domingo, 6 de julio de 2014

'De la estrella' CAP 3

De la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y su regreso tras la guerra del Anillo.

Disclaimer: Todos los personajes, lugares, etc. pertenecen a Tolkien. Los que no, son míos...míos... mis tesoros...

3
cuando tolkien conocio a lewis

o apologia sobre como abrir una puerta intradimensional
en el fondo de un armario.





Sentí la luz del sol en la cara al despertar. Era agradable, y aunque sabía que no podría seguir durmiendo remoloneé un poco más entre las sábanas, hasta que comprobé empíricamente que incluso a pesar de tener los ojos cerrados era capaz de ver luz blanca. Me levanté y me asomé al balcón para terminar de desperezarme. Empezaba a creer lo impensable. Era imposible que mis pies estuvieran pisando la Tierra Media ¿verdad? Y sin embargo ahí estaba Rivendel (no, no era un croma: anoche casi me caigo por el balcón intentando tocarlo) en todo su esplendor, con su preciosa arquitectura, sus jardines despampanantes y sus hobbits sentados fuera en el verde fumando hierba. Supongo que hubiera sido gracioso si tuvieran idea de lo que es la maría... ya lo sé, a estas horas mucha gracia no tengo, lo reconozco. Pero es que sin café no soy nadie. Sam debió verme en el balcón porque me saludó sonriente. Los otros tres hobbits le imitaron cuando se percataron de mi presencia y yo hice algo que normalmente sólo se hace en dos situaciones: cuando estás borracho, o cuando eres el rey. O cuando eres un rey borracho... o cuando estás imitando a un rey, o a un... bueno, que ya me estoy haciendo el lío. El caso que me hacía ilusión saludar en plan Juan Carlos, girando la manita... salvo que a mí me salió en plan 'que te meto una colleja'.

Se les veía tan felices, tan anormalmente felices... me vino a la mente la peli ésa de Jim Carrey y Ed Harris, la de 'El show de Truman'. Vale... yo no había nacido allí, pero que te den un garrotazo y te metan dentro no es muy diferente. Además, en el caso de Truman él no sabe que el mundo que le rodea es falso, pero en el mío tiene que serlo ¿no? No puede... ser ¿real? Aunque la parte con la que me identificaba en este momento era la de estar encerrada, porque a pesar de que no había nada que me cerrara el paso (a parte de un mago decidido a arruinarme la vida, claro) me sentía extrañamente cautiva y no puedo explicar porqué. Un ruido me distrajo de tan absurdo pensamiento. Sonó como si alguien se hubiera tomado la libertad de entrar en la habitación dando un portazo. Eché un vistazo y al no ver nada diferente me asome al pasillo.

-¿Hola?-El corredor estaba desierto... pero juraría haber oído la puerta, yo...- ¿Hay alguien ahí?

Un golpe de aire cerró la puerta. Solucionado el misterio del palacio encantado, ya podía volver a ponerme algo de ropa encima... empezaba a sentir un hambre feroz.

Agarré el pomo con fuerza y lo giré pero la puerta no se abrió. ¿No había otro momento más oportuno para atorarse? No podía pasearme por el hogar de Elrond en pijama (aunque me tentó la idea, para qué negarlo... tal vez vería al elfo perder los nervios). Escuché un ruido metálico al golpear la puerta, que reconocí de inmediato como el maldito seguro. A ver como coño entro ahora... Tengo una suerte negra...

Llamé a la puerta de las habitaciones vecinas, pero no debía de haber nadie. Al parecer Gandalf no estaba disponible en este momento. Mejor. Tampoco me apetecía demasiado verle y menos para que me llamara inepta por quedarme encerrada fuera y no dentro del cuarto, como todo el mundo. Seguro que había visto a los hobbits y se había ido a los jardines a fumar. Por suerte para mi pasa la mayoría del tiempo con ellos.

Aragorn tampoco respondió. Adivina, adivinanza... ¿Dónde se metió Trancos? Algo me dice que Arwen vanimelda tampoco está en su cuarto... ¿o sí? ¿Los elfos esperan hasta el matrimonio? ¿Y los montaraces? Uyuyuyuyuy... esto empieza a parecerse al tomate...

Gracias a mi agudeza visual (quién dice agudeza visual dice que soy cotilla como yo sola... bueno no, cotilla no, soy curiosa) me di cuenta que una de las puertas estaba entreabierta, la del final del pasillo. Entré pero no había nadie, la cama estaba hecha y no había señales de que nadie hubiera dormido ahí. Si algún huésped de Elrond había usado esa habitación no pude saberlo, pero yo no había visto entrar o salir a nadie (y dale... ¡que no soy cotilla! Es que no hay mucho que hacer por allí a partir de ciertas horas). Salí al balcón, que era un poco más pequeño que el mío. Como la distancia que los separaba no era muy grande y lo único que se interponía entre ambos balcones era un árbol, se me ocurrió la idea de bombero de saltar. Me subí a la gruesa baranda de piedra y me deslicé lo más silenciosamente que pude hasta la rama más cercana.

Escuché un grito ahogado que parecía provenir de los hobbits. Y digo bien: parecía. Porque definitivamente los de los hobbits no podrían clasificarse como 'ahogados': se oyeron de lo lindo por todo Rivendel. Creo que pensaron que me había caído y gritaban para que alguien me ayudara, aunque lo que de verdad me ayudaría sería que cerraran el pico de una maldita vez.

