De
la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y
su regreso tras la guerra del Anillo
Disclaimer:
Todos los personajes le pertenecen al señor Tolkien. Santa rehusó
hacer un cameo porque según sus propias palabras ahora mismo está
'un poco liado y los niños reales tienen preferencia sobre los
imaginarios' (con el consiguiente cabreo de Leire que se queda esta
Navidad sin regalo), pero que aún así como todo el mundo sabe le
pertenece a CocaCola. La letra y la música de 'Suspiros de España'
tampoco me pertenecen, y ahora no recuerdo de quién es... Sólo que
lo cantaba Estrellita Castro. Bueno, no creo que pase nada, no me
demandarán por un verso ¿verdad?. Los míos tampoco me pertenecen,
ni a mi ni a nadie porque son unos desconsiderados que hacen lo que
les viene en gana.
5
ho
ho ho
Además
es navidad: época de lavar trapos sucios, el panettone y los
anuncios de perfumes. Sí, ya lo sé, no debería importarme. Yo soy
de las que odian los centros comerciales, los gordos vestidos de rojo
y de las piensan que debería celebrarse en primavera porque Jesús
no nació en pleno Diciembre. Pero a pesar de no ser el periodo del
año que más me gusta... no puedo enfadarme con ella ahora. La
educación hiper religiosa de mi madre al fin asomaba su fea cabeza.
Había
sabido por Alberto que le había pedido volver a Lord Elrond, y que
hábilmente él la había convencido de quedarse en Rivendel hasta
recuperarse del todo. Con un poco de suerte habré vuelto para
entonces, y si no es así Alberto y Leire la convencerán por
conveniencia. La renacuaja de mi sobrina podría disputarse el título
de amiga de los elfos con el enano, y Al, bueno... es Al. Estaría
feliz de quedarse allí para siempre. Aún sigo un poco molesta con
mi hermano por no haberme contado lo del hospital. No parece entender
que me cabree el que yo estuviera viendo Mulan mientras ella estaba
en urgencias, a lo que le ha dado por responderme que yo era más
útil cuidando de mi sobrina. Ahora que lo veía ahí, con Leire
sentada en sus rodillas y jugueteando con un mechón de pelo me daba
cuenta realmente de cómo era. Cuando llegó le brillaban los ojos,
no podía ocultar la alegría que causaba Imladris en su corazón. No
me había parado a pensar lo que significaba para él, un enamorado
de la obra, del autor, de todas y cada una de las criaturas, de los
paisajes y reinos, de la historia y las historias de la Tierra Media.
En cambio, los ojos que me devolvían la mirada desde el otro lado
del patio estaban faltos de ese brillo, esa chispa. La preocupación
nublaba su mirada gris: él sabía a lo que me enfrentaba y temía
que no pudiera soportarlo. No pude aguantarle la mirada por más
tiempo, porque había demasiada pena en ella y la desvié al que
tenía más cerca. Aragorn esperaba sentado en la fría piedra con la
mirada perdida, pensando en dios sabe qué... tal vez le afectaba
dejar a Arwen de nuevo, o quizás Tolkien tenía razón y le costaba
aceptar su destino.
A
pesar del cabreo inicial con todo ese feo asunto de la agresión y
todo eso, la princesa de Rivendel ha resultado ser mejor amiga de lo
que llegué a pensar en un principio. Incluso a apurado estos últimos
días, sacrificando tiempo con su montaraz para pasarlo conmigo. En
ocasiones Aragorn se nos unía, e incluso a veces invitaba
amablemente a Gimli y al príncipe Legolas a nuestros paseos con la
esperanza de que me hicieran de niñera un rato y perderse con la
estrella de la tarde entre los bosques. A mi no me importaba
demasiado, ver al elfo y al enano discutiendo de temas variados era
entretenido. Pero no ahora, la alegría y el buen humor parecen
querer escapar al día de hoy. Sí que había sido un día gris y
triste... hasta que a Boromir le dio por tocar el cuerno. Me pegué
tal susto que di un bote en el muro donde estaba sentada y casi caigo
sobre el enano. Por suerte Gimli se percató (o se asustó, aunque no
sé si los enanos le temen a algo) y se apartó por si acaso.
