lunes, 7 de julio de 2014

'De la estrella' CAP 6

De la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y su regreso tras la guerra del Anillo

Disclaimer: Empieza a aburrirme ya un poco escribir siempre lo mismo, pero es la puritita verdad: Todo lo que no sean mis personajes le pertenecen a Tolkien.

6
la ira de caradhras
H/Zombie by The Cranberries


Me dolían los hombros, el invento no funcionaba... mierda. No sé porqué en su momento sí que me había parecido buena idea: cortar un pedazo de la interminable soga que Alberto me había metido en la mochila, hacerle un nudo y meterlo por los brazos para llevar mejor los maderos y en más cantidad. Si ya cuando le pedí a Aragorn que pusiera los leños entre la cuerda y mi espalda (con Boromir no me hablo desde que sugirió lo de la leña, él y sus ideas de señor mayor jubilado...) me miró raro... maldito invento. Malditos leños, que por cierto son casi tan grandes como mi cabeza. Maldito Boromir y maldita su idea, maldito Gandalf por darle el visto bueno y maldito Gimli por liarse a hachazos a diestro y siniestro echando abajo media Acebeda... ¿a que eso no se atreve a hacerlo en Fangorn?

Pasada la medianoche el frío se hizo intenso y los primeros copillos de agua helada nos pillaron subiendo las faldas de las montañas. Poco después ya tenía los calcetines empapados y los pies helados como polos de naranja. Mmm... polos... ahora mismo me tomaba uno. Sí, ya sé que ahora deberían tentarme sopas calientes... pero después de la cantidad de sopas que llevo comiendo estas últimas semanas, paso. Y es irracional, lo sé; pero también lo es pasar del chocolate caliente con porras un 25 de diciembre en casa de tu madre por irse a degustar helado de turrón a la puerta del Sol con el pavo de turno.




Llegándonos ya la nieve a los tobillos y viendo lo exhausta que estaba casi nada más empezar, a Sam se le ocurrió la gran idea de que Bill podría llevar mi parte de leña. 'Es un poney fuerte, ¿verdad?' dijo. Bill le echó una mirada de odio que el mediano no supo entender o no quiso ver.

-Gracias por preocuparte, Sam, pero estoy bien- Sonreí por primera vez en lo que me parecieron décadas. No iba a permitir ningún trato especial por parte de nadie, pero me pareció un gesto bonito. Pronto la nieve nos cubría por encima de las rodillas (salvo a los hobbits y al enano claro) y Trancos y Gandalf se pusieron a discutir.

-No conviene retroceder- dijo Trancos- No hemos pasado hasta ahora por ningún sitio que nos ofrezca un refugio mejor.

-¡Refugio!- contestó Sam por lo bajini- Si esto es un refugio, entonces una pared sin techo es una casa...

-Mataría por una de esas paredes ahora...- le repliqué al mediano. Caminaba pegada a la piedra porque el viento seguía sin amainar. Ya no sentía las piernas y empezaba a sentir la nieve por la parte baja de la espalda. Los pobres hobbits iban ya medio enterrados y sólo se les veía la cabeza. Empezaron a sentir los efectos de la hipotermia y al mago lo único que se le ocurrió fue darles licor- Creo que empiezan a helárseme los dedos de mis pies.

Lo único que le arranqué al mago fue una sonrisa, porque la botella de miruvor la agarraba fuertemente contra su pecho y no había Valar que hiciera que la soltara. Fue entonces cuando Boromir convenció a Gandalf de hacer un fuego. Bien, porque estaba empezando a congelárseme de veras el trasero. Tras un par de intentos fallidos por parte del elfo y el enano, lo intenté yo. Pero para qué engañarnos, aquello no era como en los boy scouts. Al final el mago cedió y él mismo conjuró una llama que poco a poco fue creciendo y convirtiéndose en una fogata. Nos pusimos todos a su alrededor intentando entrar algo en calor, mientras Gandalf aún refunfuñaba para sus adentros.

-No debería preocuparte que el mago blanco sepa dónde estás, porque ya lo sabe...-Apenas se me entendía con el castañear de dientes- ¿O acaso crees como Gimli que Caradhras es cruel con nosotros sin motivo? Escucha el viento y verás como es Saruman echándonos los perros...

