miércoles, 9 de julio de 2014

'De la estrella' CAP 8

De la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y su regreso tras la guerra del Anillo

Disclaimer: No, mi apellido no es Tolkien, así que no me pertenece nada de nada salvo los personajillos que ya sabéis... Oh, y la letra de la canción es de Heller y se llama Diffendimi.

8
tinuviel, tinuviel
o cuando tolkien se dio de bruces con goodkind


No hablé cuando Aragorn se despidió de Gandalf con la mirada fija en Khazad-dûm, ni cuando Gimli culpó a Caradhras de nuestra mala fortuna. No me alteré al ver la escalera del Valle Sombrío, ni me maravillé con la visión del Lago Espejo o con la de la Piedra de Durin. El enano me había hecho mirar las profundidades del Kheled-zarâm justo dónde el rey de Moria había mirado por primera vez el lago, pero lo único que atraía mi atención en esos momentos era una hojilla solitaria en el agua que parecía no querer irse al fondo con sus compañeras. Como el de todos los demás, mi pensamiento se había quedado muy atrás, en las profundidades de las minas de los enanos, junto a las grandes vetas de mithril y las antorchas hace ya tanto tiempo apagadas. Pero a diferencia de ellos yo no me lamentaba de la suerte de Mithrandir. Estaba triste sí, pero porque no podría acompañarnos durante un largo trecho y se me hacía que le íbamos a echar de menos pronto. En cuanto a los demás, no pude desmentir la muerte del mago aún: en el peor de los supuestos no me creerían, y en el caso de que se decidieran a hacerlo se negarían en redondo a abandonar a Gandalf a su suerte. A pesar de la desolación de la compañía, la del portador y la mía propia decidí callar una vez más, al menos hasta haber cruzado la frontera de los galadhrim y estar a salvo en tierras de Lórien.

Por otra parte, no podía evitar seguir cuestionándome mi decisión de no intervenir. Después de lo del mini kraken y del fiasco con el tema del pozo, está la mar de claro que sucederá lo que tiene que suceder, tal y como transcurre en la peli o como se narra en el libro, independientemente de las birguerías que me monte yo para intentar cambiar las cosas. Pero aún no me he resignado del todo y hay un punto en el que pienso ser inflexible. En este caso en concreto estaba claro: Mithrandir volvería como Gandalf el Blanco, y gracias a eso sería capaz de enfrentarse a Saruman, de romper su vara. Pero Boromir no lo haría. Él no era más que un hombre común y corriente a los efectos de la parca y como tal no podía regresar de Mandos cuando le viniera en gana, por muy hijo de Gondor que se considerase. Tal vez su vida no sea tan relevante después de todo, no al menos lo suficiente como para cambiar demasiado la historia, y pueda ser salvado. El caso es que nos acercábamos cada vez más a su fin, estábamos tan sólo a una jornada del Bosque de Lórien y sólo tenía firme propósito de salvarle, pero sin un plan viable, y por si fuera poco mi simpatía por él empezaba a cegarme.

-¡Dama Angie!-¿Otra vez con el Dama? Boromir se echó encima mía al verme beber de un manantial y me alejó de él como de la peste- ¿Acaso no escuchásteis lo que dijo maese Gimli?

-No, yo...- A ver como le contaba que estaba pasando de ellos- eh... no hay una respuesta correcta a esa pregunta ¿verdad?

-Es el manantial donde nace el Cauce de Plata-me explicó separándose un poco de mí. Habíamos llamado demasiado la atención y la mirada de los demás se centraba en nosotros, sobre todo la del montaraz y la de cierto elfo silvano, que si tuvieran la capacidad de Cíclope de matar con la mirada Boromir habría caído fulminado hace ya un buen rato.

-¡Oh no! ¡Ahora dormiré durante tres días!

-¡No!-Me gritó Trancos muy serio suponiendo que era mi manera de escaquearme y sacarme un descanso de la manga... bastante le había costado que arrancarnos de las puertas de Moria como para hacer otro parón- Al menos hasta que lleguemos a Lórien... allí podrás dormir lo que quieras.

-Creo que te confundes con el Río Encantado-rió el elfo por primera vez en mucho tiempo. Desde que abandonamos Moria apenas me había dirigido la palabra directamente-Aunque no debes temerle aquí, pues es el que tiene sus fuentes en las Emyn-nu-Fuin y estamos demasiado lejos.

-¿Entonces?-pregunté sin explicarme porqué el hermano de Faramir no había dejado que saciara mi sed.

-Es fría como el hielo- se limitó a decir Boromir. En cuanto se dio media vuelta volví a beber: sí, estaba bastante fría, pero estaba sedienta. No hace falta decir que debí de hacer caso a Boromir y al consejo del enano, porque al rato empezó a dolerme la garganta.

Aragorn señaló hacia donde corría el Cauce de Plata, dónde al fin vimos las hojas doradas del bosque de los galadhrim. No sólo a mi se me alegró el corazón al verlo, a Aragorn le pesaban los años que hacía que no veía el Bosque de Oro y el principito parecía no caber en su metro ochenta y pico de altura.

Continuamos caminando porque aún estaba lejos, mas a mitad de camino Frodo y Sam se fueron quedando rezagados y recordando las heridas que habían sufrido, Aragorn consintió en parar un poco más adelante. Mientras tanto él y Boromir cargaron con ellos, y cuando Trancos se quedó convencido de que habíamos avanzado lo suficiente dejaron a los medianos en el suelo. Merry, Pippin y Gimli hicieron un fuego y buscaron agua. Yo me quedé con Sam mientras Aragorn revisaba su herida y cuando el elfo trajo el agua caliente machaqué en ella la hoja de athelas que me había dado Trancos. Agarré una de las capas que Arwen había metido en mi bolsa y mojé una de las esquinas en el agua y lavé con ella la herida de la cabeza del hobbit.

-No es necesario... vais a manchar la capa mi señora.

-Es mi capa Sam. Y como vuelvas a llamarme señora la que te voy a abrir la cabeza soy yo- el hobbit sonrió. Aragorn por su parte intentaba reconocer al portador del anillo, pero Frodo no parecía estar por la labor. Y aunque sabía porqué, decidí tener un poco de cortesía con él- Creo que me iré a dar un paseo.

-Iré contigo- dijo el elfo- no vaya a ser que andando, andando, llegues al Nimrodel y te nos caigas de cabeza.

-Mira, nos ha salido gracioso el principito... Te dejo en buenas manos Sam- Merry me sustituyó como enfermero-No aprietes demasiado no se le vaya a salir la sesera...

-Voy con vosotros. Aquí no hay demasiado que pueda hacer...

-De hecho- interrumpió Trancos- sí que puedes, Boromir. ¿Porqué no le hechas una mano a Gimli? Incluso manteniendo al joven Tuk alejado de la comida serías de gran ayuda.

-Por supuesto.

Boromir intentó ayudar al enano a encender un fuego, pero era un poco desastre en ese aspecto. Lamenté no quedarme a ver como acababa aquello, pero en lugar de eso caminé en dirección a Lórien con un principito tremendamente aliviado detrás. Si no fuera por lo repentino de la situación hubiera pensado que Aragorn sabía lo que iba a pasar de antemano y que probablemente lo hubiera hasta planeado.

-Siento lo del hombro-dijo cuando estábamos lo suficientemente lejos como para que no nos oyeran. De veras parecía arrepentido- De verdad, lo siento mucho.

-No te preocupes-contesté sonriendo. El pobre ya se sentía bastante mal como para echar más leña al fuego. En Moria había sido divertido, pero ahora me partía el alma verle así- en parte es culpa mía que seas un desastre con el arco... ¿Te sigue molestando el brazo?

-¡No soy un desastre con el arco!

-Claro...

-Y ya está bien del todo. Seguro que fueron tus cuidados...- sonrió, seguramente acordándose de las pocas veces que le había curado yo la herida en estas semanas.

-Sí, mi cuidado al caerme del balcón... creo que tienen más que ver los potingues de Aragorn, pues de dónde vengo nadie se habría curado así de rápido. Una vez me rompí una pierna y tuve que andar a la pata coja durante seis meses.

-Lo echas de menos ¿verdad?

-La verdad es que no era muy cómodo... tenía que dormir boca arriba porque me habían escayolado hasta el pie y me molestaba. Nunca me ha gustado dormir boca arriba pero... no te referías a eso ¿verdad?

-No, hablaba de tu hogar. Pero ahora entiendo porqué me das la espalda cuando dormimos.

-Probablemente Pip te dirá que te doy la mejor parte. Claro que con sus ronquidos no oye los míos-reí- y yo que siempre imaginé que si alguno de vosotros roncaba ése sería Gimli, pero he de reconocer que el joven Tuk me ha dejado impresionada. No sé como alguien tan pequeño puede producir ruidos tan agudos...

-¿Piensas volver?-volvió de nuevo hacia mí su mirada meditabunda. Sabía que se refería a si pensaba atravesar el armario de nuevo... pero no era algo que pudiera contestar en esos momentos pues no lo sabía ni yo. De manera que lo que terminé contestando no tuvo mucho que ver, vamos que me hice la sueca sin ser yo nada de eso.

-¿entera? Lo intentaré, pero no prometo nada... lo mismo dejo que me corten una oreja a lo Van Gogh, pero sólo para fastidiar la simetría, ya sabes...-bromeé, pero ya sabía a lo que se refería el elfo-Igual que tú, supongo... ¿O acaso no vas a volver a Mirkwood?

-Tú sabes eso mejor que yo...

-Supongo que sí. Pero siempre puedes decidir no hacerlo. Aunque si no lo haces prométeme que la razón no será Thranduil, sino una elfa bonita...

-No puedo prometértelo-contestó riendo. ¿El elfo se había ruborizado? ¿acaso se les pueden subir los colores?¡Yay! Había encontrado otra manera de molestarle...

-¿Al menos dejarás de sentirte culpable? No puedes sentirte mal por siempre... cualquiera que sea la razón por la que tanto te martirizas carece de sentido si no hay solución posible. Como decía mi abuela que era muy lista: si tu mal tiene remedio pónselo, si no lo tiene ni te molestes en pensarlo. Y el tuyo no lo tiene: por muy elfo que seas no eres perfecto, si lo fueras no serías un elfo, sino el propio Eru ¿no crees?

-Hace un día demasiado hermoso como para andar con tan profundos pensamientos...- dijo después de pensar un rato en mis palabras.

-Entiendo que no quieras, apenas nos conocemos y mi hombro no es comparable al de Aragorn... sólo quería que supieras que si necesitas hablar... de cualquier cosa, estoy aquí.- Tal vez no debí de haber insistido. No supe descifrar muy bien la expresión del elfo, si era de extrañeza o de sorpresa- Se me da bien escuchar, dicen. Aunque hablar se me da mejor... de hecho puedes pararme cuando quieras, podría pasarme horas y horas así...