-¡Dama Angie!

-¡Estoy bien!- Les respondí intentando tranquilizarles- ¡Pero como os vuelva a oír el 'Dama' de nuevo os juro que me tiro árbol abajo!

-¡Aragorn! ¡Aragorn!-Gritaban Merry y Pip indistintamente. Fue entonces cuando me entró la prisa... ¡no iba a dejar que Viggo Mortensen me viera en pijama! Salté hasta mi balaustrada, pero justo cuando empezaba a saborear las mieles del éxito resbalé. Alcancé a agarrarme a una de las pequeñas columnas de piedra, y agitando los pies intenté conseguir impulso para subir de nuevo. En ello estaba cuando tras escuchar el sonido de cascos sentí que alguien intentaba agarrarme de las piernas.

-¡Dejad de patalear!- me gritó Aragorn desde uno de los caballos que habían venido a socorrerme. El otro era el príncipe Legolas (cómo no... y yo en camisón...) ¿Es que no era suficiente humillación con Viggo Mortensen que tenía que unírsele Orlando Bloom?- Y soltaos, nosotros os recogemos.

-No, yo... puedo sola, gracias- empezaban a dolerme los brazos pero conseguiría subir- estoy perfectamente.

-¿Acaso quiere romperse algo Dama Angie?

-Joder con el maldito 'Dama'... no voy a romperme nada, no te preocupes por eso... yo... puedo... sola...

Mentira como una catedral de grande. No podía con mi propio peso, pero era demasiado orgullosa como para el papel de damisela en apuros. Resultado: caída sobre el príncipe elfo, literal además. Le tiré del caballo y caí sobre su brazo derecho. Entonces recordé algo que me había dicho Maite. Teóricamente no presto mucha atención a lo que me dice cuando se pone en plan monologuista, en parte porque el sujeto del monólogo es siempre el mismo y en parte porque no me apetece, pero me parece recordar que me dijo algo de que el actor se había roto la espalda o algo así. Temí por un instante haberle dejado paralítico...

-Oh, Dios... señor Bloom, ¿está bien?

-Aragorn...-le llamó el elfo algo desorientado- deberías revisarla la cabeza... ¿Porqué me llama señor Bloom? Ay.

-Vamos dentro, os revisaré a los dos...

-Yo estoy bien, en serio... no me duele nada- Lo curioso es que era verdad... claro que el elfo iba a dolerse por los dos.

-Dama Angie, tengo conocimientos de curación, plantas medicinales y...

-Si, ya. Eres como la botica de la abuela, ya lo sé. ¡Pero es que estoy bien!

-Pero no pensaréis andar por ahí así ¿no? Tendréis que subir y cambiaros al menos...

-Sí... pero puedo volver trepando por el árbol- dije intentando subir de nuevo-En serio, no es problema.

-Anda vamos... le pediré a Ainë que os eche un vistazo y luego os acompañaré a arriba.

Aragorn me prestó su capa, que usé a modo de mantón por lo grande que me venía. No sólo el camino fue tremendamente vergonzoso: por si no fuera suficiente pasar ante un grupo de elfos entre los que estaban Elhoir y Elladan que por suerte o por educación fingieron no haber visto nada (salvo cuando hice la obligada reverencia, claro), cuando llegamos dentro tuve que desnudarme ante una elfa... Todo porque el estúpido de Aragorn decidió no creerme.

-Dama Angie...-Arwen entró a la carrera. Suerte que para entonces la elfa se había convencido de que el único recuerdo que me quedaba de la caída era una herida enorme en el ego, y tenía puesto el ya famoso camisón- ¿Cómo os encontráis?

-Bien, bien... no ha sido nada...-malditos hobbits... ya se habían ido de la lengua- tengo la impresión de que la peor parte se la llevó el príncipe Legolas.

La elfa se marchó a informar a Aragorn de su falta de descubrimientos, dejándonos a ambas a solas. La princesa se sentó a mi lado y me echó una capa de terciopelo azul por encima.

-Estoy segura que ha recibido heridas peores... Curioso antojo el vuestro- Arwen había reparado en el dibujo de mi espalda.

-No nací con él- expliqué- Es un tatuaje... un dibujo que me hice hace algún tiempo.

-Los elfos silvanos adoran la luz estelar ¿lo sabíais?- A qué vino el comentario no lo supe, pero la princesa parecía muy interesada en mi respuesta.

-¿Qué adoráis a las estrellas? Claro. Creéis que son eternas, recuerdos antiquísimos de belleza infinita...

-Sí, aunque nosotros las admiramos por ser creaciones de Varda. Lo de los silvanos es auténtica devoción.

-¿devoción?¿como las fiestas de la Virgen del Rocío? Los sevillanos si que montan buenos saraos...

-Quizás algún día podáis asistir a una de sus celebraciones y comparar.

-Tal vez... si Legolas decide no odiarme de por vida por romperle el brazo. O si encuentro otro silvano que me lleve... ¿los galadhrim son silvanos también?

-Sí, claro que sí.

-Siempre me quedará Haldir entonces- sonreí y terminé de arroparme bien con la capa.

-¿Estáis segura de que os encontráis bien? Podría...

-No te preocupes, en serio...

-Temo no haber sido una gran anfitriona... pero eso va a cambiar, no pienso separarme de vos hasta que marchéis de Rivendel completamente curada.