-¿Y aún sabiéndolo nos has dejado subir?¡Sabías que podía ser la muerte de los hobbits!

-¡Si hombre, ahora tendré yo la culpa! ¡Tú también lo sabías y aún así aquí estamos! Si no es la mano blanca, es la mano invernal, da igual quién mueva los aires aquí arriba, ni si es Saruman quién conjura la nieve o cae copiosa del cielo por otra voluntad. Además, imagino que Frodo estará conmigo en que no es ni con mucho comparado al sufrimiento que padecieron en la Cima de los Vientos.

-Al menos aquí no hay espectros- le susurró al broche de su capa el mediano.

-¿Ves?

-No discutáis- dijo Aragorn- poco se puede hacer ya salvo intentar espantar el frío.

-Merry... Merry...- le llamé. Empezaba a quedarse dormido de pie junto a Pip y Boromir-¡Merry!

-¡Qué!

-¡Te estabas quedando dormido! ¡No puedes quedarte dormido en medio de la nieve! ¿Y si no despiertas?

-Pero tengo sueño... yo...

-Peregrin Tuk, déjame un hueco- me colé entre el elfo y el montaraz y me arrodillé al lado del mediano-¿Quieres que juguemos un rato? Donde yo vivo a veces hace mucho frío también y jugamos a un juego que se llama el calienta-manos. Pon las manos así.

Cuando el mediano puso las palmas para arriba puse mis manos sobre las suyas y le expliqué como se jugaba. Al principio Merry se había negado a 'pegarme'. Angelito... como si eso fuera 'pegar'. Sentía como Pip miraba por detrás de mi hombro intentando aprender el juego.

-No soy de cristal, no voy a romperme- le dije riendo, no solía llegar a tocarme pero cuando lo hacía el golpecito era tan suave que apenas lo notaba- Es porque soy una chica ¿verdad?

-No, yo..

-Está bien, juega con Pip si lo encuentras moralmente más aceptable...

-¿dónde vas?

-A gritarle al viento- contesté furiosa- a ver si consigo convencer a Saruman de que me saque de aquí, o al menos de que conteste. Ahora entiendo porqué no había ninguna mujer en la compañía...

Avancé un poco subiendo y retirando nieve, abriéndome camino sin dejar de temblar ni un maldito segundo. Empezaba a dolerme la cabeza por el frío y el uso excesivo, pues desde que emprendimos el camino hacia la Puerta del Cuerno Rojo no paré de meditar las consecuencias de convencer a mis compañeros de ahorrarnos el esfuerzo. Y no dudaba de si me harían caso (ya se ocuparía Gandalf de eso), sino que ya podía oír la voz chillona de mi hermano ofendido por haber cambiado el itinerario de la compañía y todas sus ridículas consecuencias. ¿Como cuales? La primera es que no tendría el maldito culo congelado. Maldita nieve... yo soy de esas a la que les gusta ver nevar desde dentro de casa, al ladito de la chimenea encendida y si es con una copa de vino en la mano mejor. Tampoco me disgusta cuando te deslizas sobre ella llevando ropa de esquí, abrigada y calentita. Otra sería que habríamos avanzado varios días el viaje, que no nos habríamos expuesto a las maldades del Mago Blanco... y a pesar de todo la vocecilla de Berto seguía diciéndome que aquello era lo mejor. Supongo que no se trataba de llevar a la compañía por un lugar o por otro, sino que aún siguiendo el mismo itinerario debía seguirse al mismo ritmo que lo habían hecho en un principio, porque de adelantar o retrasar jornadas de viaje podían no encontrarse con quién debían encontrarse en un momento dado, o encontrarse con quien no deberían. Un lío, vamos. Es lo que tiene haber visto tanto Doctor Who, inconscientemente piensas en estas cosas... Dios, que bien me vendría la TARDIS ahora mismo... Lo siento por Frodo pero yo se de una que se piraba a las islas Fiji...

-Deberías volver al fuego- Legolas me echó por encima una de sus capas limpias- Empiezas a ponerte azul.

