De
la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y
su regreso tras la guerra del Anillo
Disclaimer:
Todo le pertenece a Tolkien. Todo. Incluso el honor de ser la causa
del retraso en este capítulo: si no hubiera escrito lo que ocurre en
esta etapa del viaje, yo le habría cogido menos manía a las minas
de los enanos y por tanto habríais tenido la continuación antes.
Como no he recibido mensajes de qué hacer con el elfo... he decidido
que haré lo que me de la gana XD. Oh, ahora que me acuerdo... no
todo le pertenece a Tolkien... ¡qué cabeza la mía! Las letras,
melodías, etc. que se 'citan' en el capítulo pertenecen a Rubén y
Leiva, del grupo Pereza. Los títulos los pondré al final, por si
queréis escucharlas. Los míos, para variar, no le pertenecen a
nadie... sobre todo Angie, que por no pertenecer no le pertenece ni
al elfo..
7
los
ecos del sirannon
H/
Como lo tienes tú/ Caramelo/
Qué
alegría más tonta (Pereza)
El ruido
metálico que hacían las ollas y las sartenes al golpearse unas
contra otras me desespabiló un poco. Por el pesado caminar y el
pelaje espeso que adiviné a tientas con la palma de la mano, yo
diría que era el lomo de Bill sobre lo que iba recostada. Pero me
pudieron la vaguería y la malicia, y como el acompasado ritmo con el
que movía los cuartos traseros era muy relajante, cerré de nuevo
los ojos en un intento de parecer aún inconsciente y descansar un
ratito más. Como si supiera de mis intenciones, se paró en seco
haciéndome caer.
-Ouch! Mald...
perdón Bill- No me convenía ponerme a malas con el animal ni con el
dueño, o al menos eso era lo que me repetía a mi misma una y otra
vez para no gritarle toda clase de improperios al maldito poney...
¿No sabría Bill leer el pensamiento? Tal vez por eso Sam pensaba
que podía hablar... a lo mejor era telequinético como la Dama
Blanca... me temo que no debí haber juzgado al hobbit tan pronto.
Qué de
gilipolleces me dan por pensar cuando estoy en shock... ¿un poney
telequinético? Probablemente el golpe me haya afectado a la cabeza.
Al intentar levantarme un dolor se me extendió por el hombro.
Maldito elfo psicópata y maldita flecha. Me puse en pie con lágrimas
en los ojos y un montón de hobbits a mi alrededor preguntándome
cosas. Ah, no... que están repetidos, es que ahora resulta que lo
poco que veo lo veo cuádruple, bien, bien... mi día mejora por
momentos.
-¡Angie!-gritó
uno de los Merry muy asustado demasiado cerca de mi oreja, haciéndome
entender que era el verdadero-¿Estás bien?
-Si,
sí...-Cerré los ojos fuertemente y agité la cabeza de un lado a
otro rezando para que lo que quiera que se hubiese escacharrado
dentro volviera a funcionar pronto.
-Si sigues
caminando con los ojos cerrados te caerás.
-Me gusta el
riesgo- le contesté divertida a Frodo-¿Dónde está mi capa?
Empezaba a
tener frío. A pesar de que habíamos dejado bastante atrás la nieve
de Caradhras, no había conseguido entrar en calor y ahora que el sol
de estaba yendo menos. Y en cuanto a hablarles de mis 'poderes
muplicadores' decidí que de momento mejor no hacerlo... que lo mismo
se piensan que estoy loca... o enferma... o tremendamente aburrida.
Pippin debió tomar ejemplo porque al rato escuché un quejido y a
Merry riéndose de su compañero por estamparse contra un árbol.
-¡Por Eru!
¡Dama Angie, quiere abrir los ojos!
-Lo haré
porque me lo pides tú Gimli, deja a Eru tranquilo que bastante tiene
ya con lo que tiene- abrí los ojos y sonreí al enano que por suerte
era uno e iba a la cabeza del grupo. Jo, había perdido mis
superpoderes... Dejé atrás a los hobbits y a Gandalf que intentaba
darle lecciones al mediano sobre seguir los pasos de cierta dama
rebelde, y caminé junto a Aragorn, el elfo y el enano con la
esperanza de que me ayudaran en mis averiguaciones - ¿Alguien sabe
donde demonios está mi capa? Me estoy pasmando de frío...
-La guardé,
conviene que la herida respire- contestó Trancos y acto seguido alzó
la mano y me aparté- Sólo voy a tocarte la frente... para ver si
estás enferma, Angie.
-Pues no seas
tan brusco ¿quieres?, creí que ibas a darme un sopapo...
-¿Porqué?
-Ah, no sé.
Yo que sé. ¿Me devuelves mi capa?
-No
deberías...
-¡Hay tantas
cosas que no debería hacer! ¿Si te prometo que la dejaré destapada
me la darás?
-¿Cómo?
-Menos
preguntas y más respuestas...- Aragorn me tendió la prenda y yo
casi se la arranqué de las manos-¿Te importa sujetarme esto un
momento?