-Y vuelta a lo mismo... ¡que yo estoy bien!- La elfa sonrió. Nunca llegué a saber si la bondad de Arwen Úndomiel era infinita o tenía un límite, pero estaba claro que yo no iba a conocerlo.

-Ahora vamos a ver como quedó el brazo del príncipe Legolas. A lo mejor hasta le mejoraste la puntería y todo...

Eso era algo en lo que no había pensado, y me sentí aún más culpable si pude. Como demonios iba a disparar flechas a los orcos sin su brazo derecho... recé para que el príncipe de Mirkwood fuera ambidiestro porque sino la había liado parda. Arwen me tomó delicadamente el antebrazo y nos dispusimos a salir. Ya fuera, Aragorn vendaba el brazo del elfo con una tela blanca mientras le hablaba con cara de preocupación. No le oí protestar si una sola vez, al menos en lo relativo al dolor físico.

-Está roto- dijo en élfico, o al menos es lo que yo entendí (la pronunciación de mi hermano no era tan buena después de todo, chúpate esa Al). Legolas seguía con la mirada perdida en algún punto del suelo- No puedes venir...

-Tengo que ir- contestó él en el mismo idioma- Nosotros... yo lo perdí, Aragorn, no me hagas esto... tengo que encontrarlo...

-No puedes- Legolas le arreó una patada con todas sus fuerzas a un cubo lleno de agua que había en el suelo y volvió a encogerse, sentado en una de las vigas de madera que atravesaban el suelo y que servían para delimitar el pasillo de arena entre la hierba.

Ahora lo entendía todo. Estaban a punto de abandonar de Rivendel cuando me vieron, por eso estaban ya montados en los caballos. Iban en busca de Sméagol, y ahora por mi culpa el príncipe Legolas no partiría... eso era lo que le estaba diciendo Aragorn, que con el brazo roto no podría empuñar el arco. Acababa de robarle la última oportunidad de enmendarse ante los ojos del rey Thranduil y eso sin hablar del claro prejuicio que había causado a la compañía.

-Lo siento- dije adelantándome a Arwen. Me agaché a su vera intentando que la capa de la estrella de la tarde me tapara todo lo posible (ya me había paseado demasiado en camisón, que aunque sea bonito y muy élfico, no deja de ser un camisón) Ninguno de los dos había reparado en nuestra presencia hasta entonces- tanto que ni siquiera puedo expresarlo...

-¿Porqué? No son más que arañazos, estaré bien en unos días...

-No me trates como si fuera estúpida, no lo soy. Lo sentí romperse debajo de mí... eso no se cura en dos días. Debiste haberme dejado caer y abrirme la cabeza, es menos importante para la compañía que tu brazo- El montaraz y ambos elfos se me quedaron mirando, como si hubiese dicho alguna barbaridad.-Sólo espero que la testarudez de Gandalf y mi falta de perspectiva no nos cuesten nada más... Si has terminado ya con el príncipe, Aragorn, hay algo que no le he dicho a Ainë que me gustaría comentarte.

Como intuyendo el propósito de mi conversación con su dúnedain, Arwen tomó el brazo del príncipe del Bosque Negro y le pidió que la acompañara a los jardines traseros de palacio para reportar las nuevas a los hobbits y aplacar su preocupación. Cuando ambos estuvieron lo suficientemente lejos como para no escuchar nuestra conversación 'accidentalmente' Aragorn habló.

-¿Y bien?

-¿Qué?

-Ainë no te encontró nada importante...

-Ah, eso... ya lo sé... es que quería pedirte una cosa- Aragorn me miró incrédulo- Ya sé que no nos conocemos casi... pero lo que quería pedirte no es para mí.

-Habla.

-Deja que el Príncipe Legolas os acompañe...

-Está herido...

-Pero apuesto a que puede manejar la espada con la izquierda tan bien como con la diestra... Sé que te estoy pidiendo mucho, pero es importante para él...

-Como puedes saber lo que es importante para él si apenas le conoces...

-Matiza, Trancos... él no me conoce. Tú no me conoces, pero yo lo sé casi todo de ti. Desde que la sangre de Isildur corre por tus venas hasta que el motivo de tu lucha lleva el nombre de Estrella de la Tarde.

-Eso podría decírmelo cualquiera con un poco de perspectiva- mira, había salido gracioso el montaraz. Pero tenía razón, eso lo sabía prácticamente todos y cada uno de los elfos de Rivendel.

-Tu primer hijo se llamará Eldarion.

-Suponiendo que así sea...

-Escucha- le interrumpí bruscamente. Empezaba a perder la paciencia.- Legolas debe ir. Está escrito, es lo que debe pasar. Vuestro destino, si prefieres llamarlo así. No atraparéis a Gollum de todas formas y él sentirá que ha hecho todo lo posible por no decepcionar a su padre.

Comencé a caminar en dirección al interior del palacio dando por terminada la conversación. Arwen nos esperaba en una de las puertas. La elfa parecía algo descolocada. No supo explicarnos dónde estaba el príncipe elfo. Se había marchado en dirección al Bruinnen, y lo único que la muchacha sacó en claro fue la enorme tristeza que sentía reflejada en sus ojos claros.

-Deberíais hablar con él...-instó al montaraz

-Arwen, ¿podéis acompañarla vos a sus habitaciones?

-Sí, vamos... vas a coger frío.

