lunes, 2 de marzo de 2015

The unbroken line of Isildur: Love&Friendship



Disclaimer: Todo todito le pertenece a Tolkien y a sus herederos. Yo sólo juego un rato con sus historias…

Este fic participa en el reto 5#Especial San Valentín, primer reto del mes de Febrero del sensual foro ‘El Poney Pisador’.

The unbroken line of Isildur:
-Dos historias de amor y un propósito desesperado-



Love&Friendship

An Elboron&Eldarion (&friendzone) fanfic


“No te merece.”
Son las tres únicas palabras que acuden a tus labios cada vez que Elboron te interroga intentando indagar sobre Elenna, como si por el hecho de haberos parido la misma madre tuvieras que saberlo todo sobre ella. Ésas que ansías contestarle cada vez que busca tu consejo para encandilarla, las que gritarías al mundo sin pensarlo dos veces seguidas. Elenna de Minas Tirith, hija de Undómiel y heredera de la belleza etérea de tu madre, jamás podrá hacerlo feliz porque no lo ama lo suficiente… No tanto como lo haces tú al menos.

Pero nunca llegas a pronunciarlas, ni una sola. No puedes. Se te trababan en la garganta antes de llegar a la boca. Te asfixian. El subconsciente te juega ésas malas pasadas: Cuando al fin te decides a enfrentar la situación, cuando logras convencerte de que la explicación más sencilla que puedes darle, que la mejor manera de hacérselo saber es asaltar sus labios suaves de improviso y robarle un beso—el primero y con seguridad el último, antes de que decida que no quiere volver a verte en lo que le reste de ésa vida sensiblemente más corta de lo que será la tuya, y de que termines lanzándolo definitivamente en los brazos de tu querida hermana— es entonces, y sólo entonces, cuando tu cuerpo y tu mente te traicionan. Cuando vienen a tu imaginación las vívidas imágenes de la noche en que reuniste el valor suficiente para sumergirte en ésos fríos ojos grises, tan iguales a los de la Señora del Brazo Escudado, y confesarle toda la verdad.

La noche en que le dijiste que lo querías más que a nada, que te enfrentarías a cualquier cosa por él, incluso a la muerte. La misma noche que te abrazó como a un hermano, declarando al mundo cuánto te apreciaba y te quería también. Ésa en la que al fin supiste con certeza que estabas condenado pues a quién habías entregado tu corazón no te veía más que como un amigo, un hermano de sentimiento y en un futuro más o menos próximo, también político.

Maldita sea. Maldita Elenna y maldito Elboron. Malditos todos los que amas y se atreven a hacerte sufrir de ésta manera. A ti. A Eldarion Telcontar. Al príncipe del Reino Unificado. Al heredero del rey. Y malditos pensamientos que te hacen darte cuenta de lo imposible de la gesta… Lucharías por él, te enfrentarías a Elenna, a tus padres, a los suyos… si lograras ocupar en su corazón otro lugar, el que ahora ocupa ella. Pero sabes que jamás verá en ti algo más de lo que ya ve. En un arrebato de furia barres con el brazo la superficie de la mesa de roble y todo termina en el suelo de mármol, creando un gran estruendo. Miras al espejo, esperando encontrar algo que te ayude a recomponer las trizas y los pedacitos rotos en los que otros han convertido tu alma… pero sólo ves a ése joven príncipe de mirada desafiante, unos ojos claros y decididos a dejar de ser títere de todos los que te rodean. Ya es suficiente.
Por primera vez eres consciente de lo que has de hacer: Vas a olvidarlo. No volverás a pensar en sus rizos dorados cayendo graciosamente sobre su frente, o en su perfecta espalda nívea salpicada por las gotas de las rabiosas aguas del Anduin en una mañana estival. Nada de preguntarte a qué saben sus besos. Se acabó el contentarte con las pocas horas que lograbas arañarle a los días que decidía que merecía más la pena pasar el tiempo en compañía de ella que en la tuya, o el rogarle para ir de caza o de simular duelos… Vas a cubrirte de mithril, inquebrantable.

—¿Eldarion?

