De
la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y
su regreso tras la guerra del Anillo.
Disclaimer:
Todos los personajes, lugares, etc. pertenecen a Tolkien. Los que no,
son míos...míos... mis tesoros...
3
cuando
tolkien conocio a lewis
o
apologia sobre como abrir una puerta intradimensional
en
el fondo de un armario.
Sentí la luz
del sol en la cara al despertar. Era agradable, y aunque sabía que
no podría seguir durmiendo remoloneé un poco más entre las
sábanas, hasta que comprobé empíricamente que incluso a pesar de
tener los ojos cerrados era capaz de ver luz blanca. Me levanté y me
asomé al balcón para terminar de desperezarme. Empezaba a creer lo
impensable. Era imposible que mis pies estuvieran pisando la Tierra
Media ¿verdad? Y sin embargo ahí estaba Rivendel (no, no era un
croma: anoche casi me caigo por el balcón intentando tocarlo) en
todo su esplendor, con su preciosa arquitectura, sus jardines
despampanantes y sus hobbits sentados fuera en el verde fumando
hierba. Supongo que hubiera sido gracioso si tuvieran idea de lo que
es la maría... ya lo sé, a estas horas mucha gracia no tengo, lo
reconozco. Pero es que sin café no soy nadie. Sam debió verme en el
balcón porque me saludó sonriente. Los otros tres hobbits le
imitaron cuando se percataron de mi presencia y yo hice algo que
normalmente sólo se hace en dos situaciones: cuando estás borracho,
o cuando eres el rey. O cuando eres un rey borracho... o cuando estás
imitando a un rey, o a un... bueno, que ya me estoy haciendo el lío.
El caso que me hacía ilusión saludar en plan Juan Carlos, girando
la manita... salvo que a mí me salió en plan 'que te meto una
colleja'.
Se les veía
tan felices, tan anormalmente felices... me vino a la mente la peli
ésa de Jim Carrey y Ed Harris, la de 'El show de Truman'. Vale... yo
no había nacido allí, pero que te den un garrotazo y te metan
dentro no es muy diferente. Además, en el caso de Truman él no sabe
que el mundo que le rodea es falso, pero en el mío tiene que serlo
¿no? No puede... ser ¿real? Aunque la parte con la que me
identificaba en este momento era la de estar encerrada, porque a
pesar de que no había nada que me cerrara el paso (a parte de un
mago decidido a arruinarme la vida, claro) me sentía extrañamente
cautiva y no puedo explicar porqué. Un ruido me distrajo de tan
absurdo pensamiento. Sonó como si alguien se hubiera tomado la
libertad de entrar en la habitación dando un portazo. Eché un
vistazo y al no ver nada diferente me asome al pasillo.
-¿Hola?-El
corredor estaba desierto... pero juraría haber oído la puerta,
yo...- ¿Hay alguien ahí?
Un golpe de
aire cerró la puerta. Solucionado el misterio del palacio encantado,
ya podía volver a ponerme algo de ropa encima... empezaba a sentir
un hambre feroz.
Agarré el
pomo con fuerza y lo giré pero la puerta no se abrió. ¿No había
otro momento más oportuno para atorarse? No podía pasearme por el
hogar de Elrond en pijama (aunque me tentó la idea, para qué
negarlo... tal vez vería al elfo perder los nervios). Escuché un
ruido metálico al golpear la puerta, que reconocí de inmediato como
el maldito seguro. A ver como coño entro ahora... Tengo una suerte
negra...
Llamé a la
puerta de las habitaciones vecinas, pero no debía de haber nadie. Al
parecer Gandalf no estaba disponible en este momento. Mejor. Tampoco
me apetecía demasiado verle y menos para que me llamara inepta por
quedarme encerrada fuera y no dentro del cuarto, como todo el mundo.
Seguro que había visto a los hobbits y se había ido a los jardines
a fumar. Por suerte para mi pasa la mayoría del tiempo con ellos.
Aragorn
tampoco respondió. Adivina, adivinanza... ¿Dónde se metió
Trancos? Algo me dice que Arwen vanimelda tampoco está en su
cuarto... ¿o sí? ¿Los elfos esperan hasta el matrimonio? ¿Y los
montaraces? Uyuyuyuyuy... esto empieza a parecerse al tomate...
Gracias a mi
agudeza visual (quién dice agudeza visual dice que soy cotilla como
yo sola... bueno no, cotilla no, soy curiosa) me di cuenta que una de
las puertas estaba entreabierta, la del final del pasillo. Entré
pero no había nadie, la cama estaba hecha y no había señales de
que nadie hubiera dormido ahí. Si algún huésped de Elrond había
usado esa habitación no pude saberlo, pero yo no había visto entrar
o salir a nadie (y dale... ¡que no soy cotilla! Es que no hay mucho
que hacer por allí a partir de ciertas horas). Salí al balcón, que
era un poco más pequeño que el mío. Como la distancia que los
separaba no era muy grande y lo único que se interponía entre ambos
balcones era un árbol, se me ocurrió la idea de bombero de saltar.
Me subí a la gruesa baranda de piedra y me deslicé lo más
silenciosamente que pude hasta la rama más cercana.
Escuché un
grito ahogado que parecía provenir de los hobbits. Y digo bien:
parecía. Porque definitivamente los de los hobbits no podrían
clasificarse como 'ahogados': se oyeron de lo lindo por todo
Rivendel. Creo que pensaron que me había caído y gritaban para que
alguien me ayudara, aunque lo que de verdad me ayudaría sería que
cerraran el pico de una maldita vez.
-¡Dama Angie!