¿Ahora?¿Ahora se preocupaban por que cogiera frío?¿Después de haberme paseado medio en cueros por todo Rivendel? Después de aquello no sabía si podría quitármelo... le había llegado a coger cariño al jodido camisón.

Aragorn volvió por donde habíamos venido y terminó entrando al patio que había debajo de mi balcón. ¿Los hijos de Elrond seguirían ahí? Igual esperaban un segundo pase. Mi curiosidad no se vio saciada en aquel momento. Entramos en palacio y me dediqué a seguir a Arwen por los pasillos sin decir ni mu. Aún iba pensando en mi conversación con Aragorn y no reparé en la cantidad de gente que se me quedaba mirando. Nos adentrábamos cada vez más en el corazón del palacio, hasta que llegamos a unas grandes puertas blancas. Las abrió y entramos en una gran sala llena de ventanales. Estaba decorada con elegancia, en colores claros. Arwen cerró la puerta mientras yo admiraba la vista.

-Mi padre me pidió que os dejara algún vestido- me dijo así, de sopetón, como el que dice 'mañana va a llover'.

-Eso no... ¿Qué tiene mi ropa de malo?

-No lo toméis a mal Dama Angie... pero llamáis mucho la atención.

-No, ¿en serio?- Empezaba a acostumbrarme a que la gente se quedara mirándome y que todos callaran en cuanto entraba en una habitación- pero no creo que sea algo malo.

-No, no lo es, pero hasta que podáis recordar creo que lo mejor es pasar desapercibida.

-¿Y no tienes un par de pantalones?

-Me temo que no.

-¿Y Lord Elrond?- Arwen negó con la cabeza riéndose. Abrió unas puertas de roble y empezó a revolver dentro.

-¿Qué os parece este?

Me enseñó un vestido de gasa, de no sé qué color... uno entre el añil y el lavanda. Era bonito y se lo dije. Me lo dio y salió para que me cambiara. No entendía nada. No entendía lo de pasar desapercibida. No entendía la actitud de los elfos. No entendía nada de lo que estaba sucediendo ni porqué sucedía. Empezaba a sentir que aquellas personas no estaban actuando, que eran realmente así. Una sensación empezó a florecer en mi, la de no querer volver a casa. Echaba de menos a Paula, a Leire y a mi hermano Alberto, más que nunca... coño, ¡si echaba de menos hasta a mi madre! (lo cual negaré hasta que me muera). Pero en cierto modo me lo estaba pasando en grande... y sólo había sido el comienzo. Decidí no pensar más en eso de momento, ya veríamos como se desarrollaban los acontecimientos. Me puse el vestido que me había dado Arwen, con la esperanza que me cerrara la cremallera, si es que tenía una.

La hija de Elrond tardaba en entrar. La escuché en la puerta charlando con Aragorn (otra vez... ¡es que hablan demasiado alto! No es que yo vaya por ahí escuchando detrás de las puertas...) y no iba a ser yo la que iba a interrumpirles. Me puse a cotillear en el armario... no todos los días tienes la oportunidad de cotillear los trapitos de una princesa... salvo que lo que vi al fondo no era muy del estilo de la elfa: unas converse negras, bien colocaditas en su estante. Corrí todo lo que pude hacia el fondo hasta que desaparecieron los vestidos largos y empezaron los pantalones. Abrí la puerta desde dentro del armario con un golpe y caí sobre mi cama. Estaba de nuevo en casa, no entendía muy bien el como o el porqué pero estaba en casa... al fin. No me dio tiempo a regocijarme más, no hacía más que sonar el timbre y abrí.

-¿Ibas a dejarme plantado?-¡Me había olvidado completamente de él! Habíamos quedado anoche para cenar y... oh dios... llevaba tres meses esperando que volviera y cuando lo hace ¡voy yo y le planto!

-No... es que he perdido el teléfono- Excusa muy tonta y muy poco creíble, lo sé. Sonreí un poco. Nunca pensé que le tendría ahí parado frente a mi puerta pidiéndome explicaciones, él no era ese tipo de tío y la nuestra no era ese tipo de relación. El que no fuera convencional se debía, según Maite claro, a que mi incapacidad de pasar al siguiente nivel hacía que no saliéramos del dormitorio; a lo que yo le respondía que el dormitorio no era el problema porque no era el único lugar que frecuentábamos.

Al fin lo recordaba todo: estaba preparándome para mi cita con Adrien cuando alguien me golpeó...¡Arwen!

-Si lo que querías era que te viniera a buscar podías haberlo dicho antes...- se me clavó su sonrisa en el alma. Él sabía que me temblaban las piernas cada vez que sonreía así y aprovechándose de la situación no tardó demasiado en lanzarse a mi boca como si lleváramos siglos sin vernos, y en cierta manera así era.

-Creo que deberías marcharte más a menudo... - le aparté un poco porque subía mi vecina Flora- Buenos días...

-Buenos días Angie... ¡Adrien! ¡que sorpresa! ¿estuviste fuera, verdad?

-Sí, en Tokio, pero tenía que volver o Ange terminaría olvidándome...

-A ver si haces sentar la cabeza de una vez a esta cabra loca...

-¡Flora!

-Me alegro haberte visto...- Flora cerró su puerta al fin y nosotros nos metimos en el piso. Adrien no podía dejar de reír.

-¿Te encanta verdad? Pues algún día tendrán que enterarse de que ni eres mi novio ni me harás sentar la cabeza...

