De
la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y
su regreso tras la guerra del Anillo
Disclaimer:
Empieza a aburrirme ya un poco escribir siempre lo mismo, pero es la
puritita verdad: Todo lo que no sean mis personajes le pertenecen a
Tolkien.
6
la
ira de caradhras
H/Zombie
by The Cranberries
Me dolían los
hombros, el invento no funcionaba... mierda. No sé porqué en su
momento sí que me había parecido buena idea: cortar un pedazo de la
interminable soga que Alberto me había metido en la mochila, hacerle
un nudo y meterlo por los brazos para llevar mejor los maderos y en
más cantidad. Si ya cuando le pedí a Aragorn que pusiera los leños
entre la cuerda y mi espalda (con Boromir no me hablo desde que
sugirió lo de la leña, él y sus ideas de señor mayor jubilado...)
me miró raro... maldito invento. Malditos leños, que por cierto son
casi tan grandes como mi cabeza. Maldito Boromir y maldita su idea,
maldito Gandalf por darle el visto bueno y maldito Gimli por liarse a
hachazos a diestro y siniestro echando abajo media Acebeda... ¿a que
eso no se atreve a hacerlo en Fangorn?
Pasada la
medianoche el frío se hizo intenso y los primeros copillos de agua
helada nos pillaron subiendo las faldas de las montañas. Poco
después ya tenía los calcetines empapados y los pies helados como
polos de naranja. Mmm... polos... ahora mismo me tomaba uno. Sí, ya
sé que ahora deberían tentarme sopas calientes... pero después de
la cantidad de sopas que llevo comiendo estas últimas semanas, paso.
Y es irracional, lo sé; pero también lo es pasar del chocolate
caliente con porras un 25 de diciembre en casa de tu madre por irse a
degustar helado de turrón a la puerta del Sol con el pavo de turno.
Llegándonos
ya la nieve a los tobillos y viendo lo exhausta que estaba casi nada
más empezar, a Sam se le ocurrió la gran idea de que Bill podría
llevar mi parte de leña. 'Es un poney fuerte, ¿verdad?' dijo. Bill
le echó una mirada de odio que el mediano no supo entender o no
quiso ver.
-Gracias por
preocuparte, Sam, pero estoy bien- Sonreí por primera vez en lo que
me parecieron décadas. No iba a permitir ningún trato especial por
parte de nadie, pero me pareció un gesto bonito. Pronto la nieve nos
cubría por encima de las rodillas (salvo a los hobbits y al enano
claro) y Trancos y Gandalf se pusieron a discutir.
-No conviene
retroceder- dijo Trancos- No hemos pasado hasta ahora por ningún
sitio que nos ofrezca un refugio mejor.
-¡Refugio!-
contestó Sam por lo bajini- Si esto es un refugio, entonces una
pared sin techo es una casa...
-Mataría por
una de esas paredes ahora...- le repliqué al mediano. Caminaba
pegada a la piedra porque el viento seguía sin amainar. Ya no sentía
las piernas y empezaba a sentir la nieve por la parte baja de la
espalda. Los pobres hobbits iban ya medio enterrados y sólo se les
veía la cabeza. Empezaron a sentir los efectos de la hipotermia y al
mago lo único que se le ocurrió fue darles licor- Creo que empiezan
a helárseme los dedos de mis pies.
Lo único que
le arranqué al mago fue una sonrisa, porque la botella de miruvor
la agarraba fuertemente contra su pecho y no había Valar que hiciera
que la soltara. Fue entonces cuando Boromir convenció a Gandalf de
hacer un fuego. Bien, porque estaba empezando a congelárseme de
veras el trasero. Tras un par de intentos fallidos por parte del elfo
y el enano, lo intenté yo. Pero para qué engañarnos, aquello no
era como en los boy scouts. Al final el mago cedió y él mismo
conjuró una llama que poco a poco fue creciendo y convirtiéndose en
una fogata. Nos pusimos todos a su alrededor intentando entrar algo
en calor, mientras Gandalf aún refunfuñaba para sus adentros.
-No debería
preocuparte que el mago blanco sepa dónde estás, porque ya lo
sabe...-Apenas se me entendía con el castañear de dientes- ¿O
acaso crees como Gimli que Caradhras es cruel con nosotros sin
motivo? Escucha el viento y verás como es Saruman echándonos los
perros...
