De
la estrella que cayó en pleno corazón de la Tierra Media
y
su regreso tras la guerra del Anillo
Disclaimer:
No, mi apellido no es Tolkien, así que no me pertenece nada de nada
salvo los personajillos que ya sabéis... Oh, y la letra de la
canción es de Heller y se llama Diffendimi.
8
tinuviel,
tinuviel
o
cuando tolkien se dio de bruces con goodkind
Por otra
parte, no podía evitar seguir cuestionándome mi decisión de no
intervenir. Después de lo del mini kraken y del fiasco con el tema
del pozo, está la mar de claro que sucederá lo que tiene que
suceder, tal y como transcurre en la peli o como se narra en el
libro, independientemente de las birguerías que me monte yo para
intentar cambiar las cosas. Pero aún no me he resignado del todo y
hay un punto en el que pienso ser inflexible. En este caso en
concreto estaba claro: Mithrandir volvería como Gandalf el Blanco, y
gracias a eso sería capaz de enfrentarse a Saruman, de romper su
vara. Pero Boromir no lo haría. Él no era más que un hombre común
y corriente a los efectos de la parca y como tal no podía regresar
de Mandos cuando le viniera en gana, por muy hijo de Gondor que se
considerase. Tal vez su vida no sea tan relevante después de todo,
no al menos lo suficiente como para cambiar demasiado la historia, y
pueda ser salvado. El caso es que nos acercábamos cada vez más a su
fin, estábamos tan sólo a una jornada del Bosque de Lórien y sólo
tenía firme propósito de salvarle, pero sin un plan viable, y por
si fuera poco mi simpatía por él empezaba a cegarme.
-¡Dama
Angie!-¿Otra vez con el Dama? Boromir se echó encima mía al verme
beber de un manantial y me alejó de él como de la peste- ¿Acaso no
escuchásteis lo que dijo maese Gimli?
-No,
yo...- A ver como le contaba que estaba pasando de ellos- eh... no
hay una respuesta correcta a esa pregunta ¿verdad?
-Es el
manantial donde nace el Cauce de Plata-me explicó separándose un
poco de mí. Habíamos llamado demasiado la atención y la mirada de
los demás se centraba en nosotros, sobre todo la del montaraz y la
de cierto elfo silvano, que si tuvieran la capacidad de Cíclope de
matar con la mirada Boromir habría caído fulminado hace ya un buen
rato.
-¡Oh
no! ¡Ahora dormiré durante tres días!
-¡No!-Me
gritó Trancos muy serio suponiendo que era mi manera de escaquearme
y sacarme un descanso de la manga... bastante le había costado que
arrancarnos de las puertas de Moria como para hacer otro parón- Al
menos hasta que lleguemos a Lórien... allí podrás dormir lo que
quieras.
-Creo
que te confundes con el Río Encantado-rió el elfo por primera vez
en mucho tiempo. Desde que abandonamos Moria apenas me había
dirigido la palabra directamente-Aunque no debes temerle aquí, pues
es el que tiene sus fuentes en las Emyn-nu-Fuin y estamos
demasiado lejos.
-¿Entonces?-pregunté
sin explicarme porqué el hermano de Faramir no había dejado que
saciara mi sed.
-Es fría
como el hielo- se limitó a decir Boromir. En cuanto se dio media
vuelta volví a beber: sí, estaba bastante fría, pero estaba
sedienta. No hace falta decir que debí de hacer caso a Boromir y al
consejo del enano, porque al rato empezó a dolerme la garganta.
Aragorn
señaló hacia donde corría el Cauce de Plata, dónde al fin vimos
las hojas doradas del bosque de los galadhrim. No sólo a mi
se me alegró el corazón al verlo, a Aragorn le pesaban los años
que hacía que no veía el Bosque de Oro y el principito parecía no
caber en su metro ochenta y pico de altura.
Continuamos
caminando porque aún estaba lejos, mas a mitad de camino Frodo y Sam
se fueron quedando rezagados y recordando las heridas que habían
sufrido, Aragorn consintió en parar un poco más adelante. Mientras
tanto él y Boromir cargaron con ellos, y cuando Trancos se quedó
convencido de que habíamos avanzado lo suficiente dejaron a los
medianos en el suelo. Merry, Pippin y Gimli hicieron un fuego y
buscaron agua. Yo me quedé con Sam mientras Aragorn revisaba su
herida y cuando el elfo trajo el agua caliente machaqué en ella la
hoja de athelas que me había dado Trancos. Agarré una de las capas
que Arwen había metido en mi bolsa y mojé una de las esquinas en el
agua y lavé con ella la herida de la cabeza del hobbit.
-No es
necesario... vais a manchar la capa mi señora.
-Es mi
capa Sam. Y como vuelvas a llamarme señora la que te voy a abrir la
cabeza soy yo- el hobbit sonrió. Aragorn por su parte intentaba
reconocer al portador del anillo, pero Frodo no parecía estar por la
labor. Y aunque sabía porqué, decidí tener un poco de cortesía
con él- Creo que me iré a dar un paseo.
-Iré
contigo- dijo el elfo- no vaya a ser que andando, andando, llegues al
Nimrodel y te nos caigas de cabeza.
-Mira,
nos ha salido gracioso el principito... Te dejo en buenas manos Sam-
Merry me sustituyó como enfermero-No aprietes demasiado no se le
vaya a salir la sesera...
-Voy con
vosotros. Aquí no hay demasiado que pueda hacer...
-De
hecho- interrumpió Trancos- sí que puedes, Boromir. ¿Porqué no le
hechas una mano a Gimli? Incluso manteniendo al joven Tuk alejado de
la comida serías de gran ayuda.
-Por
supuesto.