-Pero mientras llega ése día es divertido... y hablando de cosas divertidas ¿ese vestido tiene cremallera por casualidad?

-Creo que voy a dejar que lo averigües...

-¿Te has puesto tan guapa sólo para mí?

-No te emociones vaquero, en realidad es el vestido para al boda de Paula...-mentí, sí, como una bellaca. Pero si le contaba la verdad pensaría que estaba loca, y ni siquiera yo estaba muy segura de no estarlo- Me lo estaba probando. Es en unos meses ¿recuerdas?

-Cómo no... ¿Aún no has decidido si quieres que te acompañe?

-Voulez-vous venir avec moi?

-Je suis meilleure compagnie que la solitude, n'est-ce pas?

-Qu'est-ce qui vous fait penser que j'irai seule?

-Ah, je comprendre... est ce que tu vais avec l'autre amant, n'est pas?-reí-si lo llego a saber vengo antes...

-y si yo lo llego a saber te espero sin el vestido...- Esta vez fui yo la que le salté encima- Dônnez-moi cinq secondes...

-Na...Trop de temp.

Entre besos y palabras extranjeras acabamos tropezando con los pies de mi cama. Pronto el precioso vestido de color indefinible de Arwen acabó por los suelos como la camisa de Adrien y el resto de la ropa. No supe cuanto había echado de menos su piel hasta que la sentí de nuevo contra la mía.

-Mmm... J'avais presque oublié ton odeur.

-Tu deviens trop douce ... Adrien... qu'est-ce qui se passe? Adrien?

Escuché un sonido sordo y justo después sentí la cara del muchacho en mi estómago. Abrí los ojos inmediatamente, sólo para ver a Arwen blandiendo algo en las manos. Mi primera reacción fue buscarle el pulso a Adrien, que parecía estar bien salvo porque estaba inconsciente.

-¿Se puede saber que coño te crees que haces, elfa psicópata?

-¡Arwen!- Aragorn salió del armario (en un sentido literal, no metafórico) detrás de la Estrella de la Tarde. Fue verme semidesnuda con un hombre inconsciente entre mis sábanas y no le hizo falta mucho más para atar los cabos.

-Estaba atacándote... yo...

-¿atacándome?- No me lo podía creer. Empecé a vestirme, ya que al parecer no iba a haber sexo. Mierda.-¡Me habéis jodido el único polvo decente que tenía en meses!

-Hay que avisar a Mithrandir... y a mi padre...

-¡Y porqué no avisáis también a Rouco Varela, seguro que también tiene algo que decir al respecto!

-Yo voy- Aragorn parecía comprender lo que la elfa no podía, así que decidió quitarse de en medio lo antes posible. Regresó al ropero y para cuando volvió, Arwen y yo estábamos en la cocina comiendo chocolate. Eso para que digan que es un sustitutivo del sexo... pues casi llevo media tableta ¡y nada!

-¿Qué pensabas, que iba a tenderte una emboscada en el pasillo?- Aragorn había desenvainado la espada de nuevo y caminaba sigiloso. Arwen se acercó a él con un pedazo del chocolate que la había dado y le animó a que lo probara- Vamos, está bueno... no voy a envenenarte ni nada de eso.

-¿Qué hace ése hombre en la cama?

-Pregúntaselo a tu hija-contesté de malos modos al señor de Rivendel, que parecía de todo menos escandalizado.

-Estaba atacando a la Dama Angie y lo golpeé...-Sí, la excusa empezaba ya a dar risa.

-Por centésima vez... no me estaba atacando...

-No me gusta- Gandalf miraba alrededor como si viera algo que los demás no podíamos ver- Tenemos que marcharnos.

-¿irnos? Me parece que no... al fin encontré el camino a casa. Yo me quedo.

-No puedes quedarte- dijo Mithrandir- el portal va a cerrarse.

-Entonces deberíais daros prisa- la ira de Gandalf era temible, pero mi cabezonería lo era más.

-¿No nos acompañáis?- La princesa de Imladris parecía apenada de veras. En el fondo no podía enfadarme con ella... era tan... tan... Arwen.

-Ése no es mi mundo, Undómiel.

-Pero os necesitamos... sabéis cosas que...-repuso Aragorn intentando convencerme en vano.

-Os encontraré un ejemplar del libro.

-Eso no sirve. Te necesitamos a ti- Contestó el mago tajante- Esto va a cerrarse... Aragorn...

-¡No!

Grité y pataleé pero no me sirvió de mucho. Elrond, Arwen y Gandalf corrieron de nuevo al armario. Aragorn les seguía más despacio porque me llevaba a mí a rastras. Grité a Adrien pero no conseguí despertarle. Me agarré a todo lo que pude, pero al final Aragorn logró cruzar conmigo y con la percha a que sujetaba como si en ello me fuese la vida. Una luz cegadora salió del armario. Ya era tarde. Aragorn cayó conmigo en la mullida cama de la elfa. Tenía unas ganas terribles de llorar, y debía de notárseme en gordo porque intentó consolarme.

-No me toques- le gruñí. Me levanté de un salto salí echando leches de allí. No iba a darles el gusto de verme llorar también. Corrí por los pasillos hasta que encontré una salida a los jardines. Me estaba ahogando ahí dentro y cuando salí no me sentí mejor.

