lunes, 7 de julio de 2014

'De la estrella' CAP 5

De la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y su regreso tras la guerra del Anillo


Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen al señor Tolkien. Santa rehusó hacer un cameo porque según sus propias palabras ahora mismo está 'un poco liado y los niños reales tienen preferencia sobre los imaginarios' (con el consiguiente cabreo de Leire que se queda esta Navidad sin regalo), pero que aún así como todo el mundo sabe le pertenece a CocaCola. La letra y la música de 'Suspiros de España' tampoco me pertenecen, y ahora no recuerdo de quién es... Sólo que lo cantaba Estrellita Castro. Bueno, no creo que pase nada, no me demandarán por un verso ¿verdad?. Los míos tampoco me pertenecen, ni a mi ni a nadie porque son unos desconsiderados que hacen lo que les viene en gana.

5
ho ho ho

Los últimos días de diciembre caían y morían como los primeros copos de nieve, que tras recorrer interminables millas se funden al contacto con el suelo. Nunca pensé que me costaría tanto abandonar Rivendel, me había acostumbrado demasiado a los elfos y aunque la perspectiva de dejar a mi familia allí era mejor que la de dejarlos en mi propio mundo, tampoco ayudaba demasiado. No había hablado con Paula desde la noche que volvimos y me dolía tener que dejarla así, sin la oportunidad de hacerlo. Sabía que debería disculparme, las múltiples charlas con Arwen me habían convencido de hacerlo, pero o no encontraba el momento o no quería encontrarlo, y el que ella me evitara no ayudaba nada a la causa.

Además es navidad: época de lavar trapos sucios, el panettone y los anuncios de perfumes. Sí, ya lo sé, no debería importarme. Yo soy de las que odian los centros comerciales, los gordos vestidos de rojo y de las piensan que debería celebrarse en primavera porque Jesús no nació en pleno Diciembre. Pero a pesar de no ser el periodo del año que más me gusta... no puedo enfadarme con ella ahora. La educación hiper religiosa de mi madre al fin asomaba su fea cabeza.

Había sabido por Alberto que le había pedido volver a Lord Elrond, y que hábilmente él la había convencido de quedarse en Rivendel hasta recuperarse del todo. Con un poco de suerte habré vuelto para entonces, y si no es así Alberto y Leire la convencerán por conveniencia. La renacuaja de mi sobrina podría disputarse el título de amiga de los elfos con el enano, y Al, bueno... es Al. Estaría feliz de quedarse allí para siempre. Aún sigo un poco molesta con mi hermano por no haberme contado lo del hospital. No parece entender que me cabree el que yo estuviera viendo Mulan mientras ella estaba en urgencias, a lo que le ha dado por responderme que yo era más útil cuidando de mi sobrina. Ahora que lo veía ahí, con Leire sentada en sus rodillas y jugueteando con un mechón de pelo me daba cuenta realmente de cómo era. Cuando llegó le brillaban los ojos, no podía ocultar la alegría que causaba Imladris en su corazón. No me había parado a pensar lo que significaba para él, un enamorado de la obra, del autor, de todas y cada una de las criaturas, de los paisajes y reinos, de la historia y las historias de la Tierra Media. En cambio, los ojos que me devolvían la mirada desde el otro lado del patio estaban faltos de ese brillo, esa chispa. La preocupación nublaba su mirada gris: él sabía a lo que me enfrentaba y temía que no pudiera soportarlo. No pude aguantarle la mirada por más tiempo, porque había demasiada pena en ella y la desvié al que tenía más cerca. Aragorn esperaba sentado en la fría piedra con la mirada perdida, pensando en dios sabe qué... tal vez le afectaba dejar a Arwen de nuevo, o quizás Tolkien tenía razón y le costaba aceptar su destino.

A pesar del cabreo inicial con todo ese feo asunto de la agresión y todo eso, la princesa de Rivendel ha resultado ser mejor amiga de lo que llegué a pensar en un principio. Incluso a apurado estos últimos días, sacrificando tiempo con su montaraz para pasarlo conmigo. En ocasiones Aragorn se nos unía, e incluso a veces invitaba amablemente a Gimli y al príncipe Legolas a nuestros paseos con la esperanza de que me hicieran de niñera un rato y perderse con la estrella de la tarde entre los bosques. A mi no me importaba demasiado, ver al elfo y al enano discutiendo de temas variados era entretenido. Pero no ahora, la alegría y el buen humor parecen querer escapar al día de hoy. Sí que había sido un día gris y triste... hasta que a Boromir le dio por tocar el cuerno. Me pegué tal susto que di un bote en el muro donde estaba sentada y casi caigo sobre el enano. Por suerte Gimli se percató (o se asustó, aunque no sé si los enanos le temen a algo) y se apartó por si acaso.