Boromir
intentó ayudar al enano a encender un fuego, pero era un poco
desastre en ese aspecto. Lamenté no quedarme a ver como acababa
aquello, pero en lugar de eso caminé en dirección a Lórien con un
principito tremendamente aliviado detrás. Si no fuera por lo
repentino de la situación hubiera pensado que Aragorn sabía lo que
iba a pasar de antemano y que probablemente lo hubiera hasta
planeado.
-Siento
lo del hombro-dijo cuando estábamos lo suficientemente lejos como
para que no nos oyeran. De veras parecía arrepentido- De verdad, lo
siento mucho.
-No te
preocupes-contesté sonriendo. El pobre ya se sentía bastante mal
como para echar más leña al fuego. En Moria había sido divertido,
pero ahora me partía el alma verle así- en parte es culpa mía que
seas un desastre con el arco... ¿Te sigue molestando el brazo?
-¡No
soy un desastre con el arco!
-Claro...
-Y ya
está bien del todo. Seguro que fueron tus cuidados...- sonrió,
seguramente acordándose de las pocas veces que le había curado yo
la herida en estas semanas.
-Sí, mi
cuidado al caerme del balcón... creo que tienen más que ver los
potingues de Aragorn, pues de dónde vengo nadie se habría curado
así de rápido. Una vez me rompí una pierna y tuve que andar a la
pata coja durante seis meses.
-Lo
echas de menos ¿verdad?
-La
verdad es que no era muy cómodo... tenía que dormir boca arriba
porque me habían escayolado hasta el pie y me molestaba. Nunca me ha
gustado dormir boca arriba pero... no te referías a eso ¿verdad?
-No,
hablaba de tu hogar. Pero ahora entiendo porqué me das la espalda
cuando dormimos.
-Probablemente
Pip te dirá que te doy la mejor parte. Claro que con sus ronquidos
no oye los míos-reí- y yo que siempre imaginé que si alguno de
vosotros roncaba ése sería Gimli, pero he de reconocer que el joven
Tuk me ha dejado impresionada. No sé como alguien tan pequeño puede
producir ruidos tan agudos...
-¿Piensas
volver?-volvió de nuevo hacia mí su mirada meditabunda. Sabía que
se refería a si pensaba atravesar el armario de nuevo... pero no era
algo que pudiera contestar en esos momentos pues no lo sabía ni yo.
De manera que lo que terminé contestando no tuvo mucho que ver,
vamos que me hice la sueca sin ser yo nada de eso.
-¿entera?
Lo intentaré, pero no prometo nada... lo mismo dejo que me corten
una oreja a lo Van Gogh, pero sólo para fastidiar la simetría, ya
sabes...-bromeé, pero ya sabía a lo que se refería el elfo-Igual
que tú, supongo... ¿O acaso no vas a volver a Mirkwood?
-Tú
sabes eso mejor que yo...
-Supongo
que sí. Pero siempre puedes decidir no hacerlo. Aunque si no lo
haces prométeme que la razón no será Thranduil, sino una elfa
bonita...
-No
puedo prometértelo-contestó riendo. ¿El elfo se había ruborizado?
¿acaso se les pueden subir los colores?¡Yay! Había encontrado otra
manera de molestarle...
-¿Al
menos dejarás de sentirte culpable? No puedes sentirte mal por
siempre... cualquiera que sea la razón por la que tanto te
martirizas carece de sentido si no hay solución posible. Como decía
mi abuela que era muy lista: si tu mal tiene remedio pónselo, si no
lo tiene ni te molestes en pensarlo. Y el tuyo no lo tiene: por muy
elfo que seas no eres perfecto, si lo fueras no serías un elfo, sino
el propio Eru ¿no crees?
-Hace un
día demasiado hermoso como para andar con tan profundos
pensamientos...- dijo después de pensar un rato en mis palabras.
-Entiendo
que no quieras, apenas nos conocemos y mi hombro no es comparable al
de Aragorn... sólo quería que supieras que si necesitas hablar...
de cualquier cosa, estoy aquí.- Tal vez no debí de haber insistido.
No supe descifrar muy bien la expresión del elfo, si era de
extrañeza o de sorpresa- Se me da bien escuchar, dicen. Aunque
hablar se me da mejor... de hecho puedes pararme cuando quieras,
podría pasarme horas y horas así...
-Eres
muy amable por preocuparte.
-¿Pero?
-¿Pero
qué?
-¿no
hay un pero?
-Estoy
bien, de verdad- sonrió- Además, yo podría decirte lo mismo de tu
'mal' con Paula. Estoy seguro de que al volver podrás aclarar el
malentendido.
-No hubo
malentendido-contesté con voz severa-Metí la pata. A veces creo que
lo sé todo y que puedo opinar sobre cualquier tema, y obviamente no
es así. Paula sabe más que yo en muchos aspectos y por lo que
parece el amor es uno de ellos... porque sí, Álex es un cabrón,
pero uno no elige de quién se enamora...
-Hablas
con una sensatez impropia de tu edad...- el elfo se paró en seco y
me miró de arriba a abajo mientras yo aún caminaba, como si hubiera
algo nuevo en mí y no supiera el qué.
-No creo
que mi hermano esté de muy acuerdo con eso... hablando de edades...
¿cuántos años tienes principito? Porque por tu aspecto no te
echaría muchos más de los que yo tengo, pero algo me dice que los
27 los dejaste atrás hace tiempo...
-Tanto
que se me hace difícil recordarlos- ya está, algo se apagó en él.
Sonreía, pero no transmitía nada.-¿Y porqué habría tu hermano de
estar en desacuerdo?
-Porque
soy una cabra loca ¡y estás intentando cambiar de tema! ¿No vas a
decírmelo?- el elfo negó con la cabeza- Venga... ¡prometo no
decirle nada a Giladar! Además, ¡con esa carita dudo que le importe
que tuvieras un millón de años!
-Pareces
empeñada en emparejarme con esa elfa...
