domingo, 6 de julio de 2014

'De la estrella' CAP 1

De la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y su regreso tras la guerra del Anillo

Disclaimer: Todos los personajes, lugares, etc. pertenecen a Tolkien. Los que no, que ya los reconoceréis, son míos.

1
el concilio de elrond

Sentí frío en el lado izquierdo de la cara y cómo un dolorcillo se extendía y empezaba a apoderarse de mi hombro medio dormido. Abrí los ojos pero tardaron un rato en acostumbrarse a la oscuridad que me rodeaba. Reconocí las ropas que llevaba, la camiseta de los Kings of Lion que me regaló mi hermana después del concierto en Madrid, unos vaqueros desgastados y llevaba las botas de los viernes noche... Dios... ¿me había vuelto a desmayar en algún tugurio?

Me puse en pie como pude, apoyándome en la pared. Aunque no parecía tener resaca me dolía prácticamente todo el cuerpo, probablemente por haber estado ahí tirada todo el tiempo. La habitación en la que me hallaba (por llamarla de alguna manera) estaba toda revestida de piedra clara, el suelo, las paredes... debían de haberse gastado un pastón. Mierda. Había una ventana con barrotes que daba a la calle, por la que entraba algo de claridad y de luz solar. Estaba encerrada en una maldita celda en quién sabe dónde. No pude distinguir el paisaje de fuera... solo vi troncos de árboles. Luego, al otro lado y justo en frente del ventanuco, había otra hilera de barrotes que separaba la celda del corredor.

-¡Hey!- chillé- ¿Hay alguien ahí? ¡Hey! Hola! ¿Hay alguien?- Si lo había no lo supe, nadie me contestó. No parecía haber guardia alguno y las demás celdas estaban vacías. ¿Qué clase de prisión era esta? Agarrándome a los barrotes volví a gritar como una energúmena, alguien tendría que hacerme caso.

-¿Acaso es la hora del café?¡En las pelis americanas dicen que tengo derecho a una llamada!¡Hey! ¡Quiero un abogado!- Era inútil. Me senté en el suelo frustrada, agarrándome las rodillas y mentalmente intentando hacer memoria, pensando en las fechorías que podría haber hecho la noche anterior para hallarme como me hallo ahora, lo que viene siendo bien jodida- ¿Qué coño has hecho ahora, Ange? A Paula la va a dar algo como tenga que venir a buscarme al cuartel...

Me tapé la cara con los brazos para intentar pensar mejor. ¿Porqué? No lo sé. Es mejor no buscarle el sentido a ciertas cosas. Por más que lo intentaba no podía recordar nada de lo sucedido. El último recuerdo que conseguía visualizar en mi cabeza eran mis converse negras en su estante. Nada más. Cero. Caput.

-¿Estás seguro, Gandalf?- Escuché una voz que venía de arriba, probablemente habría unas escaleras o algo así. Me hizo gracia y dejé de pensar en mi alzhéimer prematuro. Yo solía llamar Gandalf a mi abuelo a veces, la mayoría de ellas para molestarlo. Me asombré de lo que se estaba popularizando para ser tan friki.

-Ni que fuera un peligro mortal. No es más que una chiquilla asustada, no sé porque la tienes metida ahí abajo... ¿Hace mucho que no usaba Imladris las celdas?- le llamó algo que no entendí bien. El caso es que me levanté desesperada por hablar con aquel hombre y pedirle auxilio o explicaciones, eso aún estaba por decidir. Curiosamente acabé riéndome como no lo había echo nunca, en su cara además.

Vi dos figuras, no sin cierta dificultad, porque a pesar de ser de día y de la luz que entraba por la ventana el sitio era tan grande que la zona de lo que debía ser el pasillo estaba en penumbra. El primero de ellos era muy alto, de pelo largo y negro, que llevaba un vestido azul oscuro con dibujines plateados y tenía cara de pocos amigos. El segundo era mucho mayor que el primero, tenía el pelo largo, de un gris sucio y llevaba una barba larguísima del mismo color que caía sobre su pecho. Al igual que el otro llevaba un vestido (perdón, se llamaban túnicas ¿no? Bueno pues una 'túnica'), de color gris bastante raída y un sombrero de esos de ala ancha como los que llevan las brujas en Halloween.