-Eres muy amable por preocuparte.

-¿Pero?

-¿Pero qué?

-¿no hay un pero?

-Estoy bien, de verdad- sonrió- Además, yo podría decirte lo mismo de tu 'mal' con Paula. Estoy seguro de que al volver podrás aclarar el malentendido.

-No hubo malentendido-contesté con voz severa-Metí la pata. A veces creo que lo sé todo y que puedo opinar sobre cualquier tema, y obviamente no es así. Paula sabe más que yo en muchos aspectos y por lo que parece el amor es uno de ellos... porque sí, Álex es un cabrón, pero uno no elige de quién se enamora...

-Hablas con una sensatez impropia de tu edad...- el elfo se paró en seco y me miró de arriba a abajo mientras yo aún caminaba, como si hubiera algo nuevo en mí y no supiera el qué.

-No creo que mi hermano esté de muy acuerdo con eso... hablando de edades... ¿cuántos años tienes principito? Porque por tu aspecto no te echaría muchos más de los que yo tengo, pero algo me dice que los 27 los dejaste atrás hace tiempo...

-Tanto que se me hace difícil recordarlos- ya está, algo se apagó en él. Sonreía, pero no transmitía nada.-¿Y porqué habría tu hermano de estar en desacuerdo?

-Porque soy una cabra loca ¡y estás intentando cambiar de tema! ¿No vas a decírmelo?- el elfo negó con la cabeza- Venga... ¡prometo no decirle nada a Giladar! Además, ¡con esa carita dudo que le importe que tuvieras un millón de años!

-Pareces empeñada en emparejarme con esa elfa...

-¿Acaso no te gusta?

-Lo que me disgusta es tu insistencia en buscarme compañera.

-¡Entonces te gusta! Bien, bien... me niego a irme de la Tierra Media sin librarte de tu destino. En el fondo me caes bien elfo... ¿Alguna vez has estado en el Bosque de Oro?

-No pero he oído hablar de él.

-No te preocupes, seguro que hay elfas para aburrir. Me haré amiga suya y te las presentaré. Volvamos, seguro que a estas alturas ya han descubierto que la razón de la timidez de Frodo no era yo en absoluto.

Después de comer una sopa insípida y muy falta de Avecrem (es extraño lo que puedes llegar a echar de menos en los momentos de necesidad) borraron nuestro rastro y seguimos nuestro camino. Pronto se hizo de noche y una niebla empezó a emerger en la parte baja de la loma. A Boromir no le hacía gracia entrar en Lórien, y estoy segura de que a Gimli le hacía menos ilusión todavía pero Aragorn les tranquilizó y continuamos sin mediar palabra hasta que tropezamos con un arroyo.

-¡He aquí el Nimrodel!-dijo Legolas- Los elfos silvanos lo cantaron muchas veces.

-¿También le cantaron al puente roto?-dije en un hilo de voz. Definitivamente no debí de haber bebido de aquellas aguas.

-No, lo cantaron sin estarlo. Nos mojaremos los pies en sus aguas, pues dicen que cura la fatiga ¡Seguidme!- Y ciertamente le seguimos. Yo en particular le seguí tan de cerca que después de cruzar como la mitad del río, fui a pisar una de las piedras mojadas sin que él la hubiera abandonado totalmente y acabamos cayendo los dos al agua.

-Oh my...- casi se me corta la respiración de la impresión y de lo fría que estaba- ¿Se puede saber a qué te paras?

-Yo no me he parado, tú ibas muy deprisa. Al menos no has caído de cabeza...

-¿Cómo iba a ir más deprisa que tú, pies ligeros?- reí. A diferencia del elfo que salió en seguida del agua, yo me quedé un rato revolviéndome el pelo y restregándome la ropa intentando sacar toda la arena acumulada, suficiente para sellar las minas con Balrog dentro.

-¿Sabéis lo único que le faltó a Berto meterme en la mochila?-dije cuando salí del agua- Jabón.

-Podrás darte un buen baño en cuanto lleguemos a Caras Galadhon- contestó Aragorn mientras yo cogía algo de ropa seca. Boromir se acercó a mí y me echó por encima una de sus capas.

-Gracias. ¿Alguien sabe porqué tengo que ser siempre yo la que acabe calada hasta los huesos?

-Vas a coger frío- Boromir me frotó fuertemente los brazos en un intento vano de secarme. Un elfo muy cabreado y descamisado me miraba con odio un par de metros por detrás de Aragorn. ¿Qué coño le sucedía ahora?¿Acaso quería para él la capa de Boromir? A ver si va a resultar que al elfo le van los tíos... ¡Claro! Por eso le molestaba que le buscase 'compañera'. Uyuyuyuyuy... quien iba a pensar que tantos slash tenían razón. Oh, y eso que suena por ahí son los pedazos rotos de la fantasía 'exótica' favorita de mi Maitechu.

-¡Voy a alejarme un poco!-grité bien fuerte- ¡Para cambiarme de ropa!

-No tienes que gritar-dijo Merry- podemos oírte perfectamente

-Ya lo sé, Merry, tienes orejas... ¿ves? Dos. Dos grandes orejas de hobbit para oírme mejor.

-De hecho-Contestó Pip- nuestras orejas son más pequeñas que las tuyas Ange.

-Abuelita, abuelita ¡qué ojos más grandes tienes! Son para verte mejor... ¡qué orejas más grandes tienes! Son para oirte mejor... que boca más grande... va déjalo-contesté algo decaída al ver que no lo pillaban- No sé que clase de cuentos os cuentan a vosotros... y dejad de distraerme que empiezo a tener frío.

Caminé hacia el norte con la esperanza de encontrar alguna cabaña abandonada, a ser posible antes de llegar La Carroca. Por dos razones, la primera porque no me apetecía nada ir hasta donde Yavanna perdió las sandalias, y la segunda porque no creo que a Beorn le hiciera mucha gracia verme por allí y menos sin Gandalf. Tampoco quería alejarme mucho. Probablemente los galadhrim me habían oído y sabían que estaba sola. Hay que reconocerlo, era un buen momento para secuestrarme sin que los demás se dieran cuenta. ¿Claro que para qué? ¿para sacarme información?¿a mí? En fin, les hablé por si las moscas.

-Señores galadhrim, les agradecería que si aún siguen por ahí me dieran cierta 'intimidad'- grité al viento- prometo contarles todo lo que quieran después sin necesidad de desenvainar las espadas.

Nada se movió, ni siquiera por efecto de la brisa. Todo estaba absolutamente tranquilo, a pesar de lo cual decidí no fiarme. Me puse la capa que me había prestado el hermano de Faramir y me quité la ropa mojada por debajo. Si esos elfos degenerados seguían fisgando no iban a ver mucho más que un bulto grisáceo revolverse en medio de la explanada bajo el tenue resplandor de la luna.

Una vez vestida y relativamente seca recogí las prendas todavía húmedas del suelo y me dispuse a encontrar el camino de vuelta. Emprendí rumbo al sur. Creo que era el sur, porque a diferencia de cierto ent para mi no fue como andar cuesta abajo. De hecho el camino se me hizo largo y tedioso, en parte porque no tenía con quién meterme y cuando estoy sola me da por pensar. Sé lo que dicen de la gente que se suele dedicar a estos temas y creo que tienen razón. Pensar sólo trae problemas, aunque probablemente me contestaréis lo contrario: que es el no pensar lo que los trae. Puede, pero desde luego lo que no trae es dolores de cabeza. ¿Veis? Ya estoy divagando de nuevo. Por suerte encontré algo con lo que distraerme antes de tener una epifanía de las buenas. El murmullo de la poca brisa que hacía bailar las hojas traía una voz dulce consigo. Casi no podían distinguirse apenas una de la otra, pero concentrándome mucho logré entender algo de que tenía una estrella en la mente... no, no, en la frente. Una estrella en la frente. Ignoré mis anteriores preocupaciones, abandoné la idea de encontrar a mis compañeros y perseguí aquella voz que venía de la nada. ¿Acaso sería Galadriel la dueña? No, ni siquiera la estrella de la mañana puede tener una voz así de hermosa. Cual fue mi sorpresa cuando al que encontré entonando fue al elfo, que de tan concentrado que estaba no se percató de mi llegada.

-Tinúviel, Tinúviel...-Le susurré al oído, arrodillándome a su espalda. Giró la cabeza y me perdí de nuevo en esos ojos tan azules que parecía que en una triquiñuela traviesa le habían robado al mar todo su color, y aunque no parecían sorprendidos sentí que se alegraban de tenerme a la vista. Me incomodó sin saber muy bien porqué, tal vez porque había ya demasiada intimidad en aquella mirada cristalina-¿No era lo que venía a continuación?

-La historia a la que te refieres es la de Luthién y Beren, yo cantaba las desventuras de la doncella Nimrodel y Amroth- Me dijo casi en un susurro con una sonrisa de oreja a oreja, como si entendiera mi equivocación y fuera lo más normal del mundo.

-Lo siento, es que a mi me parecen todas iguales...-Me dejé caer de espaldas en la hierba, que estaba caliente y seca, de cómo le había estado dando el sol todo el día. Era reconfortante. El elfo se giró un poco dándole la espalda a su gran amigo Trancos sólo para poder recriminarme mi comentario a la cara.

-¿Cómo pueden parecerte iguales?

-Se parecen mucho.

-La historia de Nimrodel es de pérdida, de como busca a su amado. El caso de Luthién Tinúviel y Beren es distinto-arguyó Trancos.

-Es siempre la misma historia Aragorn, ¿acaso no te suena de nada? Ay! Que poca disposición a atar cabos... ¿un hombre y una elfa?¿Thingol no os recuerda a cierto gobernante de Imladris? Además, he de decir que me molesta que en esos cuentos siempre sea una elfa la que se enamore del hombre mortal, me gustaría escuchar de una en la que fuera al revés... que hubiera una tan solo en la que el enamorado de la mortal fuera un elfo... pero al parecer sois demasiado cautos o nosotras demasiado poco tentadoras...-dije riendo mirando directamente al elfo- No tenéis remedio, sois unos románticos empedernidos... en cambio yo soy más práctica...

-¿A qué os referís?

-Gimli... mírame... ¿en serio crees que yo buscaría a Amroth?¿crees que renunciaría a la eternidad por Beren? No me trago toda esa chorrada del príncipe azul a lomos de un caballo blanco... no sé porqué pero siempre me han dado mala espina los blancos...

-En tal caso eres digna de lástima...- Suspiró Sam metiendo baza en la conversación

-Puede, pero al menos mi felicidad no depende otra persona.