-¡Estoy
bien!- Les respondí intentando tranquilizarles- ¡Pero como os
vuelva a oír el 'Dama' de nuevo os juro que me tiro árbol abajo!
-¡Aragorn!
¡Aragorn!-Gritaban Merry y Pip indistintamente. Fue entonces cuando
me entró la prisa... ¡no iba a dejar que Viggo Mortensen me viera
en pijama! Salté hasta mi balaustrada, pero justo cuando empezaba a
saborear las mieles del éxito resbalé. Alcancé a agarrarme a una
de las pequeñas columnas de piedra, y agitando los pies intenté
conseguir impulso para subir de nuevo. En ello estaba cuando tras
escuchar el sonido de cascos sentí que alguien intentaba agarrarme
de las piernas.
-¡Dejad de
patalear!- me gritó Aragorn desde uno de los caballos que habían
venido a socorrerme. El otro era el príncipe Legolas (cómo no... y
yo en camisón...) ¿Es que no era suficiente humillación con Viggo
Mortensen que tenía que unírsele Orlando Bloom?- Y soltaos,
nosotros os recogemos.
-No, yo...
puedo sola, gracias- empezaban a dolerme los brazos pero conseguiría
subir- estoy perfectamente.
-¿Acaso
quiere romperse algo Dama Angie?
-Joder con el
maldito 'Dama'... no voy a romperme nada, no te preocupes por eso...
yo... puedo... sola...
Mentira como
una catedral de grande. No podía con mi propio peso, pero era
demasiado orgullosa como para el papel de damisela en apuros.
Resultado: caída sobre el príncipe elfo, literal además. Le tiré
del caballo y caí sobre su brazo derecho. Entonces recordé algo que
me había dicho Maite. Teóricamente no presto mucha atención a lo
que me dice cuando se pone en plan monologuista, en parte porque el
sujeto del monólogo es siempre el mismo y en parte porque no me
apetece, pero me parece recordar que me dijo algo de que el actor se
había roto la espalda o algo así. Temí por un instante haberle
dejado paralítico...
-Oh, Dios...
señor Bloom, ¿está bien?
-Aragorn...-le
llamó el elfo algo desorientado- deberías revisarla la cabeza...
¿Porqué me llama señor Bloom? Ay.
-Vamos dentro,
os revisaré a los dos...
-Yo estoy
bien, en serio... no me duele nada- Lo curioso es que era verdad...
claro que el elfo iba a dolerse por los dos.
-Dama Angie,
tengo conocimientos de curación, plantas medicinales y...
-Si, ya. Eres
como la botica de la abuela, ya lo sé. ¡Pero es que estoy bien!
-Pero no
pensaréis andar por ahí así ¿no? Tendréis que subir y cambiaros
al menos...
-Sí... pero
puedo volver trepando por el árbol- dije intentando subir de
nuevo-En serio, no es problema.
-Anda vamos...
le pediré a Ainë que os eche un vistazo y luego os acompañaré a
arriba.
Aragorn me
prestó su capa, que usé a modo de mantón por lo grande que me
venía. No sólo el camino fue tremendamente vergonzoso: por si no
fuera suficiente pasar ante un grupo de elfos entre los que estaban
Elhoir y Elladan que por suerte o por educación fingieron no haber
visto nada (salvo cuando hice la obligada reverencia, claro), cuando
llegamos dentro tuve que desnudarme ante una elfa... Todo porque el
estúpido de Aragorn decidió no creerme.
-Dama
Angie...-Arwen entró a la carrera. Suerte que para entonces la elfa
se había convencido de que el único recuerdo que me quedaba de la
caída era una herida enorme en el ego, y tenía puesto el ya famoso
camisón- ¿Cómo os encontráis?
-Bien, bien...
no ha sido nada...-malditos hobbits... ya se habían ido de la
lengua- tengo la impresión de que la peor parte se la llevó el
príncipe Legolas.
La elfa se
marchó a informar a Aragorn de su falta de descubrimientos,
dejándonos a ambas a solas. La princesa se sentó a mi lado y me
echó una capa de terciopelo azul por encima.
-Estoy segura
que ha recibido heridas peores... Curioso antojo el vuestro- Arwen
había reparado en el dibujo de mi espalda.
-No nací con
él- expliqué- Es un tatuaje... un dibujo que me hice hace algún
tiempo.
-Los elfos
silvanos adoran la luz estelar ¿lo sabíais?- A qué vino el
comentario no lo supe, pero la princesa parecía muy interesada en mi
respuesta.
-¿Qué
adoráis a las estrellas? Claro. Creéis que son eternas, recuerdos
antiquísimos de belleza infinita...
-Sí, aunque
nosotros las admiramos por ser creaciones de Varda. Lo de los
silvanos es auténtica devoción.
-¿devoción?¿como
las fiestas de la Virgen del Rocío? Los sevillanos si que montan
buenos saraos...
-Quizás algún
día podáis asistir a una de sus celebraciones y comparar.
-Tal vez... si
Legolas decide no odiarme de por vida por romperle el brazo. O si
encuentro otro silvano que me lleve... ¿los galadhrim son
silvanos también?
-Sí, claro
que sí.
-Siempre me
quedará Haldir entonces- sonreí y terminé de arroparme bien con la
capa.
-¿Estáis
segura de que os encontráis bien? Podría...
-No te
preocupes, en serio...
-Temo no haber
sido una gran anfitriona... pero eso va a cambiar, no pienso
separarme de vos hasta que marchéis de Rivendel completamente
curada.