Corrí hasta los límites de los jardines y seguí corriendo mucho después. Llegué hasta un río, probablemente el que Arwen atraviesa con Frodo en la peli, y recordé que los jinetes no la siguieron después de cruzar. Seguramente ése era el límite de Rivendel. El límite que me separaba del resto de la Tierra Media, que me retenía al lado de Gandalf. Y deseé cruzarlo, no porque no deseara viajar con la compañía, sino porque no lo había elegido. Habría cruzado si me lo hubieran pedido bien, les habría ayudado. Pero para lo único que me querían era como oráculo de Imladris, y luego está como no, el que Gandalf tenía que hacerlo por la fuerza.

-Tened cuidado- Escuché nada más meter los pies en el agua. Rápidamente me eché la mano a la cara y limpié un par de lágrimas de impotencia que habían logrado escapar a su prisión. Legolas saltó de la copa de unos árboles cercanos. Por lo visto el elfo perdido no estaba tan perdido...- Las aguas del Bruinnen son traicioneras.

-¿Gandalf te envía para que terminar de torturarme?

-¿Mithrandir os ha torturado?-contestó incrédulo sin poder creérselo.

-De un modo metafórico, sí. ¿Vienes entonces a llevarme de nuevo a la jaula de oro?

-Sólo quería asegurarme de que estaba bien Dama Angie. Os vi salir de palacio y parecíais disgustada.

-Tal vez disgustada no sea la palabra... prueba con furiosa. Elessar Telcontar acaba de secuestrarme ¿cómo te encontrarías en mi situación?- No me apetecía sincerarme mucho con el elfo. Era uno de 'ellos'. Pero al final terminé sentada a la orilla del Bruinnen contándole mis penas.

-¿Elessar Telcontar? ¿Piedra de Elfo?

-Nada, no me hagas caso, spoilers.-contesté sin darle demasiada importancia y acto seguido, sin saber muy bien porqué le conté todo lo que había pasado desde que lo abandoné en compañía de la hija de Elrond- Nunca en mi vida he dejado que nadie decidiera por mí, Legolas, y cuando lo han intentado han salido bastante mal parados...

-Pero por lo que me habéis contado ya habíais decidido quedaros ¿no?
-Sí, pero entonces era mi decisión, ahora no tengo otra opción. Es como si en vez de ofrecerle tu arco a Frodo, él hubiera dicho 'Legolas, necesito tu arco, te vienes con nosotros' y da igual si a ti te apetecía volver al Bosque Negro con tu familia o ir a hacer alpinismo a Helcaraxë... porque te han metido en un embolado del que no sabes cómo vas a salir.

-No voy a preguntar cómo sabéis que terminé formando parte de la compañía... pero os equivocáis en algo... no fue a Frodo a quién le ofrecí mi arco, el mediano no tiene poder de decisión suficiente en tales asuntos... estaría bien que lo recordarais más adelante.

No supe adivinar si el elfo estaba molesto o si sencillamente era su carácter. Aunque tenía razón, Elrond era el que lo había decidido. Y yo decidí entonces no pensar más en ello, a pesar de que mirándole venían a mi cabeza ciertas cosas. Como por ejemplo que la verdadera razón por la que estaba allí era de otra naturaleza: me preguntaba si la culpa que le había guiado por los senderos hasta Rivendel aún se alojaba en su corazón a pesar de no poder partir, y si yo podría hacer algo para aliviarla. Volví a reprenderme mentalmente. Era demasiado pronto para mencionarle a Sméagol: no iba a arreglar nada y ya había hablado de más a Aragorn, que iba a hacer lo que creyera oportuno.

Me recosté sobre la hierba que estaba caliente de haberle estado dando el sol toda la mañana y me reconfortó. En parte porque las aguas del Bruinnen eran bastante frías. El príncipe dejó de mirar al infinito y me habló de nuevo.

-¿Es cómo vais a salir de ésta lo que os preocupa?

-¿Acaso no debería? Sé de qué va esto. No soy una guerrera, no he visto una espada en mi vida. Y lo peor de todo es que sé exactamente cual va a ser el final de todos vosotros, pero del mío no tengo ni idea. ¿Y si nada más salir de Rivendel me caigo del caballo y me abro la cabeza?

-Si te hace sentir mejor creo que saldremos de Imladris a pie, no a caballo- Reímos y el elfo volvió a perder la vista en la otra orilla. Tras haber hablado y haber aireado mis temores, me sentí mejor, así que le di las gracias.

-¡Dama Angie!- gritó uno de los dos hobbits que venían corriendo, zarandeando algo al aire.

-¡Hey Pip! ¡Merry!-me levanté azorada, saqué los pies del agua y me puse de rodillas para estar a su misma altura.

-La princesa Arwen nos pidió que os los entregáramos-dijo Merry mientras Pippin me daba un par de zapatos- Parecía apenada de no poder hacerlo ella.

-Cuando la preguntamos nos dijo que seguramente no quisierais verla en estos momentos...- contestó Pip- ¿es eso cierto? ¿Porqué no queréis verla? Es siempre tan amable...

-Muchas gracias, por los zapatos... ¡qué haría yo sin vosotros!

-¿Interrumpimos algo?-preguntó Merry sintiéndose incómodo. Había intuido que yo no iba a dar explicación alguna, en parte por que si lo hacía tendría que explicar quién era Adrien y estaba exhausta de intentar hacer entender al elfo mi relación con el francés.

-¿Sabéis que los hobbits inteligentes no se meten en camisa de once varas?- me miraron sin entender- Da igual.