-¿Y aún
sabiéndolo nos has dejado subir?¡Sabías que podía ser la muerte
de los hobbits!
-¡Si hombre,
ahora tendré yo la culpa! ¡Tú también lo sabías y aún así aquí
estamos! Si no es la mano blanca, es la mano invernal, da igual quién
mueva los aires aquí arriba, ni si es Saruman quién conjura la
nieve o cae copiosa del cielo por otra voluntad. Además, imagino que
Frodo estará conmigo en que no es ni con mucho comparado al
sufrimiento que padecieron en la Cima de los Vientos.
-Al menos aquí
no hay espectros- le susurró al broche de su capa el mediano.
-¿Ves?
-No discutáis-
dijo Aragorn- poco se puede hacer ya salvo intentar espantar el frío.
-Merry...
Merry...- le llamé. Empezaba a quedarse dormido de pie junto a Pip y
Boromir-¡Merry!
-¡Qué!
-¡Te estabas
quedando dormido! ¡No puedes quedarte dormido en medio de la nieve!
¿Y si no despiertas?
-Pero tengo
sueño... yo...
-Peregrin Tuk,
déjame un hueco- me colé entre el elfo y el montaraz y me arrodillé
al lado del mediano-¿Quieres que juguemos un rato? Donde yo vivo a
veces hace mucho frío también y jugamos a un juego que se llama el
calienta-manos. Pon las manos así.
Cuando el
mediano puso las palmas para arriba puse mis manos sobre las suyas y
le expliqué como se jugaba. Al principio Merry se había negado a
'pegarme'. Angelito... como si eso fuera 'pegar'. Sentía como Pip
miraba por detrás de mi hombro intentando aprender el juego.
-No soy de
cristal, no voy a romperme- le dije riendo, no solía llegar a
tocarme pero cuando lo hacía el golpecito era tan suave que apenas
lo notaba- Es porque soy una chica ¿verdad?
-No, yo..
-Está bien,
juega con Pip si lo encuentras moralmente más aceptable...
-¿dónde vas?
-A gritarle al
viento- contesté furiosa- a ver si consigo convencer a Saruman de
que me saque de aquí, o al menos de que conteste. Ahora entiendo
porqué no había ninguna mujer en la compañía...
Avancé un
poco subiendo y retirando nieve, abriéndome camino sin dejar de
temblar ni un maldito segundo. Empezaba a dolerme la cabeza por el
frío y el uso excesivo, pues desde que emprendimos el camino hacia
la Puerta del Cuerno Rojo no paré de meditar las consecuencias de
convencer a mis compañeros de ahorrarnos el esfuerzo. Y no dudaba de
si me harían caso (ya se ocuparía Gandalf de eso), sino que ya
podía oír la voz chillona de mi hermano ofendido por haber cambiado
el itinerario de la compañía y todas sus ridículas consecuencias.
¿Como cuales? La primera es que no tendría el maldito culo
congelado. Maldita nieve... yo soy de esas a la que les gusta ver
nevar desde dentro de casa, al ladito de la chimenea encendida y si
es con una copa de vino en la mano mejor. Tampoco me disgusta cuando
te deslizas sobre ella llevando ropa de esquí, abrigada y calentita.
Otra sería que habríamos avanzado varios días el viaje, que no nos
habríamos expuesto a las maldades del Mago Blanco... y a pesar de
todo la vocecilla de Berto seguía diciéndome que aquello era lo
mejor. Supongo que no se trataba de llevar a la compañía por un
lugar o por otro, sino que aún siguiendo el mismo itinerario debía
seguirse al mismo ritmo que lo habían hecho en un principio, porque
de adelantar o retrasar jornadas de viaje podían no encontrarse con
quién debían encontrarse en un momento dado, o encontrarse con
quien no deberían. Un lío, vamos. Es lo que tiene haber visto tanto
Doctor Who, inconscientemente piensas en estas cosas... Dios, que
bien me vendría la TARDIS ahora mismo... Lo siento por Frodo pero yo
se de una que se piraba a las islas Fiji...
-Deberías
volver al fuego- Legolas me echó por encima una de sus capas
limpias- Empiezas a ponerte azul.
-Pensaba en
lugares cálidos...