Elrond regañó con buenas palabras la temeridad del gondorita, y digo bien temeridad, porque si me hubiera pillado un poco más despierta le pongo el cuerno de sombrero. Mucho me había costado introducir la siesta allí dónde no entendían porqué tenía que dormir por la tarde, pero a los medianos les entusiasmó y en seguida se pusieron a ello echándole ganas para mantener la tradición de mi país. Hablando de los hobbits... nunca pensé que algo pudiera medrar su ánimo, pero estaban muy callados. Salvo Sam, que curiosamente con el que hablaba era con su poney (claro... como la Angie se fuma el polvo del colacao como si fuera chocolate... luego soy yo la que está como una regadera...). El pobre Bill ponía cara de no entender ni papa, pero Sam seguía hablándole, convencidísimo de que se había ofrecido a acompañarles. Eso sí, con la mirada, que las miradas de Bill eran más elocuentes que cualquier discurso de Pippin, pero por todos los valar... ¿de que agujero le habían sacado?

-Podrías quedarte aquí y comerías heno mejor, hasta que crecieran los nuevos pastos...-Bill se limitó a mover un poco la cola, en mi modesta opinión, en señal de que le importaba una mierda lo que el mediano le decía. Sam se quedó mirándole, quizás esperando una contestación, pero Gandalf llegó antes que las palabras de Bill, y al final el que habló fue el señor de Imladris, en un discurso corto pero intenso.

-He aquí mis últimas palabras- comenzó diciendo. Y tomándolas al pie de la letra fue lo último que le escuché. Estaba inmersa en mis propios pensamientos. Después de haberle dedicado una mirada rápida a cada miembro de la compañía, me automarginé en mi cabeza intentando prepararme para lo que sabía que venía a continuación- ¡Adiós! ¡Y que las bendiciones de los Elfos y los Hombres y toda la Gente Libre vayan con vosotros! ¡Que las estrellas os iluminen!

Pip le dijo algo a Merry y ambos rieron. ¿Eso es que íbamos a esperar a más entrada la noche? Tenía un nudo en el estómago que no sabía si iba a aguantar tanto. Gracias a Dios, Gandalf echó a andar en primer lugar.

-Ci vediamo presto, principessa... -dije abrazando a mi sobrina- No te preocupes, que si veo a Santa le diré donde tiene que dejar los regalos.

-Intenté convencer a Gandalf- me susurró mi hermano cuando nos fundimos en lo que sería el más fugaz de los abrazos.

-No te preocupes por mi, ¡mírame! Voy a volver- me separé un poco- Cuida de ellas ¿vale? Y no les digas nada de los yrch.

Aunque yo sabía que no eran los yrch los únicos que le preocupaban. Noté como se tensaba, era una de sus peores pesadilla hecha realidad: su hermana caminando derecha hacia las huestes de Mordor y él sin poder hacer nada por evitarlo (la otra era toparse con una Mord-Sith y que tras el entrenamiento se viera obligado a matarme, y visto lo visto creo que hemos dado con el cuento apropiado, o al menos en el que salgo mejor parada). Estoy segura que intentó por todos los medios que Gandalf me sacara de la compañía y al no lograrlo apostaría que se ofreció él mismo a ir en mi lugar... a saber como había conseguido Mithrandir que se quedase. En parte me alegré de que el mago no hubiera aceptado el intercambio, si mi nivel físico no era espectacular, el de Berto era irrisorio. Gimli y el elfo me esperaban en la puerta. Caminé hacia ellos cabizbaja. Tal vez Paula se había olvidado. Sí, eso debía ser. O se había quedado dormida.

-¡Hey Pip!- le dije al mediano recuperando mi desparpajo habitual cuando se rezagaron un poco, intentando que no se notara la tristeza que me invadía- ¿de qué os reíais?

-De la despedida del señor Elrond- contestó- es que cuando dijo lo de 'que las estrellas os iluminen' recordé el dibujo de tu espalda...

-Pues como tenga que iluminaros yo vamos listos...