El elfo me
miró incrédulo, como si el que estuviera pidiéndole ayuda fuera
una trampa maléfica de algún tipo. ¿Porqué le parecía tan raro?
Era él el que me había jodido el hombro ¿no? En el último momento
asintió y cogió la esquina que le daba. Yo agarré la opuesta de
manera que al separarnos un poco quedó entre ambos un triángulo
verduzco. Giré sobre mis talones y tomé la esquina del elfo, de
manera que la capa quedó como había prometido lejos de mi hombro
malito, como si de un mantón de manila se tratara.
-¿Ves?-sonreí-
el que sea guapa no está reñido con que sea lista. O con el que
tenga frío si a eso vamos.
-¡Gimli!-
gritó Boromir unos 20 metros por detrás nuestra-¿Tanta prisa
tienes por llegar a Moria?
-Si supieras
lo que nos espera también tendrías prisa... rugientes hogueras...
carne asada y la mejor cerveza que jamás hayas probado.
-¡De nada te
servirá todo eso si pierdes al portador!- gritó intentando reducir
distancias- y en cuanto a ti, señorita... te he guardado una cosa.
Cuando estaba
a unos metros escasos se paró y rebuscó entre sus bolsas. Sacó un
par de manzanas rojas que me tendió para que las cogiera.
-¡Eres mi
héroe Boromir!- le abracé pero pronto me resentí del hombro. No
recordaba cuanto hambre tenía hasta que las tuve al fin en mi mano.
-¿Porqué él
es Boromir y a mi me sigues llamando principito?
-Porque él no
ha intentado matarme ¿te parece bien, elfo? Vamos...-seguimos a
Gimli que ya había comenzado otra vez la marcha.
-¿Te duele
mucho?-me preguntó el de Gondor.
-Nah... sólo
me quejo para hacerle sentir culpable-sonreí todo lo que pude, pero
creo que no logré engañarle. Lo que no iba a hacer era quejarme
como una niñita. Pronto nos adelantaron Trancos y Legolas, y Gandalf
y los hobbits no tardaron en seguirles. Volvíamos a ir en último
lugar cuando a Boromir se le ocurrió una genial idea. Se acercó a
Bill y volvió con un odre de cuero oculto bajo la capa.
-Un remedio
para aliviar el dolor.
-¿El miruvor
de Gandalf?- reí tan alto que los demás nos miraron y bajé la
voz-¿le has mangado el vino al mago?¿Sabes lo que te hará si se
entera?
-No va a
enterarse... das un chupito para que te adormezca el hombro y lo
devolvemos...
La idea, en
principio y sólo en principio, era buena. Y sólo lo fue en
principio porque no sé cómo, al final acabé bebiendo más de la
cuenta. No es que sepa exactamente cuanto fue porque esa parte la
recuerdo un poco borrosa. Empecé sintiendo calor, tanto que me
sobraba la capa que había estado reclamando minutos antes. Boromir
se ofreció a guardarla y ocultó el odre de nuevo donde estaba. Para
cuando llegamos a las puertas ya se me había subido el alcohol a la
cabeza.
-Yo he oído
las dos cosas- intentó terminar Gandalf con la eterna riña de a qué
raza se debía el debilitamiento de la amistad entre elfos y enanos.
-¡Claro que
no, Gandalf! ¿Acaso no sabes de quién es la culpa? La culpa va a
ser MÍA. Por cargarme a un elfo y a un enano que no hacen más que
discutir estupideces... ¿Qué importa ahora eso? Es más, es
probable que la culpa sea de ambos... ¿no conocéis el refrán ése
de que dos no pelean si uno no quiere?- Dije en un intento peculiar
de mediar entre ambos- Además, no son más que tonterías. No tienes
más que mirar a tu alrededor. Yo me atrevería a llamar amigos a
éstos dos ¿no te parece un comienzo prometedor?
-Si, bueno...
-Pues ya está.
¡Menos discutir y más buscar puertas! ¡y yo a despedirme del
burro!
-¡Es un
poney!-se quejó Sam
-Lo siento
Bill- Abracé al poney por el cuello ignorando al ofendido hobbit- lo
siento mucho Billy Bill... has sido un gran compañero, de verdad...
mejor que alguno con dos piernas incluso... tu no intentaste matarme,
lo cual agradezco...
-¡Hey!- se
quejó el elfo
-y me llevaste
encima cuando estuve malita... te echaré de menos Billy Bill... pero
no te preocupes, que iré a verte a La Comarca si Aragorn me deja,
claro... así que si no voy ya sabes porqué es... y no tengas miedo
en el camino... ¿sabes? Conozco el futuro y te digo que estarás
bien. Ale, Sam, todo tuyo. ¡Yay! Un escenario...
¿Sabéis el
momento ese de plena inconsciencia en el que te da por despertar a
los vecinos de toda la manzana a grito pelado? ¿sí? ¡Pues en ése
punto estaba! Corrí hacia el muro y subí por una rampa hasta que ya
no hubo cuesta. Estaba en una especie de arista gruesa, un pequeño
mirador improvisado, y como hacía mucho que no hacía el gilipollas
me puse a cantar cual gato en secadora, y a bailar unas danzas
'modernas' (lo que viene a ser pegar saltos y mover el pandero, vaya)
que mis compañeros no entendieron demasiado bien.