Gracias a Eru, es la reina la que acude a tu encuentro alarmada por el ruido. Si hubiera sido tu ada, o peor… Elenna. Apretas los puños de rabia, pero logras controlarte. Miras a tu nana, la única persona que te conoce completamente, y debe de ver algo en ti que la hace correr a abrazarte. En otro momento te habrías desembarazado de ella, seguramente alegando que no eres ningún niño ya. Pero sus brazos son lo único que te reconforta ahora, importándote un bledo todo lo demás.

Sevin dhaw? Ni nûr anlen. Sevig i veleth nîn, ioneg— Te tranquiliza con un beso delicado en la frente— Pronto sanará, ya verás.

—No tengo esperanza alguna de que eso suceda, nana.

—Siempre hay esperanza, Eldarion Estelion.





Sevin *dhaw?: May I?
Ni nûr anlen: I’m sad for you
Sevig i veleth nîn: You have my love (sind)
Ioneg: my boy.
Estelion: Juego de palabras. Literalmente significa ‘Son of Hope’, pero Aragorn también era conocido como ‘Estel’, por lo que además hace referencia a su padre.


Elenna: Un nombre (Quenya) de Númenor, «Hacia las Estrellas», por la guía que procuró Eärendil a los Edain en su viaje a Númenor a principios de la Segunda Edad. A pesar de ser Quenya y no sindarín, me pareció apropiado siendo como tataranieta del propio Eärendil (tanto por parte de madre como de padre) que lo honraran llamándola de ésa manera.

The unbroken line of Isildur: Love&Chances.


Disclaimer: Todo todito le pertenece a Tolkien y a sus herederos. Yo sólo juego un rato con sus historias…

Este fic participa en el reto 5#Especial San Valentín, primer reto del mes de Febrero del sensual foro ‘El Poney Pisador’.

The unbroken line of Isildur:

-Dos historias de amor y un propósito desesperado-


Love&Chances

An Aragorn&Arwen fanfic


Los nervios te pueden… pero no sabes ni porqué, porque no deberías estar nervioso. Y aun así los sientes, traidores, haciéndose un nudo en la boca de tu estómago. A duras penas logras que el aire llegue a donde te tiene que llegar, te falta… cálmate. No estaría bien que el rey se desmayara cual damisela en apuros. Quedaría horriblemente mal, sobre todo al hacerlo frente a tanta gente de alcurnia. Intentas tranquilizarte por todos los medios. No es más que un mero formalismo. No significa nada. Bueno sí, sí que significa algo,  pero no es más que la confirmación de algo que ya sabíais todos: Que sin ella te mueres.

Nada puede ir mal. Nada debería ir mal. Pero sabes que sólo te calmarás cuando la tengas enfrente, porque sólo ella tiene ése efecto y porque por todos los balrog… ya habéis pasado suficiente tiempo alejados. No te importa reconocerlo, porque bendita debilidad la tuya: La amas tanto que cada metro que os separa físicamente te duele.

La espera se hace eterna, tanto que empiezas a preguntarte si realmente acudirá. Claro que acudirá, estúpido—Te recrimina ésa voz en tu cabeza, la que no sabes si es tu conciencia, tu razón o la prueba de que estás perdiendo la cordura— Renunció a Valinor por ti ¿de verdad piensas que va a abandonarte ahora?  Te ríes de tu propia estupidez. ¿Cómo puede tardar tanto? Tu mirada se pierde en la primera fila buscando el apoyo moral de tus camaradas… y aparece al fin, haciéndote sentir que jamás lograrás encontrar las palabras adecuadas para describir ése momento en concreto de tu existencia.

Y mientras se acerca del brazo de su padre, te debates internamente, escogiendo cuidadosamente las primeras palabras que oirá de tus labios. Podrías alabar su belleza infinita. Intentar perderte de nuevo y para siempre en ésos ojos rasgados, cristalinos e inmensos. Acariciar la cortina sedosa de pelo negro azabache con los dedos y sentir el tacto de su piel suave… podrías decirla lo evidente: lo preciosa que se ha levantado ésa mañana, lo bonita que se ve envuelta en ése vestido claro, lo nervioso que te pone a cada paso. Pero nada de eso sería suficiente.
Podrías agradecerla su sacrificio ofreciéndote a ella para siempre, entregándola lo único que verdaderamente creíste poseer alguna vez. Podrías hacerte el digno, tomar su mano y presentarla al resto de Arda como tu reina. Pero no eres digno, ni agradecido, de manera que lo único que se te ocurre al parase frente a ti es hacerla reír, llamándola por el nombre de otra.