Elrond
regañó con buenas palabras la temeridad del gondorita, y digo bien
temeridad, porque si me hubiera pillado un poco más despierta le
pongo el cuerno de sombrero. Mucho me había costado introducir la
siesta allí dónde no entendían porqué tenía que dormir por la
tarde, pero a los medianos les entusiasmó y en seguida se pusieron a
ello echándole ganas para mantener la tradición de mi país.
Hablando de los hobbits... nunca pensé que algo pudiera medrar su
ánimo, pero estaban muy callados. Salvo Sam, que curiosamente con el
que hablaba era con su poney (claro... como la Angie se fuma el polvo
del colacao como si fuera chocolate... luego soy yo la que está como
una regadera...). El pobre Bill ponía cara de no entender ni papa,
pero Sam seguía hablándole, convencidísimo de que se había
ofrecido a acompañarles. Eso sí, con la mirada, que las miradas de
Bill eran más elocuentes que cualquier discurso de Pippin, pero por
todos los valar... ¿de que agujero le habían sacado?
-Podrías
quedarte aquí y comerías heno mejor, hasta que crecieran los nuevos
pastos...-Bill se limitó a mover un poco la cola, en mi modesta
opinión, en señal de que le importaba una mierda lo que el mediano
le decía. Sam se quedó mirándole, quizás esperando una
contestación, pero Gandalf llegó antes que las palabras de Bill, y
al final el que habló fue el señor de Imladris, en un
discurso corto pero intenso.
-He
aquí mis últimas palabras- comenzó diciendo. Y tomándolas al pie
de la letra fue lo último que le escuché. Estaba inmersa en mis
propios pensamientos. Después de haberle dedicado una mirada rápida
a cada miembro de la compañía, me automarginé en mi cabeza
intentando prepararme para lo que sabía que venía a continuación-
¡Adiós! ¡Y que las bendiciones de los Elfos y los Hombres y toda
la Gente Libre vayan con vosotros! ¡Que las estrellas os iluminen!
Pip
le dijo algo a Merry y ambos rieron. ¿Eso es que íbamos a esperar a
más entrada la noche? Tenía un nudo en el estómago que no sabía
si iba a aguantar tanto. Gracias a Dios, Gandalf echó a andar en
primer lugar.
-Ci
vediamo presto, principessa... -dije abrazando a mi sobrina- No
te preocupes, que si veo a Santa le diré donde tiene que dejar los
regalos.
-Intenté
convencer a Gandalf- me susurró mi hermano cuando nos fundimos en lo
que sería el más fugaz de los abrazos.
-No
te preocupes por mi, ¡mírame! Voy a volver- me separé un poco-
Cuida de ellas ¿vale? Y no les digas nada de los yrch.
Aunque
yo sabía que no eran los yrch los únicos que le preocupaban.
Noté como se tensaba, era una de sus peores pesadilla hecha
realidad: su hermana caminando derecha hacia las huestes de Mordor y
él sin poder hacer nada por evitarlo (la otra era toparse con una
Mord-Sith y que tras el entrenamiento se viera obligado a matarme, y
visto lo visto creo que hemos dado con el cuento apropiado, o al
menos en el que salgo mejor parada). Estoy segura que intentó por
todos los medios que Gandalf me sacara de la compañía y al no
lograrlo apostaría que se ofreció él mismo a ir en mi lugar... a
saber como había conseguido Mithrandir que se quedase. En parte me
alegré de que el mago no hubiera aceptado el intercambio, si mi
nivel físico no era espectacular, el de Berto era irrisorio. Gimli y
el elfo me esperaban en la puerta. Caminé hacia ellos cabizbaja. Tal
vez Paula se había olvidado. Sí, eso debía ser. O se había
quedado dormida.
-¡Hey
Pip!- le dije al mediano recuperando mi desparpajo habitual cuando se
rezagaron un poco, intentando que no se notara la tristeza que me
invadía- ¿de qué os reíais?
-De
la despedida del señor Elrond- contestó- es que cuando dijo lo de
'que las estrellas os iluminen' recordé el dibujo de tu espalda...
-Pues
como tenga que iluminaros yo vamos listos...