-Algún día lo hará- rió el elfo, pero su expresión acababa de encajar, no acompañaba a sus palabras. Creo que atisbé algo diferente en la mirada que hasta hace un momento me había incomodado. A pesar de su sonrisa adiviné que algo roto que se escondía debajo. Aunque si soy del todo sincera no entendí muy bien el porqué mi vida amorosa le preocupaba tanto al elfo, la verdad.- amarás tanto a alguien que no te importará comerte esas palabras. Tu lo dijiste antes, uno no elige de quién se enamora, perderás todo ese autocontrol, ese orgullo y ese pensamiento tan lógico.

-No.

-¿No?-No se terminaba de creer que le hubiera replicado tal asunto. Estaría bueno, ¡como si tuviese más idea de los deseos de mi corazón y de mi vida que yo! Era indignante...

-Lo primero que la vida se dignó a enseñarme fue que los príncipes azules no existen, que son un mito: como el chocolate que no engorda, la piedra filosofal, las meigas y la Atlántida. Por eso cuando tuve edad decidí pasarme a los príncipes verdes, no tienen las mismas maneras pero los encuentro encantadores... ¿y qué se ha convertido esto?¿en radio-patio? Sois peor que mi madre, y ya es decir... ¿no iréis a darme también el tostón con que se me va a pasar el arroz, no? Porque es lo que faltaba...

-¿Pasarse el arroz?- intervino Frodo divertido.

-Además, es cruel, cínico y retorcidamente irónico... ¿porqué tenéis tantas ganas de que lo sienta?¿porqué habría de querer sentirlo yo acaso? No os atreváis a mirarme de ésa manera...-le solté a Aragorn- El que seas un ingenuo no te da derecho a sentir lástima por mi. Me voy a dormir un rato a la orilla, por aquí hacéis demasiado ruido.

Agarré mis ropas mojadas y me alejé de allí lo más rápido que pude.¿Qué narices se habían creído? Si estaba allí era para echarles una mano, no para que me juzgaran por ser como soy. Puede que piensen que soy una amargada, pero sinceramente me da igual. Es mucho mejor eso que inspirar lástima por un corazón deshecho. Sin acercarme demasiado a la orilla extendí la ropa en la hierba para que se secara un poco. Me tumbé en la hierba mirando el cielo estrellado e hice todo lo posible en concentrarme en encontrar cierto parecido con el cielo de Madrid en una noche de verano. Pero aquí habían más estrellas, y las que pude reconocer brillaban aún más de lo que recordaba.

-¿Quieres hablar?

-Claro, ¿porqué no?-El elfo se sentó a mi vera dispuesto a escuchar lo que tuviera que decir. Sólo que no iba a darle la satisfacción de seguir discutiendo sobre el mismo tema-Es una delicia poder disfrutar de una noche así, desde casa apenas se ven estrellas. No sabéis la suerte que tenéis.

-¿No hay estrellas en tu mundo?

-Sí, pero no tantas. Y las que hay apenas se ven por la contaminación lumínica. Supongo que es normal después de todo... si Tolkien ideó la Tierra Media como un periodo anterior de mi propia tierra y las estrellas no son más que gigantescas bolas de gas en constante combustión, es lógico que se vayan apagando.

Me preguntó curioso sobre las bolas de gas, y como da la casualidad que la astrofísica es uno de mis hobbys (rara que es una) le expliqué algunas cosas que a pesar de la buena disposición del elfo, no estoy muy segura que entendiera. Le hablé de la vida de las estrellas, de agujeros negros, del efecto doppler y el corrimiento al rojo, de cómo el hombre pisó por primera vez la polvorienta superficie de su Ithil. Y lo único que pareció quedarse grabado en su mente fue el nacimiento de las estrellas aunque, como sostuvo orgulloso más de una vez mientras se lo explicaba, seguía pensando que había sido Elentári quien realmente las había encendido.

-Mira... ¿ves aquella de allí?-intenté desviarle del tema, que ya empezaba a cansarme el que intentara convencerme de su opinión sobre la valier esposa de Manwë.

-Eärendil- contestó él. Le brillaban los ojos al mirar la luz tililar en el cielo oscuro. Sabía lo que significaba aquella mirada, precedía a una buena historia.

-Nosotros lo llamamos Venus, el único planeta del sistema solar con nombre de mujer. Se lo pusieron por la diosa del amor romana, lo cual no deja de ser irónico porque es un maldito infierno... la presión es bestial y las nubes no son de agua, sino de ácido sulfúrico y aunque está más cerca del sol apenas está iluminado por la atmósfera tan densa que tiene...- tras un montón de datos sobre nuestro planeta gemelo que el elfo no me había pedido y con los que pareció conformarse aunque no entendiera ni la mitad, decidí ser buena persona y preguntarle por el hijo de Tuor. Legolas me contó la historia de los silmarils, del papel de Eärendil y de su creencia de que era el silmaril del medio elfo el que brillaba en tan oscura noche en los dedos de su dueño. Y sinceramente, no tuve alma para replicarle. Eso sí, no me convenció de su teoría. Para mí Venus seguirá siendo el segundo planeta más cercano a la Tierra, el único además que tiene rotación retrógrada y cuyo magnetismo es prácticamente inexistente comparado con los demás.

-Tendrás que explicarle a Frodo lo de que se te pase el arroz, no entiende como alguien tan joven puede tener esas preocupaciones... y sinceramente, yo tampoco...- me dijo cambiando completamente de tema (creo que intuyó que no iba a lograr convencerme de la historia del brillante silmaril)

-Yo no voy a vivir tan largamente como vosotros... mi vida será como un día de la tuya, y sensiblemente más corta que la de Frodo... eso, y que además mi madre es una neurótica demasiado tradicionalista para la vida que la tocó vivir y tiene puestas sus esperanzas en nosotros. Según ella, a estas alturas Paula ya debería tener un marido contable, decente y aburrido, tres hijos más Leire, una casa de valla blanca, un coche, un perro labrador y tres árboles frutales (probablemente un ciruelo, un manzano y un naranjo; pero creo que la dijo que el último lo dejaba a su elección). Yo como soy tres años más joven y no he llegado aún a la treintena, debería estar camino de Los Jerónimos del brazo de un importante cirujano. Pero en mi caso se ha resignado conmigo y con mi carácter, y creo que se conforma con que para abril vaya camino de una capilla de Las Vegas, preñada y del brazo de un enfermero... recuerdo que cuando vivía con ella, cada noche que ponían Anatomía de Grey en la tele me decía 'ves hija, no están tan mal'. Y cuando se ponía así, yo le contestaba que si no le importaba que fuera actor en vez de cirujano ya me las arreglaría para encontrar a Patrick Dempsey, sólo para decirle que deberíamos casarnos porque si no ella iba a morirse del disgusto.

-Parece como si el matrimonio se considerara algo así como un pacto, independientemente del amor a la otra persona.

-En muchos casos lo es.

-Cada vez me gusta menos tu mundo... no sé porqué estás tan desesperada por volver.

Salvada por la campana. O por los gritos del montaraz en este caso. No pudimos seguir la conversación porque Trancos y los demás habían levantado ya el campamento y empezaban a internarse en el bosque. Una vez reanudada la marcha volvieron al tema de Nimrodel y la costumbre de los galadhrim de construir casas en los árboles, Aragorn propuso imitarlos y descansar en sus copas. Después de meterse con Pip (estoy empezando a sentir un sentimiento algo maternal respecto al hobbit, pues cada vez son más los que se meten con él) el elfo pegó un salto y se balanceó entre las ramas.

-Daro!

-El primer elfo al que veo caerse de un árbol...- dije en tono sarcástico cuando se dejó caer. Legolas me miró con el ceño fruncido y se apresuró a parlamentar con el galadhrim.

-¡Haldir de Lórien!- Le llamé. Estaba impaciente por conocerle- Bajad aquí y saludad, pues nunca oí de vos que fueseis maleducado.

El principito se quedó de piedra y Aragorn me lanzó una mirada asesina pero yo estaba muy tranquila. Se hizo un silencio sepulcral durante unos minutos en los que ni la brisa se atrevió a correr ligera y juguetear entre las hojas. Tres elfos bajaron del mellyrn, los tres altos y delgados, envueltos en capas grises y con los arcos aún en las manos. Aragorn y los demás aún no salían de su asombro.

-Suilaid Rúmil, Orophin, Haldir- dije hartándome a hacer reverencias a los tres elfos. Algún día tendría que superar aquello, pero al parecer ése día aún no había llegado.

-Mae govannen- saludó Haldir. ¿qué como lo sé? Pues porque es el que tiene la jeta de Craig Parker... no hay que ser Sherlock Holmes...- Kahlan Amnell, la dama blanca nos ha hablado de vos.

-¿Kahlan Amnell?-repitió Frodo sin entender muy bien, cosa que ni yo hacía en estos momentos-Creo que os equivocáis de mujer, capitán.

-No, no hay confusión. La Dama Galadriel os aconseja tomar ése nombre de aquí al final del viaje, mi señora, pues sus enemigos son muchos y proceden de todas partes- esta vez fue uno de los hermanos de Haldir el que me habló. Sonreí. ¿Kahlan?¿Kahlan Amnell?¿La confesora de Terry Goodkind?¿En serio? No supe si sorprenderme o no de que Galadriel hubiera sido capaz de inmiscuirse en mi cabeza aún sin haber llegado a Caras Galadhon. Decidí no enfadarme con la Dama de los Galadhrim por haber hecho una incursión en mi mente sin aviso ni consentimiento, al fin y al cabo parecía que lo había hecho por mi bien y había que reconocer que Angie Montes era un nombre que cantaba mucho en un mundo casi medieval.

-Si la Dama Blanca quiere que cambie de nombre, lo haré y seré Kahlan a partir de este momento-contesté convencida. ¿Podría haber sido peor no? ¡Podría haber decidido llamarme Paris Hilton!¡y a ver como le digo yo que no!-Sé que nos acabamos de conocer, pero... ¿puedo pediros algo?

Los hermanos miraron a Haldir, porque era evidente que hablaba con él. Él contestó afirmativamente y yo me acerqué al elfo. Al principio se asustó (bueno, quien dice que se asustó... más bien se sobresaltó) cuando alcé mi mano.

-Sólo quería comprobar que mis ojos no me engañaban-Cerré los ojos y disfruté del tacto de su mejilla- Puede que no lo entendáis pero para mí es una alegría tan grande veros bien y a salvo...

-Sois muy amable al preocuparos así por mi bienestar, mi señora.

-No es amabilidad, hir nín, mis palabras son de alivio. Os he visto caer tantas veces... he visto como la vida se escapaba de vuestros ojos, como exhalábais vuestro último aliento...