Tinúviel, Tinúviel.
Lord Elrond te mira raro, pero no te importa. Porque él no entiende, no tiene ni idea. No puede imaginarlo si quiera. Pero su hija sí,  ella no puede evitar esbozar una gran sonrisa, recordando cómo os conocisteis. Cómo la confundiste con Lúthien, vestida de azul y plata en aquel bosquecillo de abedules.


Porque en el fondo siempre has sabido que tu felicidad y la de ella nunca ha dependido del destino, de los Valar, o del afecto de Elrond. Siempre ha sido el otro quien ha guiado vuestros pasos, quien ha estado presente en todas y cada una de las elecciones que habéis tenido que tomar. Por eso sabes que la felicidad es una oportunidad, una entre un millón, que no ha de dejarse pasar. Es una elección.

The unbroken line of Isildur: Love&Lost






Disclaimer: Todo todito le pertenece a Tolkien y a sus herederos. Yo sólo juego un rato con sus historias…



Este fic participa en el reto 5#Especial San Valentín, 
primer reto del mes de Febrero del sensual foro ‘El Poney Pisador’


The unbroken line of Isildur:
-Dos historias de amor y un propósito desesperado-

Love&Lost
An Arathorn&Gilraern fanfic


Amanecía de nuevo en la ciudad de los elfos. Las primeras luces cobrizas luchaban contra las nubes cenicientas, abriéndose paso tímidamente hasta el ventanal del que había sido designado como su dormitorio. Anor no llegaría a gobernar los cielos aquella mañana, pues incluso Súlimo se había apiadado de ella y lo ocultaba con pericia entre nimbos y cirros y demás estirpe nubosa, como muestra de respeto por su dolor.

Tenía a su pequeño aún durmiendo plácidamente en los brazos, despreocupado de lo que sucedía a su alrededor. Si intuía algo de lo sucedido con su padre no se lo mostró. Era un niño muy despierto, extremadamente dulce y con una gran sensibilidad y empatía con aquellos que lo rodeaban. Aún con los pocos años con los que contaba, siempre parecía saber cuándo algo la atormentaba. En eso era clavadito a él… de modo que con el tiempo terminó asumiendo que, como a Arathorn, no sería capaz de ocultarle nada.

Se la formó un nudo en la garganta: tenía que pensar en cómo iba a decírselo. Aún no había preguntado por él, pero lo haría… ¿Cómo podría decirle que su papá ya no estaba, que no lo vería más… si ella misma se resistía a creerlo? Por un momento tuvo la sensación de que si lograba darse la vuelta en la cama, lo encontraría descansando a su lado. De que tendría la posibilidad de perderse en ésos ojos claros de nuevo, igual de alegres y vivos que antes. De volver a ver ésa media sonrisa suya que era de su propiedad, porque sólo la sonreía así a ella… apenas había podido llorarle con propiedad, y eso la asustaba enormemente. La muerte de su esposo había precipitado todo, y como consecuencia lógica la seguridad de su hijo se había tornado en el asunto principal. Pospuso su propio dolor durante todo el viaje, justificándose, diciéndose a ella misma que había de ser fuerte, que no podía derrumbarse hasta estar a salvo bajo el amparo del medio-elfo. Pero ni siquiera una vez estuvieron en Rivendel se permitió el lujo de derribar los muros. Debía ser fuerte. Por Arag… por Estel.

Y no sólo por su hijito. Gilraen temía sobremanera el momento en el que al fin cedieran sus defensas y se viera inundada por los recuerdos, pues sabía bien que era algo que no iba a ser capaz de superar. ¿Cómo podría? ¿Cómo podría seguir respirando cuando todo el aire escapó con la última exhalación de él? Amaba a su marido sobre todas las cosas. Arathorn es… era. Era la razón de toda su existencia. Y ya no estaba. Se lo habían matado. Ésos malditos orcos, ésas horribles criaturas se lo habían arrebatado.