-¿Estamos en carnaval y no me he enterado?- pregunté cuando pude dejar al fin de reír. Sabía que era contraproducente reírme del madero que me tenía entre rejas, pero no pude evitarlo. Aunque me pareció que el moreno se lo tomó peor que el abuelillo. Algo brilló en su cabeza llamando mi atención, una especie de diadema plateada... muy... ¿élfica? Entonces caí en lo evidente: ¡iban disfrazados de los personajes de Tolkien!- Ahora entiendo porqué le llamó Gandalf, ¿y usted de quién va?¿del elfo ése... Elrond de Rivendel?

-¿Cómo sabéis el nombre del señor de Rivendel?- contestó el anciano. Al parecer iba a llevar él la voz cantante en el interrogatorio. No me pareció mal, él era el que más parecía estar a mi favor.

-¿Quién no lo sabe?- contesté divertida- ¿Acaso hay alguien que no haya visto 'El señor de los anillos'? Yo lo vi con mi hermano y con Maite, engañada además. Al principio pensé que iba en plan de sujetavelas, porque les daba corte... hasta que me di cuenta de que Al sólo quería aficionarme al mundillo éste y que a Maite sólo la interesaba ver a Orlando Bloom en pantalla hipergigante. A mi no es que me parezca muy guapo, pero teniendo en cuenta la clase de chicos con los que sale... supongo que no está mal. Por eso quedé con ella anoche, para ver si la encuentro alguien decente... ¿Sale con alguien señor... elfo?

No sabes lo que me costó no reírme con aquello. El tío puso cara de póquer, musitó algo en voz baja que no pude llegar a entender. Primero porque yo tengo un oído muy malo, qué se le va a hacer... y segundo porque el otro se ponía pesadito otra vez con el tema del cine. ¿Qué tenía que ver eso ahora?¡había pasado hace años!
-¿Has visto al Señor de los Anillos?- contestó apresurado volviendo de nuevo a la carga, como si fuera de vital importancia.

-¿Tiene esto que ver algo por la razón por la que estoy aquí encerrada?- contesté molesta. No iba a darles más información, empezaba a pensar que aquello no tenía nada que ver con los cargos reales y que simplemente estaba alimentando la fantasía de un par de pervertidos con faldones.

-Sí, obviamente...

-Lo cual fue... Oh, vamos ¿qué es lo que hice? ¿Mangarle el hacha a Gimli el enano? ¿Despeinar al elfo rubio ese?

-¿Cómo sabes de la presencia aquí del hijo de Glóin y del príncipe Legolas?- contestó el moreno enfadado- ¿eres una espía? ¡Confiesa!

-¿Qué habéis recreado?¿toda la compañía? Esto es de locos...

-Calma Elrond, todo a su debido tiempo. Mírala... ¿de verdad crees que es una espía? A ver, chiquilla...

-Me llamo Angie. Angela Montes, por si quieren ir agilizando el papeleo...

-Muy bien... ¿Angie?- contestó. A ver que coño se cree... ¿Acaso Gandalf es un nombre muy normal? Además habría que ver su nombre real... seguro que se llama Agapito o algo por el estilo...- ¿Dónde viste al Señor de los Anillos?

-Y dale a la perra gorda... ¡Que ya se lo he dicho! ¡En el cine! Y luego también los leí todos porque mi hermano me los regaló. A él le encantaban e hizo que me leyera desde el Silmarillion hasta Los hijos de Hurín, lo que no deja de tener gracia porque a mi la literatura fantástica como que no. En especial Tolkien... a pesar de que mi hermano me lo metiera por los ojos. Parecía emperrado en hacerme Tolkienlidi... y no es por nada pero eso de que no hubiera ninguna mujer en la compañía no me terminó de convencer... A mi me gustan los clásicos... no sé... Shakespeare, Dante... incluso Jane Austen si me apuras un poco...

-¡Silencio!- gritó de nuevo el amo y señor del supuesto 'Rivendel'- Glorfindel, ven aquí. ¿Crees que puedes tomarnos el pelo niña?