-Mi señora nos habló de vuestro don, y me alegré de saber de él entonces... pero no ahora que sé que os causa tanto sufrimiento.

-Alegraos pues, mi querido galadhrim, pues gracias a él os evitaré tan fatal destino. Os aprecio aún sin conoceros, pero si he de ataros a la pata de la cama para evitar que se cumpla lo que debe de cumplirse debéis saber que lo haré hir nín.

-No lo dudo, pero creo que ya sabéis que nos persiguen ordas de orcos. No es buena idea esperar aquí a su llegada.- comentó Aragorn nervioso, sin dejar de mirar a todos lados buscando una sola sombra fuera de su lugar.

Haldir contestó a Trancos en élfico, con lo que no pude saber de que demonios hablaban pero intuí que hablaban de Gimli. El elfo (Legolas, joder con tanto elfo por los alrededores voy a tener que cambiarle el mote) respondió al galadhrim y a partir de ahí se desencadenaron una serie de diálogos que no pude seguir bien por lo rápido que hablaban los interlocutores.

-Los hobbits subirán aquí y se quedarán con nosotros... hay otro talán en el árbol más próximo, allí os refugiaréis los demás... Mi señora...-Haldir tomó mi mano y la besó. Sus hermanos se contentaron con inclinar un poco la cabeza en signo de respeto- espero que tengamos más oportunidades de terminar la conversación que dejamos a medias. Tú, Legolas responderás por ellos. Avísanos si algo anda mal. Y no pierdas de vista al enano.

Los tres elfos subieron al flet casi con la misma rapidez con la que habían bajado. A los pocos segundos una escalera de cuerda gris cayó hasta tocar el suelo y los medianos comenzaron a subir por ella. Aragorn escondió el equipaje debajo de un montón de hojas y nos dispusimos a partir hacia el otro talán a pesar de mis reticencias. No me podía creer que Haldir me mandara con los demás... será desconsiderado...

-¿Al elfo si le permitis besaros?- me susurró el de Gondor antes de emprender camino al talán con sorna. Legolas rió de repente. Sin duda lo había escuchado y se había acordado de Rivendel.
-¿Quieres dormir en el suelo Boromir?
-Al menos no se lo has devuelto- intervino divertido el principito.

Antes de marcharnos les deseé dulces sueños a los hobbits y, en especial a Sam, a quién le grité a pleno pulmón que pensara en Rosita antes de dormirse. No sé porqué pero creo que le avergonzó sobremanera mi comentario, supongo que mañana tendré que disculparme.

El principito logró subir al árbol en cuestión sin caerse esta vez y nos lanzó las escaleras para que pudiésemos subir los demás.

Vienes a Lothlórien con una esperanza vana.

-¿Has dicho algo?

-Las damas primero-repitió Trancos tendiéndome la escala.

Angela Montes.

¡Al fin alguien que me llama por mi nombre! Y tenía que ser alguien de arriba, alguno de los que ya estaban en el arbolito. Y me cabreaba soberanamente, no me hacía gracia subir al mallorn como para que encima se andaran con tonterías.

-¿Quién ha sido? Dejáos ya de gilipolleces y subamos antes de que me entre el vértigo.

Angela Montes. Sólo tu persona es más peligrosa que el anillo único.
Y ni siquiera el portador lo sabe.

-Ya está bien- saqué a Gilraen y Undómëarel de sus vainas y espadas en alto escruté los alrededores buscando el origen de la misteriosa voz y asustando a mis compañeros- Sal de dónde quiera que estés.

¿Asustada?
Aragorn, Gimli y el elfo me llamaban, pero no les hice caso. Hasta que escuché al enano increpar a los elfos porque me habían hechizado, y entonces caí en quién podía ser. Pero era mejor asegurarse.

-Trattengo ancora il fiato ho visto il nostro mondo infrangersi- dije en voz alta. Posiblemente la Dama Blanca hablara muchas de las lenguas de la Tierra media, pero estaba segura que el italiano escapaba a sus posibilidades. Y aún no siendo así, no era posible que Tolkien conociera una canción que se editó muchos años después ¿no?- Potrei parlarti ancora delle lacrime che ho pianto, di quel sorriso spento che nasconde centomila incognite, di occhi estranei si di te...

Di come avrai potuto fingere... Ti prego resta qui...
continuo a chiedermi, continuo a illudermi, ti prego resta qui: Difendimi...
Escuché en el mismo instante en el que terminé de pronunciar mis palabras. Creo que la Dama Blanca sabía que la estaba poniendo a prueba, porque sino no se entiende tanta rapidez y tanto esmero en la pronunciación de cada palabra.

-Un placer, mi señora...-Dije riendo y guardé las espadas. Definitivamente era la Dama Galadriel, y ya no cabía duda alguna de que podía colarse en cabezas ajenas -No, no tengo miedo de vos y sin embargo intuyo que debería temer su ira.

Bien, porque no es miedo lo que pretendo causarte. Ellos ya lo sienten en sus corazones. Puedes decirles que la Dama Blanca te habla o guardarlo en secreto, pero háblales o pensarán que de veras que te he hechizado. Pero déjame decirte algo antes: Tu futuro es incierto, aranel, y aunque vienes en busca de consejo es probable que el que podamos darte aquí no sea el que tu esperabas. Si subes a los mallorn de Caras Galadhon debes aceptar que lo que te diremos no va a ser lo que deseas oír.

-¿Acaso los galadhrim llamáis 'aranel' a cualquier forastera que se adentra en vuestros dominios?-No obtuve respuesta alguna más que una risa cantarina que llenó hasta el último rincón de mi cerebro de una sensación placentera. Me volví hacia Aragorn y compañía. Sus caras eran un poema. Boromir probablemente apoyara la teoría de Gimli, y por respeto a su futura familia política Aragorn creyó simplemente que me había vuelto loca. No solo hablaba sola, sino que además lo hacía en idiomas raros. Tras asegurarse que estaba todo lo bien que con mi deficiente salud mental podía estar (no les dije con quién hablaba, en parte porque no me parecía de su incumbencia), subimos al talán. Gimli y Boromir fueron primero y después yo empecé a subir con decisión pero como a la mitad empecé a titubear.

-No mires abajo- Me dijo Aragorn. ¿Que no mire abajo? Si me habla tendré que mirarle y si va detrás de mi está por debajo, ergo tengo que mirar abajo. Me agarré con fuerza a las cuerdas de la escalera y cerré los ojos. Si, es una estupidez, si subo con los ojos cerrados es más probable que me caiga... pero al menos no lo veo.

-¿Angie?¿Que haces con...?¿Porqué... porqué cierras los ojos?

-¿Qué ocurre Aragorn?- Legolas se asomó al borde a ver porqué yo no llegaba.

-Creo que necesita un descanso, esperad un momento- Aragorn subió hasta colocarse justo detrás mía, lo que no era muy difícil porque me había pegado a la escalera como si la vida me fuese en ello.

-Está muy alto-Susurré. Me costó pronunciar cada palabra, se quedaban atoradas en mi garganta y al escupirlas me dolía un poco.

-Sí, es un mallorn, son árboles altos.

-Y ahora soy Kahlan- contesté molesta. El estar enfadada hacía que el miedo se sintiera más pequeño- Y Kahlan no tiene miedo a las alturas ¿entendido? Sólo que no le gustan.

-Bien, subiremos los dos ¿de acuerdo? Primero un pie, luego el otro.

-¿Y si me caigo?

-No te caerás.

-¿Y si lo hago?

-Te tengo bien agarrada, no dejaré que llegues muy lejos...

-¿Y si me resbalo de entre tus manos? Cuando me pongo nerviosa, sudo mucho y...

-¿Quieres dormir en el suelo?

-No. Es peligroso. Ya subo- No estaba tan loca como para no subir al flet. Abrí los ojos y fijé la vista en la madera de la que estaba hecha la tarima, subí un pie y luego otro. Sentía la respiración de Aragorn en mi nuca, empezaba a ponerme nerviosa y me temblaban las manos. Iba a resbalar, resbalaría y caería, y Trancos no alcanzaría a cogerme.

-Mi señora- Gimli me agarró de los brazos y me ayudó a subir. Al fin estaba arriba. Caminé a gatas hasta la parte central del flet y allí me quedé un buen rato. Comimos algo y nos arropamos con mantas, pues aunque no era pleno invierno aún corría algo de biruji que te dejaba tiesa en un momento.

-Algún día los enanos volverán a Moria, mi querido Gimli, morarán de nuevo en las mansiones ahora oscuras, y se cantarán canciones en torno a grandes fuegos de como los enanos vengaron a Balin y a su estirpe, estoy segura.

-Ya lo intentaron antes y no fue posible. Aunque pudieran acabar con todos los apestosos orcos que ahora se resguardan bajo sus techos de piedra labrada e inundan cada corredor y cada pasadizo con sus fétidos alientos; y aunque así lo lograran, mi señora, ningún enano podrá conseguir lo que no ha logrado el peregrino gris. Si Gandalf ha perecido, que nos espera a nosotros que no tenemos ni su poder ni sus mañas, por muy hijos de padres ilustres que seamos...

-Nos queda la fe y la esperanza-contesté

-¿fe y esperanza?-gruñó Trancos. Parecía que ahora que no estaban los hobbits había permitido que asomaran al fin sus temores-¿fe en qué?¿qué esperanza nos queda sin Gandalf?

-¿que es la esperanza sino lo que queda cuando todo lo demás se ha ido?- contesté intentando infundirle ánimo con lo poco que me quedaba de voz- Por eso es valiosa. Y en cuanto a la fe, no deberías subestimarla, precisamente tú mi buen amigo Estel. Si te has quedado sin reservas y la angustia te carcome el alma y hace sucumbir tu ánimo, toma un poco de la del enano, o de la del elfo si quieres. Y si con ambas tampoco es suficiente, toma la mía, que no es ya fe en ti sino certeza. Tan segura estoy de que lograrás llevar el asunto a buen término como de las estrellas que tililan esta noche sobre nuestras cabezas.

Aragorn suspiró con pesadez y se sentó al borde del talán sin decir nada, y perdió la vista casi en el horizonte. Yo no me di por vencida y me arrastré junto a él muy despacio, intentando no mirar a abajo ni a la lejanía, manteniendo el miedo a raya el tiempo suficiente como para sentarme.

-Te confiaría mi vida si tuviera acaso algún valor, pero me temo que otros ya lo han hecho por mi. Y si todo eso no basta- dije casi en un susurro- no tienes más que echar una mirada a lo que llevas colgando del cuello. Si eso no es fe ciega, entonces no sé qué puede serlo.

-No me digas que esto-cogió el colgante- también aparece en tu libro.