Y
así fue como abandonamos la ciudad de Imladris, con un sol
moribundo matizando las pocas hojas que quedaban aún en los árboles
de colores rojizos y haciendo brillar en tonos cobrizos cada rincón
del hogar de Elrond. El camino transcurrió tal y como lo narraba
Tolkien. Los días siguientes a la partida fueron duros, monótonos y
lentos, como si por más que nosotros lo deseáramos ellos no
quisieran a acabar nunca. El tiempo era horrible, el viento helado
soplaba de las montañas y no vimos la luz del sol en quince días.
Como viajábamos de noche terminé perdiendo la cuenta de los días,
y acabé adquiriendo la curiosa habilidad de dormirme en cualquier
sitio. Es más, yo creo que a veces hasta dormía mientras caminaba,
sin haber sido yo nunca sonámbula ni nada de eso.
Pocas
veces cundía el desánimo en el grupo, pero cuando lo hacía yo
ponía en práctica las palabras de mi abuelo. Él había luchado en
la guerra civil y me contaba que para cuando bajaba la moral lo mejor
eran los pasodobles. Así que allí estaba yo, tras quince días de
marcha, con los pies destrozados y arco en mano, marcándome unos
pasitos al ritmo de los Suspiros de España que tanto me cantó él
cuando era niña.
-¿Acaso
quieres que nos descubran?
-Vamos,
Gandalf... si desfallecemos ahora ¡qué dejaremos para Mordor!
-agarré al mago y le hice desengrasar la cadera, cantando casi en
susurros- Ay, de mi... pena mortal...
Algo
más animada que los días anteriores estaba, en parte porque el
tiempo había dejado de ser tan malo y aunque no hacía calor al
menos no hacía un frío de mil demonios. El viento ya no soplaba en
la región de Acebeda (tal y como Gandalf la llamó). Pip se lamentó
de que las montañas quedaran justo frente a nosotros, lo cual sólo
podía significar que habíamos variado el rumbo. Fue divertido ver
como Gandalf contestaba al mediano. Pippin era el único que poseía
la habilidad de irritar a Mithrandir, cosa que ni yo misma había
conseguido por mucho empeño que le pusiera. El señor enano empezó
a hablar de Baraz, Zirac y Shathûr cuando fue
interrumpido por la mismísima Amy Lee. Increíble pero cierto, el
'Going under' de Evanescence no dejaba lugar a dudas: me estaban
llamando. La parte extraña del asunto era algo que podría llenar
perfectamente un programa entero de Cuarto milenio, y es que mi
batería había muerto a los tres días de dejar Rivendel.
-¿Ange?
-¡Al!
¿Estáis bien?
-Sí,
muy bien- La voz de mi hermano sonaba como entrecortada... ¡Bastante
con que se oiga oye! Sin un maldito repetidor en toda la Tierra Media
debería dar las gracias-¿por dónde vais?
-Acabamos
de llegar a la región de Acebeda, antiguamente conocida como
Eregion, cuando los elfos vivían aquí ¿no, Gandalf?
-Caray,
ahí si que te aplicas...
-Es
lo que tiene recorrer las cincuenta leguas hasta aquí. Te podría
contar hasta de las piedras que había en el camino...
-Han
sido cuarenta y cinco-intentó corregirme Legolas
-Para
mí han sido cincuenta, tengo las piernas más cortas que tú, elfo.
-Entonces
yo debo de haber caminado sesenta-Rió el enano. ¿Es que siempre
tenía que quedar por encima?
-Siguen
siendo cuarenta y cinco, para ti, para mi y para Gimli. Lo único que
cambia es que yo las hiciera en menos pasos.
-Tiene
sentido-Mi hermano reclamó mi atención gritando mi nombre-Dime.
-¿Vais
de camino a Caradhras?
-Sí
eso creo-¿Me llamaba sólo para eso? Pues si lo sabe ¿para qué
pregunta?
-No
lo estropees- Me advirtió- a ver si por no tener que bajar el pico
les persuades de no subir.
-Me
ofendes, ¿cómo puedes decir eso?
-No
sé, ¿por tus suspensos en gimnasia?
-¿Me
llamas para regañarme?
-No,
para recordarte que todo lo que pasa en el libro tiene que suceder
¡Todo! ¡No intervengas! Ah, espera... Paula quería hablar
contigo... ¡Y no te separes de Aragorn!- se oyó un ruido sordo y a
continuación la voz de mi hermana mayor llamándome.
-¡Paula!
-¿Ange?