-Pensaba en lugares cálidos...

-No parece funcionar-contestó frotándome los brazos con fuerza- Estás helada.

-Como todos los demás, supongo.

-No, los demás somos listos y no nos alejamos del fuego por riñas tontas.

-No voy a enfadarme porque te dé por llamarme estúpida y tonta, al menos de momento. Agradece que el frío adormece mi mala leche- El elfo sonrió por primera vez en varios días- ¿Se puede saber que haces?

Sentía su respiración ligera detrás, acompañada de una pequeña nube de vaho cálido directamente sobre mi pelo empapado de aguanieve. Me había rodeado con los brazos y me cubría con su propia capa.

-No puedo cederte la mía, porque yo también tengo frío, pero podemos compartirla.

-Nadie te lo ha pedido, elfo.

-Es cierto, pero tú no vas a volver al fuego y no pienso dejar que mueras congelada.

-¿Ahora te preocupas por eso?

-No nos servirías de mucho ¿no crees? Aunque desde luego hablarías mucho menos...-No, no iba a molestarme de nuevo-¿En que piensas?

-¿Te quejas de lo mucho que hablo y ahora me lo pides?-pregunté extrañada

-Tienes razón, no sé porqué he...

-En Bali- contesté sin apenas dejarle tiempo de terminar- No te rías, pero a veces si lo pienso mucho y con fuerza logro sentir la arena entre los dedos de los pies, la luz del sol en la cara, el calor en la piel...

-¿Porqué voy a reírme?

-Porque a veces logro oler el agua salada en el aire y oigo el sonido de las olas. O al menos lo intento.

-Parece agradable tal y como lo describes.

-¿Es cierto que no has visto nunca el mar?

-Tal vez cuando terminemos la misión puedas acompañarme...

-¡No!-dije recordando las palabras de la estrella de la mañana- tú no debes verlo... nunca, cuando lleguemos a Lórien lo entenderás.

-Entonces pasaremos de esta noche...

-Por supuesto, no será más que un mal recuerdo que pude haberos evitado, si no fuera porque la conciencia de mi hermano se vino conmigo de viaje... Vamos. Volvamos con los demás.

-¿Aún tienes frío?

-No, pero tú sí. Me agarras más fuerte que antes en un intento vano de que no note tus temblores, pero estás hecho un flan. Te mueves más que la gelatina de frutas que hace Paula.

-Lo has notado...

-Tranquilo, tener frío no te hace menos elfo. Pero volvamos, no quiero que enfermes por mi culpa.

-¿Ahora eres tú la que se preocupa?

-Por supuesto... no quiero tener que cuidar de un elfo enfermito todo el camino. Si estando bien te quejas como una ancianita, no quiero pensar en lo que podrás soltar por esa boca estando malo.

Creo que logré arrancar otra sonrisa al principito, aunque no pude verlo porque se había negado a dejarme ir y caminábamos los dos bajo su capa con cuidado de no caer. Y me reía yo cuando veía en la primera peli a Harry Potter, Hermione y Ron bajo la capa de invisibilidad... ¡lo raro era que no se ostiaran!

Cuando llegamos se hizo un silencio tenso. Aragorn miró al elfo y luego a Gandalf.

-Mithrandir- dijo al fin el elfo- ¿crees que debemos esperar al alba o deberíamos empezar a descender ya? Puede que la nariz de Angie nos sirva como guía pues es roja y ya casi brilla.

-Eso... aprovecha que el frío me ralentiza las neuronas... que ya me desquitaré cuando lleguemos abajo.

La noche se hizo vieja y murió dejando paso a un amanecer soso y sin chispa. La luz iba dándonos a conocer un paisaje tristón y gris, las paredes escarpadas de oscura roca contrastaban con las cúpulas y aglomeración de nieve virgen y blanca de los lugares al raso. Pronto se resolvió la problemática de volver por dónde habíamos venido. Tras un comentario inoportuno del principito sobre las habilidades de Gandalf para fundir nieve y uno irónico del mago sobre elfos voladores, Boromir halló la solución: Los fuertes cargarían a los que no podrían hacer el camino solos.