-Y vuelta a lo
mismo... ¡que yo estoy bien!- La elfa sonrió. Nunca llegué a saber
si la bondad de Arwen Úndomiel era infinita o tenía un límite,
pero estaba claro que yo no iba a conocerlo.
-Ahora vamos a
ver como quedó el brazo del príncipe Legolas. A lo mejor hasta le
mejoraste la puntería y todo...
Eso era algo
en lo que no había pensado, y me sentí aún más culpable si pude.
Como demonios iba a disparar flechas a los orcos sin su brazo
derecho... recé para que el príncipe de Mirkwood fuera ambidiestro
porque sino la había liado parda. Arwen me tomó delicadamente el
antebrazo y nos dispusimos a salir. Ya fuera, Aragorn vendaba el
brazo del elfo con una tela blanca mientras le hablaba con cara de
preocupación. No le oí protestar si una sola vez, al menos en lo
relativo al dolor físico.
-Está roto-
dijo en élfico, o al menos es lo que yo entendí (la pronunciación
de mi hermano no era tan buena después de todo, chúpate esa Al).
Legolas seguía con la mirada perdida en algún punto del suelo- No
puedes venir...
-Tengo que ir-
contestó él en el mismo idioma- Nosotros... yo lo perdí, Aragorn,
no me hagas esto... tengo que encontrarlo...
-No puedes-
Legolas le arreó una patada con todas sus fuerzas a un cubo lleno de
agua que había en el suelo y volvió a encogerse, sentado en una de
las vigas de madera que atravesaban el suelo y que servían para
delimitar el pasillo de arena entre la hierba.
Ahora lo
entendía todo. Estaban a punto de abandonar de Rivendel cuando me
vieron, por eso estaban ya montados en los caballos. Iban en busca de
Sméagol, y ahora por mi culpa el príncipe Legolas no partiría...
eso era lo que le estaba diciendo Aragorn, que con el brazo roto no
podría empuñar el arco. Acababa de robarle la última oportunidad
de enmendarse ante los ojos del rey Thranduil y eso sin hablar del
claro prejuicio que había causado a la compañía.
-Lo siento-
dije adelantándome a Arwen. Me agaché a su vera intentando que la
capa de la estrella de la tarde me tapara todo lo posible (ya me
había paseado demasiado en camisón, que aunque sea bonito y muy
élfico, no deja de ser un camisón) Ninguno de los dos había
reparado en nuestra presencia hasta entonces- tanto que ni siquiera
puedo expresarlo...
-¿Porqué? No
son más que arañazos, estaré bien en unos días...
-No me trates
como si fuera estúpida, no lo soy. Lo sentí romperse debajo de
mí... eso no se cura en dos días. Debiste haberme dejado caer y
abrirme la cabeza, es menos importante para la compañía que tu
brazo- El montaraz y ambos elfos se me quedaron mirando, como si
hubiese dicho alguna barbaridad.-Sólo espero que la testarudez de
Gandalf y mi falta de perspectiva no nos cuesten nada más... Si has
terminado ya con el príncipe, Aragorn, hay algo que no le he dicho a
Ainë que me gustaría comentarte.
Como intuyendo
el propósito de mi conversación con su dúnedain, Arwen tomó el
brazo del príncipe del Bosque Negro y le pidió que la acompañara a
los jardines traseros de palacio para reportar las nuevas a los
hobbits y aplacar su preocupación. Cuando ambos estuvieron lo
suficientemente lejos como para no escuchar nuestra conversación
'accidentalmente' Aragorn habló.
-¿Y bien?
-¿Qué?
-Ainë no te
encontró nada importante...
-Ah, eso... ya
lo sé... es que quería pedirte una cosa- Aragorn me miró
incrédulo- Ya sé que no nos conocemos casi... pero lo que quería
pedirte no es para mí.
-Habla.
-Deja que el
Príncipe Legolas os acompañe...
-Está
herido...
-Pero apuesto
a que puede manejar la espada con la izquierda tan bien como con la
diestra... Sé que te estoy pidiendo mucho, pero es importante para
él...
-Como puedes
saber lo que es importante para él si apenas le conoces...
-Matiza,
Trancos... él no me conoce. Tú no me conoces, pero yo lo sé casi
todo de ti. Desde que la sangre de Isildur corre por tus venas hasta
que el motivo de tu lucha lleva el nombre de Estrella de la Tarde.
-Eso podría
decírmelo cualquiera con un poco de perspectiva- mira, había salido
gracioso el montaraz. Pero tenía razón, eso lo sabía prácticamente
todos y cada uno de los elfos de Rivendel.
-Tu primer
hijo se llamará Eldarion.
-Suponiendo
que así sea...
-Escucha- le
interrumpí bruscamente. Empezaba a perder la paciencia.- Legolas
debe ir. Está escrito, es lo que debe pasar. Vuestro destino, si
prefieres llamarlo así. No atraparéis a Gollum de todas formas y
él sentirá que ha hecho todo lo posible por no decepcionar a su
padre.
Comencé a
caminar en dirección al interior del palacio dando por terminada la
conversación. Arwen nos esperaba en una de las puertas. La elfa
parecía algo descolocada. No supo explicarnos dónde estaba el
príncipe elfo. Se había marchado en dirección al Bruinnen, y lo
único que la muchacha sacó en claro fue la enorme tristeza que
sentía reflejada en sus ojos claros.
-Deberíais
hablar con él...-instó al montaraz
-Arwen,
¿podéis acompañarla vos a sus habitaciones?
-Sí, vamos...
vas a coger frío.