-Por supuesto-contesté sonriendo. Trancos sonrió y volvió a mirar la luna llena, aún sin soltar el regalo de la estrella de la tarde de su mano- Tinúviel, Tinúviel...

Trancos rió y sentí como todas sus preocupaciones y lo que había estado turbando su mente desaparecían cuando su pensamiento volaba lejos hasta Rivendel. Por esa razón intenté que me hablara de Arwen Úndomiel, pero él cambió de tema al mencionarle a la elfa.

-¿No tienes miedo ahora?-me dijo mirando hacia el suelo.

-¿Quieres que te cuente un secreto?-contesté. Aragorn se acercó y yo le susurré (ya que mi voz no daba para mucho más)- Estoy aterrada. Pero no por estar a no-quiero-saber-cuantos-pies del suelo.

-Caradhras está más alto que el talán.

-Ya lo sé. El caso es que no tengo problemas con alejarme mucho del suelo... podría hacer malabarismos en la torre de Ecthelion sin afectarme... sólo... son estos árboles...

-¿y temes a todo árbol y arbusto o son sólo los mallorn?

-No tengo miedo de un árbol. Es que no he tenido más que malas experiencias con ellos... La noche que mi padre se fue, mi madre y Paula tuvieron que llevarme a urgencias porque me caí del roble que teníamos en el jardín y me rompí una pierna. Otra vez tuvieron que vendarme el tobillo porque me caí cuando intentaba desobedecer a mi madre. En mi defensa diré que el castigo era totalmente injusto y que no me merecía pasar en casa todo el fin de semana. Luego está la vez que intenté colarme en una piscina con Adrien y acabamos los dos en el hospital por culpa de un pino.

-Aragorn- le llamó el elfo en un susurro apenas audible-Yrch.

Aragorn y yo nos deslizamos hacia el centro del talan intentando hacer el menor ruido posible. Y funcionó porque no pareció que nos oyeran.




Emyn-nu-Fuin: Montañas situadas en el corazón del Bosque Negro, al norte del Camino del Bosque Viejo. En ellas estaban las fuentes del río Encantado. Tras la Guerra del Anillo constituyeron la frontera meridional del reino de Thranduil.
Aranel: Princesa (sínd.)
Mae govannen: bienvenido
Daro: desciende (sínd)
Suilaid: Hola
Yavanna Kementári: esposa de Aulë y la hermana mayor de Vána. Llamada también Kementári («Reina de la Tierra»), es la señora de las olvar (los vegetales) y los kelvar (los animales), a los que tiene gran aprecio.
Élentari: Conocida como la Dama de las Estrellas, la más hermosa de los Valar, porque en ella resplandece todavía la luz de Ilúvatar. Varda hizo las estrellas, y por eso los elfos la llaman Elentári y Elbereth, la Reina de las Estrellas. Esposa de Manwë.
Eärendil:se traduce como «enamorado del mar», «amante del mar» o «amigo del mar» del quenya. Padre de Elrond y marido de la nieta de Luthién Tinúviel. Si alguien no conoce la historia de Eärendil, buscadlo en wikipedia... o también podéis leer el Silmarillion XD


Trattengo ancora il fiato ho visto il nostro mondo infrangersi; Potrei parlarti ancora delle lacrime che ho pianto, di quel sorriso spento che nasconde centomila incognite, di occhi estranei si di te... Di come avrai potuto fingere... Ti prego resta qui... continuo a chiedermi, continuo a illudermi, ti prego resta qui: Difendimi... Aún retengo el aliento. He visto nuestro mundo romperse. Podría incluso hablarte de las lágrimas que derramé, de esas sonrisas extintas (de las) que escondí cien mil de ellas. De esos ojos extraños tuyos. ¿Cómo es que puedes fingir? Te ruego quédate (aquí), continúo preguntándome, continúo engañándome, te ruego quédate: Defiéndeme.

lunes, 7 de julio de 2014

'De la estrella' CAP 7

De la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y su regreso tras la guerra del Anillo

Disclaimer: Todo le pertenece a Tolkien. Todo. Incluso el honor de ser la causa del retraso en este capítulo: si no hubiera escrito lo que ocurre en esta etapa del viaje, yo le habría cogido menos manía a las minas de los enanos y por tanto habríais tenido la continuación antes. Como no he recibido mensajes de qué hacer con el elfo... he decidido que haré lo que me de la gana XD. Oh, ahora que me acuerdo... no todo le pertenece a Tolkien... ¡qué cabeza la mía! Las letras, melodías, etc. que se 'citan' en el capítulo pertenecen a Rubén y Leiva, del grupo Pereza. Los títulos los pondré al final, por si queréis escucharlas. Los míos, para variar, no le pertenecen a nadie... sobre todo Angie, que por no pertenecer no le pertenece ni al elfo..

7
los ecos del sirannon
H/ Como lo tienes tú/ Caramelo/
Qué alegría más tonta (Pereza)

El ruido metálico que hacían las ollas y las sartenes al golpearse unas contra otras me desespabiló un poco. Por el pesado caminar y el pelaje espeso que adiviné a tientas con la palma de la mano, yo diría que era el lomo de Bill sobre lo que iba recostada. Pero me pudieron la vaguería y la malicia, y como el acompasado ritmo con el que movía los cuartos traseros era muy relajante, cerré de nuevo los ojos en un intento de parecer aún inconsciente y descansar un ratito más. Como si supiera de mis intenciones, se paró en seco haciéndome caer.

-Ouch! Mald... perdón Bill- No me convenía ponerme a malas con el animal ni con el dueño, o al menos eso era lo que me repetía a mi misma una y otra vez para no gritarle toda clase de improperios al maldito poney... ¿No sabría Bill leer el pensamiento? Tal vez por eso Sam pensaba que podía hablar... a lo mejor era telequinético como la Dama Blanca... me temo que no debí haber juzgado al hobbit tan pronto.
Qué de gilipolleces me dan por pensar cuando estoy en shock... ¿un poney telequinético? Probablemente el golpe me haya afectado a la cabeza. Al intentar levantarme un dolor se me extendió por el hombro. Maldito elfo psicópata y maldita flecha. Me puse en pie con lágrimas en los ojos y un montón de hobbits a mi alrededor preguntándome cosas. Ah, no... que están repetidos, es que ahora resulta que lo poco que veo lo veo cuádruple, bien, bien... mi día mejora por momentos.

-¡Angie!-gritó uno de los Merry muy asustado demasiado cerca de mi oreja, haciéndome entender que era el verdadero-¿Estás bien?

-Si, sí...-Cerré los ojos fuertemente y agité la cabeza de un lado a otro rezando para que lo que quiera que se hubiese escacharrado dentro volviera a funcionar pronto.

-Si sigues caminando con los ojos cerrados te caerás.

-Me gusta el riesgo- le contesté divertida a Frodo-¿Dónde está mi capa?

Empezaba a tener frío. A pesar de que habíamos dejado bastante atrás la nieve de Caradhras, no había conseguido entrar en calor y ahora que el sol de estaba yendo menos. Y en cuanto a hablarles de mis 'poderes muplicadores' decidí que de momento mejor no hacerlo... que lo mismo se piensan que estoy loca... o enferma... o tremendamente aburrida. Pippin debió tomar ejemplo porque al rato escuché un quejido y a Merry riéndose de su compañero por estamparse contra un árbol.

-¡Por Eru! ¡Dama Angie, quiere abrir los ojos!

-Lo haré porque me lo pides tú Gimli, deja a Eru tranquilo que bastante tiene ya con lo que tiene- abrí los ojos y sonreí al enano que por suerte era uno e iba a la cabeza del grupo. Jo, había perdido mis superpoderes... Dejé atrás a los hobbits y a Gandalf que intentaba darle lecciones al mediano sobre seguir los pasos de cierta dama rebelde, y caminé junto a Aragorn, el elfo y el enano con la esperanza de que me ayudaran en mis averiguaciones - ¿Alguien sabe donde demonios está mi capa? Me estoy pasmando de frío...

-La guardé, conviene que la herida respire- contestó Trancos y acto seguido alzó la mano y me aparté- Sólo voy a tocarte la frente... para ver si estás enferma, Angie.

-Pues no seas tan brusco ¿quieres?, creí que ibas a darme un sopapo...

-¿Porqué?

-Ah, no sé. Yo que sé. ¿Me devuelves mi capa?

-No deberías...

-¡Hay tantas cosas que no debería hacer! ¿Si te prometo que la dejaré destapada me la darás?

-¿Cómo?

-Menos preguntas y más respuestas...- Aragorn me tendió la prenda y yo casi se la arranqué de las manos-¿Te importa sujetarme esto un momento?

El elfo me miró incrédulo, como si el que estuviera pidiéndole ayuda fuera una trampa maléfica de algún tipo. ¿Porqué le parecía tan raro? Era él el que me había jodido el hombro ¿no? En el último momento asintió y cogió la esquina que le daba. Yo agarré la opuesta de manera que al separarnos un poco quedó entre ambos un triángulo verduzco. Giré sobre mis talones y tomé la esquina del elfo, de manera que la capa quedó como había prometido lejos de mi hombro malito, como si de un mantón de manila se tratara.

-¿Ves?-sonreí- el que sea guapa no está reñido con que sea lista. O con el que tenga frío si a eso vamos.

-¡Gimli!- gritó Boromir unos 20 metros por detrás nuestra-¿Tanta prisa tienes por llegar a Moria?

-Si supieras lo que nos espera también tendrías prisa... rugientes hogueras... carne asada y la mejor cerveza que jamás hayas probado.

-¡De nada te servirá todo eso si pierdes al portador!- gritó intentando reducir distancias- y en cuanto a ti, señorita... te he guardado una cosa.

Cuando estaba a unos metros escasos se paró y rebuscó entre sus bolsas. Sacó un par de manzanas rojas que me tendió para que las cogiera.

-¡Eres mi héroe Boromir!- le abracé pero pronto me resentí del hombro. No recordaba cuanto hambre tenía hasta que las tuve al fin en mi mano.

-¿Porqué él es Boromir y a mi me sigues llamando principito?

-Porque él no ha intentado matarme ¿te parece bien, elfo? Vamos...-seguimos a Gimli que ya había comenzado otra vez la marcha.

-¿Te duele mucho?-me preguntó el de Gondor.

-Nah... sólo me quejo para hacerle sentir culpable-sonreí todo lo que pude, pero creo que no logré engañarle. Lo que no iba a hacer era quejarme como una niñita. Pronto nos adelantaron Trancos y Legolas, y Gandalf y los hobbits no tardaron en seguirles. Volvíamos a ir en último lugar cuando a Boromir se le ocurrió una genial idea. Se acercó a Bill y volvió con un odre de cuero oculto bajo la capa.

-Un remedio para aliviar el dolor.