-Bien pensado, Boromir. Vamos. Me pido a Frodo, parece el más pequeño-¿Qué tenía de gracioso que yo cargara con el portador? Todos se echaron a reír con mi ofrecimiento, incluido el hobbit.

-Ah... ¿pero lo decías en serio?

-¿Acaso parece una broma?

-No te ofendas... pero creo que es mejor que llevemos nosotros a los hobbits- contestó Aragorn sin dejar de reír- Vamos, Boromir.

Aragorn y Boromir marcharon a inspeccionar el camino, y el elfo no tardó en seguirlos alegando que se marchaba en busca del sol. Con sus pies ligeros caminó sobre la nieve y pronto se perdió de vista.

Poco después volvió el elfo con las noticias de que el camino era mas o menos 'practicable', seguido de los dos hombres que volvían cansados pero con fuerzas suficientes para agarrar a Merry y a Pip y atravesar con ellos la nieve.

-¿Dónde vas?

-¿De veras crees que voy a dejar que Aragorn o Boromir carguen conmigo?-Le contesté al mago-¿En serio que no quieres que te lleve a burro, Frodo?¿No?¿Sam? ¿Gandalf?¿Gimli?¿principito?¿Bill? ¿Ninguno? Vosotros os lo perdéis...

Se me ocurrió una idea loca... peligrosa y potencialmente divertida, que era lo que importaba. Dejé caer el escudo al suelo. Iba a pegarme la ostia de mi vida, pero al menos me lo pasaría bien un rato. Y si salía muy mal parada a lo mejor hasta me dejaban volver a Rivendel. Puse el escudo boca abajo en la parte dónde más nieve había, que era la más lejana al borde porque Aragorn y Boromir habían ido abriendo el camino lo más lejos posible de la roca, cogí carrerilla y salté sobre él intentando meter el pie por la abrazadera que servía para atarlo al brazo. Sobra decir que no lo conseguí y el piñazo que me metí fue épico. Eso sin contar las risas que se echaron a mi costa... pero yo volví a intentarlo convencida de que era cuestión de meter el pie en la abrazadera para poder guiar el escudo mejor. Tras el tercer intentó empecé a desanimarme, tanto que decidí ostiarme por última vez. Si no salía me comería mis palabras una por una.

Así fue como a la cuarta (olvidad lo que dicen de la tercera, es a la cuarta cuando va a la vencida) conseguí meter el pie y guiar el escudo. No se parecía en nada al snowboard pero igualmente era alucinante. Las curvas no eran muy pronunciadas y cada vez cogía más velocidad... el aire frío de Caradhras helaba mis pulmones pero a la vez me sentía viva. Solté un grito de emoción que hizo que el principito saliera en mi busca seguramente pensando que me había ostiado de nuevo o que había llegado abajo y no sabía cómo detenerlo. Que majo el elfo, pero sinceramente lo que menos me preocupa en estos momentos es cómo parar...

-Por todos los Valar, ¿qué...?- Aragorn, Boromir, Merry y Pip ya habían llegado al mantillo blanco predicho por Legolas. A medida que el espesor de la nieve era menor, le costaba más deslizarse y el propio escudo se frenaba. Hasta que se negó a avanzar por más tiempo y quedó como clavado en el suelo, haciéndome a mi volar por los aires, rodé unos metros y quedé finalmente tumbada boca arriba a unos metros de los hobbits.

-Wow...-todo lo que alcancé a ver fueron cuatro cabezas- ¡Otra! Otra!¡Quiero repetir!

Reí, pero los que estaban a mi alrededor no estaban muy contentos. Al poco llegó el principito hecho una hidra, y los dos hombres aprovecharon y marcharon a buscar a Frodo y Sam dejándome a merced del basilisco.

-¿Acaso has perdido la cabeza?-me regañó el elfo.

-Esta cabreado porque ya no es el único que anda sobre la nieve- le canturreé en bajito a los hobbits con la certeza de que él también lo oiría.

-¡Eso no es andar!

-Tienes razón, yo me deslizo... apuesto a que podría ganarte en una carrera...

-¿Donde vas?¿no pensarás en tirarte con eso otra vez?