-¿Acaso
no te gusta?
-Lo que
me disgusta es tu insistencia en buscarme compañera.
-¡Entonces
te gusta! Bien, bien... me niego a irme de la Tierra Media sin
librarte de tu destino. En el fondo me caes bien elfo... ¿Alguna vez
has estado en el Bosque de Oro?
-No pero
he oído hablar de él.
-No te
preocupes, seguro que hay elfas para aburrir. Me haré amiga suya y
te las presentaré. Volvamos, seguro que a estas alturas ya han
descubierto que la razón de la timidez de Frodo no era yo en
absoluto.
Después
de comer una sopa insípida y muy falta de Avecrem (es extraño lo
que puedes llegar a echar de menos en los momentos de necesidad)
borraron nuestro rastro y seguimos nuestro camino. Pronto se hizo de
noche y una niebla empezó a emerger en la parte baja de la loma. A
Boromir no le hacía gracia entrar en Lórien, y estoy segura de que
a Gimli le hacía menos ilusión todavía pero Aragorn les
tranquilizó y continuamos sin mediar palabra hasta que tropezamos
con un arroyo.
-¡He
aquí el Nimrodel!-dijo Legolas- Los elfos silvanos lo cantaron
muchas veces.
-¿También
le cantaron al puente roto?-dije en un hilo de voz. Definitivamente
no debí de haber bebido de aquellas aguas.
-No, lo
cantaron sin estarlo. Nos mojaremos los pies en sus aguas, pues dicen
que cura la fatiga ¡Seguidme!- Y ciertamente le seguimos. Yo en
particular le seguí tan de cerca que después de cruzar como la
mitad del río, fui a pisar una de las piedras mojadas sin que él la
hubiera abandonado totalmente y acabamos cayendo los dos al agua.
-Oh
my...- casi se me corta la respiración de la impresión y de lo fría
que estaba- ¿Se puede saber a qué te paras?
-Yo no
me he parado, tú ibas muy deprisa. Al menos no has caído de
cabeza...
-¿Cómo
iba a ir más deprisa que tú, pies ligeros?- reí. A diferencia del
elfo que salió en seguida del agua, yo me quedé un rato
revolviéndome el pelo y restregándome la ropa intentando sacar toda
la arena acumulada, suficiente para sellar las minas con Balrog
dentro.
-Podrás
darte un buen baño en cuanto lleguemos a Caras Galadhon-
contestó Aragorn mientras yo cogía algo de ropa seca. Boromir se
acercó a mí y me echó por encima una de sus capas.
-Gracias.
¿Alguien sabe porqué tengo que ser siempre yo la que acabe calada
hasta los huesos?
-Vas a
coger frío- Boromir me frotó fuertemente los brazos en un intento
vano de secarme. Un elfo muy cabreado y descamisado me miraba con
odio un par de metros por detrás de Aragorn. ¿Qué coño le sucedía
ahora?¿Acaso quería para él la capa de Boromir? A ver si va a
resultar que al elfo le van los tíos... ¡Claro! Por eso le
molestaba que le buscase 'compañera'. Uyuyuyuyuy... quien iba a
pensar que tantos slash tenían razón. Oh, y eso que suena
por ahí son los pedazos rotos de la fantasía 'exótica' favorita de
mi Maitechu.
-¡Voy a
alejarme un poco!-grité bien fuerte- ¡Para cambiarme de ropa!
-No
tienes que gritar-dijo Merry- podemos oírte perfectamente
-Ya lo
sé, Merry, tienes orejas... ¿ves? Dos. Dos grandes orejas de hobbit
para oírme mejor.
-De
hecho-Contestó Pip- nuestras orejas son más pequeñas que las tuyas
Ange.
-Abuelita,
abuelita ¡qué ojos más grandes tienes! Son para verte mejor...
¡qué orejas más grandes tienes! Son para oirte mejor... que boca
más grande... va déjalo-contesté algo decaída al ver que no lo
pillaban- No sé que clase de cuentos os cuentan a vosotros... y
dejad de distraerme que empiezo a tener frío.
Caminé
hacia el norte con la esperanza de encontrar alguna cabaña
abandonada, a ser posible antes de llegar La Carroca. Por dos
razones, la primera porque no me apetecía nada ir hasta donde
Yavanna perdió las sandalias, y la segunda porque no creo que a
Beorn le hiciera mucha gracia verme por allí y menos sin Gandalf.
Tampoco quería alejarme mucho. Probablemente los galadhrim me
habían oído y sabían que estaba sola. Hay que reconocerlo, era un
buen momento para secuestrarme sin que los demás se dieran cuenta.
¿Claro que para qué? ¿para sacarme información?¿a mí? En fin,
les hablé por si las moscas.
-Señores
galadhrim, les agradecería que si aún siguen por ahí me
dieran cierta 'intimidad'- grité al viento- prometo contarles todo
lo que quieran después sin necesidad de desenvainar las espadas.
Nada se
movió, ni siquiera por efecto de la brisa. Todo estaba absolutamente
tranquilo, a pesar de lo cual decidí no fiarme. Me puse la capa que
me había prestado el hermano de Faramir y me quité la ropa mojada
por debajo. Si esos elfos degenerados seguían fisgando no iban a ver
mucho más que un bulto grisáceo revolverse en medio de la explanada
bajo el tenue resplandor de la luna.
Una vez
vestida y relativamente seca recogí las prendas todavía húmedas
del suelo y me dispuse a encontrar el camino de vuelta. Emprendí
rumbo al sur. Creo que era el sur, porque a diferencia de cierto ent
para mi no fue como andar cuesta abajo. De hecho el camino se me hizo
largo y tedioso, en parte porque no tenía con quién meterme y
cuando estoy sola me da por pensar. Sé lo que dicen de la gente que
se suele dedicar a estos temas y creo que tienen razón. Pensar sólo
trae problemas, aunque probablemente me contestaréis lo contrario:
que es el no pensar lo que los trae. Puede, pero desde luego lo que
no trae es dolores de cabeza. ¿Veis? Ya estoy divagando de nuevo.