-Esta claro que el suyo no, señor, es demasiado largo- El señor mayor se rió- Y no me llame niña que tengo ya 27 años.

Los dos se partían la caja. ¿que tiene de gracioso que tenga 27 primaveras? ¡Y muy bien llevadas! Que todavía me siguen pidiendo el carné en las discotecas...

-Oiga... no es que no me lo pase bien aquí, pero ¿puede llamar a mi hermana para que venga a buscarme? Su número es seiscientos noventa, treinta y nueve, cuarenta y dos, cincuenta y siete. Y si tiene que pagar fianza avísele, que yo no tengo ni un chavo.

-No tendrás que pagar nada a nadie y podrás irte en cuanto respondas a las preguntas que tenemos que hacerte el señor Elrond y yo- ¿no se lo estaban creyendo demasiado?-¿Qué hacías esta mañana escondida en el armario de la princesa?

-¿Princesa? ¿Qué princesa?

-Mi hija Arwen.

-¡Arwen!- exclamé- Arwen Undómiel... ¡ah vanimelda, estrella de la tarde! Liv Tyler estaba de miedo en la peli... y era un gustazo escucharla hablar en sindarín...

-¿Conoces a la princesa?

-Arwen no la conoce- le aclaró en seguida, como si relacionarla conmigo fuera sinónimo de un cáncer. Maldito elfo de pega- Corrió en busca de Hadhafang en cuanto la vio.

-Brannon nín, los invitados se impacientan-no llegué a ver al dueño de tan melodiosa voz, pues lo escondía la pared que tapaba parte de las escaleras- Desean que empiece el concilio.

¿El concilio?¿El concilio de Elrond en Rivendel? ¿Ése concilio? Definitivamente estaban como una cabra. Tenía que salir de allí. Tuve la impresión de que el tiempo se estiraba y los segundos duraban más de lo que deberían mientras se miraban el uno al otro. Y al fin el abuelillo habló.

-No hay mentira en sus ojos Elrond, aunque sus palabras sean enigmas para nosotros. Como ya te dije antes, no creo que sea peligrosa.

-Devolvedla sus cosas- ordenó a alguien a quién no podía ver- y esperarás aquí hasta que acabe el concilio. Luego Gandalf y yo decidiremos.

-Sí, claro... por supuesto...

A los pirados y a los que te apuntan con un arma hay que darles la razón, siempre. Volví a quedarme sola y al rato alguien me tiró una mochila. Salté sobre ella, la abrí y rebusqué todo lo deprisa que pude hasta que al fin lo encontré. No estaba tan desesperada como para besar el teléfono, pero lo consideré seriamente. Marqué varias veces el número de Paula hasta que me saltó el contestador.

-Hola Pauli-Pauli... ¿puedes hacerme un favor enorme? ¿Puedes venir a buscarme? Estoy en... en una comisaría, no sé en cual la verdad. Pero la reconocerás porque hay dos gilipollas vestidos del 'Señor de los Anillos'. No me preguntes porqué... la peña es cada vez más rara. Lo mismo era el día de 'saca tu lado friki' en el trabajo. Oh, y no se lo digas a mamá... o a cualquier ser vivo, si a eso vamos... ya es bastante jodido que te enchironen como para que encima lo haga un tío vestido de Gandalf. No tardes mucho a ver si me van a mandar a los fuegos de Mordor.

Colgué el teléfono y me sentí mejor. En cuanto SuperPaula escuchara el mensaje estaría aquí con un ejército de abogados sin escrúpulos que dejarían el abuelillo y al señor de Rivendel en cueros por haberme tratado así. ¡Serán lunáticos!

Al cabo de un rato tuve visita. Un par de hombres altos con melenas que envidiaría el mismísimo rey león vinieron a abrirme la puerta.




-Gandalf quiere verte- Genial. Se había extendido por toda la oficina. Me guardé el teléfono en el bolsillo trasero del pantalón y me colgué la mochila del hombro antes de salir. Subimos las escaleras y caminamos por un par de corredores. Empezaba a pensar que no era una comisaría al uso cuando entramos en una gran sala llena de comida. Y flipé, vaya si flipé.

-Me he dado a las drogas y yo sin enterarme...


Brannon nín: mi señor (Sínd.)



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