-¿El miruvor de Gandalf?- reí tan alto que los demás nos miraron y bajé la voz-¿le has mangado el vino al mago?¿Sabes lo que te hará si se entera?

-No va a enterarse... das un chupito para que te adormezca el hombro y lo devolvemos...

La idea, en principio y sólo en principio, era buena. Y sólo lo fue en principio porque no sé cómo, al final acabé bebiendo más de la cuenta. No es que sepa exactamente cuanto fue porque esa parte la recuerdo un poco borrosa. Empecé sintiendo calor, tanto que me sobraba la capa que había estado reclamando minutos antes. Boromir se ofreció a guardarla y ocultó el odre de nuevo donde estaba. Para cuando llegamos a las puertas ya se me había subido el alcohol a la cabeza.

-Yo he oído las dos cosas- intentó terminar Gandalf con la eterna riña de a qué raza se debía el debilitamiento de la amistad entre elfos y enanos.

-¡Claro que no, Gandalf! ¿Acaso no sabes de quién es la culpa? La culpa va a ser MÍA. Por cargarme a un elfo y a un enano que no hacen más que discutir estupideces... ¿Qué importa ahora eso? Es más, es probable que la culpa sea de ambos... ¿no conocéis el refrán ése de que dos no pelean si uno no quiere?- Dije en un intento peculiar de mediar entre ambos- Además, no son más que tonterías. No tienes más que mirar a tu alrededor. Yo me atrevería a llamar amigos a éstos dos ¿no te parece un comienzo prometedor?

-Si, bueno...

-Pues ya está. ¡Menos discutir y más buscar puertas! ¡y yo a despedirme del burro!

-¡Es un poney!-se quejó Sam

-Lo siento Bill- Abracé al poney por el cuello ignorando al ofendido hobbit- lo siento mucho Billy Bill... has sido un gran compañero, de verdad... mejor que alguno con dos piernas incluso... tu no intentaste matarme, lo cual agradezco...

-¡Hey!- se quejó el elfo

-y me llevaste encima cuando estuve malita... te echaré de menos Billy Bill... pero no te preocupes, que iré a verte a La Comarca si Aragorn me deja, claro... así que si no voy ya sabes porqué es... y no tengas miedo en el camino... ¿sabes? Conozco el futuro y te digo que estarás bien. Ale, Sam, todo tuyo. ¡Yay! Un escenario...

¿Sabéis el momento ese de plena inconsciencia en el que te da por despertar a los vecinos de toda la manzana a grito pelado? ¿sí? ¡Pues en ése punto estaba! Corrí hacia el muro y subí por una rampa hasta que ya no hubo cuesta. Estaba en una especie de arista gruesa, un pequeño mirador improvisado, y como hacía mucho que no hacía el gilipollas me puse a cantar cual gato en secadora, y a bailar unas danzas 'modernas' (lo que viene a ser pegar saltos y mover el pandero, vaya) que mis compañeros no entendieron demasiado bien.

-Soy como tú estás, soy como te sientas, soy Satanás, soy la Cenicienta. Soy una bala, soy un tirano, soy malo malo. Soy un aprensivo, me sigue la enfermedad, soy un tío vivo, soy un tipo de verdad. Soy caro cuando hay vicio, soy igual desde el principio y hasta el final...
-¡Baja de ahí Angie!
-Soy el capitán de mis cosas, vivo siempre a tu lado sin estar contigo. Es una deuda que nunca pago, soy vago vago. Soy un torbellino, nada me puede parar, soy un fugitivo, todos me quieren cazar...

El propio Aragorn subió a buscarme y al ver que no quería bajar me agarró cual saco de patatas y me bajó de nuevo al suelo.

-Jo, pero me aburro... ¡como echo de menos mi iPod! ¡Boromir! ¡No juegues con el agua si no quieres que nos ataque un calamar gigante!-Les aconsejé que se pusieran cómodos porque iba para rato. Yo por mi parte me medio tumbé en una roca, cerré los ojos y empecé a susurrar para no molestar a Gandalf, que se había pegado al muro y le susurraba palabras de amor- No me quieres ver ni en broma, en broma te digo quiéreme, como una apisonadora arrasas todo lo que ves... caramelo, me gusta tu pelo...

-¡Mirad!-dijo Gandalf al fin- ¿veis algo ahora?

-Es Ithilien.

-¿El qué?

-Ithilien... la cosa esa-dije en un plan sabelotodo insoportable- que solo refleja la luz de la luna y las estrellas...

-y que duerme hasta que alguien dice las palabras y lo toca... pero es ithildin, no Ithilien.

-Es ithil algo. Qué más da...-empezaba a cansarme.

-¡Son los emblemas de Durin!- dijo el enano alegre.

-Y el árbol de los altos elfos-contestó Legolas más extrañado que contento.

-Y blah, blah, blah... ¿Quieres saber lo que pone Frodo? Habla, amigo, y entra. ¡Mellon!- dije ya harta haciendo que se abrieran las puertas de piedra.

-¿Qué es lo que hablamos de no intervenir Angie?

-No, hablamos implica que los dos participamos en la conversación. Lo tuyo fue un monólogo. Y lo siento pero los he escuchado mejores. Se me estaba quedando el culo helado de esperar a que te decidieras a buscar la contraseña. Además lo único que os habéis perdido son horas y horas de búsqueda infructuosa, un comentario nada apropiado sobre la cabeza del pobre Pip y un encuentro con un bicho la mar de feo...

-¡Mírame!- me ordenó el mago. Me paré frente a él y le miré a los ojos, unos ojos grises y de mirada profundamente vieja. Como si hubieran visto muchas cosas, demasiadas en realidad... Había visto al mundo crecer, convertirse en lo que es ahora, y lo que ahora veía...-¿Estás ebria Angie?

-No, es la emoción- mentí intentando no reírme

-Has tomado de mi odre ¿no es cierto?- Aragorn buscó el vino del mago y se lo acercó.

-Yo...- empezó a explicarse Boromir

-Es que me dolía el hombro. Por eso lo tomé. Nadie más.

-Deberías habérnoslo dicho, Angie- dijo Trancos- has tomado suficiente como para tumbar a un troll de tamaño medio...

-¡Y yo sigo en pie!¿Eso no te dice algo?-contesté orgullosa-¡Ahhhhh!

El maldito calamar había asomado antes de tiempo sus feos tentáculos, me había enganchado el tobillo y me zarandeaba de un lado a otro como si el cabrón intentara deshacerse de mí, como el que pisa una cagada de perro y trata de limpiarse el zapato.

-Joe... ¿porque me toca siempre a mi? ¡se supone que tenías que coger a Frodo, cara pulpo!

No sé si me entendió o simplemente dejó de agitarme para comerme mejor, tal vez ya me pensó que ya estaba bien mezclada porque me dejó cabeza abajo a un par de metros sobre agua. Legolas olvidó las 'recomendaciones' del montaraz y usó de nuevo su arco, dándome más miedo que alivio. Boromir y Trancos se abrieron paso entre los tentáculos, a pesar de que mis gritos de que se alejaran. Aragorn intentó agarrarme pero estaba demasiado alto. El maldito calamar sacó del agua a los hombres a golpe de tentáculo. Otra sacudida. Si no era el calamar iba a ser la gravedad la que me dejaría en ridículo... Maldito Newton... apenas veía con la camiseta en la cara.

-¡Has elegido muy mal al pescadito!¡Precisamente hoy me apetece pulpo a la gallega!-Grité con todas mis fuerzas intentando distraerle mientras le hacía un nudo a la camiseta, que no era plan de ir enseñando más de lo necesario- ¡Me he leído Moby Dick algo así como 8 veces y tú eres mucho más pequeño que un cachalote!

-¡Quieres dejar de cabrearle!- me gritó Aragorn que luchaba por entrar de nuevo en el agua.

Desenvainé a Undómeärel tan rápido que pensé por un momento que se había rasgado la vaina, traté de cortar el tentáculo que me sostenía pero sólo conseguí pincharle y cabrearle más. Hasta que de un golpe rápido en el brazo (lo cual tiene su mérito porque era el del hombro malo y me dolía una barbaridad a pesar del miruvor) perdí mi espada, que fue a caer no lejos de dónde Boromir luchaba por abrirse paso. Y pensar que desde lo del pulpo Paul me habían empezado a caer bien los cefalópodos...

-Maldito bicho...- agarré a Gilraen y cogiendo impulso agarré el tentáculo a la altura de mi tobillo y con un golpe seco lo partí en dos. Dolerle le dolió, porque soltó un gruñido que oyó hasta en las cavernas más profundas de la mina, y yo caí por fin al agua. Aragorn aprovechó entonces para agarrarme de los brazos y tiró de mí hasta dentro de la montaña, arrastrándome casi en contra de mi voluntad. Aún no había matado al bicho y seguí gritándole desde dentro. Legolas y Boromir no tardaron en seguirnos, llevando consigo a Undómeärel. Dicen que el alcohol te suelta la lengua y aniquila el sentido común... porque acabas a ostias con un tío más grande que tú por cualquier tontería. Obviamente no era mi caso...

-¡Amigo!- le grité entre risas en un último intento de cabrearle, en homenaje al personaje más cautivador que he llegado nunca a conocer- ¡siempre recordarás este día como el día en que casi te comes a Ángela Montes!

El pedazo de monstruo marino echó la puerta abajo dejándonos a todos dentro. Todos me miraban pasmados y al fin, viendo que no podía ir a ninguna parte, Trancos me soltó.

-¿Contenta?

-Sip- contesté para desesperación de todos, extremadamente orgullosa de mí misma. Envainé de nuevo a Gilraen y tomé a Undómeärel de las manos del de Gondor. Estaba tan cansada que no podía ni con la espada y al ir a buscar ropa seca la punta arrastraba por el suelo de tierra... pero aún así canté algo que me venía a pelo- Qué alegría, que buen día, qué bueno tenerte. Qué bien estoy, quién me lo diría...


la camara de mazarbul


Había sido una noche horrible. Y lo dice una experta en noches horribles y movidas. Tras el incidente de las puertas, Gandalf nos había guiado a través de pasillos interminables de bóvedas altas y talladas con esmero, a través de escaleras imposibles de distinguir en la oscuridad y de agujeros excavados en la roca desnuda de un tamaño en los que apenas cabía un hombre pequeño... y durante todo ese tiempo sólo le vi dudar de verdad frente aquel arco. Normalmente vacilaba un rato y consultaba al enano, pero esta vez sabía que ni Gimli podía ayudarle a decidirse por uno de los tres caminos posibles. Harto y cansado, nos confesó que ya sospechábamos: que no tenía ni idea de por donde tirar. Fue entonces cuando Pippin encontró la sala a la izquierda del arco. Era lo en tiempos hubiera sido una sala de guardia, suficientemente grande como para albergarnos a todos con lo que terminamos pasando el resto de la noche allí. Estabamos tan cansados que nos limitamos a desenrollar las mantas cerca de las paredes sin decir esta boca es mía. Una vez instalada entre Aragorn y el elfo (no sé porqué el montaraz quería tenerme bien cerca... acaso temía otra incursión entre las pertenencias de su amigo el mago) me arropé hasta las orejas porque los efectos del vino de los elfos empezaban a desaparecer y ya empezaba a sentir el bajonazo. No llevaba cinco minutos tumbada mirando el techo, cuando empecé a sentir el ácido clorhídrico de mi estómago subir como la espuma por mi esófago. Me levanté de un brinco, sobresaltando a mis compañeros, con tan mala suerte que me enredé con las mantas y caí de nuevo al suelo. Ignoré a los que me preguntaban si estaba bien, y salí escapada hacia la puerta casi atropellando a Gandalf, que hacía anillos de humo sentado en el suelo. Corrí por el pasillo de en medio que era recto y cuando ya no podía aguantar más...digamos que volví a ver mi primera papilla. Y la segunda. Y la sopa de ayer...