Por suerte encontré algo con lo que distraerme antes de tener una
epifanía de las buenas. El murmullo de la poca brisa que hacía
bailar las hojas traía una voz dulce consigo. Casi no podían
distinguirse apenas una de la otra, pero concentrándome mucho logré
entender algo de que tenía una estrella en la mente... no, no, en la
frente. Una estrella en la frente. Ignoré mis anteriores
preocupaciones, abandoné la idea de encontrar a mis compañeros y
perseguí aquella voz que venía de la nada. ¿Acaso sería Galadriel
la dueña? No, ni siquiera la estrella de la mañana puede tener una
voz así de hermosa. Cual fue mi sorpresa cuando al que encontré
entonando fue al elfo, que de tan concentrado que estaba no se
percató de mi llegada.
-Tinúviel,
Tinúviel...-Le susurré al oído, arrodillándome a su espalda. Giró
la cabeza y me perdí de nuevo en esos ojos tan azules que parecía
que en una triquiñuela traviesa le habían robado al mar todo su
color, y aunque no parecían sorprendidos sentí que se alegraban de
tenerme a la vista. Me incomodó sin saber muy bien porqué, tal vez
porque había ya demasiada intimidad en aquella mirada cristalina-¿No
era lo que venía a continuación?
-La
historia a la que te refieres es la de Luthién y Beren, yo cantaba
las desventuras de la doncella Nimrodel y Amroth- Me dijo casi en un
susurro con una sonrisa de oreja a oreja, como si entendiera mi
equivocación y fuera lo más normal del mundo.
-Lo
siento, es que a mi me parecen todas iguales...-Me dejé caer de
espaldas en la hierba, que estaba caliente y seca, de cómo le había
estado dando el sol todo el día. Era reconfortante. El elfo se giró
un poco dándole la espalda a su gran amigo Trancos sólo para poder
recriminarme mi comentario a la cara.
-¿Cómo
pueden parecerte iguales?
-Se
parecen mucho.
-La
historia de Nimrodel es de pérdida, de como busca a su amado. El
caso de Luthién Tinúviel y Beren es distinto-arguyó Trancos.
-Es
siempre la misma historia Aragorn, ¿acaso no te suena de nada? Ay!
Que poca disposición a atar cabos... ¿un hombre y una elfa?¿Thingol
no os recuerda a cierto gobernante de Imladris? Además, he de decir
que me molesta que en esos cuentos siempre sea una elfa la que se
enamore del hombre mortal, me gustaría escuchar de una en la que
fuera al revés... que hubiera una tan solo en la que el enamorado de
la mortal fuera un elfo... pero al parecer sois demasiado cautos o
nosotras demasiado poco tentadoras...-dije riendo mirando
directamente al elfo- No tenéis remedio, sois unos románticos
empedernidos... en cambio yo soy más práctica...
-¿A qué
os referís?
-Gimli...
mírame... ¿en serio crees que yo buscaría a Amroth?¿crees que
renunciaría a la eternidad por Beren? No me trago toda esa chorrada
del príncipe azul a lomos de un caballo blanco... no sé porqué
pero siempre me han dado mala espina los blancos...
-En tal
caso eres digna de lástima...- Suspiró Sam metiendo baza en la
conversación
-Puede,
pero al menos mi felicidad no depende otra persona.
-Algún
día lo hará- rió el elfo, pero su expresión acababa de encajar,
no acompañaba a sus palabras. Creo que atisbé algo diferente en la
mirada que hasta hace un momento me había incomodado. A pesar de su
sonrisa adiviné que algo roto que se escondía debajo. Aunque si soy
del todo sincera no entendí muy bien el porqué mi vida amorosa le
preocupaba tanto al elfo, la verdad.- amarás tanto a alguien que no
te importará comerte esas palabras. Tu lo dijiste antes, uno no
elige de quién se enamora, perderás todo ese autocontrol, ese
orgullo y ese pensamiento tan lógico.
-No.
-¿No?-No
se terminaba de creer que le hubiera replicado tal asunto. Estaría
bueno, ¡como si tuviese más idea de los deseos de mi corazón y de
mi vida que yo! Era indignante...
-Lo
primero que la vida se dignó a enseñarme fue que los príncipes
azules no existen, que son un mito: como el chocolate que no engorda,
la piedra filosofal, las meigas y la Atlántida. Por eso cuando tuve
edad decidí pasarme a los príncipes verdes, no tienen las mismas
maneras pero los encuentro encantadores... ¿y qué se ha convertido
esto?¿en radio-patio? Sois peor que mi madre, y ya es decir... ¿no
iréis a darme también el tostón con que se me va a pasar el arroz,
no? Porque es lo que faltaba...
-¿Pasarse
el arroz?- intervino Frodo divertido.
-Además,
es cruel, cínico y retorcidamente irónico... ¿porqué tenéis
tantas ganas de que lo sienta?¿porqué habría de querer sentirlo yo
acaso? No os atreváis a mirarme de ésa manera...-le solté a
Aragorn- El que seas un ingenuo no te da derecho a sentir lástima
por mi. Me voy a dormir un rato a la orilla, por aquí hacéis
demasiado ruido.
Agarré
mis ropas mojadas y me alejé de allí lo más rápido que pude.¿Qué
narices se habían creído? Si estaba allí era para echarles una
mano, no para que me juzgaran por ser como soy. Puede que piensen que
soy una amargada, pero sinceramente me da igual. Es mucho mejor eso
que inspirar lástima por un corazón deshecho. Sin acercarme
demasiado a la orilla extendí la ropa en la hierba para que se
secara un poco. Me tumbé en la hierba mirando el cielo estrellado e
hice todo lo posible en concentrarme en encontrar cierto parecido con
el cielo de Madrid en una noche de verano. Pero aquí habían más
estrellas, y las que pude reconocer brillaban aún más de lo que
recordaba.