-Soy como tú
estás, soy como te sientas, soy Satanás, soy la Cenicienta. Soy una
bala, soy un tirano, soy malo malo. Soy un aprensivo, me sigue la
enfermedad, soy un tío vivo, soy un tipo de verdad. Soy caro cuando
hay vicio, soy igual desde el principio y hasta el final...
-¡Baja de ahí
Angie!
-Soy el
capitán de mis cosas, vivo siempre a tu lado sin estar contigo. Es
una deuda que nunca pago, soy vago vago. Soy un torbellino, nada me
puede parar, soy un fugitivo, todos me quieren cazar...
El propio
Aragorn subió a buscarme y al ver que no quería bajar me agarró
cual saco de patatas y me bajó de nuevo al suelo.
-Jo, pero me
aburro... ¡como echo de menos mi iPod! ¡Boromir! ¡No juegues con
el agua si no quieres que nos ataque un calamar gigante!-Les aconsejé
que se pusieran cómodos porque iba para rato. Yo por mi parte me
medio tumbé en una roca, cerré los ojos y empecé a susurrar para
no molestar a Gandalf, que se había pegado al muro y le susurraba
palabras de amor- No me quieres ver ni en broma, en broma te digo
quiéreme, como una apisonadora arrasas todo lo que ves... caramelo,
me gusta tu pelo...
-¡Mirad!-dijo
Gandalf al fin- ¿veis algo ahora?
-¿El qué?
-Ithilien...
la cosa esa-dije en un plan sabelotodo insoportable- que solo
refleja la luz de la luna y las estrellas...
-y que duerme
hasta que alguien dice las palabras y lo toca... pero es ithildin,
no Ithilien.
-Es ithil
algo. Qué más da...-empezaba a cansarme.
-¡Son los
emblemas de Durin!- dijo el enano alegre.
-Y el árbol
de los altos elfos-contestó Legolas más extrañado que contento.
-Y blah, blah,
blah... ¿Quieres saber lo que pone Frodo? Habla, amigo, y entra.
¡Mellon!- dije ya harta haciendo que se abrieran las puertas
de piedra.
-¿Qué es lo
que hablamos de no intervenir Angie?
-No, hablamos
implica que los dos participamos en la conversación. Lo tuyo fue un
monólogo. Y lo siento pero los he escuchado mejores. Se me estaba
quedando el culo helado de esperar a que te decidieras a buscar la
contraseña. Además lo único que os habéis perdido son horas y
horas de búsqueda infructuosa, un comentario nada apropiado sobre la
cabeza del pobre Pip y un encuentro con un bicho la mar de feo...
-¡Mírame!-
me ordenó el mago. Me paré frente a él y le miré a los ojos, unos
ojos grises y de mirada profundamente vieja. Como si hubieran visto
muchas cosas, demasiadas en realidad... Había visto al mundo crecer,
convertirse en lo que es ahora, y lo que ahora veía...-¿Estás
ebria Angie?
-No, es la
emoción- mentí intentando no reírme
-Has tomado de
mi odre ¿no es cierto?- Aragorn buscó el vino del mago y se lo
acercó.
-Yo...- empezó
a explicarse Boromir
-Es que me
dolía el hombro. Por eso lo tomé. Nadie más.
-Deberías
habérnoslo dicho, Angie- dijo Trancos- has tomado suficiente como
para tumbar a un troll de tamaño medio...
-¡Y yo sigo
en pie!¿Eso no te dice algo?-contesté orgullosa-¡Ahhhhh!
El maldito
calamar había asomado antes de tiempo sus feos tentáculos, me había
enganchado el tobillo y me zarandeaba de un lado a otro como si el
cabrón intentara deshacerse de mí, como el que pisa una cagada de
perro y trata de limpiarse el zapato.
-Joe...
¿porque me toca siempre a mi? ¡se supone que tenías que coger a
Frodo, cara pulpo!
No sé si me
entendió o simplemente dejó de agitarme para comerme mejor, tal vez
ya me pensó que ya estaba bien mezclada porque me dejó cabeza abajo
a un par de metros sobre agua. Legolas olvidó las 'recomendaciones'
del montaraz y usó de nuevo su arco, dándome más miedo que alivio.
Boromir y Trancos se abrieron paso entre los tentáculos, a pesar de
que mis gritos de que se alejaran. Aragorn intentó agarrarme pero
estaba demasiado alto. El maldito calamar sacó del agua a los
hombres a golpe de tentáculo. Otra sacudida. Si no era el calamar
iba a ser la gravedad la que me dejaría en ridículo... Maldito
Newton... apenas veía con la camiseta en la cara.
-¡Has elegido
muy mal al pescadito!¡Precisamente hoy me apetece pulpo a la
gallega!-Grité con todas mis fuerzas intentando distraerle mientras
le hacía un nudo a la camiseta, que no era plan de ir enseñando más
de lo necesario- ¡Me he leído Moby Dick algo así como 8 veces y tú
eres mucho más pequeño que un cachalote!