-Pau-
prácticamente ya no se oía, caminé buscando mejor cobertura, pero
nada- Perdóname, soy una idiota... soy estúpida, yo... ¿Paula?
Se
había cortado. Maldita sea, maldita... maldita sea. Arrojé el
teléfono al suelo con rabia y caminé un par de metros separándome
del grupo. Vi como a lo lejos Gandalf le daba las instrucciones a
Aragorn de hacerme volver, pero en lugar de Trancos fue Boromir el
que se acercó a mi. No dijo palabra alguna, el único sonido que
escuché fue el del acero al desenvainar su espada. El de Gondor no
me dio tiempo ni a respirar, por poco no esquivo la hoja de su espada
y tenemos un disgusto.
-Desenvaina.
-¿Qué?¡No!
Déjame en paz Boromir, no...
-Aprovéchalo.
-¿que
aproveche el qué?¿qué te he hecho yo ahora?- ¡uff! Otro lance que
por poco acaba mal- ¿Estás loco?
Al
final terminé sacando a Gilraern y a Undomëarel de sus respectivas
vainas porque sino iba a ensartarme cual palillo a aceituna rellena.
Los demás se marcharon dejándonos allí a solas. Sabía lo que
estaba haciendo... intentaba que descargara la agresividad en algo
productivo. Maldita psicología. A pesar de que la odio, tenía que
reconocer que funcionaba: lance tras lance comencé a sentirme mejor
hasta que hacia mediodía me lo estaba pasando hasta bien.
-Si
vuelves a enfadarte dímelo y continuaremos- me dijo cuando Frodo y
Sam vinieron a buscarnos para comer. Nos guiaron hasta el grupo de
acebos (lógico, si se llama Acebeda) donde aguardaban los demás.
Habían hecho un pequeño fuego y en él humeaba un cazo con una
especie de sopa dentro.
-¡Comida
caliente!
Corrí
con los ojos empañados de lágrimas de la emoción. No había
probado bocado a una temperatura razonable prácticamente desde que
partimos de Rivendel, y empezaba a cansarme de sopas frías, consomés
y muslos de pavo con los que podría cascar nueces (benditos hobbits,
llevaban las mochilas llenas de comida que nos duró días... lástima
que no fueran térmicas).
-¡Gandalf!-
le llamé, subiendo por las rocas hasta dónde se encontraba fumando
en su pipa- ¿Tu eres mago no?Arréglalo.
Le
tendí el teléfono con convencimiento, pero se limitó a mirarme
divertido. Se rió y me ignoró por completo volviendo a la
conversación que mantenía con Gimli. Cuando todos hubimos terminado
comer y tras haber recibido una paliza por parte de los medianos
Boromir y Aragorn hicieron la primera guardia mientras los demás
intentábamos dormir algo. Como no pude conciliar el sueño me puse a
discutir con Frodo de un tema que el mediano no dominaba muy bien.
-Te
digo que puede hacerlo-le dije en susurros.
-¿Cómo
va a recorrer el mundo en una noche?
-¡Pues
porque tiene renos mágicos, tonto! Y para no perderse usa la nariz
de Rudolph, que es roja y brilla...
-Ya...
seguro que sí.
-Eso
no puede ser- interrumpió Merry- ¡si se pudiera viajar tan rápido
con magia no haría falta que Frodo fuera al Monte del Destino!
Gandalf podría llevarlo sin problemas ¿verdad, Gandalf?
-Por
supuesto. Pero puede ser que la magia del mundo de Angie sea
diferente a la nuestra...
-Sí,
la de un mundo llamado imaginación..
-¿Decías
algo elfo?
-Que
ya que no tenemos renos mágicos de narices de colores, creo que
deberíamos dormir. No sabemos lo que nos depara la noche...-No había
acabado de pronunciar esas palabras cuando Aragorn vino a la carrera
y nos habló de los cuervos, para disgusto de Pippin que ya había
empezado a hacer sitio en su estómago para una suculenta cena. No es
que esperara un banquete, sino que comparada son las sopas frías que
veníamos tomando un conejo asado en la hoguera se consideraba
suculento aunque estuviera seco como un palo.
-¿Ves?
¡Eso nos pasa por burlarte de Rudolph!- Reí- Pero no os preocupéis
en exceso. Sólo son espías de Saruman.