¿Ahora?¿Ahora
se preocupaban por que cogiera frío?¿Después de haberme paseado
medio en cueros por todo Rivendel? Después de aquello no sabía si
podría quitármelo... le había llegado a coger cariño al jodido
camisón.
Aragorn volvió
por donde habíamos venido y terminó entrando al patio que había
debajo de mi balcón. ¿Los hijos de Elrond seguirían ahí? Igual
esperaban un segundo pase. Mi curiosidad no se vio saciada en aquel
momento. Entramos en palacio y me dediqué a seguir a Arwen por los
pasillos sin decir ni mu. Aún iba pensando en mi conversación con
Aragorn y no reparé en la cantidad de gente que se me quedaba
mirando. Nos adentrábamos cada vez más en el corazón del palacio,
hasta que llegamos a unas grandes puertas blancas. Las abrió y
entramos en una gran sala llena de ventanales. Estaba decorada con
elegancia, en colores claros. Arwen cerró la puerta mientras yo
admiraba la vista.
-Mi padre me
pidió que os dejara algún vestido- me dijo así, de sopetón, como
el que dice 'mañana va a llover'.
-Eso no...
¿Qué tiene mi ropa de malo?
-No lo toméis
a mal Dama Angie... pero llamáis mucho la atención.
-No, ¿en
serio?- Empezaba a acostumbrarme a que la gente se quedara mirándome
y que todos callaran en cuanto entraba en una habitación- pero no
creo que sea algo malo.
-No, no lo es,
pero hasta que podáis recordar creo que lo mejor es pasar
desapercibida.
-¿Y no tienes
un par de pantalones?
-Me temo que
no.
-¿Y Lord
Elrond?- Arwen negó con la cabeza riéndose. Abrió unas puertas de
roble y empezó a revolver dentro.
-¿Qué os
parece este?
Me enseñó un
vestido de gasa, de no sé qué color... uno entre el añil y el
lavanda. Era bonito y se lo dije. Me lo dio y salió para que me
cambiara. No entendía nada. No entendía lo de pasar desapercibida.
No entendía la actitud de los elfos. No entendía nada de lo que
estaba sucediendo ni porqué sucedía. Empezaba a sentir que aquellas
personas no estaban actuando, que eran realmente así. Una sensación
empezó a florecer en mi, la de no querer volver a casa. Echaba de
menos a Paula, a Leire y a mi hermano Alberto, más que nunca...
coño, ¡si echaba de menos hasta a mi madre! (lo cual negaré hasta
que me muera). Pero en cierto modo me lo estaba pasando en grande...
y sólo había sido el comienzo. Decidí no pensar más en eso de
momento, ya veríamos como se desarrollaban los acontecimientos. Me
puse el vestido que me había dado Arwen, con la esperanza que me
cerrara la cremallera, si es que tenía una.
La hija de
Elrond tardaba en entrar. La escuché en la puerta charlando con
Aragorn (otra vez... ¡es que hablan demasiado alto! No es que yo
vaya por ahí escuchando detrás de las puertas...) y no iba a ser yo
la que iba a interrumpirles. Me puse a cotillear en el armario... no
todos los días tienes la oportunidad de cotillear los trapitos de
una princesa... salvo que lo que vi al fondo no era muy del estilo de
la elfa: unas converse negras, bien colocaditas en su estante. Corrí
todo lo que pude hacia el fondo hasta que desaparecieron los vestidos
largos y empezaron los pantalones. Abrí la puerta desde dentro del
armario con un golpe y caí sobre mi cama. Estaba de nuevo en casa,
no entendía muy bien el como o el porqué pero estaba en casa... al
fin. No me dio tiempo a regocijarme más, no hacía más que sonar el
timbre y abrí.
-¿Ibas a
dejarme plantado?-¡Me había olvidado completamente de él! Habíamos
quedado anoche para cenar y... oh dios... llevaba tres meses
esperando que volviera y cuando lo hace ¡voy yo y le planto!
-No... es que
he perdido el teléfono- Excusa muy tonta y muy poco creíble, lo sé.
Sonreí un poco. Nunca pensé que le tendría ahí parado frente a mi
puerta pidiéndome explicaciones, él no era ese tipo de tío y la
nuestra no era ese tipo de relación. El que no fuera convencional se
debía, según Maite claro, a que mi incapacidad de pasar al
siguiente nivel hacía que no saliéramos del dormitorio; a lo que yo
le respondía que el dormitorio no era el problema porque no era el
único lugar que frecuentábamos.
Al fin lo
recordaba todo: estaba preparándome para mi cita con Adrien cuando
alguien me golpeó...¡Arwen!
-Si lo que
querías era que te viniera a buscar podías haberlo dicho antes...-
se me clavó su sonrisa en el alma. Él sabía que me temblaban las
piernas cada vez que sonreía así y aprovechándose de la situación
no tardó demasiado en lanzarse a mi boca como si lleváramos siglos
sin vernos, y en cierta manera así era.
-Creo que
deberías marcharte más a menudo... - le aparté un poco porque
subía mi vecina Flora- Buenos días...
-Buenos días
Angie... ¡Adrien! ¡que sorpresa! ¿estuviste fuera, verdad?
-Sí, en
Tokio, pero tenía que volver o Ange terminaría olvidándome...
-A ver si
haces sentar la cabeza de una vez a esta cabra loca...
-¡Flora!
-Me alegro
haberte visto...- Flora cerró su puerta al fin y nosotros nos
metimos en el piso. Adrien no podía dejar de reír.
-¿Te encanta
verdad? Pues algún día tendrán que enterarse de que ni eres mi
novio ni me harás sentar la cabeza...