-En realidad, intentaba convencer a esta Dama rebelde para que comiera algo- dijo Legolas sonriendo- tal vez podáis ayudarme con eso.

-Es cierto que no os hemos visto en el comedor...

-y con esas ropas no habríais pasado desapercibida en absoluto...

-¡Pip!-le regañó Merry

-¿Qué? Lo único que digo es que viste demasiado raro...

-Gracias, Pip- reí. No había caído en que el vestido de Arwen había quedado del otro lado y volvía a llevar ropa mía- tú también estás muy guapo... definitivamente el verde musgo es tu color.

-¿Verdad que sí? Merry no opina igual. Cree que es el único al que le queda bien...

Reí de nuevo. Legolas parecía satisfecho de ver como los hobbits habían logrado hacerme olvidar el desastroso incidente del armario. Merry y Pippin se sentaron con nosotros a hablar de las delicias que me había perdido, pues se habían tomado muy en serio el comentario de cierto rubio sobre hacerme comer. Cada vez hacía más calor, así que me recogí el pelo con una de las gomas que suelo llevar siempre el la muñeca (es lo que tiene el pelo largo, da un calor de mil demonios, claro que en invierno se agradece). Al igual que Ainë, los hobbits se asustaron cuando vieron la estrella negra en mi omóplato derecho.

-Es un dibujo por debajo de la piel- expliqué por enésima vez en un mismo día- podéis tocarlo si queréis, no mancha.

Sentí el dedo de los hobbits repasando el contorno de cinco puntas en mi espalda. Resultó agradable hasta que a Merry le dio por rascar fuerte.

-Lo siento- se disculpó. Legolas apartó un mechón de pelo que me caía por la espalda y justo cuando pensaba que iba a sentir su tacto me asusté ante la llegada de Boromir y los otros dos hobbits.

-Dama Angie...

-¡Mira Frodo!- Pip le enseñó el tatuaje de mi espalda a Frodo y a Sam y les explicó lo que era. Boromir también lo miró extrañado.

-¿Porqué una estrella dama Angie?

-Siempre me han fascinado las estrellas, Sam...

-Pero es negra...

-Porque mi piel es blanca... si el cielo nocturno fuera blanco tampoco se verían las de ahí arriba ¿verdad?

-¿Y que os trae tan al oeste de Rivendel?-el hijo de Thranduil parecía molesto. Nunca se habló de rivalidad entre ambos abiertamente en los libros, no eran enemigos declarados, pero Boromir pensaba que Legolas consideraba a su padre indigno como cabeza del gobierno de Gondor y el elfo sabía que Boromir no iba a cederle los derechos del trono a Aragorn por su largo y sedoso pelo pantene.

-¿Acaso el oeste está reservado a los elfos?- contestó Boromir cabreando más a Legolas. Busqué la mano del elfo en la hierba intentando tranquilizarle.

-Por supuesto que no Boromir... o no estaría yo aquí- sonreí con todo el encanto del que era capaz, que no era demasiado a decir verdad.

-Venimos en busca de Merry y Pippín- contestó al fin Frodo- Boromir se ha ofrecido gentilmente a enseñarnos a usar la espada...

-Claro... por supuesto...- contestó el elfo. Después posó sus ojos azules en mí.

-Tal vez debería acompañarles- dije en voz alta, aguantándole la mirada y sonriendo-No puedo matar orcos únicamente con mi sarcasmo ¿no crees?

-Será un placer enseñaros el arte de la espada, mi señora- Boromir me tendió la mano para ponerme en pie.

-Aunque me temo que tendrá que ser más tarde. Merry y Pip me han hecho ver la importancia de hablar inmediatamente con Arwen.

-Cuando os sea conveniente. Estaremos en los patios traseros si decidís uniros... Vamos señores medianos, hay mucho que aprender.

-Me alegra ver que habéis decidido hacer las paces con Undómiel- dijo el príncipe una vez se hubieron marchado.

-Es que no me apetecía nada empezar ahora...-confesé en bajito con una sonrisa complice en los labios- Tengo hambre.

-¿Tanto hablar de comida con los medianos os ha abierto el apetito?

-¿No era lo que pretendías?-el elfo sonrió pero no por mucho tiempo- Boromir es un buen hombre, Legolas...

-No soy quién para juzgarlo, y sois vos la que lo evitáis...-contestó de mala gana, y no sólo le molestó que hablara del hijo de Denethor, sino que me di cuenta que al mencionar su nombre se tensó.

-Tienes razón, no eres quién para juzgarlo. Ni yo tampoco. Pero no puedo evitar tenerle lástima.

-¿Porqué habríais de tenerle lástima? Es el hijo de un Senescal.

-Tú eres hijo de un rey ¿Habría que tenerte menos lástima por eso?

-¿Me tienes lástima?-Al fin empezaba a tutearme, claro que la situación no era nada propicia. Me estaba metiendo en unos jardines de los que no sabía muy bien como salir.

-Tanta como a Aragorn o a Elrond. Los que tenéis en vuestras manos el destino de un pueblo me dais verdadera pena. A lo mejor es una sensación mía, pero me parece que anteponéis vuestros deberes a vuestros deseos demasiadas veces... ¿qué opina su majestad, príncipe del Bosque Negro?¿me equivoco?