-¿Quieres
hablar?
-Claro,
¿porqué no?-El elfo se sentó a mi vera dispuesto a escuchar lo que
tuviera que decir. Sólo que no iba a darle la satisfacción de
seguir discutiendo sobre el mismo tema-Es una delicia poder disfrutar
de una noche así, desde casa apenas se ven estrellas. No sabéis la
suerte que tenéis.
-¿No
hay estrellas en tu mundo?
-Sí,
pero no tantas. Y las que hay apenas se ven por la contaminación
lumínica. Supongo que es normal después de todo... si Tolkien ideó
la Tierra Media como un periodo anterior de mi propia tierra y las
estrellas no son más que gigantescas bolas de gas en constante
combustión, es lógico que se vayan apagando.
Me
preguntó curioso sobre las bolas de gas, y como da la casualidad que
la astrofísica es uno de mis hobbys (rara que es una) le expliqué
algunas cosas que a pesar de la buena disposición del elfo, no estoy
muy segura que entendiera. Le hablé de la vida de las estrellas, de
agujeros negros, del efecto doppler y el corrimiento al rojo, de cómo
el hombre pisó por primera vez la polvorienta superficie de su
Ithil. Y lo único que pareció quedarse grabado en su mente
fue el nacimiento de las estrellas aunque, como sostuvo orgulloso más
de una vez mientras se lo explicaba, seguía pensando que había sido
Elentári quien realmente las había encendido.
-Mira...
¿ves aquella de allí?-intenté desviarle del tema, que ya empezaba
a cansarme el que intentara convencerme de su opinión sobre la
valier esposa de Manwë.
-Nosotros
lo llamamos Venus, el único planeta del sistema solar con nombre de
mujer. Se lo pusieron por la diosa del amor romana, lo cual no deja
de ser irónico porque es un maldito infierno... la presión es
bestial y las nubes no son de agua, sino de ácido sulfúrico y
aunque está más cerca del sol apenas está iluminado por la
atmósfera tan densa que tiene...- tras un montón de datos sobre
nuestro planeta gemelo que el elfo no me había pedido y con los que
pareció conformarse aunque no entendiera ni la mitad, decidí ser
buena persona y preguntarle por el hijo de Tuor. Legolas me contó la
historia de los silmarils, del papel de Eärendil y de su creencia de
que era el silmaril del medio elfo el que brillaba en tan oscura
noche en los dedos de su dueño. Y sinceramente, no tuve alma para
replicarle. Eso sí, no me convenció de su teoría. Para mí Venus
seguirá siendo el segundo planeta más cercano a la Tierra, el único
además que tiene rotación retrógrada y cuyo magnetismo es
prácticamente inexistente comparado con los demás.
-Tendrás
que explicarle a Frodo lo de que se te pase el arroz, no entiende
como alguien tan joven puede tener esas preocupaciones... y
sinceramente, yo tampoco...- me dijo cambiando completamente de tema
(creo que intuyó que no iba a lograr convencerme de la historia del
brillante silmaril)
-Yo no
voy a vivir tan largamente como vosotros... mi vida será como un día
de la tuya, y sensiblemente más corta que la de Frodo... eso, y que
además mi madre es una neurótica demasiado tradicionalista para la
vida que la tocó vivir y tiene puestas sus esperanzas en nosotros.
Según ella, a estas alturas Paula ya debería tener un marido
contable, decente y aburrido, tres hijos más Leire, una casa de
valla blanca, un coche, un perro labrador y tres árboles frutales
(probablemente un ciruelo, un manzano y un naranjo; pero creo que la
dijo que el último lo dejaba a su elección). Yo como soy tres años
más joven y no he llegado aún a la treintena, debería estar camino
de Los Jerónimos del brazo de un importante cirujano. Pero en mi
caso se ha resignado conmigo y con mi carácter, y creo que se
conforma con que para abril vaya camino de una capilla de Las Vegas,
preñada y del brazo de un enfermero... recuerdo que cuando vivía
con ella, cada noche que ponían Anatomía de Grey en la tele me
decía 'ves hija, no están tan mal'. Y cuando se ponía así, yo le
contestaba que si no le importaba que fuera actor en vez de cirujano
ya me las arreglaría para encontrar a Patrick Dempsey, sólo para
decirle que deberíamos casarnos porque si no ella iba a morirse del
disgusto.
-Parece
como si el matrimonio se considerara algo así como un pacto,
independientemente del amor a la otra persona.
-En
muchos casos lo es.
-Cada
vez me gusta menos tu mundo... no sé porqué estás tan desesperada
por volver.
Salvada
por la campana. O por los gritos del montaraz en este caso. No
pudimos seguir la conversación porque Trancos y los demás habían
levantado ya el campamento y empezaban a internarse en el bosque. Una
vez reanudada la marcha volvieron al tema de Nimrodel y la costumbre
de los galadhrim de construir casas en los árboles, Aragorn
propuso imitarlos y descansar en sus copas. Después de meterse con
Pip (estoy empezando a sentir un sentimiento algo maternal respecto
al hobbit, pues cada vez son más los que se meten con él) el elfo
pegó un salto y se balanceó entre las ramas.
-Daro!
-El
primer elfo al que veo caerse de un árbol...- dije en tono
sarcástico cuando se dejó caer. Legolas me miró con el ceño
fruncido y se apresuró a parlamentar con el galadhrim.
-¡Haldir
de Lórien!- Le llamé. Estaba impaciente por conocerle- Bajad aquí
y saludad, pues nunca oí de vos que fueseis maleducado.