-¡Quieres
dejar de cabrearle!- me gritó Aragorn que luchaba por entrar de
nuevo en el agua.
Desenvainé a
Undómeärel tan rápido que pensé por un momento que se había
rasgado la vaina, traté de cortar el tentáculo que me sostenía
pero sólo conseguí pincharle y cabrearle más. Hasta que de un
golpe rápido en el brazo (lo cual tiene su mérito porque era el del
hombro malo y me dolía una barbaridad a pesar del miruvor)
perdí mi espada, que fue a caer no lejos de dónde Boromir luchaba
por abrirse paso. Y pensar que desde lo del pulpo Paul me habían
empezado a caer bien los cefalópodos...
-Maldito
bicho...- agarré a Gilraen y cogiendo impulso agarré el tentáculo
a la altura de mi tobillo y con un golpe seco lo partí en dos.
Dolerle le dolió, porque soltó un gruñido que oyó hasta en las
cavernas más profundas de la mina, y yo caí por fin al agua.
Aragorn aprovechó entonces para agarrarme de los brazos y tiró de
mí hasta dentro de la montaña, arrastrándome casi en contra de mi
voluntad. Aún no había matado al bicho y seguí gritándole desde
dentro. Legolas y Boromir no tardaron en seguirnos, llevando consigo
a Undómeärel. Dicen que el alcohol te suelta la lengua y aniquila
el sentido común... porque acabas a ostias con un tío más grande
que tú por cualquier tontería. Obviamente no era mi caso...
-¡Amigo!- le
grité entre risas en un último intento de cabrearle, en homenaje al
personaje más cautivador que he llegado nunca a conocer- ¡siempre
recordarás este día como el día en que casi te comes a Ángela
Montes!
El pedazo de
monstruo marino echó la puerta abajo dejándonos a todos dentro.
Todos me miraban pasmados y al fin, viendo que no podía ir a ninguna
parte, Trancos me soltó.
-¿Contenta?
-Sip- contesté
para desesperación de todos, extremadamente orgullosa de mí misma.
Envainé de nuevo a Gilraen y tomé a Undómeärel de las manos del
de Gondor. Estaba tan cansada que no podía ni con la espada y al ir
a buscar ropa seca la punta arrastraba por el suelo de tierra... pero
aún así canté algo que me venía a pelo- Qué alegría, que buen
día, qué bueno tenerte. Qué bien estoy, quién me lo diría...
la
camara de mazarbul
Había
sido una noche horrible. Y lo dice una experta en noches horribles y
movidas. Tras el incidente de las puertas, Gandalf nos había guiado
a través de pasillos interminables de bóvedas altas y talladas con
esmero, a través de escaleras imposibles de distinguir en la
oscuridad y de agujeros excavados en la roca desnuda de un tamaño en
los que apenas cabía un hombre pequeño... y durante todo ese tiempo
sólo le vi dudar de verdad frente aquel arco. Normalmente vacilaba
un rato y consultaba al enano, pero esta vez sabía que ni Gimli
podía ayudarle a decidirse por uno de los tres caminos posibles.
Harto y cansado, nos confesó que ya sospechábamos: que no tenía ni
idea de por donde tirar. Fue entonces cuando Pippin encontró la sala
a la izquierda del arco. Era lo en tiempos hubiera sido una sala de
guardia, suficientemente grande como para albergarnos a todos con lo
que terminamos pasando el resto de la noche allí. Estabamos tan
cansados que nos limitamos a desenrollar las mantas cerca de las
paredes sin decir esta boca es mía. Una vez instalada entre Aragorn
y el elfo (no sé porqué el montaraz quería tenerme bien cerca...
acaso temía otra incursión entre las pertenencias de su amigo el
mago) me arropé hasta las orejas porque los efectos del vino de los
elfos empezaban a desaparecer y ya empezaba a sentir el bajonazo. No
llevaba cinco minutos tumbada mirando el techo, cuando empecé a
sentir el ácido clorhídrico de mi estómago subir como la espuma
por mi esófago. Me levanté de un brinco, sobresaltando a mis
compañeros, con tan mala suerte que me enredé con las mantas y caí
de nuevo al suelo. Ignoré a los que me preguntaban si estaba bien, y
salí escapada hacia la puerta casi atropellando a Gandalf, que hacía
anillos de humo sentado en el suelo. Corrí por el pasillo de en
medio que era recto y cuando ya no podía aguantar más...digamos que
volví a ver mi primera papilla. Y la segunda. Y la sopa de ayer...
-¿Estás
mejor?-Me preguntó Gandalf sonriendo, como si el echar la pota fuera
el castigo por haberle mangado el alcohol.
-No-contesté
molesta. Volví a las mantas pero no me acosté aún. Tomé un sorbo
de agua y me enjuagué un poco la boca con él para quitar el sabor
que se me había quedado.-Hace falta más que un par de traguitos de
un vino de elfos para dejarme KO... cuando fui a La Habana con Maite
hicimos un concurso de beber mojitos y la gané por goleada, me los
tomaba de cuatro en cuatro. Y en mis buenos tiempos podía beberme yo
sola una botella entera de vodka.