-Pero mientras
llega ése día es divertido... y hablando de cosas divertidas ¿ese
vestido tiene cremallera por casualidad?
-Creo que voy
a dejar que lo averigües...
-¿Te has
puesto tan guapa sólo para mí?
-No te
emociones vaquero, en realidad es el vestido para al boda de
Paula...-mentí, sí, como una bellaca. Pero si le contaba la verdad
pensaría que estaba loca, y ni siquiera yo estaba muy segura de no
estarlo- Me lo estaba probando. Es en unos meses ¿recuerdas?
-Cómo no...
¿Aún no has decidido si quieres que te acompañe?
-Voulez-vous
venir avec moi?
-Je suis
meilleure compagnie que la solitude, n'est-ce pas?
-Qu'est-ce
qui vous fait penser que j'irai seule?
-Ah, je
comprendre... est ce que tu vais avec l'autre amant, n'est
pas?-reí-si lo llego a saber vengo antes...
-y si yo lo
llego a saber te espero sin el vestido...- Esta vez fui yo la que le
salté encima- Dônnez-moi cinq secondes...
-Na...Trop
de temp.
Entre besos y
palabras extranjeras acabamos tropezando con los pies de mi cama.
Pronto el precioso vestido de color indefinible de Arwen acabó por
los suelos como la camisa de Adrien y el resto de la ropa. No supe
cuanto había echado de menos su piel hasta que la sentí de nuevo
contra la mía.
-Mmm...
J'avais presque oublié ton odeur.
-Tu deviens
trop douce ... Adrien... qu'est-ce qui se passe? Adrien?
Escuché un
sonido sordo y justo después sentí la cara del muchacho en mi
estómago. Abrí los ojos inmediatamente, sólo para ver a Arwen
blandiendo algo en las manos. Mi primera reacción fue buscarle el
pulso a Adrien, que parecía estar bien salvo porque estaba
inconsciente.
-¿Se puede
saber que coño te crees que haces, elfa psicópata?
-¡Arwen!-
Aragorn salió del armario (en un sentido literal, no metafórico)
detrás de la Estrella de la Tarde. Fue verme semidesnuda con un
hombre inconsciente entre mis sábanas y no le hizo falta mucho más
para atar los cabos.
-Estaba
atacándote... yo...
-¿atacándome?-
No me lo podía creer. Empecé a vestirme, ya que al parecer no iba a
haber sexo. Mierda.-¡Me habéis jodido el único polvo decente que
tenía en meses!
-Hay que
avisar a Mithrandir... y a mi padre...
-¡Y porqué
no avisáis también a Rouco Varela, seguro que también tiene algo
que decir al respecto!
-Yo voy-
Aragorn parecía comprender lo que la elfa no podía, así que
decidió quitarse de en medio lo antes posible. Regresó al ropero y
para cuando volvió, Arwen y yo estábamos en la cocina comiendo
chocolate. Eso para que digan que es un sustitutivo del sexo... pues
casi llevo media tableta ¡y nada!
-¿Qué
pensabas, que iba a tenderte una emboscada en el pasillo?- Aragorn
había desenvainado la espada de nuevo y caminaba sigiloso. Arwen se
acercó a él con un pedazo del chocolate que la había dado y le
animó a que lo probara- Vamos, está bueno... no voy a envenenarte
ni nada de eso.
-¿Qué hace
ése hombre en la cama?
-Pregúntaselo
a tu hija-contesté de malos modos al señor de Rivendel, que parecía
de todo menos escandalizado.
-Estaba
atacando a la Dama Angie y lo golpeé...-Sí, la excusa empezaba ya a
dar risa.
-Por centésima
vez... no me estaba atacando...
-No me gusta-
Gandalf miraba alrededor como si viera algo que los demás no
podíamos ver- Tenemos que marcharnos.
-¿irnos? Me
parece que no... al fin encontré el camino a casa. Yo me quedo.
-No puedes
quedarte- dijo Mithrandir- el portal va a cerrarse.
-Entonces
deberíais daros prisa- la ira de Gandalf era temible, pero mi
cabezonería lo era más.
-¿No nos
acompañáis?- La princesa de Imladris parecía apenada de veras. En
el fondo no podía enfadarme con ella... era tan... tan... Arwen.
-Ése no es mi
mundo, Undómiel.
-Pero os
necesitamos... sabéis cosas que...-repuso Aragorn intentando
convencerme en vano.
-Os encontraré
un ejemplar del libro.
-Eso no sirve.
Te necesitamos a ti- Contestó el mago tajante- Esto va a cerrarse...
Aragorn...
-¡No!
Grité y
pataleé pero no me sirvió de mucho. Elrond, Arwen y Gandalf
corrieron de nuevo al armario. Aragorn les seguía más despacio
porque me llevaba a mí a rastras. Grité a Adrien pero no conseguí
despertarle. Me agarré a todo lo que pude, pero al final Aragorn
logró cruzar conmigo y con la percha a que sujetaba como si en ello
me fuese la vida. Una luz cegadora salió del armario. Ya era tarde.
Aragorn cayó conmigo en la mullida cama de la elfa. Tenía unas
ganas terribles de llorar, y debía de notárseme en gordo porque
intentó consolarme.
-No me toques-
le gruñí. Me levanté de un salto salí echando leches de allí. No
iba a darles el gusto de verme llorar también. Corrí por los
pasillos hasta que encontré una salida a los jardines. Me estaba
ahogando ahí dentro y cuando salí no me sentí mejor.
Corrí hasta
los límites de los jardines y seguí corriendo mucho después.