Se lo llevaron. Pero no pudieron arrebatarla también sus recuerdos. Peleaba con uñas y dientes con ellos, por mantenerlos a raya. Aún tenía grabado a fuego en la memoria la primera vez que habían cruzado sus miradas. Cómo había sentido hundirse en la inmensidad, oculta detrás de aquellas greñas indómitas. La expresión incrédula del hijo de Arador, al saberse salvado por la hoja de ella y su gratitud después para con sus padres. La amabilidad que mostró en el funeral de su hermano. Cómo trató de consolarla, tras hacerla soltar la antorcha con la que había prendido fuego a su cuerpo inerte, sin importarle cómo ella se había lanzado a sus brazos en un momento de necesidad como aquel. Cómo la cuidaba y la hacía reír, aun cuando ni ganas tenía. Por los Valar, que iba a echar de menos las conversaciones con él. Miles de imágenes se agolpaban en su mente, pugnando por ser recordadas: La primera sonrisa, la primera vez que tomó la mano de ella entre las suyas, el primer beso, y tantas otras primeras veces. Había habido tantos momentos, tantos besos, tantas sonrisas, tantas caricias… y tan poco tiempo. ¿Por qué? ¿Por qué Mandos había de llamarlo tan pronto? ¿Por qué lo había arrancado de su lado de ésa manera? ¿Por qué los Valar no habían vacilado en dar la razón al cabezota de su padre? Como si hubiera sido capaz de ver más lejos que nadie, resultó que Dírhael no había errado un ápice en su juicio. Nunca quiso desposarla con él, no porque lo considerara insuficiente para ella o creyera que fuera hacerla infeliz… de algún modo supo de su final trágico e intentó ahorrarla todo el sufrimiento que ahora padecía. Pero ni un millón de eras, ni otras tantas muertes iban a convencerla de abandonarlo y terminó honrando a su corazón y casándose con aquel hombre que la traía tanta felicidad. Las lágrimas nublaron su mirada al recordar el día de su enlace. El muro había caído. Hundió la cabeza en la almohada, intentando ahogar los sollozos para no despertar a su pequeño. Pero de poco la sirvió, porque nada más sentir la humedad de las lágrimas de su madre en el rostro, Estel abrió los ojillos —lo único que parecía haber heredado de ella—y se las secó a besos.




La Ent-Revista



Disclaimer: Va a llegar un día en el que realmente se me olviden estas palabras, o pase de escribirlas que es peor... y me metan en la cárcel. No soy Tolkien, ni su heredera, ni nada parecido... asi que no me pertenecen sus derechos. Que se haga millonario otro.

Este fic, en principio sin sentido, se hizo para participar en el reto especial: 'Guía turística de la Tierra Media' del foro ' Cuando los hobbits descubrieron internet', pero se me echó el tiempo encima y no pude acabarlo. Como me daba pena no ponerlo, lo subo porque sí, vamos que no participa en nada XD



La Tierra Media está de moda.—Había dicho mi editor jefe jugueteando con el maldito bolígrafo hasta que se le cayó del nerviosismo al suelo. Ni siquiera él estaba seguro de lo que iba a proponerme— Nada más que asomes un poco la nariz al mundo Carol... con tanta película, tanta reedición especial... cada vez vende más, incluso los cirujanos empiezan a hacer el agosto con eso de las orejas puntiagudas...

Temía ésa mirada que me observaba tras las gafas a lo Elton John. Y temía que me hubiera llamado a su oficina sólo para hablarme de frikis con pelucas decoloradas, espadas de pega y barbas postizas. La última vez en la que estuve en una situción parecida, acabé haciéndole una maldita entrevista al calamar gigante de Hogwarts. Eso sí con traductor: el del google de mi teléfono. Todo porque, según mi maldito jefe, no había dinero para gastos extra.