-¡Por supuesto que sí!

-Parece divertido...

-¡Pip!

-Es GENIAL, te da un subidón increíble, cuando estás ahí arriba hey... ¡HEY!-Legolas me quitó el escudo y lo lanzó lejos con tan mala suerte que cayó al vacío-¿Y ahora qué orejas picudas? ¿cómo voy a defenderme de los orcos sin escudo?

-Siempre puedes salir corriendo, pies ligeros- me gruñó molesto- O puedes usar uno de tus interminables discursos, ¡seguro que los matas de aburrimiento!

¿Qué coño le pasa ahora al elfo? La que se había pegado las ostias en la cabeza había sido yo ¿no?¿porqué se metía ahora con mis pies, y peor, me llama aburrida? Estaba tan enfadada que quería lanzar algo. Como no tenía vajillas que destrozar, ni floreros, ni nada por el estilo, le lancé una bola de nieve sin avisar siquiera. Supe que no debí de haberlo hecho en el mismo momento en el que la bola abandonaba mi mano, pero ya no había vuelta atrás. Aragorn y los demás llegaron justo a tiempo de ver como impactaba en su dorada cabecita.

Si lo que esperaban era ver al elfo fuera de sus casillas (como una servidora) fue en vano. Sacudió su siempre perfecta melena rubia con un suave y delicado movimiento en plan 'porque yo lo valgo', y recuperó la compostura al instante.

-Lanzó mi escudo al abismo- me excusé antes de que me regañaran.

-¿Y me lanzas una bola de nieve?¿qué tienes, 200 años?

-No, pero apostaría que tu sí. Si se lo hubiera hecho a Paula ya me habría hecho comer nieve.

-Yo no soy Paula.

-Eso está claro- Comencé a caminar pero él me agarró del brazo y me empujó contra la pared. Un alud de piedras y nieve cayó justo por dónde Aragorn acababa de cruzar segundos antes con Frodo a su espalda. Gimli le gritó con furia a la montaña.

-No te enfades con Caradhras, Gimli- dije sonriendo- es su temperamento, no puede hacer nada con él.

-No parece el único con carácter- Me miró, y como si le hubiera hecho mucha gracia, miró al elfo al que ya no le quedaba ni un solo copillo blanco en su testaruda cabeza de mithril.

-¿Puedo hacerte una pregunta?- no esperé respuesta ni permiso alguno. Total, ya estaba enfadado, no tenía nada que perder- ¿qué narices tenéis los elfos con las trencitas en el pelo? ¿Son una moda o qué?

El enano se descojonó solo ante mi atrevimiento, pero fue el único del que obtuve una reacción positiva. El elfo fingió no haberme oído y Aragorn y los demás me miraron con cara de circunstancias. Incluso Mithrandir me regañó por lo grosera que había sido sin motivo. Intenté explicar que no había sido mi intención pero dio igual, no me escucharon.

Poco después de comenzar el descenso Aragorn vio de nuevo a los crebain, revoloteando en círculos. Pero poco podíamos hacer ya y aunque todos en el ánimo sentíamos ya que Caradhras nos había vencido, yo sabía que en la vida todas las batallas sirven para enseñarnos algo, inclusive aquellas que perdemos.

Para cuando conseguimos desandar el camino que casi nos lleva hasta la Puerta del Cuerno Rojo era ya de noche, la luna tenía un tono ceniciento y apenas había estrellas. Cenamos una sopa fría hecha de Eru sabe qué y, tras beber un chupito de miruvor de Rivendel, Gandalf abrió un debate sobre qué hacer a continuación. De momento, creo que íbamos a descansar esta noche. Casi lloro cuando le oí proponerlo: una noche entera sin necesidad de andar de sonámbula ni de dormir a ratos. Claro que dormir en el suelo, o en el mejor de los casos apoyada en un árbol, no era mucho mejor, pero al menos sólo me tendría que despertar para mi guardia y si tenía suerte hasta podría echarme un sueñecito después.

-¡Oh, vamos!¡Frodo!- le reté al mediano cuando confesó que deseaba volver al hogar de los elfos-no irán a asustarte unos pajarracos, un poquito de nieve y un mago loco y desquiciado ¿verdad?