Llegué hasta un río, probablemente el que Arwen atraviesa con Frodo
en la peli, y recordé que los jinetes no la siguieron después de
cruzar. Seguramente ése era el límite de Rivendel. El límite que
me separaba del resto de la Tierra Media, que me retenía al lado de
Gandalf. Y deseé cruzarlo, no porque no deseara viajar con la
compañía, sino porque no lo había elegido. Habría cruzado si me
lo hubieran pedido bien, les habría ayudado. Pero para lo único que
me querían era como oráculo de Imladris, y luego está como no, el
que Gandalf tenía que hacerlo por la fuerza.
-Tened
cuidado- Escuché nada más meter los pies en el agua. Rápidamente
me eché la mano a la cara y limpié un par de lágrimas de
impotencia que habían logrado escapar a su prisión. Legolas saltó
de la copa de unos árboles cercanos. Por lo visto el elfo perdido no
estaba tan perdido...- Las aguas del Bruinnen son traicioneras.
-¿Mithrandir
os ha torturado?-contestó incrédulo sin poder creérselo.
-De un modo
metafórico, sí. ¿Vienes entonces a llevarme de nuevo a la jaula de
oro?
-Sólo quería
asegurarme de que estaba bien Dama Angie. Os vi salir de palacio y
parecíais disgustada.
-Tal vez
disgustada no sea la palabra... prueba con furiosa. Elessar Telcontar
acaba de secuestrarme ¿cómo te encontrarías en mi situación?- No
me apetecía sincerarme mucho con el elfo. Era uno de 'ellos'. Pero
al final terminé sentada a la orilla del Bruinnen contándole mis
penas.
-¿Elessar
Telcontar? ¿Piedra de Elfo?
-Nada, no me
hagas caso, spoilers.-contesté sin darle demasiada importancia y
acto seguido, sin saber muy bien porqué le conté todo lo que había
pasado desde que lo abandoné en compañía de la hija de Elrond-
Nunca en mi vida he dejado que nadie decidiera por mí, Legolas, y
cuando lo han intentado han salido bastante mal parados...
-Pero por lo
que me habéis contado ya habíais decidido quedaros ¿no?
-Sí, pero
entonces era mi decisión, ahora no tengo otra opción. Es como si en
vez de ofrecerle tu arco a Frodo, él hubiera dicho 'Legolas,
necesito tu arco, te vienes con nosotros' y da igual si a ti te
apetecía volver al Bosque Negro con tu familia o ir a hacer
alpinismo a Helcaraxë... porque te han metido en un embolado
del que no sabes cómo vas a salir.
-No voy a
preguntar cómo sabéis que terminé formando parte de la compañía...
pero os equivocáis en algo... no fue a Frodo a quién le ofrecí mi
arco, el mediano no tiene poder de decisión suficiente en tales
asuntos... estaría bien que lo recordarais más adelante.
No supe
adivinar si el elfo estaba molesto o si sencillamente era su
carácter. Aunque tenía razón, Elrond era el que lo había
decidido. Y yo decidí entonces no pensar más en ello, a pesar de
que mirándole venían a mi cabeza ciertas cosas. Como por ejemplo
que la verdadera razón por la que estaba allí era de otra
naturaleza: me preguntaba si la culpa que le había guiado por los
senderos hasta Rivendel aún se alojaba en su corazón a pesar de no
poder partir, y si yo podría hacer algo para aliviarla. Volví a
reprenderme mentalmente. Era demasiado pronto para mencionarle a
Sméagol: no iba a arreglar nada y ya había hablado de más a
Aragorn, que iba a hacer lo que creyera oportuno.
Me recosté
sobre la hierba que estaba caliente de haberle estado dando el sol
toda la mañana y me reconfortó. En parte porque las aguas del
Bruinnen eran bastante frías. El príncipe dejó de mirar al
infinito y me habló de nuevo.
-¿Es cómo
vais a salir de ésta lo que os preocupa?
-¿Acaso no
debería? Sé de qué va esto. No soy una guerrera, no he visto una
espada en mi vida. Y lo peor de todo es que sé exactamente cual va a
ser el final de todos vosotros, pero del mío no tengo ni idea. ¿Y
si nada más salir de Rivendel me caigo del caballo y me abro la
cabeza?
-Si te hace
sentir mejor creo que saldremos de Imladris a pie, no a caballo-
Reímos y el elfo volvió a perder la vista en la otra orilla. Tras
haber hablado y haber aireado mis temores, me sentí mejor, así que
le di las gracias.
-¡Dama
Angie!- gritó uno de los dos hobbits que venían corriendo,
zarandeando algo al aire.
-¡Hey Pip!
¡Merry!-me levanté azorada, saqué los pies del agua y me puse de
rodillas para estar a su misma altura.
-La princesa
Arwen nos pidió que os los entregáramos-dijo Merry mientras Pippin
me daba un par de zapatos- Parecía apenada de no poder hacerlo ella.
-Cuando la
preguntamos nos dijo que seguramente no quisierais verla en estos
momentos...- contestó Pip- ¿es eso cierto? ¿Porqué no queréis
verla? Es siempre tan amable...
-Muchas
gracias, por los zapatos... ¡qué haría yo sin vosotros!
-¿Interrumpimos
algo?-preguntó Merry sintiéndose incómodo. Había intuido que yo
no iba a dar explicación alguna, en parte por que si lo hacía
tendría que explicar quién era Adrien y estaba exhausta de intentar
hacer entender al elfo mi relación con el francés.
-¿Sabéis que
los hobbits inteligentes no se meten en camisa de once varas?- me
miraron sin entender- Da igual.