Por eso he decidido hacer una serie de entrevistas a los personajes... en plan, un día en la vida de Menganito. Sus inquietudes, sus deseos, sus anhelos... esa mierda vende. Ten—Me tendió el ya conocido dispositivo, que por muy futurista que fuese, siempre que me lo ponía tenía la sensación de ir a tomarme la tensión. Bueno al menos esta vez iba a comer algo decente... esa gente da grandes festines y no parece que haya necesidad de invitaciones. Además si se hacía muy fastidioso siempre podía darme al vino.—Firma esto quieres...

Me tendió la hoja con el montón de cláusulas que acompañaban al uso del cachivache, describiendo toda clase de cosas que no se podían hacer al viajar. Hice un garabato a toda prisa y se lo devolví.

Pero... ¿a quién tengo que entrevistar? ¿A Frodo? ¿Legolas? ¿Aragorn?¿Gimli?¿Gollum?—dije con esperanza de que no fuera Sméagol, por favor cualquiera menos él... me dan una grima esos ojos saltones, que parece que los va a perder en cualquier momento...

A Bárbol.

¿Qué?

A Bárbol, ¿no me oíste? ¿O es que no te has leído la historia?—Se me cayó el alma a los pies—Tienes 24 horas así que no se te ocurra escaparte a... no sé... Édoras, e inventarte la entrevista como hiciste con aquella del calamar gigante. No se la creyó nadie Carol.

Quise replicarle. ¡Qué narices!¡quise mandarle a Cuenca! Más lejos quizá, pero no recordaba muy bien por dónde quedaba 'a tomar por culo' y sin indicaciones lo mismo vuelve. Además el idiota había pulsado ya el botón rojo, y la oficina con sus luces flourescentes empezaba a desvanecerse ante mis ojos. Cuando los volví a abrir, descubrí ante mi un precioso bosque resplandeciente de tonos cobrizos, reflejando las últimas luces del atardecer.

¡Al menos podías haberme mandado de día, maldito gilipollas integral!—Grité al aire, como si allá donde fuera que estuviese pudiera escucharla. Miré a mi alrededor y lo supe. Me odiaba, tenía que ser eso. No había otra razón. Con la cantidad de gente para entrevistar que había en Arda y me había mandado al culo de la Tierra Media para escuchar a un maldito árbol que tarda media eternidad en saludar. Era injusto.

Caminé largo rato por las lindes del bosque sin atreverme a entrar. Confieso que tenía algo de miedo. Con la puesta del sol se había ido oscureciendo y cada vez que perdía la mirada en el interior del bosque imaginaba en mi cabeza una escena de película de terror. Desde un payaso loco con un hacha persiguiéndome entre los árboles al pajarillo del twitter intentando arrancarme los ojos en medio de la espesa negrura.
Oh, vamos, joder... ¿qué tienes, tres años?—Me decidí a entrar al fin, con la única valentía que me otorgaba el soltar por la boca más tacos por segundo que un puñetero camionero. Caminé entre ramas que parecían retorcerse, los ruidos de los bichos salvajes y una luna que se me antojó la maldita sonrisa del gato de Cheshire. Como Alicia habia visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, pero no una sonrisa sin gato. Un punto brillante me distrajo: a lo lejos me pareció ver una hoguera. Me acerqué con sigilo y pude ver un par de figuras calentarse al calor del fuego.

¿Quién eres y porqué nos acechas?—Me averguenza el chillido que pegué. Hay personas que tienen estilo y clase hasta en eso, tipo peli de miedo americana. No os engañéis, las protas de ésas pelis no pasan el casting si no chillan a gusto del director. El mío es tipo gato, vamos lo que viene siendo como el que pega el animalillo cuando le pisas el rabo. Y vino con salto incorporado, como en el caso del felino, que casi me clavo yo sola la punta de la flecha con la que me apuntaban—¿Porqué gritas?

¡Ah, no sé! ¡Tú que crees!¿Quién eres?¿Qué quieres?¿Porqué me apuntas?¿Quieres matarme?¿Porqué quieres mata...

¡Qué ha sido eso! ¡Legolas! ¿Te encuentras bien, compañero?—Se interesó el de la hoguera, eso sí, sin alejarse demasiado del fuego que hacía fresco.