Y así fue como abandonamos la ciudad de Imladris, con un sol moribundo matizando las pocas hojas que quedaban aún en los árboles de colores rojizos y haciendo brillar en tonos cobrizos cada rincón del hogar de Elrond. El camino transcurrió tal y como lo narraba Tolkien. Los días siguientes a la partida fueron duros, monótonos y lentos, como si por más que nosotros lo deseáramos ellos no quisieran a acabar nunca. El tiempo era horrible, el viento helado soplaba de las montañas y no vimos la luz del sol en quince días. Como viajábamos de noche terminé perdiendo la cuenta de los días, y acabé adquiriendo la curiosa habilidad de dormirme en cualquier sitio. Es más, yo creo que a veces hasta dormía mientras caminaba, sin haber sido yo nunca sonámbula ni nada de eso.

Pocas veces cundía el desánimo en el grupo, pero cuando lo hacía yo ponía en práctica las palabras de mi abuelo. Él había luchado en la guerra civil y me contaba que para cuando bajaba la moral lo mejor eran los pasodobles. Así que allí estaba yo, tras quince días de marcha, con los pies destrozados y arco en mano, marcándome unos pasitos al ritmo de los Suspiros de España que tanto me cantó él cuando era niña.

-¿Acaso quieres que nos descubran?

-Vamos, Gandalf... si desfallecemos ahora ¡qué dejaremos para Mordor! -agarré al mago y le hice desengrasar la cadera, cantando casi en susurros- Ay, de mi... pena mortal...

Algo más animada que los días anteriores estaba, en parte porque el tiempo había dejado de ser tan malo y aunque no hacía calor al menos no hacía un frío de mil demonios. El viento ya no soplaba en la región de Acebeda (tal y como Gandalf la llamó). Pip se lamentó de que las montañas quedaran justo frente a nosotros, lo cual sólo podía significar que habíamos variado el rumbo. Fue divertido ver como Gandalf contestaba al mediano. Pippin era el único que poseía la habilidad de irritar a Mithrandir, cosa que ni yo misma había conseguido por mucho empeño que le pusiera. El señor enano empezó a hablar de Baraz, Zirac y Shathûr cuando fue interrumpido por la mismísima Amy Lee. Increíble pero cierto, el 'Going under' de Evanescence no dejaba lugar a dudas: me estaban llamando. La parte extraña del asunto era algo que podría llenar perfectamente un programa entero de Cuarto milenio, y es que mi batería había muerto a los tres días de dejar Rivendel.

-¿Ange?
-¡Al! ¿Estáis bien?
-Sí, muy bien- La voz de mi hermano sonaba como entrecortada... ¡Bastante con que se oiga oye! Sin un maldito repetidor en toda la Tierra Media debería dar las gracias-¿por dónde vais?
-Acabamos de llegar a la región de Acebeda, antiguamente conocida como Eregion, cuando los elfos vivían aquí ¿no, Gandalf?
-Caray, ahí si que te aplicas...
-Es lo que tiene recorrer las cincuenta leguas hasta aquí. Te podría contar hasta de las piedras que había en el camino...
-Han sido cuarenta y cinco-intentó corregirme Legolas
-Para mí han sido cincuenta, tengo las piernas más cortas que tú, elfo.
-Entonces yo debo de haber caminado sesenta-Rió el enano. ¿Es que siempre tenía que quedar por encima?
-Siguen siendo cuarenta y cinco, para ti, para mi y para Gimli. Lo único que cambia es que yo las hiciera en menos pasos.
-Tiene sentido-Mi hermano reclamó mi atención gritando mi nombre-Dime.
-¿Vais de camino a Caradhras?
-Sí eso creo-¿Me llamaba sólo para eso? Pues si lo sabe ¿para qué pregunta?
-No lo estropees- Me advirtió- a ver si por no tener que bajar el pico les persuades de no subir.
-Me ofendes, ¿cómo puedes decir eso?
-No sé, ¿por tus suspensos en gimnasia?
-¿Me llamas para regañarme?
-No, para recordarte que todo lo que pasa en el libro tiene que suceder ¡Todo! ¡No intervengas! Ah, espera... Paula quería hablar contigo... ¡Y no te separes de Aragorn!- se oyó un ruido sordo y a continuación la voz de mi hermana mayor llamándome.
-¡Paula!
-¿Ange?
-Pau- prácticamente ya no se oía, caminé buscando mejor cobertura, pero nada- Perdóname, soy una idiota... soy estúpida, yo... ¿Paula?