-No parece
funcionar-contestó frotándome los brazos con fuerza- Estás helada.
-Como todos
los demás, supongo.
-No, los demás
somos listos y no nos alejamos del fuego por riñas tontas.
-No voy a
enfadarme porque te dé por llamarme estúpida y tonta, al menos de
momento. Agradece que el frío adormece mi mala leche- El elfo sonrió
por primera vez en varios días- ¿Se puede saber que haces?
Sentía su
respiración ligera detrás, acompañada de una pequeña nube de vaho
cálido directamente sobre mi pelo empapado de aguanieve. Me había
rodeado con los brazos y me cubría con su propia capa.
-No puedo
cederte la mía, porque yo también tengo frío, pero podemos
compartirla.
-Nadie te lo
ha pedido, elfo.
-Es cierto,
pero tú no vas a volver al fuego y no pienso dejar que mueras
congelada.
-¿Ahora te
preocupas por eso?
-No nos
servirías de mucho ¿no crees? Aunque desde luego hablarías mucho
menos...-No, no iba a molestarme de nuevo-¿En que piensas?
-¿Te quejas
de lo mucho que hablo y ahora me lo pides?-pregunté extrañada
-Tienes razón,
no sé porqué he...
-En Bali-
contesté sin apenas dejarle tiempo de terminar- No te rías, pero a
veces si lo pienso mucho y con fuerza logro sentir la arena entre los
dedos de los pies, la luz del sol en la cara, el calor en la piel...
-¿Porqué voy
a reírme?
-Porque a
veces logro oler el agua salada en el aire y oigo el sonido de las
olas. O al menos lo intento.
-Parece
agradable tal y como lo describes.
-¿Es cierto
que no has visto nunca el mar?
-Tal vez
cuando terminemos la misión puedas acompañarme...
-¡No!-dije
recordando las palabras de la estrella de la mañana- tú no debes
verlo... nunca, cuando lleguemos a Lórien lo entenderás.
-Entonces
pasaremos de esta noche...
-Por supuesto,
no será más que un mal recuerdo que pude haberos evitado, si no
fuera porque la conciencia de mi hermano se vino conmigo de viaje...
Vamos. Volvamos con los demás.
-¿Aún tienes
frío?
-No, pero tú
sí. Me agarras más fuerte que antes en un intento vano de que no
note tus temblores, pero estás hecho un flan. Te mueves más que la
gelatina de frutas que hace Paula.
-Lo has
notado...
-Tranquilo,
tener frío no te hace menos elfo. Pero volvamos, no quiero que
enfermes por mi culpa.
-¿Ahora eres
tú la que se preocupa?
-Por
supuesto... no quiero tener que cuidar de un elfo enfermito todo el
camino. Si estando bien te quejas como una ancianita, no quiero
pensar en lo que podrás soltar por esa boca estando malo.
Creo que logré
arrancar otra sonrisa al principito, aunque no pude verlo porque se
había negado a dejarme ir y caminábamos los dos bajo su capa con
cuidado de no caer. Y me reía yo cuando veía en la primera peli a
Harry Potter, Hermione y Ron bajo la capa de invisibilidad... ¡lo
raro era que no se ostiaran!
Cuando
llegamos se hizo un silencio tenso. Aragorn miró al elfo y luego a
Gandalf.
-Mithrandir-
dijo al fin el elfo- ¿crees que debemos esperar al alba o deberíamos
empezar a descender ya? Puede que la nariz de Angie nos sirva como
guía pues es roja y ya casi brilla.
-Eso...
aprovecha que el frío me ralentiza las neuronas... que ya me
desquitaré cuando lleguemos abajo.
La noche se
hizo vieja y murió dejando paso a un amanecer soso y sin chispa. La
luz iba dándonos a conocer un paisaje tristón y gris, las paredes
escarpadas de oscura roca contrastaban con las cúpulas y
aglomeración de nieve virgen y blanca de los lugares al raso. Pronto
se resolvió la problemática de volver por dónde habíamos venido.
Tras un comentario inoportuno del principito sobre las habilidades de
Gandalf para fundir nieve y uno irónico del mago sobre elfos
voladores, Boromir halló la solución: Los fuertes cargarían a los
que no podrían hacer el camino solos.