-¿Estás mejor?-Me preguntó Gandalf sonriendo, como si el echar la pota fuera el castigo por haberle mangado el alcohol.

-No-contesté molesta. Volví a las mantas pero no me acosté aún. Tomé un sorbo de agua y me enjuagué un poco la boca con él para quitar el sabor que se me había quedado.-Hace falta más que un par de traguitos de un vino de elfos para dejarme KO... cuando fui a La Habana con Maite hicimos un concurso de beber mojitos y la gané por goleada, me los tomaba de cuatro en cuatro. Y en mis buenos tiempos podía beberme yo sola una botella entera de vodka.

Volví a enterrarme en mantas para espantar al frío, y con menos suerte los dolores de cabeza que me estaban matando. Recordé la serie ésa de la BBC... ¿dónde coño está la protagonista de 'Lost in Austen' cuando te hace falta un paracetamol?¿Porqué a Berto no le había dado por meterme en el equipaje algún ibuprofeno en vez de tanta maldita cuerda? Intenté dormirme, pero se quedó sólo en intento.

-Gandalf- supliqué cuando vi a los hobbits preparar los cacharros para su primer desayuno- vayámonos... Ya hemos perdido demasiado tiempo intentando dormir. Podremos desayunar una vez fuera si nuestra estancia aquí abajo logra pasar inadvertida...

-¿Alguna vez has intentado privar de un desayuno a un hobbit?-Me dijo el mago divertido-Te animo a que lo intentes y si lo consigues los demás estaremos felices de partir ya... no eres la única a la que le ponen nerviosa las minas, yo mismo no he podido pegar ojo en toda la noche.

-No son las minas lo que me ponen nerviosa... o al menos no me desagradan del todo. Si estuvieran iluminadas y libres de orcos las adoraría... incluso pensaría el venir a vivir a Moria, pero ahora las encuentro frías, oscuras y claustrofóbicas- contesté recogiendo mis cosas- Al menos podemos avanzar un poco antes del desayuno, hacia algún lugar que no esté tan desprotegido. La cámara funeraria está cerca.

Por suerte Gimli estaba entretenido con el elfo y no oyó mi comentario. Como si pudiera leer mi mente el mago negó con la cabeza, como si supiera acerca de mis dudas sobre si decírselo al enano y no recordara la estúpida norma de no intervenir que me había impuesto. Gimli se enteraría cuando tuviera que enterarse, y por otra parte no me hubiera gustado darle tan funesta noticia. La expresión de Gandalf se volvió severa y el tono de su voz sombrío, y finalmente consintió en hacer lo que le había pedido. Habló con Legolas y Aragorn aparte y yo corrí a darle la terrible noticia a los hobbits de que el desayuno tendría que esperar.

Tal vez lo más inteligente hubiera sido no aparecer por esa cámara, evitarla o partir en otra dirección. En tal caso, he de decir que en ése momento me pareció lo mejor... después de todo era lo que debía pasar, y si convencía a Gandalf de ir por otro camino puede que nos perdiéramos y no saliéramos nunca de Moria.

-Boromir... ¿Puedes echarme una mano?-Una vez dentro de la cámara y ya cerradas las puertas, Boromir y Aragorn se ocuparon de atrancarlas. Gandalf leyó las antiguas runas de Daeron en la lápida y casi pude adivinar el momento exacto en el que el corazón del enano se quebró. Gandalf agarró un libro grueso y polvoriento y comenzó a leer la última entrada mientras los demás dejaban los bártulos en el suelo.

-Quizás deberíais plantar el campamento en aquella esquina- le dije a Sam- es la más lejana a la puerta y la más segura.

Y también la más alejada del pozo. Gandalf seguía examinando las palabras escritas, era una especie de registro. Pero obviamente yo ya lo sabía, asi que me puse a investigar, a analizar la sala desde todos los ángulos posibles. Era una sala rectangular con una única puerta, un ventanuco por el que se colaba algo de luz y el famoso pozo. Tres puntos de entrada/salida. Tres posibles planes de huida.

-Angie...

-¡Qué! ¿no era esto para lo que me habías traído? Pues si puedo ahorrarle unos cuantos moratones a Frodo lo haré!

-Gracias- contestó el portador un poco confuso. Me arrodille para estar a su altura y miré a los ojos traviesos de Pippin. Tenía que asegurarme de que su curiosidad no nos causara problemas... puede que tenga que suceder así, pero no me apetece nada luchar con orcos de verdad.

-Ahora... mi querido, queridísimo Pip. Realmente te he cogido cariño en lo que llevamos de viaje...

-Yo también Ange. ¿Puedo llamarte Ange? Una vez oí que Paula te llamaba así...

-Claro que sí, ya eres de como de mi familia Pip- contesté sonriendo- por eso sé que te puedo decir lo que te voy a decir sin que te moleste... de hablarte como hablo a Alberto o a Leire...

-Por supuesto, Ange.

-¿Ves ese pozo de ahí?

-Sí, claro.

-Bueno, pues... como te le acerques te tiro dentro- Gandalf casi se atraganta con las gachas de la emoción.

-No asustes a joven Tuk, Angie- Me regañó Trancos

-¿Acaso he sido muy ruda? Lo siento, lo que quería decir es que admiro tu curiosidad pero... a veces... complicas las cosas un poquito...

-No me acercaré al pozo...

-Gracias... y no es que no me fíe de tu palabra, confío en tí plenamente... lo sabes ¿no?-entonces me dirigí a los otros tres medianos- pero por si acaso les voy a ofrecer esto a Frodo, Sam y Merry a cambio de que, por si alguna casualidad ajena a tu control te acercaras a ese pozo te alejen de él, aunque sé que no va a hacer falta...

-¿Qué es eso?

-Las últimas hojas de Valle Largo que quedan por aquí.

-¡Eh! ¡Son mías!

-Considéralo un servicio a la comunidad, Gandalf.

-¡Dedos largos!

-Parece que te juntas demasiado con saqueadores. Aunque la pregunta interesante sería como logré meter mis largos dedos en tu bolsillo. Pero no ahora, no os he traído aquí para perder el poco tiempo que nos queda.

-Y yo que pensé que era para desayunar...

-No. Solucionado el tema del pozo, creo que pondré en marcha el plan A. He tenido una idea para salir de aquí, pero no diré nada de momento, no vaya a ser que se joda.

Rebusqué en mi mochila el resto de la cuerda, por suerte quedaba un buen montón. Empecé a hacer nudos en la parte media y cuando consideré que eran suficientes busqué una lanza entre los enseres de los enanos lo suficientemente gruesa como para sujetarme pero lo más ligera posible para que volara con facilidad.

-A ver... necesito un arquero- dije atando lo más fuertemente que pude la lanza delante de los nudos y sin llegar al final de la cuerda. El principito dejó su desayuno en el suelo y se puso a mi lado-¿Estás de coña?

-Dijiste que necesitabas un arquero. Soy el mejor de mi pueblo y el único elfo de por aquí.

-Sí, un elfo psicópata, ¿acaso tengo que recordarte lo que pasó la última vez que tomaste un arco? Porque eres precisamente la razón de que necesite un arquero, mister 'soy el único elfo de por aquí'- contesté molesta sacando un par de flechas de mi carjac y atándolas al el extremo de la cuerda.- Aragorn, tú te criaste en Rivendel... ¿no te enseñaron los elfos a manejarlo?

-Sí, pero no tengo ni de lejos la puntería de Legolas

-Tendrá que valer. Sólo tienes que disparar hacia la luz e intentar que la lanza salga por el agujero. No debería haber problema alguno porque va en vertical... Plan B- Aragorn tensó el arco bajo la mirada atenta del elfo y al segundo intento lo consiguió- Gandalf, si consiguiéramos bajar un par de niveles ¿sabrías seguir?

-No, no lo creo, y nos llevaría demasiado tiempo.

-Vale- admití. Me estaba quedando sin ideas.- Entonces descartamos el pozo como salida de emergencia.

Para entonces Aragorn ya había conseguido lo que le había pedido. La cuerda llena de nudos colgaba del ventanuco sujeta en la lanza atravesada.

-Pues si no podemos ir hacia abajo... tendremos que ir hacia arriba- Me besé los dedos índice y corazón y toqué el frío mármol de la tumba del último rey de Moria- Lo siento Balin.

Me subí de un salto a la tumba y acto seguido comencé a subir por la cuerda. No es algo que se me diera bien, de hecho nunca me gustó la gimnasia ni en el colegio ni fuera de él. Pero este viaje era un reto para mi en todos los sentidos. El agujero se fue haciendo cada vez más estrecho y pude apoyarme en las paredes.

-Baja ya...

-Vais a abriros la cabeza, mi señora...

-No lo creo-replicó el elfo- en su caso es tan dura como la roca...

-¿no confias en mí, Gimli?

-no es eso mi señora...

-Por aquí no entro...- el agujero se había estrechado tanto que tuve que bajar porque no podía avanzar más. En una de esas pise mal uno de los nudos y caí. Por un momento pensé que la tumba de Balin iba a ser también la mía, que iba a estrellarme contra la lápida y tendrían que recogerme con bayeta. Por suerte los reflejos del principito eran mejores que su puntería y me cogió al vuelo. La lástima fue que tropezara y cayéramos los dos junto al pozo, provocando tremenda escandalera. Gandalf soltó de todo por la boca y cuando parecía que la calma no había sido perturbada sonaron los tambores. ¿Porqué siempre son tambores?

-¡Quién se atreve a perturbar el descanso de Balin, señor de Moria!