El
principito se quedó de piedra y Aragorn me lanzó una mirada asesina
pero yo estaba muy tranquila. Se hizo un silencio sepulcral durante
unos minutos en los que ni la brisa se atrevió a correr ligera y
juguetear entre las hojas. Tres elfos bajaron del mellyrn, los
tres altos y delgados, envueltos en capas grises y con los arcos aún
en las manos. Aragorn y los demás aún no salían de su asombro.
-Suilaid
Rúmil, Orophin, Haldir- dije hartándome a hacer reverencias a
los tres elfos. Algún día tendría que superar aquello, pero al
parecer ése día aún no había llegado.
-Mae
govannen- saludó Haldir. ¿qué como lo sé? Pues porque es el
que tiene la jeta de Craig Parker... no hay que ser Sherlock
Holmes...- Kahlan Amnell, la dama blanca nos ha hablado de vos.
-¿Kahlan
Amnell?-repitió Frodo sin entender muy bien, cosa que ni yo hacía
en estos momentos-Creo que os equivocáis de mujer, capitán.
-Si la
Dama Blanca quiere que cambie de nombre, lo haré y seré Kahlan a
partir de este momento-contesté convencida. ¿Podría haber sido
peor no? ¡Podría haber decidido llamarme Paris Hilton!¡y a ver
como le digo yo que no!-Sé que nos acabamos de conocer, pero...
¿puedo pediros algo?
Los
hermanos miraron a Haldir, porque era evidente que hablaba con él.
Él contestó afirmativamente y yo me acerqué al elfo. Al principio
se asustó (bueno, quien dice que se asustó... más bien se
sobresaltó) cuando alcé mi mano.
-Sólo
quería comprobar que mis ojos no me engañaban-Cerré los ojos y
disfruté del tacto de su mejilla- Puede que no lo entendáis pero
para mí es una alegría tan grande veros bien y a salvo...
-Sois
muy amable al preocuparos así por mi bienestar, mi señora.
-No es
amabilidad, hir nín, mis palabras son de alivio. Os he visto caer
tantas veces... he visto como la vida se escapaba de vuestros ojos,
como exhalábais vuestro último aliento...
-Mi
señora nos habló de vuestro don, y me alegré de saber de él
entonces... pero no ahora que sé que os causa tanto sufrimiento.
-Alegraos
pues, mi querido galadhrim, pues gracias a él os evitaré tan
fatal destino. Os aprecio aún sin conoceros, pero si he de ataros a
la pata de la cama para evitar que se cumpla lo que debe de cumplirse
debéis saber que lo haré hir nín.
-No lo
dudo, pero creo que ya sabéis que nos persiguen ordas de orcos. No
es buena idea esperar aquí a su llegada.- comentó Aragorn nervioso,
sin dejar de mirar a todos lados buscando una sola sombra fuera de su
lugar.
Haldir
contestó a Trancos en élfico, con lo que no pude saber de que
demonios hablaban pero intuí que hablaban de Gimli. El elfo
(Legolas, joder con tanto elfo por los alrededores voy a tener que
cambiarle el mote) respondió al galadhrim y a partir de ahí
se desencadenaron una serie de diálogos que no pude seguir bien por
lo rápido que hablaban los interlocutores.
-Los
hobbits subirán aquí y se quedarán con nosotros... hay otro talán
en el árbol más próximo, allí os refugiaréis los demás... Mi
señora...-Haldir tomó mi mano y la besó. Sus hermanos se
contentaron con inclinar un poco la cabeza en signo de respeto-
espero que tengamos más oportunidades de terminar la conversación
que dejamos a medias. Tú, Legolas responderás por ellos. Avísanos
si algo anda mal. Y no pierdas de vista al enano.
Los tres
elfos subieron al flet casi con la misma rapidez con la que habían
bajado. A los pocos segundos una escalera de cuerda gris cayó hasta
tocar el suelo y los medianos comenzaron a subir por ella. Aragorn
escondió el equipaje debajo de un montón de hojas y nos dispusimos
a partir hacia el otro talán a pesar de mis reticencias. No me podía
creer que Haldir me mandara con los demás... será desconsiderado...
-¿Al
elfo si le permitis besaros?- me susurró el de Gondor antes de
emprender camino al talán con sorna. Legolas rió de repente. Sin
duda lo había escuchado y se había acordado de Rivendel.
-¿Quieres
dormir en el suelo Boromir?
-Al
menos no se lo has devuelto- intervino divertido el principito.
Antes de
marcharnos les deseé dulces sueños a los hobbits y, en especial a
Sam, a quién le grité a pleno pulmón que pensara en Rosita antes
de dormirse. No sé porqué pero creo que le avergonzó sobremanera
mi comentario, supongo que mañana tendré que disculparme.
El
principito logró subir al árbol en cuestión sin caerse esta vez y
nos lanzó las escaleras para que pudiésemos subir los demás.
Vienes
a Lothlórien con una esperanza vana.
-¿Has
dicho algo?
-Las
damas primero-repitió Trancos tendiéndome la escala.
Angela
Montes.
¡Al fin
alguien que me llama por mi nombre! Y tenía que ser alguien de
arriba, alguno de los que ya estaban en el arbolito. Y me cabreaba
soberanamente, no me hacía gracia subir al mallorn como para que
encima se andaran con tonterías.
-¿Quién
ha sido? Dejáos ya de gilipolleces y subamos antes de que me entre
el vértigo.
Angela
Montes. Sólo tu persona es más peligrosa que el anillo único.
Y
ni siquiera el portador lo sabe.
-Ya está
bien- saqué a Gilraen y Undómëarel de sus vainas y espadas en alto
escruté los alrededores buscando el origen de la misteriosa voz y
asustando a mis compañeros- Sal de dónde quiera que estés.