Volví a
enterrarme en mantas para espantar al frío, y con menos suerte los
dolores de cabeza que me estaban matando. Recordé la serie ésa de
la BBC... ¿dónde coño está la protagonista de 'Lost in Austen'
cuando te hace falta un paracetamol?¿Porqué a Berto no le había
dado por meterme en el equipaje algún ibuprofeno en vez de tanta
maldita cuerda? Intenté dormirme, pero se quedó sólo en intento.
-Gandalf-
supliqué cuando vi a los hobbits preparar los cacharros para su
primer desayuno- vayámonos... Ya hemos perdido demasiado tiempo
intentando dormir. Podremos desayunar una vez fuera si nuestra
estancia aquí abajo logra pasar inadvertida...
-¿Alguna vez
has intentado privar de un desayuno a un hobbit?-Me dijo el mago
divertido-Te animo a que lo intentes y si lo consigues los demás
estaremos felices de partir ya... no eres la única a la que le ponen
nerviosa las minas, yo mismo no he podido pegar ojo en toda la noche.
-No son las
minas lo que me ponen nerviosa... o al menos no me desagradan del
todo. Si estuvieran iluminadas y libres de orcos las adoraría...
incluso pensaría el venir a vivir a Moria, pero ahora las encuentro
frías, oscuras y claustrofóbicas- contesté recogiendo mis cosas-
Al menos podemos avanzar un poco antes del desayuno, hacia algún
lugar que no esté tan desprotegido. La cámara funeraria está
cerca.
Por suerte
Gimli estaba entretenido con el elfo y no oyó mi comentario. Como si
pudiera leer mi mente el mago negó con la cabeza, como si supiera
acerca de mis dudas sobre si decírselo al enano y no recordara la
estúpida norma de no intervenir que me había impuesto. Gimli se
enteraría cuando tuviera que enterarse, y por otra parte no me
hubiera gustado darle tan funesta noticia. La expresión de Gandalf
se volvió severa y el tono de su voz sombrío, y finalmente
consintió en hacer lo que le había pedido. Habló con Legolas y
Aragorn aparte y yo corrí a darle la terrible noticia a los hobbits
de que el desayuno tendría que esperar.
Tal vez lo más
inteligente hubiera sido no aparecer por esa cámara, evitarla o
partir en otra dirección. En tal caso, he de decir que en ése
momento me pareció lo mejor... después de todo era lo que debía
pasar, y si convencía a Gandalf de ir por otro camino puede que nos
perdiéramos y no saliéramos nunca de Moria.
-Quizás
deberíais plantar el campamento en aquella esquina- le dije a Sam-
es la más lejana a la puerta y la más segura.
Y también la
más alejada del pozo. Gandalf seguía examinando las palabras
escritas, era una especie de registro. Pero obviamente yo ya lo
sabía, asi que me puse a investigar, a analizar la sala desde todos
los ángulos posibles. Era una sala rectangular con una única
puerta, un ventanuco por el que se colaba algo de luz y el famoso
pozo. Tres puntos de entrada/salida. Tres posibles planes de huida.
-Angie...
-¡Qué! ¿no
era esto para lo que me habías traído? Pues si puedo ahorrarle unos
cuantos moratones a Frodo lo haré!
-Gracias-
contestó el portador un poco confuso. Me arrodille para estar a su
altura y miré a los ojos traviesos de Pippin. Tenía que asegurarme
de que su curiosidad no nos causara problemas... puede que tenga que
suceder así, pero no me apetece nada luchar con orcos de verdad.
-Ahora... mi
querido, queridísimo Pip. Realmente te he cogido cariño en lo que
llevamos de viaje...
-Yo también
Ange. ¿Puedo llamarte Ange? Una vez oí que Paula te llamaba así...
-Claro que sí,
ya eres de como de mi familia Pip- contesté sonriendo- por eso sé
que te puedo decir lo que te voy a decir sin que te moleste... de
hablarte como hablo a Alberto o a Leire...
-Por supuesto,
Ange.
-¿Ves ese
pozo de ahí?
-Sí, claro.
-Bueno,
pues... como te le acerques te tiro dentro- Gandalf casi se atraganta
con las gachas de la emoción.
-No asustes a
joven Tuk, Angie- Me regañó Trancos
-¿Acaso he
sido muy ruda? Lo siento, lo que quería decir es que admiro tu
curiosidad pero... a veces... complicas las cosas un poquito...
-No me
acercaré al pozo...
-Gracias...
y no es que no me fíe de tu palabra, confío en tí plenamente... lo
sabes ¿no?-entonces me dirigí a los otros tres medianos- pero por
si acaso les voy a ofrecer esto a Frodo, Sam y Merry a cambio de que,
por si alguna casualidad ajena a tu control te acercaras a ese pozo
te alejen de él, aunque sé que no va a hacer falta...
-¿Qué es
eso?
-Las últimas
hojas de Valle Largo que quedan por aquí.
-¡Eh! ¡Son
mías!