-En realidad,
intentaba convencer a esta Dama rebelde para que comiera algo- dijo
Legolas sonriendo- tal vez podáis ayudarme con eso.
-Es cierto que
no os hemos visto en el comedor...
-y con esas
ropas no habríais pasado desapercibida en absoluto...
-¡Pip!-le
regañó Merry
-¿Qué? Lo
único que digo es que viste demasiado raro...
-Gracias, Pip-
reí. No había caído en que el vestido de Arwen había quedado del
otro lado y volvía a llevar ropa mía- tú también estás muy
guapo... definitivamente el verde musgo es tu color.
-¿Verdad que
sí? Merry no opina igual. Cree que es el único al que le queda
bien...
Reí de nuevo.
Legolas parecía satisfecho de ver como los hobbits habían logrado
hacerme olvidar el desastroso incidente del armario. Merry y Pippin
se sentaron con nosotros a hablar de las delicias que me había
perdido, pues se habían tomado muy en serio el comentario de cierto
rubio sobre hacerme comer. Cada vez hacía más calor, así que me
recogí el pelo con una de las gomas que suelo llevar siempre el la
muñeca (es lo que tiene el pelo largo, da un calor de mil demonios,
claro que en invierno se agradece). Al igual que Ainë, los hobbits
se asustaron cuando vieron la estrella negra en mi omóplato derecho.
-Es un dibujo
por debajo de la piel- expliqué por enésima vez en un mismo día-
podéis tocarlo si queréis, no mancha.
Sentí el dedo
de los hobbits repasando el contorno de cinco puntas en mi espalda.
Resultó agradable hasta que a Merry le dio por rascar fuerte.
-Lo siento- se
disculpó. Legolas apartó un mechón de pelo que me caía por la
espalda y justo cuando pensaba que iba a sentir su tacto me asusté
ante la llegada de Boromir y los otros dos hobbits.
-Dama Angie...
-¡Mira
Frodo!- Pip le enseñó el tatuaje de mi espalda a Frodo y a Sam y
les explicó lo que era. Boromir también lo miró extrañado.
-¿Porqué una
estrella dama Angie?
-Siempre me
han fascinado las estrellas, Sam...
-Pero es
negra...
-Porque mi
piel es blanca... si el cielo nocturno fuera blanco tampoco se verían
las de ahí arriba ¿verdad?
-¿Y que os
trae tan al oeste de Rivendel?-el hijo de Thranduil parecía molesto.
Nunca se habló de rivalidad entre ambos abiertamente en los libros,
no eran enemigos declarados, pero Boromir pensaba que Legolas
consideraba a su padre indigno como cabeza del gobierno de Gondor y
el elfo sabía que Boromir no iba a cederle los derechos del trono a
Aragorn por su largo y sedoso pelo pantene.
-¿Acaso el
oeste está reservado a los elfos?- contestó Boromir cabreando más
a Legolas. Busqué la mano del elfo en la hierba intentando
tranquilizarle.
-Por supuesto
que no Boromir... o no estaría yo aquí- sonreí con todo el encanto
del que era capaz, que no era demasiado a decir verdad.
-Venimos en
busca de Merry y Pippín- contestó al fin Frodo- Boromir se ha
ofrecido gentilmente a enseñarnos a usar la espada...
-Claro... por
supuesto...- contestó el elfo. Después posó sus ojos azules en mí.
-Tal vez
debería acompañarles- dije en voz alta, aguantándole la mirada y
sonriendo-No puedo matar orcos únicamente con mi sarcasmo ¿no
crees?
-Será un
placer enseñaros el arte de la espada, mi señora- Boromir me tendió
la mano para ponerme en pie.
-Aunque me
temo que tendrá que ser más tarde. Merry y Pip me han hecho ver la
importancia de hablar inmediatamente con Arwen.
-Cuando os sea
conveniente. Estaremos en los patios traseros si decidís uniros...
Vamos señores medianos, hay mucho que aprender.
-Me alegra ver
que habéis decidido hacer las paces con Undómiel- dijo el príncipe
una vez se hubieron marchado.
-Es que no me
apetecía nada empezar ahora...-confesé en bajito con una sonrisa
complice en los labios- Tengo hambre.
-¿Tanto
hablar de comida con los medianos os ha abierto el apetito?
-¿No era lo
que pretendías?-el elfo sonrió pero no por mucho tiempo- Boromir es
un buen hombre, Legolas...
-No soy quién
para juzgarlo, y sois vos la que lo evitáis...-contestó de mala
gana, y no sólo le molestó que hablara del hijo de Denethor, sino
que me di cuenta que al mencionar su nombre se tensó.
-Tienes razón,
no eres quién para juzgarlo. Ni yo tampoco. Pero no puedo evitar
tenerle lástima.
-¿Porqué
habríais de tenerle lástima? Es el hijo de un Senescal.
-Tú eres hijo
de un rey ¿Habría que tenerte menos lástima por eso?
-¿Me tienes
lástima?-Al fin empezaba a tutearme, claro que la situación no era
nada propicia. Me estaba metiendo en unos jardines de los que no
sabía muy bien como salir.
-Tanta como a
Aragorn o a Elrond. Los que tenéis en vuestras manos el destino de
un pueblo me dais verdadera pena. A lo mejor es una sensación mía,
pero me parece que anteponéis vuestros deberes a vuestros deseos
demasiadas veces... ¿qué opina su majestad, príncipe del Bosque
Negro?¿me equivoco?