Se había cortado. Maldita sea, maldita... maldita sea. Arrojé el teléfono al suelo con rabia y caminé un par de metros separándome del grupo. Vi como a lo lejos Gandalf le daba las instrucciones a Aragorn de hacerme volver, pero en lugar de Trancos fue Boromir el que se acercó a mi. No dijo palabra alguna, el único sonido que escuché fue el del acero al desenvainar su espada. El de Gondor no me dio tiempo ni a respirar, por poco no esquivo la hoja de su espada y tenemos un disgusto.

-Desenvaina.
-¿Qué?¡No! Déjame en paz Boromir, no...
-Aprovéchalo.
-¿que aproveche el qué?¿qué te he hecho yo ahora?- ¡uff! Otro lance que por poco acaba mal- ¿Estás loco?

Al final terminé sacando a Gilraern y a Undomëarel de sus respectivas vainas porque sino iba a ensartarme cual palillo a aceituna rellena. Los demás se marcharon dejándonos allí a solas. Sabía lo que estaba haciendo... intentaba que descargara la agresividad en algo productivo. Maldita psicología. A pesar de que la odio, tenía que reconocer que funcionaba: lance tras lance comencé a sentirme mejor hasta que hacia mediodía me lo estaba pasando hasta bien.

-Si vuelves a enfadarte dímelo y continuaremos- me dijo cuando Frodo y Sam vinieron a buscarnos para comer. Nos guiaron hasta el grupo de acebos (lógico, si se llama Acebeda) donde aguardaban los demás. Habían hecho un pequeño fuego y en él humeaba un cazo con una especie de sopa dentro.

-¡Comida caliente!

Corrí con los ojos empañados de lágrimas de la emoción. No había probado bocado a una temperatura razonable prácticamente desde que partimos de Rivendel, y empezaba a cansarme de sopas frías, consomés y muslos de pavo con los que podría cascar nueces (benditos hobbits, llevaban las mochilas llenas de comida que nos duró días... lástima que no fueran térmicas).

Me senté entre el enano y el elfo, a los que ignoré mientras me duró la sopa que teniendo en cuenta el hambre que tenía fue nada y menos. Merry, Pip y Boromir debieron acabar poco después que yo, y se fueron a bajar la comida entrenando con las espadas. Pobre Boromir, la que le había caído con nosotros tres. Me invitaron a entrenar con ellos, pero me excusé alegando cansancio e intenté trastear con el teléfono por si conseguía que volviera a la vida.
-¡Gandalf!- le llamé, subiendo por las rocas hasta dónde se encontraba fumando en su pipa- ¿Tu eres mago no?Arréglalo.

Le tendí el teléfono con convencimiento, pero se limitó a mirarme divertido. Se rió y me ignoró por completo volviendo a la conversación que mantenía con Gimli. Cuando todos hubimos terminado comer y tras haber recibido una paliza por parte de los medianos Boromir y Aragorn hicieron la primera guardia mientras los demás intentábamos dormir algo. Como no pude conciliar el sueño me puse a discutir con Frodo de un tema que el mediano no dominaba muy bien.

-Te digo que puede hacerlo-le dije en susurros.
-¿Cómo va a recorrer el mundo en una noche?
-¡Pues porque tiene renos mágicos, tonto! Y para no perderse usa la nariz de Rudolph, que es roja y brilla...
-Ya... seguro que sí.
-Eso no puede ser- interrumpió Merry- ¡si se pudiera viajar tan rápido con magia no haría falta que Frodo fuera al Monte del Destino! Gandalf podría llevarlo sin problemas ¿verdad, Gandalf?
-Por supuesto. Pero puede ser que la magia del mundo de Angie sea diferente a la nuestra...
-Sí, la de un mundo llamado imaginación..
-¿Decías algo elfo?
-Que ya que no tenemos renos mágicos de narices de colores, creo que deberíamos dormir. No sabemos lo que nos depara la noche...-No había acabado de pronunciar esas palabras cuando Aragorn vino a la carrera y nos habló de los cuervos, para disgusto de Pippin que ya había empezado a hacer sitio en su estómago para una suculenta cena. No es que esperara un banquete, sino que comparada son las sopas frías que veníamos tomando un conejo asado en la hoguera se consideraba suculento aunque estuviera seco como un palo.