¿Asustada?
Aragorn,
Gimli y el elfo me llamaban, pero no les hice caso. Hasta que escuché
al enano increpar a los elfos porque me habían hechizado, y entonces
caí en quién podía ser. Pero era mejor asegurarse.
-Trattengo
ancora il fiato ho visto il nostro mondo infrangersi- dije en voz
alta. Posiblemente la Dama Blanca hablara muchas de las lenguas de la
Tierra media, pero estaba segura que el italiano escapaba a sus
posibilidades. Y aún no siendo así, no era posible que Tolkien
conociera una canción que se editó muchos años después ¿no?-
Potrei parlarti ancora delle lacrime che ho pianto, di quel sorriso
spento che nasconde centomila incognite, di occhi estranei si di
te...
Di
come avrai potuto fingere... Ti prego resta qui...
continuo
a chiedermi, continuo a illudermi, ti prego resta qui: Difendimi...
Escuché
en el mismo instante en el que terminé de pronunciar mis palabras.
Creo que la Dama Blanca sabía que la estaba poniendo a prueba,
porque sino no se entiende tanta rapidez y tanto esmero en la
pronunciación de cada palabra.
-Un
placer, mi señora...-Dije riendo y guardé las espadas.
Definitivamente era la Dama Galadriel, y ya no cabía duda alguna de
que podía colarse en cabezas ajenas -No, no tengo miedo de vos y sin
embargo intuyo que debería temer su ira.
Bien,
porque no es miedo lo que pretendo causarte. Ellos ya lo sienten en
sus corazones. Puedes decirles que la Dama Blanca te habla o
guardarlo en secreto, pero háblales o pensarán que de veras que te
he hechizado. Pero déjame decirte algo antes: Tu futuro es incierto,
aranel, y aunque vienes en busca de consejo es probable que el que
podamos darte aquí no sea el que tu esperabas. Si subes a los
mallorn de Caras Galadhon debes aceptar que lo que te diremos no va a
ser lo que deseas oír.
-¿Acaso
los galadhrim llamáis 'aranel' a cualquier forastera
que se adentra en vuestros dominios?-No obtuve respuesta alguna más
que una risa cantarina que llenó hasta el último rincón de mi
cerebro de una sensación placentera. Me volví hacia Aragorn y
compañía. Sus caras eran un poema. Boromir probablemente apoyara la
teoría de Gimli, y por respeto a su
futura familia política Aragorn creyó simplemente que me
había vuelto loca. No solo hablaba sola, sino que además lo hacía
en idiomas raros. Tras asegurarse que estaba todo lo bien que con mi
deficiente salud mental podía estar (no les dije con quién hablaba,
en parte porque no me parecía de su incumbencia), subimos al talán.
Gimli y Boromir fueron primero y después yo empecé a subir con
decisión pero como a la mitad empecé a titubear.
-No
mires abajo- Me dijo Aragorn. ¿Que no mire abajo? Si me habla tendré
que mirarle y si va detrás de mi está por debajo, ergo tengo
que mirar abajo. Me agarré con fuerza a las cuerdas de la escalera y
cerré los ojos. Si, es una estupidez, si subo con los ojos cerrados
es más probable que me caiga... pero al menos no lo veo.
-¿Angie?¿Que
haces con...?¿Porqué... porqué cierras los ojos?
-¿Qué
ocurre Aragorn?- Legolas se asomó al borde a ver porqué yo no
llegaba.
-Creo
que necesita un descanso, esperad un momento- Aragorn subió hasta
colocarse justo detrás mía, lo que no era muy difícil porque me
había pegado a la escalera como si la vida me fuese en ello.
-Está
muy alto-Susurré. Me costó pronunciar cada palabra, se quedaban
atoradas en mi garganta y al escupirlas me dolía un poco.
-Sí, es
un mallorn, son árboles altos.
-Y ahora
soy Kahlan- contesté molesta. El estar enfadada hacía que el miedo
se sintiera más pequeño- Y Kahlan no tiene miedo a las alturas
¿entendido? Sólo que no le gustan.
-Bien,
subiremos los dos ¿de acuerdo? Primero un pie, luego el otro.
-¿Y si
me caigo?
-No te
caerás.
-¿Y si
lo hago?
-Te
tengo bien agarrada, no dejaré que llegues muy lejos...
-¿Y si
me resbalo de entre tus manos? Cuando me pongo nerviosa, sudo mucho
y...
-¿Quieres
dormir en el suelo?
-No. Es
peligroso. Ya subo- No estaba tan loca como para no subir al flet.
Abrí los ojos y fijé la vista en la madera de la que estaba hecha
la tarima, subí un pie y luego otro. Sentía la respiración de
Aragorn en mi nuca, empezaba a ponerme nerviosa y me temblaban las
manos. Iba a resbalar, resbalaría y caería, y Trancos no alcanzaría
a cogerme.
-Mi
señora- Gimli me agarró de los brazos y me ayudó a subir. Al fin
estaba arriba. Caminé a gatas hasta la parte central del flet y allí
me quedé un buen rato. Comimos algo y nos arropamos con mantas, pues
aunque no era pleno invierno aún corría algo de biruji que te
dejaba tiesa en un momento.
-Algún
día los enanos volverán a Moria, mi querido Gimli, morarán de
nuevo en las mansiones ahora oscuras, y se cantarán canciones en
torno a grandes fuegos de como los enanos vengaron a Balin y a su
estirpe, estoy segura.
-Ya lo
intentaron antes y no fue posible. Aunque pudieran acabar con todos
los apestosos orcos que ahora se resguardan bajo sus techos de piedra
labrada e inundan cada corredor y cada pasadizo con sus fétidos
alientos; y aunque así lo lograran, mi señora, ningún enano podrá
conseguir lo que no ha logrado el peregrino gris. Si Gandalf ha
perecido, que nos espera a nosotros que no tenemos ni su poder ni sus
mañas, por muy hijos de padres ilustres que seamos...