-Considéralo
un servicio a la comunidad, Gandalf.
-¡Dedos
largos!
-Parece que te
juntas demasiado con saqueadores. Aunque la pregunta interesante
sería como logré meter mis largos dedos en tu bolsillo. Pero no
ahora, no os he traído aquí para perder el poco tiempo que nos
queda.
-Y yo que
pensé que era para desayunar...
-No.
Solucionado el tema del pozo, creo que pondré en marcha el plan A.
He tenido una idea para salir de aquí, pero no diré nada de
momento, no vaya a ser que se joda.
Rebusqué en
mi mochila el resto de la cuerda, por suerte quedaba un buen montón.
Empecé a hacer nudos en la parte media y cuando consideré que eran
suficientes busqué una lanza entre los enseres de los enanos lo
suficientemente gruesa como para sujetarme pero lo más ligera
posible para que volara con facilidad.
-A ver...
necesito un arquero- dije atando lo más fuertemente que pude la
lanza delante de los nudos y sin llegar al final de la cuerda. El
principito dejó su desayuno en el suelo y se puso a mi lado-¿Estás
de coña?
-Dijiste que
necesitabas un arquero. Soy el mejor de mi pueblo y el único elfo de
por aquí.
-Sí, un elfo
psicópata, ¿acaso tengo que recordarte lo que pasó la última vez
que tomaste un arco? Porque eres precisamente la razón de que
necesite un arquero, mister 'soy el único elfo de por aquí'-
contesté molesta sacando un par de flechas de mi carjac y atándolas
al el extremo de la cuerda.- Aragorn, tú te criaste en Rivendel...
¿no te enseñaron los elfos a manejarlo?
-Sí, pero no
tengo ni de lejos la puntería de Legolas
-Tendrá que
valer. Sólo tienes que disparar hacia la luz e intentar que la lanza
salga por el agujero. No debería haber problema alguno porque va en
vertical... Plan B- Aragorn tensó el arco bajo la mirada atenta del
elfo y al segundo intento lo consiguió- Gandalf, si consiguiéramos
bajar un par de niveles ¿sabrías seguir?
-No, no lo
creo, y nos llevaría demasiado tiempo.
-Vale- admití.
Me estaba quedando sin ideas.- Entonces descartamos el pozo como
salida de emergencia.
Para entonces
Aragorn ya había conseguido lo que le había pedido. La cuerda llena
de nudos colgaba del ventanuco sujeta en la lanza atravesada.
-Pues si no
podemos ir hacia abajo... tendremos que ir hacia arriba- Me besé los
dedos índice y corazón y toqué el frío mármol de la tumba del
último rey de Moria- Lo siento Balin.
Me subí de un
salto a la tumba y acto seguido comencé a subir por la cuerda. No es
algo que se me diera bien, de hecho nunca me gustó la gimnasia ni en
el colegio ni fuera de él. Pero este viaje era un reto para mi en
todos los sentidos. El agujero se fue haciendo cada vez más estrecho
y pude apoyarme en las paredes.
-Baja ya...
-Vais a
abriros la cabeza, mi señora...
-No lo
creo-replicó el elfo- en su caso es tan dura como la roca...
-¿no confias
en mí, Gimli?
-no es eso mi
señora...
-Por aquí no
entro...- el agujero se había estrechado tanto que tuve que bajar
porque no podía avanzar más. En una de esas pise mal uno de los
nudos y caí. Por un momento pensé que la tumba de Balin iba a ser
también la mía, que iba a estrellarme contra la lápida y tendrían
que recogerme con bayeta. Por suerte los reflejos del principito eran
mejores que su puntería y me cogió al vuelo. La lástima fue que
tropezara y cayéramos los dos junto al pozo, provocando tremenda
escandalera. Gandalf soltó de todo por la boca y cuando parecía que
la calma no había sido perturbada sonaron los tambores. ¿Porqué
siempre son tambores?
-¡Quién se
atreve a perturbar el descanso de Balin, señor de Moria!
Se oyeron
risas al otro lado de la puerta. Olía el miedo de mis propios
compañeros, los hobbits estaban aterrados. No podíamos huir, pero
como había dicho Aragorn íbamos a hacer que temieran la cámara de
Mazarbul. Frodo le clavó la espada en el pie del orco que intentaba
entrar, mientras yo intentaba hacer un pacto con el enano.
-El troll es
el que más dolores de cabeza va a darnos Gimli, necesito que me
ayudes a acabar con él.
-Mi señora,
ni siquiera entre los dos podríamos con un troll de las cavernas- me
susurró
-Gimli, sé
que últimamente no he tenido muy buenas ideas... pero esta lo es.
Le expliqué
en que consistía mi plan, pero no dio tiempo a mucho más. Los orcos
estaban a punto de derribar la puerta. Aragorn tomó un arco del
suelo, que probablemente pertenecería a alguno de los enanos
difuntos, y se unió al elfo y a mi formando una primera línea de
defensa. Normalmente los arqueros no son los primeros en la línea de
fuego, pero teniendo en cuenta que la puerta aún aguantaba los
envistes y que las espadas poco podían hacer de momento, nos
adelantamos a Boromir y los demás. Tensé el arco y esperé, la
madera comenzaba a agrietarse y las hachas hacían su trabajo. No
pude aguantar más la presión a la que sometía mi hombro al tener
tensado el arco y disparé.