-¿Acaso a ti no?- respondió irónico.

-¡Por supuesto que no! Y a ti no debería porque viajas con alguien más desquiciado todavía- no fue mi intención pero bostecé del cansancio sin querer.

-¿Te aburrimos?-Trancos interpretó mi falta de participación en la 'conversación de los mayores' como le dio la real gana. Yo me limité a decir que tenía sueño y a echarme al suelo en el mismo sitio dónde había estado sentada.

-¿Cómo puedes echarte a dormir?-Me regañó el elfo. Últimamente no hacía otra cosa, se había autodeclarado mi regañador oficial- estamos tratando de decidir...

-Se te olvida que yo ya sé que camino tomaremos, principito. Y en caso de haya que votar algo Gimli puede hacerlo en mi nombre- contesté recordando la discursión sobre Moria, después me hice un ovillo en el suelo y eché mi capa por encima, incluso de la cabeza. Cerré los ojos intentando imaginarme en Bali, tumbada en una playa de arena blanca y caliente... pero el maldito viento no me dejaba disfrutar de la fantasía, se colaba por cualquier rendija al descubierto que encontraba trayendo un frío helador consigo. Pronto las palabras de la compañía se perdieron en ése mismo viento, cual nana que me arrullaba y me quedé dormida.

-Dama Angie...- el enano me despertó al poco rato con inesperada suavidad-Dama Angie...

-Gimli...

-Despierte mi señora...-Gimli era el único que me seguía llamando así- hemos de marchar. Se oyen wargos cerca, y dónde hay wargos hay orcos.

-Vale, ya voy...

-Angie- esta vez era Merry el que me llamaba. Me costaba abandonar Bali.

-Dejadles... que vengan, que se confíen... acabaré con ellos con los ojos cerrados...-Ni yo misma era consciente de la tontería que acababa de decir. Escuché risas y a un elfo muy muy cabreado.

-Esto es ridículo- Sentí como me elevaba en el aire como si... espera...

-¿Que demonios te crees que haces elfo?-Cargó conmigo un par de metros y luego le obligué a dejarme en el suelo mientras le oía quejarse sobre cómo retrasaba a la compañía

-¡Te lo dije Gandalf! ¡una mujer no hará más que retrasarnos!

-¡Cuidado con lo que dices elfo estúpido! ¡No vaya a ser que me dé por rizarme las pestañas con los pedazos rotos de tu precioso arco!

-¡No te atreverás!

-¡Prueba a molestarme un día que tenga la regla!-Sí, sí, topicazo donde los haya, pero es que estaba muy cabreada-Además, ten cuidado barbie porque entre tus quejidos y el pelo rubio platino empiezas a parecer una... Por todos los Valar, ¡ni la maruja de Maite se queja tanto!

Más que violento era cómico, yo ahí plantada, increpándole a un elfo que me sacaba cabeza y media como aquel que dice, que tenía que bajar la mirada para verme... El príncipe de Mirkwood no era el más alto de los elfos, varios de los de Rivendel superaban fácilmente su metro ochenta (entre los que se encontraban los hijos de Elrond y la propia Giladar), y era un poco más alto que Aragorn y Gandalf pero apenas se notaba la diferencia si no te fijabas bien. Y digamos que yo era la media, entre la del elfo y la del maestro enano, más tirando para la del enano que para la del elfo. Lo bueno que tiene es que cuando empiezas a sentirte bajita miras a los hobbits y dejas de deprimirte.

-Si hubiera sido un orco...

-¿Hubieras sido un orco muy guapo, contento elfo? Ale, ya estoy despierta. ¿Podemos irnos?

-Te dije que no le haría ninguna gracia, Legolas- me defendió el enano de camino a una loma cercana con unos extraños círculos de piedras. Una vez llegamos allí encendimos un fuego que espantó un poco el frío. Al parecer a Gandalf le importaba ya más bien poco lo de llamar la atención. Ahora que había abierto los ojos no sabía si podría volver a cerrarlos. Me quedé despierta, hablando con Mithrandir junto al fuego.