Se oyeron risas al otro lado de la puerta. Olía el miedo de mis propios compañeros, los hobbits estaban aterrados. No podíamos huir, pero como había dicho Aragorn íbamos a hacer que temieran la cámara de Mazarbul. Frodo le clavó la espada en el pie del orco que intentaba entrar, mientras yo intentaba hacer un pacto con el enano.

-El troll es el que más dolores de cabeza va a darnos Gimli, necesito que me ayudes a acabar con él.

-Mi señora, ni siquiera entre los dos podríamos con un troll de las cavernas- me susurró

-Gimli, sé que últimamente no he tenido muy buenas ideas... pero esta lo es.

Le expliqué en que consistía mi plan, pero no dio tiempo a mucho más. Los orcos estaban a punto de derribar la puerta. Aragorn tomó un arco del suelo, que probablemente pertenecería a alguno de los enanos difuntos, y se unió al elfo y a mi formando una primera línea de defensa. Normalmente los arqueros no son los primeros en la línea de fuego, pero teniendo en cuenta que la puerta aún aguantaba los envistes y que las espadas poco podían hacer de momento, nos adelantamos a Boromir y los demás. Tensé el arco y esperé, la madera comenzaba a agrietarse y las hachas hacían su trabajo. No pude aguantar más la presión a la que sometía mi hombro al tener tensado el arco y disparé.

-Lo siento- me disculpé. El principito me miró divertido y me preguntó si pensaba disculparme con cada orco que matara- No hablaba con el orco, almendruco...

Pero ya no me oían, una lluvia de flechas cayó sobre lo que quedaba de puerta. Los orcos no tardaron en inundar la sala y tuve que sacar mis espadas porque ya no era lo suficientemente rápida con el arco. No sé cómo describir la experiencia... desde luego no se parece a nada que haya vivido antes. Tampoco tenía mucho que ver con los entrenamientos de Boromir y Aragorn, no había técnica, era todo supervivencia. Uno de los orcos se acercó a mi y se rió. Me soltó algo que no pude entender muy bien, algo como que había encontrado la puta o que viajaban con una puta o algo así. No le contesté, dejé que Gilraern lo hiciera por mí. De un golpe seco y con una fuerza terrible (que no sé de dónde diablos saqué, por cierto) le corté la cabeza. Ni siquiera el partirle la columna me supuso un problema. Los yrch dejaron de reír pasmados, mojé mis dedos en su sangre y la unté en mis mejillas como si fuera pintura de guerra. Con un grito me lazé hacia mis agresores, espada en mano, con una furia incontenible. Sentí como el corazón se me inflamaba de ira, odiaba a esos seres sin razón aparente, a mí no me habían tocado aún pero ya era personal. Oí pasos diferentes, más pesados y lentos.

-¡Gimli!- le llamé. Ambos nos pusimos a sendos lados de la puerta y esperamos a que el troll hiciera su aparición. Guardé las espadas y tomé un hacha sobre la que reposaban aún algunos huesos.

Cuando el troll entró le hice una señal al enano y nos abalanzamos sobre sus tobillos. Golpeamos con furia los tobillos de la criatura hasta que logramos cortar ambos tendones de Aquiles. Se oyó unos chasquidos y el monstruo perdió el equilibrio y cayó todo lo largo que era, golpeándose en la cabeza con el mármol blanco.

-La última sangre de Balin...-dije mirando a Gimli con una sonrisa. El enano asintió.

El puente de khazad-dum

-Sí, es un Balrog. Sí, no... no más preguntas. ¡Corred!

En las películas, siempre me pareció que la escena en la que los buenos esperan con paciencia y algo de nerviosismo la entrada del malo era totalmente estúpida. Si te persigue un asesino en serie no esperas a que atraviese la puerta motosierra en mano... directamente sales pitando al oírla. Y allí estaban, la compañía al completo, con los pies clavados al suelo y la cara desencajada del miedo. El elfo directamente transpiraba terror puro, con los ojos cristalinos clavados en la gran entrada al salón. A diferencia de nosotros, los orcos fueron lo suficientemente listos como para pirarse. Viendo que la luz reflejada en el muro se hacía cada vez más intensa y que no tenían prisa por moverse, agarré al mago de la manga de la túnica y tiré hasta que siguió mis pasos. Los demás no tardaron en hacer lo mismo. Salimos del gran salón de altas columnas y nos internamos en un pasillo que se hacía cada vez más angosto y estrecho, provocándome algo de angustia. Al poco rato empecé a notar el cansancio, se me puso un dolor en el costado y cuando me apoyé en la pared de piedra para recuperarme sentí que estaba caliente. El Balrog de Morgoroth estaba cerca.

-¡El puente!- gritó Gandalf resoplando, el aire era cada vez más seco a medida que avanzábamos. Se apoyó en la roca para descansar unos segundos.

-¡Boromir!- El de Gondor se había adelantado y salió corriendo hacia el puente con la esperanza de que los demás le siguieramos. Iba tan rápido que al intentar esquivar la lluvia de flechas casi cae al vacío. Llegué a tiempo para sujetarle, lo que hizo que casi cayéramos los dos

-¡Angie!- gritó Legolas, que salió detrás de mí, me agarró del cinturón y tiró hacia si, impidiendo de esta forma que cayéramos al precipicio. Lo que no impidió fue que de la inercia yo cayera sobre el elfo. Estoy empezando a pensar que hay una fuerza electromagnética entre el principito y yo, algo que hace que en cualquier situación el elfo me haga de colchón.

-Volvamos al corredor- dije antes de que nos cayera otra carga de flechas. Cuando llegamos me dolí del hombro. El incidente me había vuelto fastidiar la herida y se me debió de notar en la cara porque me miraron preocupados. Hacía cada vez más calor y el techo empezaba a derrumbarse- Esto es lo que vamos a hacer. Gandalf primero. Trancos y Boromir ayudarán a cruzar a los hobbits, y Gimli irá con ellos. Principito, tú y yo nos quedaremos atrás para darles tiempo.

Se me quedaron mirando, aunque esta vez era en plan '¿quién se ha muerto y te ha dejado a ti al mando?'.

-Sé lo que estáis pensando, que vuestra vida depende de un elfo medio manco y una amateur en prácticas con el hombro jodido... y sí, mi puntería apesta pero al menos puedo acertarle a un orco relativamente cerca. Además, no es negociable...

Mi discursito pareció convencerles. El elfo y yo salimos y empezamos a disparar flechas a diestro y siniestro mientras los demás dejaban el pasadizo y corrían hacía el puente. Tensé el arco una y otra vez, con lágrimas en los ojos, me dolía una barbaridad cada vez que retrasaba el codo. Sin embargo el de Legolas silbaba con mucha más frecuencia que el mío y la mayoría de las bajas fueron causadas por su mano. Una vez cruzaron los demás, corrimos hacia el puente que se caía a pedazos.

-¡Cuidado pies ligeros!- le agarré de la cintura por detrás y tiré hacia mi porque iba derechito al abismo-puede que camines sobre la nieve pero dudo que puedas hacerlo sobre el aire...

Una roca cayó de los niveles superiores y golpeó la parte del puente que había entre Trancos y los demás y nosotros. La mala suerte hizo que al contrario de lo que sucede en la película y en el libro, no nos acercó a los demás si no que volvió hacia atrás. ¿Es que no iba a salir nada a derechas?

-¡Largáos!-les grité mientras rebuscaba en la mochila. El elfo seguía disparando a todo orco que se movía. Agarré la cuerda que quedaba y até el extremo a una de mis flechas-¡Gandalf! ¡Llévatelos!¡moved el culo coño!

-¡No!- respondió Aragorn-¡no vamos a dejaros aquí!

-¿Tengo que recordarte que al que le prometiste protección fue a Frodo?-Le di a legolas la flecha, me volví y le susurré- ¿ves al que está detrás de Boromir? Arriba. Apunta entre los ojos y con fuerza suficiente para que atraviese el hueso.

El elfo hizo lo que le pedí, disparó al orco que se encontraba sobre el túnel de salida, justamente entre los ojos. El cuerpo, ya sin vida, se desplomó hacia atrás. Agarré la cuerda y se la tendí al elfo.

-Los principitos primero-dije antes de que soltara el tan caballeroso como cobarde 'las damas primero'

-¿por si acaso se rompe la cuerda?

-No sé... ¿lo discutimos con el Balrog?

Tomó carrerilla y saltó hasta donde estaba Gandalf y compañía. Me lanzó de nuevo la cuerda. Iba a ser divertido... como Tarzán pero sin jungla.

-¡Jerónimo!- Al otro lado Aragorn me esperaba con los brazos abiertos.

-Frodo no es al único al que hice una promesa- me dijo en voz baja cuando estaba ya en sus brazos.

-Realmente eres una caja de sorpresas...- contestó el elfo tendiéndome la cuerda, que había recuperado tras un par de tirones- Hithlain. Regalo de la estrella de la tarde supongo, pues esta cuerda sólo se encuentra en Lórien y no se la dan a cualquier forastero.

Nunca pensé en todo el viaje que la soga de la que mi hermano me había llenado la mochila tuviera nada de especial. Y ahora que lo sabía me apenaba haber desperdiciado tanta. Nos pusimos todos en movimiento, pues hacía cada vez más calor y eso sólo significaba una cosa. Y tenían prisa los cabrones... incluso los hobbits me adelantaron.

-Ange! Corre!

Estaba muy cansada, me dolía el hombro como no me había dolido en todo el viaje, y con el aire seco me costaba respirar aún más. Pronto llegamos al tristemente famoso puente de Khazad-dûm, cuando al fin el Daño de Durin nos honró con su presencia. Sentí mucho calor en la espalda. Hubo una llamarada fuerte que me hizo perder el equilibrio y caer a mitad de camino.

-¡No puedes pasar!- Gandalf se interpuso entre el demonio y yo. Hubiera agradecido que en lugar de eso me hubiera echado una mano para subir de nuevo, pero toda ayuda era bienvenida. Aragorn y Boromir corrieron a socorrerme, me agarraron cada uno de un brazo y me subieron. Todo sucedió muy rápido, Aragorn desenvainó pero era demasiado tarde.

-¡Gandalf!-Boromir ciudaba de que Frodo no se acercara al mago.

-¡Huid insensatos!

-Aragorn-Todos los demás se habían marchado ya. Parecía estar en shock, así que le agarré del brazo y le saqué de allí- Trancos...

Y así fue como transcurrieron nuestros días en Moria, largos, tenebrosos y finalmente trágicos. Y aunque yo sabía que no todo era como parecía, no impidió que el sol se me antojara apagado y sin brillo cuando al fin abandonamos las minas de los enanos. Definitivamente, no había sido como la excursión a las minas de Riotinto.