar con el éntico de un modo que soy
incapaz de explicar.
—Ahora
que mencionas la Cámara, Bárbol, ¿tenéis los ent
un rey o algo parecido, o
vivís en democracia?
—No sé
que quiere decir ésa palabra tuya, chica. No tenemos rey, ni nos
hace falta. Yavanna es nuestra última responsable, a ella debemos
todas nuestras decisiones y pensamientos. Cuando hay alguna cuestión
importante nos reunimos en la Cámara Éntica y debatimos el problema
tranquilamente—y tan tranquilamente, que llegaron a desesperar a
dos pacientes hobbits mientras discutían el ataque a Isengard—
decimos nuestra opinión libremente por turnos y se decide por
consenso. Ahora es fácil ponerse de acuerdo, quedamos pocos... pero
antes, nuestras reuniones duraban más. Una vez, discutimos
arduamente durante un siglo y medio si Noque CaraCortada estaba en el
lugar idóneo o no. El pobre alcornoque, al que un enano le arreó
con el hacha en todo el rostro y de ahí el sobrenombre, tuvo que
cambiarse de sitio y al fin pudimos comenzar la reunión... pero no
suele ser lo habitual, suelen durar un año, dos a lo sumo.
Los ojos
de Bárbol se entristecieron al recordar a su amigo, seguramente
porque en algún momento del pasado Noque CaraCortada fue enteramente
cortado por algún alma despiadada. Dudó si preguntarle por éso,
tal vez era demasiado personal. Finalmente se decidió y lo hizo.
—Oh,
no. No, no, no, no. El pequeño CaraCortada está entero, o eso
espero. Al menos lo estaba la última vez que lo vi durante el asalto
a Isengard. Tenías que haberlo visto niña... con lo canijo que es,
sacó fuerzas para arrancar las vigas de la presa él sólo. Recuerdo
que para cuando llegó Ramaviva ya estaba todo anegado, y le puso
furioso. Era la primera vez que otro ent
le adelantaba en algo. Y la última, por lo que tengo entendido,
cuando acabó el ataque y todo volvió a la normalidad Ramaviva
volvió con el pueblo de Corteza y Noque... no sé la verdad.
Recuerdo verlo internarse en el Bosque, nada más. Pero está bien,
seguro.
—Bárbol,
¿habéis sabido algo de las ent-mujeres?
—Nada
que no sepamos ya. Desaparecieron hace tiempo. No teníamos mucho en
común supongo. ¿Porqué esa tristeza niña? Me recuerdas a
nuestros amigos hobbits, ellos también se entristecieron y sigo sin
saber porqué. Todos tenemos un tiempo en ésta tierra, unos más
largo y otros más corto, en un sitio o en otro, pero al final todos
volvemos a donde partimos. Volveremos a encontrarlas en el
pensamiento de Yavanna, niña, nuestro tiempo, como el de los elfos y
enanos se agota.
—Es la
era de los hombres, lady Carolina.
—Es
mucho más que éso, Legolas—contestó el roble con resignación—Los
ent
despertamos con fecha de retorno. Se dice que el mismísimo Ilúvatar
dio validez al pensamiento de Yavanna, ‘por un tiempo: mientras los
primeros nacidos tengan dominio y los segundos sean jóvenes‘.
—Aún
soy joven, Bárbol—rió Gimli intentando aliviar el ambiente. El
gran roble rió a carcajadas, con un sonido sordo y hueco que helaba
el alma—no puedes retornar aún.
—Una
última pregunta, por favor, no quiero dejaros con esta tristeza...
¿Qué opina de...— no me dio tiempo a acabar. Cuando volví a
abrir los ojos volvía a estar en la oficina, pero el idiota de mi
jefe se había marchado ya. Me dejé caer en una de las sillas,
agarrando la libreta fuertemente en el regazo, triste. Me dolía la
tripa. Al menos creerían que todo habría sido una alucinación por
las setas del mago.

No hay comentarios:
Publicar un comentario