-¿Porqué querías que viniera?- le pregunté a bocajarro cuando me pareció que todos a nuestro alrededor se hallaban ya dormidos.

-Tengo una extraña intuición contigo-musitó- Creo que es dónde debes estar.

-¿Eso es lo que le dijiste a Berto?-el anciano sonrió, mostrando todos sus dientes- El quería venir. Habría sido feliz al acompañaros, incluso de estar enterrado en nieve hasta las orejas. Os tiene verdadera admiración...

-Lo sé. Quiso cambiar su lugar contigo, aunque más que por la alegría de tenernos por compañeros intuyo que lo que le guiaba era el temor a perder a su hermana mayor.

-No te pongas sentimental ¿quieres?

-No preguntes si no quieres respuestas.

-¿Respuestas? Aún no me has dado ninguna...-contesté más concentrada en hacer dibujitos en la tierra con una ramita que en las palabras del mago-¿Porqué yo?

-Te he dicho todo lo que sé- respondió el mago- No soy más que un Istar, desconozco los grandes planes de los Valar, y más aún los del propio Eru.

-¿Cómo sabes que es su plan?

-Siempre lo es... salvo raras excepciones. Aunque no creo que esas excepciones sean tal, puede que lo parezca porque nos deja ser como somos... Pero nada escapa a su conocimiento, porque él lo ve y lo sabe y lo piensa todo.

-¿Y no sabes que es lo que ha pensado Eru para mi?

-Puede que tenga que ver con lo que puedes hacer por la compañía, conoces su futuro y tal vez uno de nosotros necesite ser salvado. No dudo que tú estarás ahí cuando llegue el momento- La mirada del anciano se tornó grave por un instante- Ni siquiera tú eres consciente de la magnitud de tu coraje, pues nunca has llegado al límite de ése valor.

-¿Qué demonios es eso? Ah bien, ahí lo tienes Gandalf: el límite de mi valor.

Vi unos ojos en la espesa negrura de los árboles, y al escuchar un aullido helador Gandalf se levantó dando un respingo, vara en mano, increpando al lobo. Pero el animal hizo caso omiso del mago, se preparó para entrar de un salto en el círculo de piedras y cuando estaba en el aire se oyó un zumbido y el lobo cayó todo lo grande que era al suelo. Gandalf y Aragorn marcharon para comprobar que los demás habían huido. Cuando volvieron, un muy enfadado Trancos increpó al elfo con palabras que a pesar de ser élficas y todo eso, no parecían nada agradables. Entendí palabras sueltas, algo así como harnannen, ranco, y cû. Algún día tendré que aplicarme en aprender, me da rabia no enterarme de esas cosas. El principito se defendía con avidez, le replicaba a la velocidad del rayo haciéndome ya imposible entender nada.

-¿No te da rabia que hablen en élfico?-le susurré al enano que dormitaba a mi lado.

-No hace falta saber la lengua silvana para saber lo que dicen, mi señora.

-¿A no?

-Es obvio que el elfo se está llevando una buena reprimenda por usar el arco sin estar aún recuperado.

-Ah. Tienes razón Gimli. No lo había pensado...-me di la vuelta para intentar dormir pero aunque cerré los ojos no conseguí relajarme lo suficiente. La posibilidad de que los lobos regresaran me mantenía en vela y no sin razón.

Ya cuando se acababa la noche, escuchamos de nuevo los aullidos. Gandalf ordenó a los hobbits alimentar el fuego, de manera que la hoguera se hizo mayor y emitía más luz. Vi como las sombras entraban en el círculo de piedra, aunque no impunemente, pues Boromir y Aragorn ya se habían cargado a unos cuantos. Gimli también se había lanzado a la lucha y el elfo ya daba uso a sus dagas desde hacía un rato.