No temas Gimli, que estoy perfectamente. No tendrás la suerte de dejar este viejo bosque por mi causa ¡has de cumplir tu promesa, amigo!—Estaba oscuro pero sí que se daba un aire al silvano. Bueno, más que un aire. Era clavado. Bajó el arco, dejándome de considerar peligrosa—¿Acaso se ha perdido Lady...?

Carolina. Carol. No, bueno sí. Estoy un poco perdida, lo reconozco... Y no soy Lady.

No se preocupe Lady Carolina. Todos hoy andamos un poco perdidos. Sin ir más lejos, mi compañero y yo no encontramos el camino hasta que nos topamos con ayuda. Acompáñeme al fuego, coma algo de sopa con nosotros y cuando nuestros estómagos estén satisfechos buscaremos a los que la extraviaron.

A los qué me ext... ¿Qué? ¡Oiga! ¡Qué se cree! No tengo cinco años, ¿sabe?—No me hizo caso alguno, siguió caminando hasta que se reunió con sus dos amiguitos junto al fuego. Maldita Tierra Media.
Lady Carolina...
Carolina, sin el lady...
Lady Carolina, le presento a mi gran amigo Gimli, el enano.
Un placer, mi señora.
Señorita, si no le importa.
¿porqué iba a importarme?
Y a nuestro salvador de esta noche, que nos encontró perdidos y nos mostró el camino, el mago Radagast el Pardo—Mi cara de incredulidad fue tomada como una de sorpresa. El extravagante mago se acercó y me miró con sus ojos saltones, con la nariz pegada a la mía. Les pregunté si conocían a algún ent. Debía encontrar a Bárbol antes de que se me acabara el tiempo.
Poco podremos ayudarla Lady Carolina. Sí que es cierto que hace bien poco que conocimos a uno de ellos, Bárbol se llamaba, pero antes del episodio ocurrido en Isengard no los considerábamos ni en fábulas siquiera.
Ha de disculpar al mozo señorita Carol. Elfo, las primaveras que has presenciado te engañan y también las veces que tus ojos agudos han visto las nieves derretirse, si te hacen considerar que lo que pasó años ha sucedido hace poco.
Hace poco que fue sin duda, Gimli, pues no llegará ni a un par de años desde nuestra promesa. Y demasiado hemos retrasado el cumplimiento me parece.
Mucho cuesta dejar el hogar cuando se establece amigo.
Es algo en lo que he de darte la razón- El elfo y el enano siguieron de cháchara sin darme pista alguna más. Cuando el mago loco consideró que la sopa estaba lista, la sirvió en unos tazones de barro y nos la ofreció para cenar mientras yo me preguntaba dónde estaría mi festín prometido. No había acabado mi ración cuando empecé a sentir mucho sueño.
Ragadast... ¿qué llevaba la sopa?
Setas- se limitó a decir, como si mi pregunta fuera de lo más estúpida.
¿Setas?—Maldito mago... no podía mantener los ojos abiertos—¿Qué clase de se...?