-¿Ves? ¡Eso nos pasa por burlarte de Rudolph!- Reí- Pero no os preocupéis en exceso. Sólo son espías de Saruman.
-¿Solo?
-¿Preferiríais que os dijeran que espían para Sauron?
-Tal vez deberíamos buscar otro camino, una alternativa a la escalera del Arroyo Sombrío.
-No- contestó Gandalf al enano- el Paso del Cuerno Rojo está vigilado, pero Caradhras es nuestra única opción de momento.
-Pero Maese Alberto dijo algo de Caradhras-le discutió Pip pelando una mandarina. ¿De dónde diablos sacaban los hobbits la comida? Se suponía que la suya se había acabado hace días... ¿o no?
-No tienes que hacer caso a mi hermano Pip... ten en cuenta que dice muchas tonterías... igual me dijo que no me separara de Trancos...
-No creo que eso sea ninguna tontería-me contestó el montaraz irritado

-¿En serio?¿De verdad?¿Eso piensas? Porque puedo llegar a ser muy molesta. Y ronco. Puedo tocarte un nocturno de Chopin si la obstrucción es lo bastante... intensa. ¿Te irrita que hable de mocos?¿no?
-Aragorn- le llamó el elfo lanzándole una manzana pequeña. Trancos agarró la fruta y la metió en mi boca con la esperanza de callarme de una vez por todas.
-Mmm... está buena, aunque tienes los modales de un príncipe elfo... ¿Sabes? En mi país se hace una bebida con el zumo fermentado de la manzana. Se llama sidra y la mejor es la asturiana... y además se sirve tal que así, se pone el vaso aquí abajo y se deja caer un chorro de la botella desde arriba contra el borde y... Lo vais pillando ¿no?

-¿Y como logras que no se te caiga?-preguntó Pip realmente interesado.
-Con práctica. Pero no era eso a lo que me refería.
-¿Nos enseñarás cuando volvamos?
-Paula lo maneja mejor que yo. Seguramente porque viaja más al norte y tiene amigos allí. Yo es que soy más de playa...

Lo que quedaba de día permanecimos ocultos y en relativo silencio. Hubo quien aprovechó para dormir (como una servidora) hasta la puesta de sol, cuando los crebain decidieron marcharse definitivamente de Acebeda hacia el sur. Cuando el astro rey se hubo ido procedimos a ponernos en marcha hacia el sureste, con la mirada puesta en el aún lejano Cuerno Rojo. Otra vez volvíamos al camino, al silencio, al frío que se calaba como cuchillos y al polvo. Aragorn, Gandalf y Frodo iban en cabeza hablando de quién sabe que cosas. ¿De qué pueden hablar un mago, un montaraz y el portador del anillo?¿de una ducha caliente? Creo que estoy proyectando mis propias necesidades... ¿Para qué me había metido Al tanta cuerda en la mochila?¡Lo que de verdad me hacía falta era un buen desodorante! ¡O un buen pedazo de jabón, que también me vale!

-Pareces distraída...
-Estaba pensando... en que no encontrasteis a Gollum- mentí. El elfo suspiró profundamente con la mirada perdida en los que iban delante nuestra-Algún día tendrás que dejar de sentirte culpable por todo, principito... te guste o no hay cosas que escapan a tu control.
-No deberías hablar de lo que no conoces.
-Ilústrame entonces- le miré a los ojos y supe que no iba a sacarle palabra alguna respecto a ése tema- Su destino está tan escrito como el vuestro y es bueno que no le encontrarais.
-¿Sabes donde está?
-No. Pero sé donde estará. Nos vigilará en... allí, en el lugar dónde vamos, y nos seguirá-Uff! Casi meto la pata- Y debes dejarle que lo haga. Sméagol tiene una misión del mismo calibre que la de la compañía, Legolas. Más importante quizás.

-¿Qué puede ser más importante que la destrucción del Anillo?
-Gollum le mostrará algo a Frodo un camino. Gracias a él, podrá ver la verdadera naturaleza del anillo y renunciará a él el tiempo suficiente como para destruirlo. Y ya he vuelto a hablar demasiado en verdad. Gandalf tiene razón en que no puedo cerrar el pico.



*Ci vediamo presto, principessa: Nos veremos pronto, princesa.
*Yrch: Orco


No hay comentarios:

Publicar un comentario