-Lo siento- me
disculpé. El principito me miró divertido y me preguntó si pensaba
disculparme con cada orco que matara- No hablaba con el orco,
almendruco...
Pero
ya no me oían, una lluvia de flechas cayó sobre lo que quedaba de
puerta. Los orcos no tardaron en inundar la sala y tuve que sacar mis
espadas porque ya no era lo suficientemente rápida con el arco. No
sé cómo describir la experiencia... desde luego no se parece a nada
que haya vivido antes. Tampoco tenía mucho que ver con los
entrenamientos de Boromir y Aragorn, no había técnica, era todo
supervivencia. Uno de los orcos se acercó a mi y se rió. Me soltó
algo que no pude entender muy bien, algo como que había encontrado
la puta o que viajaban con una puta o algo así. No le contesté,
dejé que Gilraern lo hiciera por mí. De un golpe seco y con una
fuerza terrible (que no sé de dónde diablos saqué, por cierto) le
corté la cabeza. Ni siquiera el partirle la columna me supuso un
problema. Los yrch dejaron
de reír pasmados, mojé mis dedos en su sangre y la unté en mis
mejillas como si fuera pintura de guerra. Con un grito me lazé hacia
mis agresores, espada en mano, con una furia incontenible. Sentí
como el corazón se me inflamaba de ira, odiaba a esos seres sin
razón aparente, a mí no me habían tocado aún pero ya era
personal. Oí pasos diferentes, más pesados y lentos.
-¡Gimli!- le
llamé. Ambos nos pusimos a sendos lados de la puerta y esperamos a
que el troll hiciera su aparición. Guardé las espadas y tomé un
hacha sobre la que reposaban aún algunos huesos.
Cuando el
troll entró le hice una señal al enano y nos abalanzamos sobre sus
tobillos. Golpeamos con furia los tobillos de la criatura hasta que
logramos cortar ambos tendones de Aquiles. Se oyó unos chasquidos y
el monstruo perdió el equilibrio y cayó todo lo largo que era,
golpeándose en la cabeza con el mármol blanco.
-La última
sangre de Balin...-dije mirando a Gimli con una sonrisa. El enano
asintió.
El
puente de khazad-dum
-Sí, es un
Balrog. Sí, no... no más preguntas. ¡Corred!
En
las películas, siempre me pareció que la escena en la que los
buenos esperan con paciencia y algo de nerviosismo la entrada del
malo era totalmente estúpida. Si te persigue un asesino en serie no
esperas a que atraviese la puerta motosierra en mano... directamente
sales pitando al oírla. Y allí estaban, la compañía al completo,
con los pies clavados al suelo y la cara desencajada del miedo. El
elfo directamente transpiraba terror puro, con los ojos cristalinos
clavados en la gran entrada al salón. A diferencia de nosotros, los
orcos fueron lo suficientemente listos como para pirarse. Viendo que
la luz reflejada en el muro se hacía cada vez más intensa y que no
tenían prisa por moverse, agarré al mago de la manga de la túnica
y tiré hasta que siguió mis pasos. Los demás no tardaron en hacer
lo mismo. Salimos del gran salón de altas columnas y nos internamos
en un pasillo que se hacía cada vez más angosto y estrecho,
provocándome algo de angustia. Al poco rato empecé a notar el
cansancio, se me puso un dolor en el costado y cuando me apoyé en la
pared de piedra para recuperarme sentí que estaba caliente. El
Balrog de Morgoroth estaba cerca.
-¡El puente!-
gritó Gandalf resoplando, el aire era cada vez más seco a medida
que avanzábamos. Se apoyó en la roca para descansar unos segundos.
-¡Boromir!-
El de Gondor se había adelantado y salió corriendo hacia el puente
con la esperanza de que los demás le siguieramos. Iba tan rápido
que al intentar esquivar la lluvia de flechas casi cae al vacío.
Llegué a tiempo para sujetarle, lo que hizo que casi cayéramos los
dos
-¡Angie!-
gritó Legolas, que salió detrás de mí, me agarró del cinturón y
tiró hacia si, impidiendo de esta forma que cayéramos al
precipicio. Lo que no impidió fue que de la inercia yo cayera sobre
el elfo. Estoy empezando a pensar que hay una fuerza electromagnética
entre el principito y yo, algo que hace que en cualquier situación
el elfo me haga de colchón.
-Volvamos al
corredor- dije antes de que nos cayera otra carga de flechas. Cuando
llegamos me dolí del hombro. El incidente me había vuelto fastidiar
la herida y se me debió de notar en la cara porque me miraron
preocupados. Hacía cada vez más calor y el techo empezaba a
derrumbarse- Esto es lo que vamos a hacer. Gandalf primero. Trancos y
Boromir ayudarán a cruzar a los hobbits, y Gimli irá con ellos.
Principito, tú y yo nos quedaremos atrás para darles tiempo.