-Bien pensado,
Boromir. Vamos. Me pido a Frodo, parece el más pequeño-¿Qué tenía
de gracioso que yo cargara con el portador? Todos se echaron a reír
con mi ofrecimiento, incluido el hobbit.
-Ah... ¿pero
lo decías en serio?
-¿Acaso
parece una broma?
-No te
ofendas... pero creo que es mejor que llevemos nosotros a los
hobbits- contestó Aragorn sin dejar de reír- Vamos, Boromir.
Aragorn y
Boromir marcharon a inspeccionar el camino, y el elfo no tardó en
seguirlos alegando que se marchaba en busca del sol. Con sus pies
ligeros caminó sobre la nieve y pronto se perdió de vista.
Poco después
volvió el elfo con las noticias de que el camino era mas o menos
'practicable', seguido de los dos hombres que volvían cansados pero
con fuerzas suficientes para agarrar a Merry y a Pip y atravesar con
ellos la nieve.
-¿Dónde vas?
-¿De veras
crees que voy a dejar que Aragorn o Boromir carguen conmigo?-Le
contesté al mago-¿En serio que no quieres que te lleve a burro,
Frodo?¿No?¿Sam? ¿Gandalf?¿Gimli?¿principito?¿Bill? ¿Ninguno?
Vosotros os lo perdéis...
Se me ocurrió
una idea loca... peligrosa y potencialmente divertida, que era lo que
importaba. Dejé caer el escudo al suelo. Iba a pegarme la ostia de
mi vida, pero al menos me lo pasaría bien un rato. Y si salía muy
mal parada a lo mejor hasta me dejaban volver a Rivendel. Puse el
escudo boca abajo en la parte dónde más nieve había, que era la
más lejana al borde porque Aragorn y Boromir habían ido abriendo el
camino lo más lejos posible de la roca, cogí carrerilla y salté
sobre él intentando meter el pie por la abrazadera que servía para
atarlo al brazo. Sobra decir que no lo conseguí y el piñazo que me
metí fue épico. Eso sin contar las risas que se echaron a mi
costa... pero yo volví a intentarlo convencida de que era cuestión
de meter el pie en la abrazadera para poder guiar el escudo mejor.
Tras el tercer intentó empecé a desanimarme, tanto que decidí
ostiarme por última vez. Si no salía me comería mis palabras una
por una.
Así fue como
a la cuarta (olvidad lo que dicen de la tercera, es a la cuarta
cuando va a la vencida) conseguí meter el pie y guiar el escudo. No
se parecía en nada al snowboard pero igualmente era alucinante. Las
curvas no eran muy pronunciadas y cada vez cogía más velocidad...
el aire frío de Caradhras helaba mis pulmones pero a la vez me
sentía viva. Solté un grito de emoción que hizo que el principito
saliera en mi busca seguramente pensando que me había ostiado de
nuevo o que había llegado abajo y no sabía cómo detenerlo. Que
majo el elfo, pero sinceramente lo que menos me preocupa en estos
momentos es cómo parar...
-Por todos los
Valar, ¿qué...?- Aragorn, Boromir, Merry y Pip ya habían llegado
al mantillo blanco predicho por Legolas. A medida que el espesor de
la nieve era menor, le costaba más deslizarse y el propio escudo se
frenaba. Hasta que se negó a avanzar por más tiempo y quedó como
clavado en el suelo, haciéndome a mi volar por los aires, rodé unos
metros y quedé finalmente tumbada boca arriba a unos metros de los
hobbits.
-Wow...-todo
lo que alcancé a ver fueron cuatro cabezas- ¡Otra! Otra!¡Quiero
repetir!
Reí, pero los
que estaban a mi alrededor no estaban muy contentos. Al poco llegó
el principito hecho una hidra, y los dos hombres aprovecharon y
marcharon a buscar a Frodo y Sam dejándome a merced del basilisco.
-¿Acaso has
perdido la cabeza?-me regañó el elfo.
-Esta cabreado
porque ya no es el único que anda sobre la nieve- le canturreé en
bajito a los hobbits con la certeza de que él también lo oiría.
-¡Eso no es
andar!
-Tienes razón,
yo me deslizo... apuesto a que podría ganarte en una carrera...
-¿Donde
vas?¿no pensarás en tirarte con eso otra vez?