Me desmayé, o me dormí, no sé... igual el Pardo me había matado sin darme yo ni cuenta. Maldita sea. Al rato sentí un cosquilleo en la nariz. Me rasqué e intenté seguir durmiendo pero no me dejaron.
Creo que podría dormir a pierna suelta hasta en un agujero infestado de arañas- escuchó susurrar al elfo mientras el enano intentaba aguantar la risa.
Pobre niña, el susto que se va a dar no es pequeño.
Tampoco sois tan feos que tenga que asustarme al veros Gimli...—Abrí los ojos de nuevo, desperezándome ya a la luz del día, buscando a mi alrededor la sorpresa que esperaban darme.
Habréis de disculparme por empezar el almuerzo sin vosotros, amigos...—la voz que escuché a mis espaldas me hizo levantarme de un salto. Tropecé con una de las raíces sobre las que había dormido. Miré por todos lados pero no había nadie. Hasta que caí en que no recordaba raíz alguna de la noche anterior, estabamos en un claro más o menos despejado. Y miré hacia arriba. Y grité. Otra vez. Y reí. Y seguramente pensaron que estaba loca.
¡Me ha encontrado, Bárbol! ¡No sabía donde buscarle!—apoyé una de las manos en la corteza del roble, haciendo que emitiera una serie de ruidos huecos.
No hay nada mejor que acabar el almuerzo con unas risas, Bárbol.
Tus palabras me recuerdan a las de cierto hobbit, maese Gimli. El señor Peregrin una vez me dijo algo parecido.
Razón tendría sin duda. Ésos medianos saben más de comidas que nadie en Arda.
Señor... Señor Bárbol, ¿le importaría concederme una entrevista, si es tan amable?
¿Una qué?
¿Puedo hacerle algunas preguntas? Sólo para conocerle mejor, señor. Nada demasiado íntimo, y si alguna no le gusta puede negarse a contestar por supuesto.
Si eres amiga del Señor Gimli y Legolas Hojaverde, amiga eres de los ent. Pregunta lo que quieras, que si está en mi conocimiento te responderé tan bien como sepa.
¿Sí? Gracias. Creo que mi primera pregunta ha de ser, a ver... ¿qué es lo que os hace realmente diferentes a los ent del resto de los habitantes de Arda?
Somos muy antiguos, tal vez sea eso...
Los elfos también somos antiguos, somos los primeros nacidos—intervino el elfo orgulloso, sin parecer importarle un ápice no haber sido preguntado.
Pero Aulë nos creó primero a nosotros, los enanos—contestó Gimli, igual de orgulloso e igual de inoportuno.
Y os puso a dormir hasta que nacimos nosotros.
Ya basta...—Ya estaba bien, ¿es que no iba a dejarme entrevistar al ent a gusto?—¿qué más da quién llegara primero? Prosiga señor Bárbol, por favor...
Sí, sí claro. Somos el pensamiento de Yavanna, éso es lo que nos hace diferentes niña. Ella rogó a Ilúvatar por protección para los olvar, para salvar su querida creación. Ni en los tiempos de la Primavera de Arda estuvieron tan amenazados por la perversión de Melkor como cuando los hijos de Aulë se dedicaron a hacer del asesinato de árboles su nueva diversión...
¿Y fue entonces cuando aparecísteis vosotros en Arda?—volví a preguntar, asegurándome de que lo había anotado todo.
Me temo que no soy tan antiguo, chica. He visto mucho, pero no todo. Pero mis ancestros, sí, ellos si lo vieron, vieron la deforestación, la desolación de bosques enteros convertidos astillas y más astillas... y la rabia les fluyó por cada fibra calentando su salvia; y todo el mundo sabe lo que sucede cuando nos calientan la salvia... nosotros somos fuertes y juramos proteger a los indefensos, de ésos enanos y de muchos otros peligros... Pastores de árboles nos llaman, y a éso nos dedicamos.
Déjame decirte, querido amigo, que éso precisamente es lo que os hace diferentes... Al menos a Bárbol, la dedicación y la compasión con la que ejerce tan noble tarea, de otro onod no sé decirte. Pocos onodrim conocí y a ninguno tan profundamente como a él— Legolas se dirigió a mi, interrumpiendo de nuevo, pero esta vez no me importó en absoluto. De algún modo aquella reunión improvisada era un regalo, así tendría amigos de Bárbol a los que preguntar... si lograban centrarse en el ent, claro.
En cualquier caso, siento que sólo por ser hijo de Durin debiera disculparme por tanto dolor causado...— Gimli se amohinó.
Maese enano, todos tenemos nuestras notas en la canción de Arda. Tampoco fuisteis los únicos que nos causaron dolor, aunque sí los primeros. Los númenóreanos de la Segunda Edad también causaron gran destrozo en el gran Bosque que antes era lo que ahora llamáis Eriador, y los elfos y su guerra contra Sauron... claro que en ése caso todo Arda estaba amenazada, no podemos culparles demasiado de ser poco cuidadosos.
Parece que tenéis gran aprecio a los elfos-comenté, intentando que me hablara algo más de ellos.
Oh, lo tenemos sin duda. Nunca podremos estarles lo suficientemente agradecidos. Ellos nos curaron de nuestra mudez.
Estos elfos que hablan a todo...- Gimli intentó molestar a Legolas, pero no lo consiguió. Parecía encantado, la verdad.
Aunque ahora no hablamos como ellos nos enseñaron, claro está. El éntico antiguo es demasiado engorroso hay que reconocerlo... Gentes de otras razas, e incluso algunos ent como el joven Ramaviva, lo consideran lento y largo. Pero aún así es hermoso... aún lo hablamos en las reuniones de la Cámara, y es muy útil también para conversar con los ucorns y los árboles. Pero en algún momento, algún iluminado debió de encontrar encantador el quenya de los eldar y fue adaptado y modificado para encajar con el éntico de un modo que soy incapaz de explicar.
Ahora que mencionas la Cámara, Bárbol, ¿tenéis los ent un rey o algo parecido, o vivís en democracia?
No sé que quiere decir ésa palabra tuya, chica. No tenemos rey, ni nos hace falta. Yavanna es nuestra última responsable, a ella debemos todas nuestras decisiones y pensamientos. Cuando hay alguna cuestión importante nos reunimos en la Cámara Éntica y debatimos el problema tranquilamente—y tan tranquilamente, que llegaron a desesperar a dos pacientes hobbits mientras discutían el ataque a Isengard— decimos nuestra opinión libremente por turnos y se decide por consenso. Ahora es fácil ponerse de acuerdo, quedamos pocos... pero antes, nuestras reuniones duraban más. Una vez, discutimos arduamente durante un siglo y medio si Noque CaraCortada estaba en el lugar idóneo o no. El pobre alcornoque, al que un enano le arreó con el hacha en todo el rostro y de ahí el sobrenombre, tuvo que cambiarse de sitio y al fin pudimos comenzar la reunión... pero no suele ser lo habitual, suelen durar un año, dos a lo sumo.