-Sólo en llamarme así. 'Su majestad' es sólo para el rey, y hasta dónde tengo entendido la salud de mi padre es de mithril- rió

-¿Cómo debo llamarte entonces?¿Su alteza?¿Su ilustrísima?¿Señor emperador de las indias?

-No sé que son las indias... pero podéis llamarme Legolas.

-No.

-¿No?-ahora era yo la que le hacía reír-¿No pensáis llamarme por mi nombre? Creo que mi nana estará muy decepcionada...

-Porque tú seguirás llamándome Dama Angie, como todos por aquí. Creo que os llamaré a todos Señor. O Damo ¿que prefieres?

-Damo Legolas estará bien- Se cachondeó- Nunca me habían llamado así. Y también es la primera vez que oigo de alguien al que le irrita tanto ser tratada con respeto.

-No es el ser tratada con respeto lo que me molesta, sino que siento que me queda grande. Y más si el apelativo tengo que compartirlo con Arwen o Éowyn... Pero no quiero hablar de eso ahora...

-Explicadme entonces la razón por la que me tenéis lástima...

-No puedo...

-¿Es por algo que sabéis que va a pasarme?

-No- Mentí. No podía decirle que su destino era quedarse sólo, o peor, en compañía de un enano. Al menos no hasta que ambos empezaran a llevarse mejor y llegara el aprecio- esa es la razón por la que le me entristece estar con Boromir en la misma habitación. El suyo es el más negro de vuestros destinos...

-No verá el anillo destruido...

-No-contesté- y por eso no voy a huir de Gandalf. Podría irme al oeste y dejar que suceda lo que tiene que suceder... pero no podría vivir con ello. Si acompañándoos puedo aliviar vuestra carga, lo haré. Y tal vez encuentre la manera de salvarle a él y a muchos otros...

Después de una conversación tan profunda las tripas me empezaron a rugir con fiereza, con lo que le pedí que me enseñara las cocinas, y pareció alegrarse de que lo hiciera. Cuando volvimos a palacio, un elfo le informó de que el Señor Aragorn le andaba buscando y tras pedirle que se asegurara de que comiera bien, se despidió.

-Mi educación me obliga a besaros el dorso de la mano como despedida, y sin embargo el sentido común me pide vuestro consejo y permiso antes de aventurarme en tal empresa.

-Hacéis bien en pedirlo, Damo Legolas- le tendí la mano sonriendo- y sólo por eso os lo concedo, aunque no sepa muy bien que tanto placer os produce por estos lares ir besando manos. Pero hay una condición.

Demasiado tarde para arrepentirse elfito, ya notaba el roce sus labios en mi piel. Una vez liberada mi mano, tomé una de las suyas como rehén entre las mías mucho más pequeñas e hice el mismo procedimiento que había realizado él segundos antes.

-Desconozco el porqué de ésa extrañeza en sus ojos, Príncipe del Bosque Negro, deberíais estar ya acostumbrado- Sonrió de nuevo y sin añadir más palabras marchó con la intención de encontrar al montaraz.

El elfo al que me había dejado a cargo me pidió que le siguiera hasta un lugar enorme, un nivel por debajo de la planta principal y uno por encima de las mazmorras. Por un momento pensé que iba a meterme de nuevo en una celda, pero viendo mi cara de horror el elfo tomó mi mano y me guió a las cocinas. Eran bastante grandes y en ellas trabajaba mucha gente.

-Lo primero que veas...- respondí cuando me preguntaron el qué quería comer- encontrarás que a estas horas mi estómago es muy poco exigente...




Helcaraxë o Helcaracsë (en élfico «hielo crujiente») es un lugar ficticio que pertenece al legendarium creado por el escritor británico J. R. R. Tolkien y que aparece en su novela póstuma El Silmarillion. Es un estrecho angosto que une a Aman y la Tierra Media por el norte ya que estos continentes se curvaban uno hacia el este y el otro hacia el oeste. Está cubierto de montañas movedizas de hielo, en el que hay vastas nieblas y vapores de frío mortal. Es un lugar inhóspito por el que casi nadie se atreve a transitar. El primero en cruzar este estrecho fue Melkor huyendo junto con Ungoliant tras haber destruido los Árboles de Valinor. Poco después, Fingolfin lo cruzó con los Noldor que decidieron partir hacia la Tierra Media y que habían sido traicionados por Fëanor tras La Matanza de los Hermanos de Alqualondë. Muchos Noldor murieron durante esta penosa travesía, entre ellos Elenwë, la esposa de Turgon. Fuente: la wikipedia XD

A ver... antes de nada, mi francés está muy muy oxidado, así que si pongo algo que os haga llorar lágrimas de sangre pardonnez moi...

-Voulez-vous venir avec moi?= ¿Quieres venir conmigo?
-Je suis meilleure compagnie que la solitude, n'est-ce pas?= Soy mejor compañía que la soledad ¿no?
-Qu'est-ce qui vous fait penser que j'irai seule?=¿Qué te hace pensar que iré sola?
-Ah, je comprendre... est ce que tu vais avec l'autre amant, n'est pas?= Entiendo... vas a llevar al otro amante ¿no?
-Dônnez-moi cinq secondes...= Dame 5 segundos
-Trop de temp.= Demasiado tiempo
-J'avais presque oublié ton odeur=Casi había olvidado tu olor
-Tu deviens trop douce ... Adrien... qu'est-ce qui se passe? Adrien?= Te estás ablandando, Adrien... ¿Qué te pasa?


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