-¡Por
supuesto que sí!
-Parece
divertido...
-¡Pip!
-Es GENIAL, te
da un subidón increíble, cuando estás ahí arriba hey...
¡HEY!-Legolas me quitó el escudo y lo lanzó lejos con tan mala
suerte que cayó al vacío-¿Y ahora qué orejas picudas? ¿cómo voy
a defenderme de los orcos sin escudo?
-Siempre
puedes salir corriendo, pies ligeros- me gruñó molesto- O puedes
usar uno de tus interminables discursos, ¡seguro que los matas de
aburrimiento!
¿Qué coño
le pasa ahora al elfo? La que se había pegado las ostias en la
cabeza había sido yo ¿no?¿porqué se metía ahora con mis pies, y
peor, me llama aburrida? Estaba tan enfadada que quería lanzar algo.
Como no tenía vajillas que destrozar, ni floreros, ni nada por el
estilo, le lancé una bola de nieve sin avisar siquiera. Supe que no
debí de haberlo hecho en el mismo momento en el que la bola
abandonaba mi mano, pero ya no había vuelta atrás. Aragorn y los
demás llegaron justo a tiempo de ver como impactaba en su dorada
cabecita.
Si lo que
esperaban era ver al elfo fuera de sus casillas (como una servidora)
fue en vano. Sacudió su siempre perfecta melena rubia con un suave y
delicado movimiento en plan 'porque yo lo valgo', y recuperó la
compostura al instante.
-Lanzó mi
escudo al abismo- me excusé antes de que me regañaran.
-¿Y me lanzas
una bola de nieve?¿qué tienes, 200 años?
-No, pero
apostaría que tu sí. Si se lo hubiera hecho a Paula ya me habría
hecho comer nieve.
-Yo no soy
Paula.
-Eso está
claro- Comencé a caminar pero él me agarró del brazo y me empujó
contra la pared. Un alud de piedras y nieve cayó justo por dónde
Aragorn acababa de cruzar segundos antes con Frodo a su espalda.
Gimli le gritó con furia a la montaña.
-No te enfades
con Caradhras, Gimli- dije sonriendo- es su temperamento, no puede
hacer nada con él.
-No parece el
único con carácter- Me miró, y como si le hubiera hecho mucha
gracia, miró al elfo al que ya no le quedaba ni un solo copillo
blanco en su testaruda cabeza de mithril.
-¿Puedo
hacerte una pregunta?- no esperé respuesta ni permiso alguno. Total,
ya estaba enfadado, no tenía nada que perder- ¿qué narices tenéis
los elfos con las trencitas en el pelo? ¿Son una moda o qué?
El enano se
descojonó solo ante mi atrevimiento, pero fue el único del que
obtuve una reacción positiva. El elfo fingió no haberme oído y
Aragorn y los demás me miraron con cara de circunstancias. Incluso
Mithrandir me regañó por lo grosera que había sido sin motivo.
Intenté explicar que no había sido mi intención pero dio igual, no
me escucharon.
Poco después
de comenzar el descenso Aragorn vio de nuevo a los crebain,
revoloteando en círculos. Pero poco podíamos hacer ya y aunque
todos en el ánimo sentíamos ya que Caradhras nos había vencido, yo
sabía que en la vida todas las batallas sirven para enseñarnos
algo, inclusive aquellas que perdemos.
Para cuando
conseguimos desandar el camino que casi nos lleva hasta la Puerta del
Cuerno Rojo era ya de noche, la luna tenía un tono ceniciento y
apenas había estrellas. Cenamos una sopa fría hecha de Eru sabe qué
y, tras beber un chupito de miruvor de Rivendel, Gandalf abrió
un debate sobre qué hacer a continuación. De momento, creo que
íbamos a descansar esta noche. Casi lloro cuando le oí proponerlo:
una noche entera sin necesidad de andar de sonámbula ni de dormir a
ratos. Claro que dormir en el suelo, o en el mejor de los casos
apoyada en un árbol, no era mucho mejor, pero al menos sólo me
tendría que despertar para mi guardia y si tenía suerte hasta
podría echarme un sueñecito después.
-¡Oh,
vamos!¡Frodo!- le reté al mediano cuando confesó que deseaba
volver al hogar de los elfos-no irán a asustarte unos pajarracos, un
poquito de nieve y un mago loco y desquiciado ¿verdad?