Se me quedaron
mirando, aunque esta vez era en plan '¿quién se ha muerto y te ha
dejado a ti al mando?'.
-Sé lo que
estáis pensando, que vuestra vida depende de un elfo medio manco y
una amateur en prácticas con el hombro jodido... y sí, mi puntería
apesta pero al menos puedo acertarle a un orco relativamente cerca.
Además, no es negociable...
Mi discursito
pareció convencerles. El elfo y yo salimos y empezamos a disparar
flechas a diestro y siniestro mientras los demás dejaban el pasadizo
y corrían hacía el puente. Tensé el arco una y otra vez, con
lágrimas en los ojos, me dolía una barbaridad cada vez que
retrasaba el codo. Sin embargo el de Legolas silbaba con mucha más
frecuencia que el mío y la mayoría de las bajas fueron causadas por
su mano. Una vez cruzaron los demás, corrimos hacia el puente que se
caía a pedazos.
-¡Cuidado
pies ligeros!- le agarré de la cintura por detrás y tiré hacia mi
porque iba derechito al abismo-puede que camines sobre la nieve pero
dudo que puedas hacerlo sobre el aire...
Una roca cayó
de los niveles superiores y golpeó la parte del puente que había
entre Trancos y los demás y nosotros. La mala suerte hizo que al
contrario de lo que sucede en la película y en el libro, no nos
acercó a los demás si no que volvió hacia atrás. ¿Es que no iba
a salir nada a derechas?
-¡Largáos!-les
grité mientras rebuscaba en la mochila. El elfo seguía disparando a
todo orco que se movía. Agarré la cuerda que quedaba y até el
extremo a una de mis flechas-¡Gandalf! ¡Llévatelos!¡moved el culo
coño!
-¡No!-
respondió Aragorn-¡no vamos a dejaros aquí!
-¿Tengo que
recordarte que al que le prometiste protección fue a Frodo?-Le di a
legolas la flecha, me volví y le susurré- ¿ves al que está detrás
de Boromir? Arriba. Apunta entre los ojos y con fuerza suficiente
para que atraviese el hueso.
El elfo hizo
lo que le pedí, disparó al orco que se encontraba sobre el túnel
de salida, justamente entre los ojos. El cuerpo, ya sin vida, se
desplomó hacia atrás. Agarré la cuerda y se la tendí al elfo.
-Los
principitos primero-dije antes de que soltara el tan caballeroso como
cobarde 'las damas primero'
-¿por si
acaso se rompe la cuerda?
-No sé... ¿lo
discutimos con el Balrog?
Tomó
carrerilla y saltó hasta donde estaba Gandalf y compañía. Me lanzó
de nuevo la cuerda. Iba a ser divertido... como Tarzán pero sin
jungla.
-¡Jerónimo!-
Al otro lado Aragorn me esperaba con los brazos abiertos.
-Frodo no es
al único al que hice una promesa- me dijo en voz baja cuando estaba
ya en sus brazos.
-Realmente
eres una caja de sorpresas...- contestó el elfo tendiéndome la
cuerda, que había recuperado tras un par de tirones- Hithlain.
Regalo de la estrella de la tarde supongo, pues esta cuerda sólo se
encuentra en Lórien y no se la dan a cualquier forastero.
Nunca pensé
en todo el viaje que la soga de la que mi hermano me había llenado
la mochila tuviera nada de especial. Y ahora que lo sabía me apenaba
haber desperdiciado tanta. Nos pusimos todos en movimiento, pues
hacía cada vez más calor y eso sólo significaba una cosa. Y tenían
prisa los cabrones... incluso los hobbits me adelantaron.
-Ange! Corre!
Estaba muy
cansada, me dolía el hombro como no me había dolido en todo el
viaje, y con el aire seco me costaba respirar aún más. Pronto
llegamos al tristemente famoso puente de Khazad-dûm, cuando al fin
el Daño de Durin nos honró con su presencia. Sentí mucho calor en
la espalda. Hubo una llamarada fuerte que me hizo perder el
equilibrio y caer a mitad de camino.
-¡No puedes
pasar!- Gandalf se interpuso entre el demonio y yo. Hubiera
agradecido que en lugar de eso me hubiera echado una mano para subir
de nuevo, pero toda ayuda era bienvenida. Aragorn y Boromir corrieron
a socorrerme, me agarraron cada uno de un brazo y me subieron. Todo
sucedió muy rápido, Aragorn desenvainó pero era demasiado tarde.
-¡Gandalf!-Boromir
ciudaba de que Frodo no se acercara al mago.
-¡Huid
insensatos!
-Aragorn-Todos
los demás se habían marchado ya. Parecía estar en shock, así que
le agarré del brazo y le saqué de allí- Trancos...
Y así fue
como transcurrieron nuestros días en Moria, largos, tenebrosos y
finalmente trágicos. Y aunque yo sabía que no todo era como
parecía, no impidió que el sol se me antojara apagado y sin brillo
cuando al fin abandonamos las minas de los enanos. Definitivamente,
no había sido como la excursión a las minas de Riotinto.

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