-Sólo en
llamarme así. 'Su majestad' es sólo para el rey, y hasta dónde
tengo entendido la salud de mi padre es de mithril- rió
-¿Cómo debo
llamarte entonces?¿Su alteza?¿Su ilustrísima?¿Señor emperador de
las indias?
-No sé que
son las indias... pero podéis llamarme Legolas.
-No.
-¿No?-ahora
era yo la que le hacía reír-¿No pensáis llamarme por mi nombre?
Creo que mi nana estará muy decepcionada...
-Porque tú
seguirás llamándome Dama Angie, como todos por aquí. Creo que os
llamaré a todos Señor. O Damo ¿que prefieres?
-Damo Legolas
estará bien- Se cachondeó- Nunca me habían llamado así. Y también
es la primera vez que oigo de alguien al que le irrita tanto ser
tratada con respeto.
-No es el ser
tratada con respeto lo que me molesta, sino que siento que me queda
grande. Y más si el apelativo tengo que compartirlo con Arwen o
Éowyn... Pero no quiero hablar de eso ahora...
-Explicadme
entonces la razón por la que me tenéis lástima...
-No puedo...
-¿Es por algo
que sabéis que va a pasarme?
-No- Mentí.
No podía decirle que su destino era quedarse sólo, o peor, en
compañía de un enano. Al menos no hasta que ambos empezaran a
llevarse mejor y llegara el aprecio- esa es la razón por la que le
me entristece estar con Boromir en la misma habitación. El suyo es
el más negro de vuestros destinos...
-No verá el
anillo destruido...
-No-contesté-
y por eso no voy a huir de Gandalf. Podría irme al oeste y dejar que
suceda lo que tiene que suceder... pero no podría vivir con ello. Si
acompañándoos puedo aliviar vuestra carga, lo haré. Y tal vez
encuentre la manera de salvarle a él y a muchos otros...
Después de
una conversación tan profunda las tripas me empezaron a rugir con
fiereza, con lo que le pedí que me enseñara las cocinas, y pareció
alegrarse de que lo hiciera. Cuando volvimos a palacio, un elfo le
informó de que el Señor Aragorn le andaba buscando y tras pedirle
que se asegurara de que comiera bien, se despidió.
-Mi educación
me obliga a besaros el dorso de la mano como despedida, y sin embargo
el sentido común me pide vuestro consejo y permiso antes de
aventurarme en tal empresa.
-Hacéis bien
en pedirlo, Damo Legolas- le tendí la mano sonriendo- y sólo por
eso os lo concedo, aunque no sepa muy bien que tanto placer os
produce por estos lares ir besando manos. Pero hay una condición.
Demasiado
tarde para arrepentirse elfito, ya notaba el roce sus labios en mi
piel. Una vez liberada mi mano, tomé una de las suyas como rehén
entre las mías mucho más pequeñas e hice el mismo procedimiento
que había realizado él segundos antes.
-Desconozco el
porqué de ésa extrañeza en sus ojos, Príncipe del Bosque Negro,
deberíais estar ya acostumbrado- Sonrió de nuevo y sin añadir más
palabras marchó con la intención de encontrar al montaraz.
El elfo al que
me había dejado a cargo me pidió que le siguiera hasta un lugar
enorme, un nivel por debajo de la planta principal y uno por encima
de las mazmorras. Por un momento pensé que iba a meterme de nuevo en
una celda, pero viendo mi cara de horror el elfo tomó mi mano y me
guió a las cocinas. Eran bastante grandes y en ellas trabajaba mucha
gente.
-Lo primero
que veas...- respondí cuando me preguntaron el qué quería comer-
encontrarás que a estas horas mi estómago es muy poco exigente...
Helcaraxë
o Helcaracsë (en élfico «hielo crujiente») es un lugar
ficticio que pertenece al legendarium creado por el escritor
británico J. R. R. Tolkien y que aparece en su novela póstuma El
Silmarillion. Es un estrecho angosto que une a Aman y la Tierra Media
por el norte ya que estos continentes se curvaban uno hacia el este y
el otro hacia el oeste. Está cubierto de montañas movedizas de
hielo, en el que hay vastas nieblas y vapores de frío mortal. Es un
lugar inhóspito por el que casi nadie se atreve a transitar. El
primero en cruzar este estrecho fue Melkor huyendo junto con
Ungoliant tras haber destruido los Árboles de Valinor. Poco después,
Fingolfin lo cruzó con los Noldor que decidieron partir hacia la
Tierra Media y que habían sido traicionados por Fëanor tras La
Matanza de los Hermanos de Alqualondë. Muchos Noldor murieron
durante esta penosa travesía, entre ellos Elenwë, la esposa de
Turgon. Fuente: la wikipedia XD
A
ver... antes de nada, mi francés está muy muy oxidado, así que si
pongo algo que os haga llorar lágrimas de sangre pardonnez moi...
-Voulez-vous
venir avec moi?= ¿Quieres venir conmigo?
-Je
suis meilleure compagnie que la solitude, n'est-ce pas?= Soy mejor
compañía que la soledad ¿no?
-Qu'est-ce
qui vous fait penser que j'irai seule?=¿Qué te hace pensar que iré
sola?
-Ah,
je comprendre... est ce que tu vais avec l'autre amant, n'est pas?=
Entiendo... vas a llevar al otro amante ¿no?
-Dônnez-moi
cinq secondes...= Dame 5 segundos
-Trop
de temp.= Demasiado tiempo
-J'avais
presque oublié ton odeur=Casi había olvidado tu olor
-Tu
deviens trop douce ... Adrien... qu'est-ce qui se passe? Adrien?= Te
estás ablandando, Adrien... ¿Qué te pasa?
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