-¿Acaso a ti
no?- respondió irónico.
-¡Por
supuesto que no! Y a ti no debería porque viajas con alguien más
desquiciado todavía- no fue mi intención pero bostecé del
cansancio sin querer.
-¿Te
aburrimos?-Trancos interpretó mi falta de participación en la
'conversación de los mayores' como le dio la real gana. Yo me limité
a decir que tenía sueño y a echarme al suelo en el mismo sitio
dónde había estado sentada.
-¿Cómo
puedes echarte a dormir?-Me regañó el elfo. Últimamente no hacía
otra cosa, se había autodeclarado mi regañador oficial- estamos
tratando de decidir...
-Se te olvida
que yo ya sé que camino tomaremos, principito. Y en caso de haya que
votar algo Gimli puede hacerlo en mi nombre- contesté recordando la
discursión sobre Moria, después me hice un ovillo en el suelo y
eché mi capa por encima, incluso de la cabeza. Cerré los ojos
intentando imaginarme en Bali, tumbada en una playa de arena blanca y
caliente... pero el maldito viento no me dejaba disfrutar de la
fantasía, se colaba por cualquier rendija al descubierto que
encontraba trayendo un frío helador consigo. Pronto las palabras de
la compañía se perdieron en ése mismo viento, cual nana que me
arrullaba y me quedé dormida.
-Dama
Angie...- el enano me despertó al poco rato con inesperada
suavidad-Dama Angie...
-Gimli...
-Despierte mi
señora...-Gimli era el único que me seguía llamando así- hemos de
marchar. Se oyen wargos cerca, y dónde hay wargos hay orcos.
-Vale, ya
voy...
-Angie- esta
vez era Merry el que me llamaba. Me costaba abandonar Bali.
-Dejadles...
que vengan, que se confíen... acabaré con ellos con los ojos
cerrados...-Ni yo misma era consciente de la tontería que acababa de
decir. Escuché risas y a un elfo muy muy cabreado.
-Esto es
ridículo- Sentí como me elevaba en el aire como si... espera...
-¿Que
demonios te crees que haces elfo?-Cargó conmigo un par de metros y
luego le obligué a dejarme en el suelo mientras le oía quejarse
sobre cómo retrasaba a la compañía
-¡Te lo dije
Gandalf! ¡una mujer no hará más que retrasarnos!
-¡Cuidado con
lo que dices elfo estúpido! ¡No vaya a ser que me dé por rizarme
las pestañas con los pedazos rotos de tu precioso arco!
-¡No te
atreverás!
-¡Prueba a
molestarme un día que tenga la regla!-Sí, sí, topicazo donde los
haya, pero es que estaba muy cabreada-Además, ten cuidado barbie
porque entre tus quejidos y el pelo rubio platino empiezas a parecer
una... Por todos los Valar, ¡ni la maruja de Maite se queja tanto!
Más que
violento era cómico, yo ahí plantada, increpándole a un elfo que
me sacaba cabeza y media como aquel que dice, que tenía que bajar la
mirada para verme... El príncipe de Mirkwood no era el más alto de
los elfos, varios de los de Rivendel superaban fácilmente su metro
ochenta (entre los que se encontraban los hijos de Elrond y la propia
Giladar), y era un poco más alto que Aragorn y Gandalf pero apenas
se notaba la diferencia si no te fijabas bien. Y digamos que yo era
la media, entre la del elfo y la del maestro enano, más tirando para
la del enano que para la del elfo. Lo bueno que tiene es que cuando
empiezas a sentirte bajita miras a los hobbits y dejas de deprimirte.
-Si hubiera
sido un orco...
-¿Hubieras
sido un orco muy guapo, contento elfo? Ale, ya estoy despierta.
¿Podemos irnos?
-Te dije que
no le haría ninguna gracia, Legolas- me defendió el enano de camino
a una loma cercana con unos extraños círculos de piedras. Una vez
llegamos allí encendimos un fuego que espantó un poco el frío. Al
parecer a Gandalf le importaba ya más bien poco lo de llamar la
atención. Ahora que había abierto los ojos no sabía si podría
volver a cerrarlos. Me quedé despierta, hablando con Mithrandir
junto al fuego.