-Nos
queda la fe y la esperanza-contesté
-¿fe y
esperanza?-gruñó Trancos. Parecía que ahora que no estaban los
hobbits había permitido que asomaran al fin sus temores-¿fe en
qué?¿qué esperanza nos queda sin Gandalf?
-¿que
es la esperanza sino lo que queda cuando todo lo demás se ha ido?-
contesté intentando infundirle ánimo con lo poco que me quedaba de
voz- Por eso es valiosa. Y en cuanto a la fe, no deberías
subestimarla, precisamente tú mi buen amigo Estel. Si te has quedado
sin reservas y la angustia te carcome el alma y hace sucumbir tu
ánimo, toma un poco de la del enano, o de la del elfo si quieres. Y
si con ambas tampoco es suficiente, toma la mía, que no es ya fe en
ti sino certeza. Tan segura estoy de que lograrás llevar el asunto a
buen término como de las estrellas que tililan esta noche sobre
nuestras cabezas.
Aragorn
suspiró con pesadez y se sentó al borde del talán sin decir nada,
y perdió la vista casi en el horizonte. Yo no me di por vencida y me
arrastré junto a él muy despacio, intentando no mirar a abajo ni a
la lejanía, manteniendo el miedo a raya el tiempo suficiente como
para sentarme.
-Te
confiaría mi vida si tuviera acaso algún valor, pero me temo que
otros ya lo han hecho por mi. Y si todo eso no basta- dije casi en un
susurro- no tienes más que echar una mirada a lo que llevas colgando
del cuello. Si eso no es fe ciega, entonces no sé qué puede serlo.
-No me
digas que esto-cogió el colgante- también aparece en tu libro.
-Por
supuesto-contesté sonriendo. Trancos sonrió y volvió a mirar la
luna llena, aún sin soltar el regalo de la estrella de la tarde de
su mano- Tinúviel, Tinúviel...
Trancos
rió y sentí como todas sus preocupaciones y lo que había estado
turbando su mente desaparecían cuando su pensamiento volaba lejos
hasta Rivendel. Por esa razón intenté que me hablara de Arwen
Úndomiel, pero él cambió de tema al mencionarle a la elfa.
-¿No
tienes miedo ahora?-me dijo mirando hacia el suelo.
-¿Quieres
que te cuente un secreto?-contesté. Aragorn se acercó y yo le
susurré (ya que mi voz no daba para mucho más)- Estoy aterrada.
Pero no por estar a no-quiero-saber-cuantos-pies del suelo.
-Caradhras
está más alto que el talán.
-Ya lo
sé. El caso es que no tengo problemas con alejarme mucho del
suelo... podría hacer malabarismos en la torre de Ecthelion sin
afectarme... sólo... son estos árboles...
-¿y
temes a todo árbol y arbusto o son sólo los mallorn?
-No
tengo miedo de un árbol. Es que no he tenido más que malas
experiencias con ellos... La noche que mi padre se fue, mi madre y
Paula tuvieron que llevarme a urgencias porque me caí del roble que
teníamos en el jardín y me rompí una pierna. Otra vez tuvieron que
vendarme el tobillo porque me caí cuando intentaba desobedecer a mi
madre. En mi defensa diré que el castigo era totalmente injusto y
que no me merecía pasar en casa todo el fin de semana. Luego está
la vez que intenté colarme en una piscina con Adrien y acabamos los
dos en el hospital por culpa de un pino.
-Aragorn-
le llamó el elfo en un susurro apenas audible-Yrch.
Aragorn
y yo nos deslizamos hacia el centro del talan intentando hacer el
menor ruido posible. Y funcionó porque no pareció que nos oyeran.
Emyn-nu-Fuin:
Montañas situadas en el corazón del Bosque Negro, al norte del
Camino del Bosque Viejo. En ellas estaban las fuentes del río
Encantado. Tras la Guerra del Anillo constituyeron la frontera
meridional del reino de Thranduil.
Aranel:
Princesa (sínd.)
Mae
govannen: bienvenido
Daro:
desciende (sínd)
Suilaid:
Hola
Yavanna
Kementári: esposa de Aulë y la hermana mayor de Vána. Llamada
también Kementári («Reina de la Tierra»), es la señora de las
olvar (los vegetales) y los kelvar (los animales), a los que tiene
gran aprecio.
Élentari:
Conocida como la Dama de las Estrellas, la más hermosa de los Valar,
porque en ella resplandece todavía la luz de Ilúvatar. Varda hizo
las estrellas, y por eso los elfos la llaman Elentári y Elbereth, la
Reina de las Estrellas. Esposa de Manwë.
Eärendil:se
traduce como «enamorado del mar», «amante del mar» o «amigo del
mar» del quenya. Padre de Elrond y marido de la nieta de Luthién
Tinúviel. Si alguien no conoce la historia de Eärendil, buscadlo en
wikipedia... o también podéis leer el Silmarillion XD
Trattengo
ancora il fiato ho visto il nostro mondo infrangersi; Potrei parlarti
ancora delle lacrime che ho pianto, di quel sorriso spento che
nasconde centomila incognite, di occhi estranei si di te... Di come
avrai potuto fingere... Ti prego resta qui... continuo a chiedermi,
continuo a illudermi, ti prego resta qui: Difendimi... Aún retengo
el aliento. He visto nuestro mundo romperse. Podría incluso hablarte
de las lágrimas que derramé, de esas sonrisas extintas (de las) que
escondí cien mil de ellas. De esos ojos extraños tuyos. ¿Cómo es
que puedes fingir? Te ruego quédate (aquí), continúo
preguntándome, continúo engañándome, te ruego quédate:
Defiéndeme.