-¿Solo?
-¿Preferiríais
que os dijeran que espían para Sauron?
-Tal
vez deberíamos buscar otro camino, una alternativa a la escalera del
Arroyo Sombrío.
-No-
contestó Gandalf al enano- el Paso del Cuerno Rojo está vigilado,
pero Caradhras es nuestra única opción de momento.
-Pero
Maese Alberto dijo algo de Caradhras-le discutió Pip pelando
una mandarina. ¿De dónde diablos sacaban los hobbits la comida? Se
suponía que la suya se había acabado hace días... ¿o no?
-No
tienes que hacer caso a mi hermano Pip... ten en cuenta que dice
muchas tonterías... igual me dijo que no me separara de Trancos...
-No
creo que eso sea ninguna tontería-me contestó el montaraz irritado
-¿En
serio?¿De verdad?¿Eso piensas? Porque puedo llegar a ser muy
molesta. Y ronco. Puedo tocarte un nocturno de Chopin si la
obstrucción es lo bastante... intensa. ¿Te irrita que hable de
mocos?¿no?
-Aragorn-
le llamó el elfo lanzándole una manzana pequeña. Trancos agarró
la fruta y la metió en mi boca con la esperanza de callarme de una
vez por todas.
-Mmm...
está buena, aunque tienes los modales de un príncipe elfo...
¿Sabes? En mi país se hace una bebida con el zumo fermentado de la
manzana. Se llama sidra y la mejor es la asturiana... y además se
sirve tal que así, se pone el vaso aquí abajo y se deja caer un
chorro de la botella desde arriba contra el borde y... Lo vais
pillando ¿no?
-¿Y
como logras que no se te caiga?-preguntó Pip realmente interesado.
-Con
práctica. Pero no era eso a lo que me refería.
-¿Nos
enseñarás cuando volvamos?
-Paula
lo maneja mejor que yo. Seguramente porque viaja más al norte y
tiene amigos allí. Yo es que soy más de playa...
Lo
que quedaba de día permanecimos ocultos y en relativo silencio. Hubo
quien aprovechó para dormir (como una servidora) hasta la puesta de
sol, cuando los crebain decidieron marcharse definitivamente de
Acebeda hacia el sur. Cuando el astro rey se hubo ido procedimos a
ponernos en marcha hacia el sureste, con la mirada puesta en el aún
lejano Cuerno Rojo. Otra vez volvíamos al camino, al silencio, al
frío que se calaba como cuchillos y al polvo. Aragorn, Gandalf y
Frodo iban en cabeza hablando de quién sabe que cosas. ¿De qué
pueden hablar un mago, un montaraz y el portador del anillo?¿de una
ducha caliente? Creo que estoy proyectando mis propias necesidades...
¿Para qué me había metido Al tanta cuerda en la mochila?¡Lo que
de verdad me hacía falta era un buen desodorante! ¡O un buen pedazo
de jabón, que también me vale!
-Pareces
distraída...
-Estaba
pensando... en que no encontrasteis a Gollum- mentí. El elfo suspiró
profundamente con la mirada perdida en los que iban delante
nuestra-Algún día tendrás que dejar de sentirte culpable por todo,
principito... te guste o no hay cosas que escapan a tu control.
-No
deberías hablar de lo que no conoces.
-Ilústrame
entonces- le miré a los ojos y supe que no iba a sacarle palabra
alguna respecto a ése tema- Su destino está tan escrito como el
vuestro y es bueno que no le encontrarais.
-¿Sabes
donde está?
-No.
Pero sé donde estará. Nos vigilará en... allí, en el lugar dónde
vamos, y nos seguirá-Uff! Casi meto la pata- Y debes dejarle que lo
haga. Sméagol tiene una misión del mismo calibre que la de la
compañía, Legolas. Más importante quizás.
-¿Qué
puede ser más importante que la destrucción del Anillo?
-Gollum
le mostrará algo a Frodo un camino. Gracias a él, podrá ver la
verdadera naturaleza del anillo y renunciará a él el tiempo
suficiente como para destruirlo. Y ya he vuelto a hablar demasiado en
verdad. Gandalf tiene razón en que no puedo cerrar el pico.
*Ci
vediamo presto, principessa: Nos veremos pronto, princesa.
*Yrch:
Orco
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