-¿Porqué
querías que viniera?- le pregunté a bocajarro cuando me pareció
que todos a nuestro alrededor se hallaban ya dormidos.
-Tengo una
extraña intuición contigo-musitó- Creo que es dónde debes estar.
-¿Eso es lo
que le dijiste a Berto?-el anciano sonrió, mostrando todos sus
dientes- El quería venir. Habría sido feliz al acompañaros,
incluso de estar enterrado en nieve hasta las orejas. Os tiene
verdadera admiración...
-Lo sé. Quiso
cambiar su lugar contigo, aunque más que por la alegría de tenernos
por compañeros intuyo que lo que le guiaba era el temor a perder a
su hermana mayor.
-No te pongas
sentimental ¿quieres?
-No preguntes
si no quieres respuestas.
-¿Respuestas?
Aún no me has dado ninguna...-contesté más concentrada en hacer
dibujitos en la tierra con una ramita que en las palabras del
mago-¿Porqué yo?
-Te he dicho
todo lo que sé- respondió el mago- No soy más que un Istar,
desconozco los grandes planes de los Valar, y más aún los del
propio Eru.
-¿Cómo sabes
que es su plan?
-Siempre lo
es... salvo raras excepciones. Aunque no creo que esas excepciones
sean tal, puede que lo parezca porque nos deja ser como somos... Pero
nada escapa a su conocimiento, porque él lo ve y lo sabe y lo piensa
todo.
-¿Y no sabes
que es lo que ha pensado Eru para mi?
-Puede que
tenga que ver con lo que puedes hacer por la compañía, conoces su
futuro y tal vez uno de nosotros necesite ser salvado. No dudo que tú
estarás ahí cuando llegue el momento- La mirada del anciano se
tornó grave por un instante- Ni siquiera tú eres consciente de la
magnitud de tu coraje, pues nunca has llegado al límite de ése
valor.
-¿Qué
demonios es eso? Ah bien, ahí lo tienes Gandalf: el límite de mi
valor.
Vi unos ojos
en la espesa negrura de los árboles, y al escuchar un aullido
helador Gandalf se levantó dando un respingo, vara en mano,
increpando al lobo. Pero el animal hizo caso omiso del mago, se
preparó para entrar de un salto en el círculo de piedras y cuando
estaba en el aire se oyó un zumbido y el lobo cayó todo lo grande
que era al suelo. Gandalf y Aragorn marcharon para comprobar que los
demás habían huido. Cuando volvieron, un muy enfadado Trancos
increpó al elfo con palabras que a pesar de ser élficas y todo eso,
no parecían nada agradables. Entendí palabras sueltas, algo así
como harnannen, ranco, y cû. Algún día tendré que
aplicarme en aprender, me da rabia no enterarme de esas cosas. El
principito se defendía con avidez, le replicaba a la velocidad del
rayo haciéndome ya imposible entender nada.
-¿No te da
rabia que hablen en élfico?-le susurré al enano que dormitaba a mi
lado.
-No hace falta
saber la lengua silvana para saber lo que dicen, mi señora.
-¿A no?
-Es obvio que
el elfo se está llevando una buena reprimenda por usar el arco sin
estar aún recuperado.
-Ah. Tienes
razón Gimli. No lo había pensado...-me di la vuelta para intentar
dormir pero aunque cerré los ojos no conseguí relajarme lo
suficiente. La posibilidad de que los lobos regresaran me mantenía
en vela y no sin razón.
Ya cuando se
acababa la noche, escuchamos de nuevo los aullidos. Gandalf ordenó a
los hobbits alimentar el fuego, de manera que la hoguera se hizo
mayor y emitía más luz. Vi como las sombras entraban en el círculo
de piedra, aunque no impunemente, pues Boromir y Aragorn ya se habían
cargado a unos cuantos. Gimli también se había lanzado a la lucha y
el elfo ya daba uso a sus dagas desde hacía un rato.