Frodo había sacado a Dardo, pero como los demás medianos estaba cerca del fuego, siguiendo las instrucciones de Gandalf. Vi por el rabillo del ojo como uno de ellos escapaba al hacha del enano y se acercaba a nosotros. Tomé una de las ramas de la hoguera y caminé con tranquilidad hacia él. Estaba como esperándome, como si hubiera estado esperando toda la noche, toda la vida para aquel enfrentamiento. Ignorando los gritos de mis compañeros, saqué a Undöméarel de su vaina y esperé. No era un lobo normal, no como el que conocemos normalmente, al menos no como los del zoo. Era un hiperhormonado gigante, de fauces enormes y colmillos del tamaño de mi meñique. No apartaba de mi sus ojos rasgados, preguntándose cuán fácil sería su presa esta noche. Todo fue sorprendentemente rápido.

Mi primer pensamiento fue agacharme todo lo posible y clavarle la espada en el corazón en medio del ataque, pero no me hacía mucha gracia. Primero porque de no acertar en el músculo cardíaco iba a pasarlas putas, y segundo porque no me tentaba la idea de quedar desprotegida a merced de sus patas y tan cerca de sus dientes. Finalmente cuando se decidió a abalanzarse sobre mí opté por apartarme de su trayectoria, y según apoyaba sus patas delanteras en tierra firme le hundí a Undöméarel en el costado con tal suerte que la espada atravesó el espacio intercostal del animal y fue a clavársele en el pulmón. Un aullido helador volvió a resonar en la noche, y antes de que pudiera dolerse lo suficiente saqué la espada y me alejé de un salto pues ya se volvía para atacarme de nuevo. Una flecha cruzó veloz por encima de la hoguera. No iba a permitirlo, era mío, mi lobo, mi prueba. 

Muchas cosas sucedieron a la vez. El bosque estalló en llamas y yo sentí un dolor punzante en el hombro al arremeter contra el animal. Le embestí con las pocas fuerzas que me quedaban y aún con lágrimas de dolor en los ojos, y tras evitar otro zarpazo que sin duda habría dolido igual que el primero, con un movimiento rápido degollé a la criatura. Había superado la prueba, pero no me sentía nada bien por ello.

-¿Angie?-Todos me miraban como si estuviera loca, toda cubierta de sangre, sudor y tierra.

-¡Cómo te atreves elfo!¡Era mi lobo!¡mío!-Legolas estaba pálido como una hoja de papel y apenas podía artícular palabra.

-Lo.. lo siento, yo... Angie...

-Mi señora- intervino Gimli-¿os encontráis bien?

-Estate quieta- me dijo Aragorn escrutándome el hombro. Casi había olvidado que estaba herida... pero para ser la primera vez, un zarpazo en el hombro no está tan mal ¿no? Hubiera sido peor perder la cabeza...-Hay que sacar la flecha.

¿Flecha?¿qué flecha? No era más que un... ¡maldito elfo! ¡Me había disparado! ¡A mí!

-¡Has intentado matarme!-le grité a pleno pulmón

-No, yo... tú te cruzaste y... fue un accidente... yo...

-¿Un accidente? ¡Me has disparado! ¡Me has disparado y casi me matas, elfo!

-Créeme, todos lo hemos pensado alguna vez...-contestó Aragorn intentando quitarle hierro al asunto- y como no te estés quieta...

-¿lo has hecho por lo del brazo? Porque me disculpé, ¡te dije que lo sentía!

-Realmente eres la reina del drama... Legolas, ¿puedes acompañar a Gandalf para comprobar que se han marchado todos? No queremos más sorpresas... Boromir, ¿puedes echarme una mano aquí?-Aragorn empezaba a perder la paciencia. El de Gondor se acercó a mi y me agarró fuertemente de los brazos impidiéndome cualquier movimiento-No es más que una flecha y ni siquiera te ha llegado a atravesar el hombro. En el fondo deberías dar las gracias de que ésta sea la única herida que va a quedarte después de luchar con un animal como ése.

-¡Oh, sí!¡Muchas gracias elfo!

-Sam ¿puedes calentar algo de agua?-Le pidió al hobbit- Esto va a doler...

-¿no?¿En serio?-Al parecer no pillaron el tonito irónico. Cerré los ojos y procuré no gritar, pero no lo conseguí. Poco a poco se fueron apagando las voces de Boromir y compañía.




Harnannen: Herido (sind.)
ranco: brazo (sind.)
cû: arco (sind.)



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