Los ojos de Bárbol se entristecieron al recordar a su amigo, seguramente porque en algún momento del pasado Noque CaraCortada fue enteramente cortado por algún alma despiadada. Dudó si preguntarle por éso, tal vez era demasiado personal. Finalmente se decidió y lo hizo.

Oh, no. No, no, no, no. El pequeño CaraCortada está entero, o eso espero. Al menos lo estaba la última vez que lo vi durante el asalto a Isengard. Tenías que haberlo visto niña... con lo canijo que es, sacó fuerzas para arrancar las vigas de la presa él sólo. Recuerdo que para cuando llegó Ramaviva ya estaba todo anegado, y le puso furioso. Era la primera vez que otro ent le adelantaba en algo. Y la última, por lo que tengo entendido, cuando acabó el ataque y todo volvió a la normalidad Ramaviva volvió con el pueblo de Corteza y Noque... no sé la verdad. Recuerdo verlo internarse en el Bosque, nada más. Pero está bien, seguro.
Bárbol, ¿habéis sabido algo de las ent-mujeres?
Nada que no sepamos ya. Desaparecieron hace tiempo. No teníamos mucho en común supongo. ¿Porqué esa tristeza niña? Me recuerdas a nuestros amigos hobbits, ellos también se entristecieron y sigo sin saber porqué. Todos tenemos un tiempo en ésta tierra, unos más largo y otros más corto, en un sitio o en otro, pero al final todos volvemos a donde partimos. Volveremos a encontrarlas en el pensamiento de Yavanna, niña, nuestro tiempo, como el de los elfos y enanos se agota.
Es la era de los hombres, lady Carolina.
Es mucho más que éso, Legolas—contestó el roble con resignación—Los ent despertamos con fecha de retorno. Se dice que el mismísimo Ilúvatar dio validez al pensamiento de Yavanna, ‘por un tiempo: mientras los primeros nacidos tengan dominio y los segundos sean jóvenes‘.
Aún soy joven, Bárbol—rió Gimli intentando aliviar el ambiente. El gran roble rió a carcajadas, con un sonido sordo y hueco que helaba el alma—no puedes retornar aún.
Una última pregunta, por favor, no quiero dejaros con esta tristeza... ¿Qué opina de...— no me dio tiempo a acabar. Cuando volví a abrir los ojos volvía a estar en la oficina, pero el idiota de mi jefe se había marchado ya. Me dejé caer en una de las sillas, agarrando la libreta fuertemente en el regazo, triste. Me dolía la tripa. Al menos creerían que todo habría sido una alucinación por las setas del mago.