Frodo había
sacado a Dardo, pero como los demás medianos estaba cerca del fuego,
siguiendo las instrucciones de Gandalf. Vi por el rabillo del ojo
como uno de ellos escapaba al hacha del enano y se acercaba a
nosotros. Tomé una de las ramas de la hoguera y caminé con
tranquilidad hacia él. Estaba como esperándome, como si hubiera
estado esperando toda la noche, toda la vida para aquel
enfrentamiento. Ignorando los gritos de mis compañeros, saqué a
Undöméarel de su vaina y esperé. No era un lobo normal, no como el
que conocemos normalmente, al menos no como los del zoo. Era un
hiperhormonado gigante, de fauces enormes y colmillos del tamaño de
mi meñique. No apartaba de mi sus ojos rasgados, preguntándose cuán
fácil sería su presa esta noche. Todo fue sorprendentemente rápido.
Mi primer
pensamiento fue agacharme todo lo posible y clavarle la espada en el
corazón en medio del ataque, pero no me hacía mucha gracia. Primero
porque de no acertar en el músculo cardíaco iba a pasarlas putas, y
segundo porque no me tentaba la idea de quedar desprotegida a merced
de sus patas y tan cerca de sus dientes. Finalmente cuando se decidió
a abalanzarse sobre mí opté por apartarme de su trayectoria, y
según apoyaba sus patas delanteras en tierra firme le hundí a
Undöméarel en el costado con tal suerte que la espada atravesó el
espacio intercostal del animal y fue a clavársele en el pulmón. Un
aullido helador volvió a resonar en la noche, y antes de que pudiera
dolerse lo suficiente saqué la espada y me alejé de un salto pues
ya se volvía para atacarme de nuevo. Una flecha cruzó veloz por
encima de la hoguera. No iba a permitirlo, era mío, mi lobo, mi
prueba.
Muchas cosas sucedieron a la vez. El bosque estalló en
llamas y yo sentí un dolor punzante en el hombro al arremeter contra
el animal. Le embestí con las pocas fuerzas que me quedaban y aún
con lágrimas de dolor en los ojos, y tras evitar otro zarpazo que
sin duda habría dolido igual que el primero, con un movimiento
rápido degollé a la criatura. Había superado la prueba, pero no me
sentía nada bien por ello.
-¿Angie?-Todos
me miraban como si estuviera loca, toda cubierta de sangre, sudor y
tierra.
-¡Cómo te
atreves elfo!¡Era mi lobo!¡mío!-Legolas estaba pálido como una
hoja de papel y apenas podía artícular palabra.
-Lo.. lo
siento, yo... Angie...
-Mi señora-
intervino Gimli-¿os encontráis bien?
-Estate
quieta- me dijo Aragorn escrutándome el hombro. Casi había olvidado
que estaba herida... pero para ser la primera vez, un zarpazo en el
hombro no está tan mal ¿no? Hubiera sido peor perder la
cabeza...-Hay que sacar la flecha.
¿Flecha?¿qué
flecha? No era más que un... ¡maldito elfo! ¡Me había disparado!
¡A mí!
-¡Has
intentado matarme!-le grité a pleno pulmón
-No, yo... tú
te cruzaste y... fue un accidente... yo...
-¿Un
accidente? ¡Me has disparado! ¡Me has disparado y casi me matas,
elfo!
-Créeme,
todos lo hemos pensado alguna vez...-contestó Aragorn intentando
quitarle hierro al asunto- y como no te estés quieta...
-¿lo has
hecho por lo del brazo? Porque me disculpé, ¡te dije que lo sentía!
-Realmente
eres la reina del drama... Legolas, ¿puedes acompañar a Gandalf
para comprobar que se han marchado todos? No queremos más
sorpresas... Boromir, ¿puedes echarme una mano aquí?-Aragorn
empezaba a perder la paciencia. El de Gondor se acercó a mi y me
agarró fuertemente de los brazos impidiéndome cualquier
movimiento-No es más que una flecha y ni siquiera te ha llegado a
atravesar el hombro. En el fondo deberías dar las gracias de que
ésta sea la única herida que va a quedarte después de luchar con
un animal como ése.
-¡Oh,
sí!¡Muchas gracias elfo!
-Sam ¿puedes
calentar algo de agua?-Le pidió al hobbit- Esto va a doler...
-¿no?¿En
serio?-Al parecer no pillaron el tonito irónico. Cerré los ojos y
procuré no gritar, pero no lo conseguí. Poco a poco se fueron
apagando las voces de Boromir y compañía.
Harnannen:
Herido (sind.)
ranco:
brazo (sind.)
cû:
arco (sind.)
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